miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Madrid que SÍ fue VIII. El Madrid de Francisco I de Francia

Uno de los capítulos más fascinantes de la historia de nuestra ciudad fue la estancia del rey de Francia, Francisco I, como preso de Carlos I, pero… ¿cómo era realmente el Madrid que se encontró el monarca francés a su llegada?

La pesadilla española para Francisco I comenzó el 24 de febrero de 1525. Ese día se libró la célebre batalla de Pavía, contienda en la que las tropas germano-españolas de Carlos I se enfrentaban a las francesas para conseguir el ducado de Milán, más conocido como el Milanesado.

Francisco I de Francia
1 de enero de 1515 - 31 de marzo de 1547
Entre 1521 y 1525, habían tenido lugar diferentes batallas relacionadas con esta disputa. Pero fue el 24 de febrero de 1525 cuando las tropas francesas, que habían infravalorado las enemigas, sucumbieron en Pavía, Italia, y su rey fue apresado y enviado a España.

El soldado Juan de Urbieta, que llegó a poner una daga en el cuello del monarca, pasó a la posteridad por este importante hecho.

Desde ese momento, Francisco I comenzó una larga travesía hasta Madrid. 50 galeras le escoltaron por mar, primero hasta Barcelona, y después hasta Valencia. Pero en ningún momento hasta entonces fue considerado como un preso normal. No en vano, se trataba de uno de los monarcas más importantes de la cristiandad.

Las creencias del siglo XVI distaban mucho de las actuales. Un rey no era sólo eso. Era prácticamente considerado como un representante de Dios en la Tierra. Por ello, se dice que se podían contar por centenares las personas que acudieron a estas dos ciudades a ver de cerca a Francisco I con el fin de sanar de diferentes enfermedades, ya que se pensaba que los poderes de los reyes eran ilimitados.

El camino continuó desde Valencia hasta Guadalajara. El monarca tuvo que abandonar su lujoso camarote del barco por unos carruajes no peor ornamentados. Y lo sorprendente es que, a su llegada a la Alcarria, fue recibido en el Palacio de los Duques del Infantado de Guadalajara con juegos de toros y banquetes, un recibimiento propio de un rey, pero algo extraño si se tiene en cuenta que el mismo llegaba preso a España.

Pasó por Alcalá de Henares y por fin llegó a Madrid el 1 de agosto de 1525. Muchas de las leyendas más importantes de la ciudad tienen lugar durante esta estancia.

La Torre de los Lujanes según un grabado de 1843
La tradición popular sitúa el cautiverio de Francisco I en la Torre de los Lujanes, en la actual Plaza de la Villa. Sin embargo esto no está probado, y se cree que, en cualquier caso, no pasaría más de 48 horas en este singular edificio que, a pesar de ello, es aún reconocido por ser la prisión de este rey. Es allí donde se dice que Carlos I ordenó rebajar el dintel de una puerta con el fin de que Francisco I tuviera que inclinar su cabeza antes de salir ante los nobles de Castilla, que le esperaban en el exterior. Sin embargo, parece que Francisco I, consciente de la artimaña, decidió salir de espaldas para no mostrar sumisión ante el enemigo.

Ésta no es más que una de las muchas leyendas que se cuentan de este período, aunque lo que sí está demostrado es que pasó su cautiverio, o al menos la mayor parte de él, en el Real Alcázar. Por ello se cree que su estancia en la Torre de los Lujanes, en caso de haberse producido, sería temporal mientras sus estancias en el Alcázar eran acondicionadas.

Dibujo de J. Cornelius Vermeyen del viejo Alcázar de Madrid.
La imagen corresponde al año 1534,
antes de la gran ampliación por Carlos I en 1537
Sea como fuere, llegó por fin al Real Alcázar de los Austrias, donde años después se levantaría el Palacio Real. Y Carlos I se encontró con un serio problema. No sabía realmente qué hacer con Francisco I. Un rey preso es una figura muy poco habitual, y no se quería pecar de falta de cortesía o de respeto ante el monarca francés, algo que sería visto desde otros países como una grave ofensa contra un rey cristiano y, por tanto, contra toda la cristiandad.

Se decidió que el rey francés tuviera práctica libertad en su estancia en la Corte española. Aunque escoltado, pudo realizar actividades como la caza o acudir asiduamente a misa a Nuestra Señora de Atocha. Ello no impidió que Francisco cayera en una depresión, tratara de escapar de su cautiverio, y llegara a escribir a su madre en una carta: “todo se ha perdido, menos el honor y la vida”.

El Emperador Carlos V con el bastón, por Rubens.
Copia de un retrato de Tiziano.
Por fin, Carlos I se pudo quitar este problema de encima cuando, el 14 de enero de 1526, mediante el Tratado de Madrid, Francisco I renunció a sus derechos sobre el Milanesado, Borgoña, Nápoles, Génova, Tournai, Artois y Flandes, y se comprometió a casarse con la hermana de Carlos I, Leonor, y a enviar a sus dos hijos a España como garantía de que el Tratado sería cumplido.

Francisco I pudo volver así a Francia, no así su espada, cuya permanencia en Madrid también dio lugar a multitud de leyendas:

El estoque de Francisco I, un espadín sin gran valor material, fue tomado por Juan de Urbieta en Pavía y trasladado a Madrid. Se creía que su valor simbólico, sin embargo, era muy alto, ya que se consideraba el símbolo de la justicia y del orden de Francia.

Sesenta años tras esa batalla, en 1585, Felipe II, hijo de Carlos I, descubrió que ese estoque no tenía el valor que se pensaba, ya que existía una espada de oro y esmalte que había pertenecido a Francisco I que sí era el símbolo de la justicia francesa, y no el otro espadín. Esa espada le había sido confiscada también en Pavía por un coronel, y Felipe II se pudo hacer con ella y enviarla igualmente a Madrid.

La espada fue uno de los objetos más relevantes que poseía Madrid por todas estas circunstancias. Sin embargo, en 1808, antes de producirse por completo la invasión francesa en España, se le comentó a Fernando VII que a Napoleón “le sería muy grato poseer la espada que perteneció a Francisco I”.

Espada de Francisco I en el
Museo de la Armería de París, Francia.
Se puede leer: "Fecit potentiam in brachio suo".
 que vendría a decir: "Hizo proezas con su brazo".
El monarca dijo: “¿Qué importa un pedazo de hierro más o menos? Demos gusto a la familia imperial”. Pero Fernando VII, a pesar de sus coqueteos con los soldados franceses, no estaba dispuesto realmente a deshacerse de la valiosa espada. Por ello, dispuso todo para enviar a Francia  “la espada de Francisco I que desde el año 1525 se hallaba en la Real Armería del Arco de Palacio”, refiriéndose así al estoque de combate y no a la espada que consiguió Felipe II.

Una carroza llevó a las tropas francesas este espadín en una bandeja de plata creada para la ocasión. Una burla en toda regla, ya que se trataba de una pobre daga, que desentonaba con la lujosa carroza que la transportaba… o eso se pretendía. Porque en realidad hubo un error y se devolvió la espada verdadera, con lo que las tropas francesas quedaron muy satisfechas. Tras la Guerra de Independencia, cuando se devolvió todo lo expoliado, no se hizo lo propio con esta espada por haber sido un regalo de Fernando VII. Caro obsequio que, por lo que parece, se puede ver hoy en día en el Museo de la Armería de París, y en cambio, en la Real Armería del Palacio Real de Madrid se puede ver una copia de la misma encargada años más tarde por Isabel II.

Pero volvamos al cautiverio de Francisco I. El monarca francés pudo volver a su país tras haber firmado el Tratado de Madrid, el cual anuló en cuanto cruzó las fronteras alegando haberlo firmado bajo coacción.

Hasta ahora, toda esta historia es relativamente conocida en España. Lo que no es tan conocido es lo que ocurrió después. Y es que Francisco I llegó a Francia en 1526, concretamente a su Palacio del Louvre, el actual Museo del Louvre de París, y parece ser que encontró poco confortables sus estancias. Por ello, tan sólo un año más tarde, en 1527, mandó construir un nuevo palacio.

¿Y por qué contamos la historia de este palacio en “El Madrid que SÍ fue”? Porque este palacio estaba estrechamente ligado a su cautiverio en nuestra ciudad.

El castillo de Madrid. Grabado de Jacques Rigaud
El proyecto de la nueva construcción se inspiró en el Real Alcázar de Madrid. Francisco situó su nueva morada junto a un bosque, el Bosque de Boulogne, al igual que el Alcázar estaba junto a la Casa de Campo. Sin embargo, cambió la ciudad de Madrid por la de París.

Para sorpresa de todos, su nuevo palacio fue llamado “Castillo de Madrid”, algo que da muestras de que su cautiverio no fue tan duro como podría esperarse. ¿Quién si no pone como nombre de su nuevo palacio el de su prisión?

Se dice que quizás la denominación no la eligiera él. Y es que, cuando no se encontraba en el Louvre, los cortesanos preguntaban dónde estaba el rey, y entre bromas decían que estaría en Madrid, refiriéndose a su viejo cautiverio. Puede que de tanto repetir que estaba en Madrid, finalmente la construcción fuera conocida como Castillo de Madrid.

El castillo de Madrid hacia 1720
De una manera u otra, lo cierto es que entre los siglos XVII y XVIII el palacio fue abandonado por los Borbones, y en 1792 demolido, con lo que acabó desapareciendo, siguiendo así los pasos del incendio de nuestro apreciado Alcázar, del que no nos queda nada.

La estancia de Francisco I en Madrid fue, como decíamos, uno de los capítulos más apasionantes de nuestra historia. Curaciones de enfermos, festejos para su recepción, reverencias a nobles que se convierten en faltas de respeto, confusión de espadas, castillos en París… un cautiverio que dio lugar para una gran multitud de anécdotas, y sorprendente si tenemos en cuenta que el tiempo en que transcurrieron todos estos eventos no fue muy prolongado.

¿Crees que habría que haberse actuado con más dureza contra Francisco I, o esto habría hecho que los cortesanos le hicieran más complicado su reinado a Carlos I?

sábado, 7 de noviembre de 2015

Media IV. "El Madrid que no fue" en la revista "Madrid Histórico"

Portada del número 60 de la revista
"Madrid Histórico".
Este mes de noviembre de 2015 ha sido especial para “El Madrid que no fue”. Y es que hemos hecho una colaboración desde nuestro blog con la Revista “Madrid Histórico”, que cumple 10 años y llega así a su publicación número 60 con artículos relacionados, como siempre, con la historia de nuestra ciudad.

Uno de ellos ha sido escrito por “El Madrid que no fue”. Se trata de “El monumento a Colón de Alberto de Palacio”, del que ya hablamos en la pasada temporada en nuestro blog. Ese artículo lo puedes leer pinchando aquí: artículo.
Sin embargo, en “Madrid Histórico” hemos tenido la oportunidad de desarrollar aún más este interesante relato de un gran monumento a Colón en el Parque del Retiro.

En 4 páginas y fotografías a todo color, podrás conocer con mayor profundidad uno de los artículos favoritos de nuestro blog.



Proyecto de Alberto de Palacio en su ubicación de Madrid.
Fuente - La Ilustración Española y Americana
También puedes leer un resumen de los temas abordados en este número de la revista pinchando aquí: Madrid Histórico número 60.

La publicación es bimensual, con lo que, si estás interesado, la podrás adquirir durante los meses de noviembre y diciembre en cualquier kiosko o a través de internet previo pago en la versión PDF.


Agradecemos a “Madrid Histórico” la oportunidad de esta colaboración, de la cual nos sentimos muy orgullosos, y esperamos que la publicación continúe en el futuro con el mismo éxito que ha tenido hasta ahora.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los viaductos que no fueron

La calle de Bailén es una de las principales vías de Madrid, en la que se sitúan muchos de los monumentos más importantes de la ciudad. También son muchos los proyectos de los que ya hemos hablado en “El Madrid que no fue” que no llegaron a construirse en esta calle: El Palacio Real de Filippo Juvara, la Plaza de Oriente de González Velázquez, la Catedral que no fue, e incluso el proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande.

Sin embargo, esta vía no siempre ha sido tan fácilmente transitable como lo es en la actualidad.

Cuesta de los Ciegos en 1960.
En la imagen se puede ver el desnivel, aún
existente, entre la calle de Segovia y la
colina de los Jardines de las Vistillas.
En 1561, Felipe II designó a Madrid como la capital del Reino, y como aquello hizo que la ciudad creciera como nunca antes. Durante el reinado de este monarca, se construyó el Puente de Segovia en el lugar en que había estado el Puente Segoviana, para cruzar el río Manzanares. Se convirtió este entorno, por tanto, en un acceso muy destacado a la ciudad. A través de ese camino se podía llegar al centro del municipio por la actual calle de Segovia, lo que tiempo atrás había sido el arroyo de San Pedro.

Este arroyo, junto a la iglesia de San Pedro el Viejo, es el que había creado el desnivel existente en toda la calle de Segovia, que separa el centro de Madrid en dos colinas.

El problema radicaba en la dificultad de acceder desde la zona del antiguo Alcázar, lo que hoy es el Palacio Real, hasta la otra colina, donde se localizan los Jardines de las Vistillas. Para ello, había que bajar hasta la calle de Segovia, para continuar subiendo por la otra ladera. Ardua tarea si se tiene en cuenta el desnivel.

La necesidad de una pasarela que sorteara el viejo arroyo era más que palpable, pero no fue hasta 1736 cuando Giovanni Battista Sachetti, que se encontraba ya planeando la construcción del Palacio Real, ideó un viaducto que acabara con este tipo de problemas.

Lo que él proponía es que su obra no fuera sólo el Palacio Real. Pretendía construir durante el reinado de Felipe V un conjunto en que el Palacio no fuera más que una de las piezas clave. A él se añadiría una catedral clasicista con una enorme cúpula, y una plaza en forma de exedra de la que partiría el ansiado viaducto.

Proyecto para el conjunto de Palacio Real, catedral, plaza y viaducto de Juan Bautista Sachetti. Museo de Historia de Madrid

El mismo sería una obra grandiosa, en la que destacarían tres arcos triunfales (en el centro y en los extremos) y naves porticadas, que harían que la vista de la cornisa del Manzanares fuera un sueño para todos los visitantes.

Además, entre la calle de Segovia y la Cuesta de San Vicente, en la parte baja del Palacio Real, se colocarían diferentes fuentes, esculturas y escalinatas para adornar los terraplenes artificiales que conectarían el conjunto con el río Manzanares.

Ni la catedral clasicista, con su enorme cúpula en comparación a las torres de la fachada,  ni la nueva plaza, ni el viaducto pudieron ser construidos por falta de recursos. Sí pudo ser finalizado el Palacio Real, donde estableció su residencia habitual Carlos III ya en 1764. El monumento fue finalizado por Francesco Sabatini, pero siguiendo los planos de Juan Bautista Sachetti.

Éste fue el primer proyecto fracasado de un viaducto sobre la calle Segovia, pero como podrás imaginar por el título del artículo, no fue el único.

Pocos años más tarde de todo este proyecto se produjo la invasión francesa en nuestro país. Comenzó a reinar en 1808 José Bonaparte como José I de España. Como es bien sabido, el “rey plazuelas” derribó diversos edificios en la capital para abrir plazas, como la actual Plaza de Oriente. Para su existencia, hubo que demoler el convento de San Gil, el pasadizo de la Encarnación, la iglesia de San Juan, y numerosas casas vecinales.

El urbanismo cobra protagonismo en esos años, y se le encarga al arquitecto real Silvestre Pérez el diseño de un nuevo proyecto para el viaducto.

El arquitecto presenta en 1810 su proyecto para unir el Palacio Real con el lugar donde se celebraban las sesiones de Cortes: el Salón de Cortes, ubicado en aquel momento en la iglesia de San Francisco el Grande.

Proyecto de viaducto de Silvestre Pérez. Maqueta del Museo de Historia de Madrid






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Se plantea la creación de una gran plaza porticada en el lugar en que hoy se encuentra la catedral de la Almudena. Por tanto, se elimina la idea de Sachetti de erigir en este lugar un gran templo.
De la plaza saldría un recio viaducto, que conectaría con otra plaza porticada en la zona de las Vistillas, pero mucho más amplia que la anterior. Este nuevo espacio sería tan grande que uniría el viaducto con San Francisco el Grande sin obstáculos aparte de algunos monumentos que se levantarían en la plaza.

Se trataba de uno de los proyectos más ambiciosos para este entorno, ya que se planteaba cambiar por completo el urbanismo de buena parte del centro de la ciudad.

Hoy en día es posible contemplar una interesante maqueta de este plan en el Museo de Historia de Madrid. Sin embargo, es lo único que podemos ver del conjunto, ya que nunca llegó a ser construido igualmente por falta de recursos. Además, José I dejó de reinar en 1813, con lo que no habría dado tiempo a su finalización.

Primer viaducto de Segovia, inaugurado en 1874
Sorprendentemente, hubo que esperar hasta 1874 para que el Viaducto de Segovia viera por fin la luz, una construcción de hierro y madera de 120 metros de longitud, 13 metros de ancho, y a una altura de 13 metros, ideada por el ingeniero municipal Eugenio Barrón Avignón, que hacía que por fin se unieran en una misma vía el Palacio Real y San Francisco el Grande, la actual calle de Bailén.
Su mal estado de conservación, a pesar de diversas obras de rehabilitación en los años 20 del siglo XX, hizo que tuviera que ser derribado en 1932.

Viaducto actual. Imagen de 1942
Durante ese mismo año, el arquitecto madrileño Francisco Javier Ferrero Llusía ganó el concurso convocado por el Gobierno de la Segunda República para la construcción de un nuevo viaducto. Importantes arquitectos como Secundino Zuazo, creador de los Nuevos Ministerios o de la Casa de las Flores, perdieron este concurso.

El ganador construyó una obra racionalista, que podría ser considerada como el tercer viaducto que no fue. Y es que no se construyó tal y como estaba planeado.

Según el proyecto original de 1932, a cada lado del viaducto se situarían ascensores para facilitar el ascenso y la bajada. De hecho, se planteó incluso que los elevadores fueran aptos para vehículos, e incluso que funcionaran como tranvías, quizás algo similar a los elevadores existentes en Lisboa.

Elevador da Gloria, Lisboa
Finalmente se descartaron estos ascensores, y la obra se inauguró en 1934 siguiendo el proyecto de Ferrero Llusía con pequeñas modificaciones, aunque tuvo que ser reinaugurado en 1942 tras los trabajos de restauración por los desperfectos de la Guerra Civil.

Un mismo desnivel para tres proyectos fallidos, sin embargo, todos ellos diferentes. 

¿Crees que tendría que haberse construido uno de estos viaductos, o el que tenemos en la actualidad es el idóneo para su función?

domingo, 1 de noviembre de 2015

Media III. Podcastizo, el Podcast de Madrid

Hace pocas semanas estrenamos la sección “Media”. Afortunadamente, hoy podemos escribir un nuevo artículo en la misma debido a otra mención a “El Madrid que no fue”, en este caso, en “Podcastizo”.

La madroñosfera la componemos diferentes webs y blogs que tratamos de acercarnos a la esencia de nuestra ciudad. Sin embargo, entre todos estos sitios web, se cuela un Podcast que trata asuntos de nuestra ciudad, convirtiéndose así en el único Podcast de Madrid.

Se trata de “Podcastizo”, un interesante  y original proyecto que comenzó a finales de 2014, y que, según sus creadores, habla “de Madrid, de sus calles, su historia, sus gentes, anécdotas y curiosidades, su vida social y cultural, sus edificios, sus rincones, su cielo…”.

Sus audios, inspirados en “Estudio 1” de RTVE, tienen una diferente temática en cada programa, como algún especial de Navidad o de Nochevieja en sus respectivas festividades.

Aprovechando que anoche se celebraba Halloween y hoy, 1 de noviembre, el día de Todos los Santos, el último programa hasta el momento de este “Podcastizo” eligió como temática los camposantos madrileños.

Este último podcast, tan atrayente como de costumbre, se divide en dos partes. En la segunda parte, concretamente en el minuto 1:00:10, se habla de nuestro blog, “El Madrid que no fue”, con lo que desde aquí agradecemos la mención, y aprovechamos para recomendar la escucha de estos audios a todos nuestros lectores. Una forma diferente y original de aprender acerca de la historia de nuestro querido Madrid.

Para conocer los diferentes programas de Podcastizo, pincha aquí: Podcastizo.

Y para escuchar la mención a “El Madrid que no fue”, pincha aquí: Camposantos Segunda Parte, y busca el minuto 1:00:10.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Réplica del Templete de la Red de San Luis

Tal día como ayer, un 27 de octubre pero de 1945, fallecía en nuestra ciudad uno de los arquitectos y urbanistas más importantes para Madrid: Antonio Palacios. Por este motivo hemos decidido hacerle un pequeño homenaje recordando una de sus obras más añoradas de Madrid, que a punto estuvo de ser reconstruida: el Templete de la Red de San Luis.

Palacios, a pesar de ser todo un símbolo en la capital, era madrileño de adopción. Nacía en 1876 en Porriño, Pontevedra, municipio que va a cobrar importancia en este artículo. Sin embargo, se convirtió casi en una imagen del Metro de Madrid a partir de 1917 al ser el encargado de diseñar el interior de las primeras estaciones construidas, así como de organizar accesos, e incluso fue el creador del célebre logotipo de Metro en forma de rombo.
Templete de la Red de San Luis
Aún hoy en día se puede ver algo de este original diseño en estaciones como la de Bilbao, en la parte de la línea 1, o en la clausurada de Chamberí, hoy centro de interpretación del Metro (Andén 0).

En 1919, junto con la inauguración del Metro de Madrid por Alfonso XIII, se abría un templete en la Gran Vía cuya construcción había finalizado un año antes. Se trataba del acceso principal a la estación de metro de  Gran Vía, en la intersección entre la calle de la Montera y la propia Gran Vía, el espacio conocido como Red de San Luis. De hecho, en aquel entonces la estación se llamaba “Red de San Luis”.

El acceso albergaba un ascensor que comenzó a prestar servicio el 18 de noviembre de 1920. Sin embargo, su uso no era gratuito, algo impensable en la actualidad. Al igual que hoy tenemos una amplia variedad de billetes (sencillo, combinado, 10 viajes…), en aquel entonces existía el llamado “billete de ascensor”, que permitía su utilización por un coste adicional de 5 céntimos de peseta.
Posteriormente se añadió otro elevador, y parece el templete llegó a dar servicio a unos 30.000 pasajeros al día.

Templete de la Red de San Luis con la calle de la
Montera al fondo. Años 50 del siglo XX
El mismo, a pesar de estar realizado en granito, material tan visible en las calles de Madrid, tenía una marquesina de cristal y hierro para proteger a los usuarios de Metro de las inclemencias del tiempo mientras esperaban al ascensor. Su planta rectangular y su influencia art decó hicieron que se convirtiera pronto en un símbolo de la plaza y del suburbano.
La entrada se hacía por la zona más cercana a la Gran Vía, mientras que la salida era por un arco de medio punto hacia la calle de la Montera. Por este motivo, la parte del monumento orientada a Montera no estaba cubierta por la marquesina.

Templete de la Puerta del Sol
No se trataba del único templete de la capital. En la vecina Puerta del Sol existía otro que hacía las mismas funciones, e igualmente construido por Antonio Palacios. Su marquesina, en plano horizontal a diferencia de la de la Red de San Luis, que estaba inclinada, era uno de los elementos más reconocibles de la céntrica plaza madrileña.

En 1933, una orden de la Dirección General de Ferrocarriles decretó el desmantelamiento de ambos templetes. Por una parte se desinstaló el de la Puerta del Sol, pero por otra, tras una entrevista entre el Ministro de Fomento y Miguel Otamendi (ingeniero considerado como uno de los impulsores del Metro de Madrid), se decidió mantener el de la Red de San Luis, añadiendo el segundo ascensor antes comentado.

Con motivo de nuevos accesos a la estación de Metro, el 6 de diciembre de 1969, el Templete de Gran Vía dejó de dar servicio, y un año más tarde el alcalde Carlos Arias Navarro ordenó su desmantelamiento, una triste decisión para nuestra ciudad.

Templete de la Red de San Luis en Porriño, Pontevedra.
Fotografía de la Mancomunidade da
Área Intermunicipal de Vigo
Poco después, en 1971, el monumento fue donado a la localidad de Porriño, municipio natal de nuestro célebre arquitecto. A pesar de no conservar todos los elementos (la marquesina desapareció), es aún posible contemplar este importante icono en un parque público del mencionado pueblo pontevedrés.

Pero la historia no acaba aquí. Este artículo es de “El Madrid que no fue”, así que de hecho, la parte que nos interesa es la que comienza ahora.

En ese lugar, entre 1832 y 1868 se había ubicado la Fuente de los Galápagos, inaugurada para conmemorar la jura como princesa de Asturias de la que sería Isabel II, y ubicada hoy en el Parque del Retiro.
A finales de los años 90 del siglo XX, lo que había en la Red de San Luis era una fuente con esculturas de aves que movían sus alas, pero que fue modificada con el paso de los años y los grupos escultóricos se eliminaron, con lo que la fuente carecía de interés.

Fuente de la Red de San Luis, construida en 1972.
En la fotografía, aún se aprecian las esculturas de aves
que después se eliminaron.
Es por ello que se decidió volver a instalar el Templete en el lugar original. El Ayuntamiento de Madrid se puso en contacto con el de Porriño para recuperar la donación… pero el municipio gallego se negó, al haber recibido ese monumento como un regalo. De hecho, ya se había convertido en un elemento importante de la localidad, recordando así a su ilustre vecino.
Las negociaciones no llegaron a buen puerto, y Porriño no permitió la vuelta del Templete a Madrid.

Años más tarde, en septiembre de 2008, el entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció la remodelación del entorno Montera-Fuencarral. Comenzaba así en 2009 la peatonalización parcial de la calle Fuencarral (desde la calle Hernán Cortés hasta la Gran Vía) y de la Red de San Luis, para dar así continuidad a la zona peatonal de la calle de la Montera. Ambas se unirían por un gran paso de cebra que atravesaría la mencionada Gran Vía.

Sin embargo, de lo que más se habló de esa futura remodelación, fue de un elemento que se prometía volvería a las calles de Madrid: el Templete de Antonio Palacios. Puesto que el original estaba destinado a no abandonar Galicia, Gallardón anunció la reconstrucción de uno que, a imagen del original, se convirtiera en un auténtico símbolo. Una réplica que haría justicia a un lugar que había sido maltratado con el paso del tiempo.

Proyecto del Ayuntamiento de Madrid para la
peatonalización de la Red de San Luis, con la
construcción de la réplica del Templete
La pregunta era obvia: ¿para qué serviría este nuevo monumento? Y es que los accesos a la estación de metro Gran Vía eran ya numerosos, con lo que no era necesario uno más. Se barajaron dos opciones.
Por una parte, este icono se convertiría en Taquilla Último Minuto. Es posible que la existente en ese momento en la vecina plaza del Carmen se hubiera trasladado a este nuevo espacio, para vender entradas de teatro a última hora a un precio inferior al habitual.
Por otra parte, se planteó la utilización de este lugar como nueva Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, añadiéndose a las múltiples ya existentes (Plaza Mayor, Callao, Cibeles, Paseo del Arte…).

Los vecinos, principales afectados por esta reconstrucción, se mostraron mayoritariamente partidarios a esta réplica, que vendría a sustituir esa original que aún muchos recordaban.

Red de San Luis en la actualidad tras la peatonalización
Durante ese mismo 2009 acabaron las obras de peatonalización. Montera y Fuencarral cambiaban su aspecto para hacerlo más amable con el entorno, y se inauguraba por fin la nueva Red de San Luis con un nuevo elemento… un olivo. Increíblemente, el Ayuntamiento de Madrid modificó su idea original de construir una réplica del Templete de Antonio Palacios para plantar un olivo en el lugar en que se había ubicado el original y las fuentes ya mencionadas.

El Consistorio madrileño alegó que la reconstrucción de la réplica del Templete no había sido más que una idea, no una promesa en firme, y que las arcas de la ciudad no pasaban por su mejor momento. Además, la comisión de patrimonio denegó la recreación al no admitir la reproducción de obras antiguas, algo que causó la indignación de más de un madrileño en aquel momento.

Antonio Palacios se quedó, por tanto, sin su pequeño homenaje, y la zona tendrá que esperar para poder ver cumplido su sueño de tener de nuevo aquel símbolo del Metro de Madrid. Otro proyecto fallido en este “Madrid que no fue”.

domingo, 25 de octubre de 2015

Media II. "El Madrid que no fue" en "The JoséA. MadridGratis Daily"

Hace tan solo una semana creamos en “El Madrid que no fue” la nueva sección “Media”, para comentar aquellas menciones y colaboraciones en otros medios de comunicación.

En ese primer post, recordábamos la pequeña entrevista de “El País” a varios autores de los blogs que forman la extensa “Madroñosfera”, entre ellos “El Madrid que no fue”.

En este caso, hablaremos de “The JoséA. MadridGratis Daily

Portada de "The JoséA. MadridGratis Daily", 22 octubre 2015
Se trata de un sitio web que recopila las noticias más relevantes del día, funcionando así como un diario online. Además, en ocasiones también se enlazan blogs históricos y culturales.

Comentamos esta web porque el pasado jueves 22 de octubre aparecía como artículo recomendado “El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande”, publicado el día anterior en “El Madrid que no fue”. El mismo enlazaba directamente a nuestro blog, como se puede ver pinchando aquí: enlace.
Gracias a esto, el artículo en cuestión pudo tener más visitas de las habituales.

Agradecemos esta mención, así como las que recibimos tanto por Twitter como por Facebook, todos los artículos compartidos, y los comentarios de los artículos, que hacen que “El Madrid que no fue” pueda llegar a más amantes de Madrid.

miércoles, 21 de octubre de 2015

El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande

Hoy traemos en “El Madrid que no fue” uno de los principales proyectos no realizados en Madrid, el de Ventura Rodríguez para la iglesia de San Francisco el Grande.
Pero antes de ello, nos remontaremos a los orígenes de este lugar.

Placa junto a San Francisco el
Grande, donde San Francisco de
Asís fundó una ermita en 1217.
madridvillaycorte.es
Cuenta la leyenda que San Francisco de Asís, nacido a finales del siglo XII en Italia, llegó a Madrid en su peregrinaje a Santiago de Compostela. Se estableció durante un breve período de tiempo en una choza situada fuera de las murallas de la ciudad, en el lugar exacto donde hoy se encuentra San Francisco el Grande, en la intersección entre la Gran Vía de San Francisco, la Carrera de San Francisco y la calle Bailén.

Antes de partir de Madrid, fundó en ese mismo lugar en 1217 una pequeña ermita, junto a la que después se asentó una comunidad de religiosos franciscanos que construyeron una iglesia dedicada a Santa María, haciendo de esta originaria choza un modesto convento. Tal monasterio fue haciéndose popular por esta historia de San Francisco de Asís, con lo que a finales del siglo XIV pudo ser renovado y ampliado.

Muchas de las familias más importantes de Madrid, como los Lujanes, los Vargas y los Zapata, contaban con capillas propias junto a la capilla mayor, fundada a su vez por Ruy González de Clavijo, embajador del rey Enrique III, “el doliente”.
También importantes personajes históricos eligieron esta iglesia, llamada ya de Jesús y María, para ser enterrados. Véase el caso del propio Ruy González de Clavijo, el de Enrique de Villena, hijo del II marqués de Villena, o de doña Juana de Portugal, esposa del rey Enrique IV y madre de Juana “la Beltraneja”. Lamentablemente todas estas capillas (25 en total), y los sepulcros se han perdido con el paso del tiempo.

Convento hacia 1656. Plano de Teixeira
urbancidades.wordpress.com
En 1561, Felipe II convirtió Madrid en la capital del reino, y aquel modesto convento ganó en riqueza y poder, no sólo por su estrecha relación con la Casa Real, sino por convertirse en la sede del Comisariado General de Indias y  la Obra Pía de Jerusalén, que custodiaba todos aquellos Santos Lugares conquistados en las cruzadas.

En 1760, los monjes franciscanos derribaron este histórico convento para crear uno nuevo, más amplio y lujoso, en ese mismo lugar.

Y es ahora cuando comienza la historia relativa al Madrid que no fue.

El arquitecto que recibió este importante encargo es, nada más ni menos, que Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez.
Nacido en 1717 en Ciempozuelos, Madrid, y fallecido en la capital en 1785, se le considera el principal arquitecto español de la época junto a Juan de Villanueva.

Colaboró en las obras del Palacio Real, aunque su primer gran triunfo vino de la mano de la Capilla Real del mismo edificio, ya que el rey Fernando VI eligió su proyecto frente al de Giovanni Battista Sacchetti, a quien ayudaba Ventura en su construcción del Palacio.
Ventura Rodríguez,
por Francisco de Goya (1784)

Tras este encargo, recibió otros muchos, como el de la iglesia parroquial de San Marcos, la decoración del Real Monasterio de la Encarnación, el interior de la Colegiata de San Isidro, el Palacio del Infante don Luis de Boadilla del Monte, la Puerta de Atocha, el Palacio de Liria, el de Altamira...  y así hasta una infinidad de importantes proyectos, aunque si hay algo por lo que es conocido es por las fuentes que son ahora un símbolo de la capital: Cibeles, Apolo, Neptuno, las Cuatro Fuentes, la de la Alcachofa, la de las Conchas en el Campo del Moro (originalmente en los jardines del Palacio de Boadilla del Monte)…

Fue, además, director de los estudios de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y obtuvo el título de Maestro Mayor del Ayuntamiento de Madrid, con lo que gran parte de la ordenación urbana actual de la ciudad se debe a su actuación.

Sin embargo, el encargo de proyecto para la iglesia de San Francisco el Grande, que recibió este ilustre personaje en 1760, pronto se convirtió en una pesadilla.

Proyecto de Ventura Rodríguez para la iglesia de
San Francisco el Grande, 1761
En 1761 finalizó su diseño y lo presentó a los monjes franciscanos. El solar en que antes habían estado la iglesia, las capillas, el convento y el claustro principal se convertiría, según Ventura, en una gran iglesia neoclásica. La misma tendría  planta de cruz latina, y se dividiría en tres naves, siguiendo así los trazos de la basílica de San Pedro en El Vaticano.

Por increíble que parezca, la comunidad franciscana rechazó el proyecto y lo tacharon de ambicioso, con lo que no le permitieron su ejecución.

Por una parte, se dice que en realidad no aprobaron los bocetos de Ventura porque este estilo de construcción no era común en España: el altar en nuestro país suele estar presidido por un gran retablo que domine la estancia, y el coro se enfrenta el mismo. Sin embargo, en el proyecto del arquitecto es al fondo del presbiterio donde se coloca el coro, eliminando el retablo principal. Nada de extrañar en un arquitecto que, a pesar de no haber viajado a Italia, era bien conocedor de las corrientes artísticas de aquel país.

Planta del templo proyectado por Ventura Rodríguez
para San Francisco el Grande.
Biblioteca Nacional de España, a través de
paisajesurbanosmatritenses.blogspot.com
Por otra parte, se dice que el motivo real para el rechazo del plan fue que el madrileño pretendía demoler parte del Cuarto de Indias, en el antiguo convento, que no se había derruido para su conservación.

Sea como fuere, Ventura no consiguió convencer a los encargados de aprobar el proyecto, lo que consideró parte importante de una larga crisis personal, que tendría su momento más álgido unos años más tarde, en 1776, con la muerte de su mujer.

El religioso franciscano Francisco Cabezas, original de un pueblo de Valencia, es quien finalmente recibió este encargo.
Creó un nuevo diseño de iglesia con planta circular con vestíbulo y ábside. La gran cúpula central rodeada de capillas sería el elemento característico de este nuevo edificio con fachada curva, detalles muy inusuales en la arquitectura española.

Pronto comenzaron las obras, pero Ventura Rodríguez trató por todos los medios de crear complicaciones técnicas para el proyecto valiéndose de su influencia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por este motivo, Francisco Cabezas abandonó en 1768 la construcción y volvió a Valencia, donde moriría poco después.

Planta del proyecto realizado por Francisco Cabezas para
la basílica de San Francisco el Grande.
paisajesurbanosmatritenses.blogspot.com
Después se reanudaron las obras con Antonio Pló a la cabeza, que finalizó la impresionante cúpula en 1770, que con 33 metros de diámetro se ha considerado tradicionalmente como la mayor de España y la tercera más grande de todo Occidente, sólo por detrás de la del Panteón de Agripa (43,4 metros), y la de San Pedro del Vaticano (42,5 metros), ambas en Roma.
La cúpula de San Francisco el Grande no tiene tambor que la eleve, ya que se sitúa ya a una considerable altura (58 metros). Es por lo que pasa desapercibida desde el exterior, y sólo se aprecia su majestuosidad desde el interior.

En ese momento se pide ayuda a Diego de Villanueva (hijo de Juan de Villanueva) para garantizar la seguridad de la cúpula. Con este fin, idea añadir columnas adosadas a los pilares, algo que criticó muy duramente de nuevo Ventura Rodríguez, por lo que la Real Academia de Bellas Artes decidió reprenderle duramente por su actitud negativa durante toda la construcción.

Para la fachada  y las dos torres principales, en 1776 los frailes pidieron a Carlos III la incorporación al proyecto del italiano Francesco Sabatini, que en 1764 había concluido las obras del Palacio Real. Fue el italiano con quien se finalizó esta gran construcción en 1784, algo que tampoco fue de agrado para nuestro Ventura, y es que en 1769 Carlos III había descartado sus proyectos para la Puerta de Alcalá, eligiendo uno de Sabatini.

Real Basílica de San Francisco el grande en la actualidad,
según el proyecto de Francisco Cabezas
Flickr - fdecastrob
A pesar de que Ventura Rodríguez creyó haber perdido el favor real por estas decisiones, lo cierto es que aún hoy, gran parte de los monumentos más fotografiados de la ciudad son obra del madrileño.

Años más tarde, durante el reinado de José Bonaparte, se planteó destinar el templo de San Francisco el Grande a Salón de Cortes, ya que la última había tenido lugar en 1789 en San Jerónimo el Real, “los Jerónimos”, por no existir en la ciudad un espacio destinado a tal fin. El proyecto se descartó, y las últimas Cortes del Antiguo Régimen celebradas en España fueron en 1833 y de nuevo en “los Jerónimos”, lugar donde además tradicionalmente tenía lugar la jura como príncipes de Asturias de los herederos de la Corona.

Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, los frailes abandonaron el convento, y con el paso del tiempo el derribo de una parte del edificio dio lugar a lo que hoy es el Parque de la Cornisa, y desde el cual se pueden ver las ventanas cegadas de la iglesia porque son las que lindaban con el monasterio. (Ver también la historia del proyecto del "Minivaticano").
Real Basílica de San Francisco el Grande en la actualidad.
conciertodeculturas.es
Se consideró en ese momento también convertir el templo en un Panteón de Hombres Ilustres, como ya comentamos hace unos meses en este artículo: “El sueño de un Panteón de Hombres Ilustres”.

En 1962, la iglesia fue declarada Basílica menor, y en la actualidad, además de ser una de las iglesias más bellas del país, es una gran pinacoteca con obras de importantes artistas como Francisco de Goya.

Pero como esto ya forma parte del Madrid que sí fue, nos hemos querido centrar en el proyecto de Ventura Rodríguez, el que fue descartado incomprensiblemente y que estaba llamado a ser de igual manera una gran iglesia para nuestro país, y uno de los más importantes encargos para el arquitecto.

¿Crees que fue justo su rechazo? ¿Te parece más interesante la no realizada, o la que finalmente se construyó?