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miércoles, 4 de enero de 2017

El Madrid que SÍ fue XIV. El Palacio de Oñate

Hoy, primer miércoles del año, os queremos felicitar este 2017 a todos los lectores como corresponde, con un nuevo artículo de “El Madrid que SÍ fue”.

En este post hablaremos del Palacio de Oñate, uno de los palacetes del centro de Madrid tristemente desaparecidos, y que sin embargo, ha sido testigo de importantes acontecimientos de la historia de la capital.

1. Plano de Teixeira, 1656. Detalle del Palacio de Oñate
Nos remontamos al siglo XVI. Algunas de las familias nobiliarias más importantes de España llegaron en esas fechas a Madrid para asentarse permanentemente en la urbe, puesto que desde 1561 se había convertido en la capital del país. Por eso, en el centro de la población se podían encontrar algunos de los palacetes más interesantes de la época.

Así, a finales del siglo se construyó el que se conocería como “Palacio de Oñate” en una zona céntrica de la ciudad, lo que hoy sería una parte de la Puerta del Sol, entre las calles Mayor, Arenal y Travesía del Arenal. Sin embargo, en la época, el edificio no se asomaba a la Puerta del Sol porque existía otro inmueble hacia la plaza, la casa del licenciado Melchor Molina, conocida como la Torrecilla de la Puerta del Sol. Un pequeño callejón separaba estos dos edificios, el callejón de la Duda (ver imagen 1).
2. Fachada del Palacio de Oñate

El acceso principal del después conocido como Palacio de Oñate, como no podía ser de otra manera, se situaba en la calle Mayor, y destacaba su austeridad y elegancia, propias de la arquitectura típica de los Austrias. Un palacio, en general, muy acorde con el barrio en que se encontraba (ver imagen 2).

Sin embargo, hasta el siglo XVII, el Palacio era propiedad del condado de Villamediana. Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana (1582-1622), vivió en esta casa hasta el momento de su muerte. Este hombre es hoy bien conocido en las leyendas populares. Y es que sus amoríos eran de lo más comentado de la época. Parece ser que la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, llegó a ser su amante, y son muchas las anécdotas relacionadas con esta historia las que aún se conocen en la ciudad.

Una de ellas cuenta que el conde llegó a provocar un incendio en el coliseo de Aranjuez durante la celebración del aniversario del rey, solo por poder sacar en brazos a la reina de la fiesta. El rey expresó su enfado tras el acontecimiento, ya que parece que el conde tardó más de lo necesario en devolver a la reina sana y salva.

3. "La muerte del conde de Villamediana",
Manuel Castellano
Sea como fuere, lo cierto es que la noche del 21 de agosto de 1622, alrededor de las 9 de la noche, el conde estaba volviendo a su casa de la calle Mayor en un coche con la única compañía de Luis de Haro, hijo del marqués de Carpio. En el momento en que estaba ya llegando a su domicilio, a la altura del callejón de la Duda, un hombre que llevaba la cara tapada disparó con una ballesta al conde y escapó.

Una famosa pintura de Manuel Castellano titulada “La muerte del conde de Villamediana” (ver imagen 3), propiedad del Museo del Prado pero expuesta en el Museo de Historia de Madrid, retrata el momento en que numerosos vecinos contemplan el cuerpo ya sin vida del conde, una vez se había desplazado el mismo al interior del palacio.

Aún alguien recuerda unos versos, atribuidos a Luis de Góngora, que rezan de la siguiente manera: “Mentidero de Madrid / decidnos ¿quién mató al conde? / ni se sabe, ni se esconde / sin discurso, discurrid:  / dicen que le mató el Cid / por ser el conde Lozano / ¡disparate chabacano! / la verdad del caso ha sido / que el matador fue bellido / y el impulsor soberano”.

4. Palacio de Oñate, con la
fachada de Pedro de Ribera
Y es que todos en la ciudad atribuyeron al monarca Felipe IV el encargo de la muerte del conde por esos escándalos con la reina.
Tanto en los versos como en la pintura hay una referencia a uno de los mentideros de Madrid, el de las Gradas de San Felipe, que se situaba precisamente en las escaleras del convento de San Felipe el Real, frente al Palacio del conde de Villamediana.

A la muerte del conde, sus títulos pasaron a su primo Íñigo Vélez de Guevara y Tassis, conde de Oñate. Por ese motivo, a partir de ese momento, la mansión fue denominada Palacio de Oñate.

No obstante, el mismo pronto cambió su fisonomía. Si cuando se construyó compartía manzana con una de las mancebías más populares de la ciudad (uno de los prostíbulos de la época), a principios del siglo XVIII, la zona comenzaba a tener otro aspecto. De hecho, el palacio se embelleció notablemente cuando el arquitecto Pedro de Ribera le incorporó una fachada barroca con dintel y jambas de piedra berroqueña (ver imagen 4). Un balcón asomaba en esa fachada de Ribera, desde el cual se podían presenciar los acontecimientos más importantes de la calle Mayor. El mismo estaba coronado con el escudo heráldico de la familia Oñate.
5. Demolición del Palacio de Oñate

Pero el tiempo pasó, y Madrid sufrió severas transformaciones. Entre 1857 y 1862, la reforma de la Puerta del Sol llevó consigo la demolición de la Casa del licenciado Molina, y por tanto, la desaparición de la calle de la Duda.

El siglo XX comenzó con los cambios más importantes de nuestra ciudad: el proyecto del metro de Madrid (1913-1919), la construcción de la Gran Vía (1910-1929), y así un largo etcétera.
En esta época se derribaron algunos palacetes del centro para hacer paso a nuevos edificios. Entre ellos, se demolió el Palacio de Oñate (ver imagen 5). Sin embargo, parece que el Ayuntamiento de Madrid, consciente de la importancia de la fachada del arquitecto madrileño, decidió salvarla y guardarla en los almacenes municipales.

6. Casa Palazuelo, de Antonio Palacios
En el solar del palacio se construyó la Casa Palazuelo en 1919 (ver imagen 6), un bello inmueble de Antonio Palacios que hoy tiene uso comercial.
El Ayuntamiento, por su parte, no sabía qué hacer con la portada barroca de Pedro de Ribera.

Pasaron los años, y desde 1928, comenzó a construirse en la zona de la Moncloa la Ciudad Universitaria, una de las obras más ambiciosas de nuestra ciudad.
En ese mismo año, 1928, el rey Alfonso XIII inauguró en el mismo entorno la llamada Casa de Velázquez, una institución cultural francesa en el extranjero dedicada al estudio del hispanismo, que forma a artistas, profesores e investigadores con intercambios entre Francia y los países ibéricos.
7. Casa de Velázquez, 1935

Así, durante la II República (1931-1936), el Ayuntamiento de Madrid decidió ofrecer la fachada de Pedro de Ribera a diversas instituciones, y fue la Casa de Velázquez quien decidió aceptar la propuesta de incorporar la fachada histórica del Palacio de Oñate a su sede.

De esta manera, en 1935, la institución cultural francesa añadió esta portada barroca a su nuevo edificio (ver imagen 7), en un entorno estudiantil y universitario, puesto que en ese año las obras de la Ciudad Universitaria estaban ya muy avanzadas.

8. Casa de Velázquez tras la Guerra Civil

Sin embargo, la Guerra Civil (1936-1939) fue especialmente cruenta en esta zona, con lo que la Casa de Velázquez quedó prácticamente destruida (ver imagen 8), y la fachada no pudo ser restaurada tras la contienda, aunque sí lo fue el edificio que hoy seguimos conociendo como Casa de Velázquez.

Una de tantas pérdidas arquitectónicas que trajo consigo la Guerra Civil, pero que hace que la historia del Palacio de Oñate resulte más melancólica en este apartado de “el Madrid que SÍ fue”.

miércoles, 6 de julio de 2016

El monumento a Cervantes de la Plaza de España

Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, el de Cervantes de la Plaza de España, pero, ¿sabías que el proyecto elegido fue otro, y que en principio se iba a construir en un lugar diferente?

Detalle de Coullaut Valera para el monumento a
Cervantes. La Ilustración Española y Americana,
año LX, nº16, 30 de abril de 1916, pág 245.
madridciudadaniaypatrimonio.org
2016 está siendo un año repleto de homenajes a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), debido al IV centenario de su muerte. El dramaturgo, poeta y novelista alcalaíno pasó a la posteridad por su obra cumbre, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".

Sin embargo, no es esta la primera ocasión en que la ciudad de Madrid muestra su respeto por el ilustre escritor del Siglo de Oro.
Si nos remontamos a comienzos del siglo XX, veremos cómo, en 1905, también hubo numerosos actos para homenajear el III centenario de la publicación de la novela mencionada, la más destacada de la literatura española y una de las más reconocidas a nivel mundial.

Entre esos eventos, se proponía la creación de un gran monumento al insigne literato, y para ello se abrió una suscripción voluntaria entre “todos los pueblos que tienen el castellano por lengua nacional”.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Una buena iniciativa, que lamentablemente no se llevó a cabo, al menos en ese momento.
Los años pasaron, y en 1910 la idea volvió a surgir, para ubicar ese nuevo monumento en el lugar que había ocupado el Cuartel de San Gil, edificado a partir de 1789, y demolido entre 1906 y 1910 donde hoy se encuentra la Plaza de España.

Tras algunos problemas para obtener esos terrenos, en 1912 se propuso la creación de la escultura en una zona aledaña, en la Gran Vía, que había comenzado a ser construida en 1910. Una buena alternativa que situaría a Cervantes en el “nuevo Madrid”.

No obstante, el Ministerio de la Guerra consiguió desbloquear los obstáculos legales para la edificación del monumento a Cervantes en la Plaza de España, con lo que el Ayuntamiento de la capital finalmente aceptó llevar a cabo esa iniciativa en este lugar.

De nuevo estancadas las negociaciones, el alcalde de Madrid propuso de nuevo un cambio de ubicación: la plaza de Callao, algo a lo que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (R.A.B.A.S.F.) se opuso manifiestamente, proponiendo otros entornos, como la Red de San Luis en la propia Gran Vía, o la plaza de Cánovas del Castillo, trasladando así la fuente de Neptuno a otro lugar.
Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

Finalmente, en 1914, y tras mediación del rey Alfonso XIII, el Ministerio de la Guerra se puso de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y se acordó el emplazamiento final del monumento: la Plaza de España.

La elección del lugar, como se puede ver, fue un dolor de cabeza que duró años, pero que continuaría con la selección del proyecto que debería ser construido.

Ya el 19 de marzo de 1915 se convocó el concurso de ideas para el monumento a Cervantes. Las bases, establecidas por la R.A.B.A.S.F., limitaban el concurso a escultores y arquitectos españoles, que deberían presentar en menos de cuatro meses proyectos para una obra en piedra, que podría ser adornada por mármoles y bronces.

El plazo se amplió hasta el 2 de octubre, y tras ello, a partir del 5 de octubre se expusieron las maquetas de los anteproyectos presentados en veintiuna salas del Palacio de Exposiciones del Retiro, y en otras seis del Palacio de Cristal.

Fotografía de Cámara para Nuevo Mundo, año XXII, n.1135,
8 de octubre de 1915. madridciudadaniaypatrimonio.org
La pregunta es obvia, ¿por qué tantas salas? Por una razón sorprendente: se presentaron nada menos que cincuenta y tres proyectos para este monumento, que estaba llamado a ser uno de los más emblemáticos de Madrid. Un auténtico acontecimiento que llevó a la decisión de cobrar 50 céntimos a todo aquel que quisiera visitar las maquetas.

Uno de los primeros asistentes fue el propio monarca Alfonso XIII, pero no solo la familia real, sino la práctica totalidad de la sociedad madrileña se volcó con este concurso de ideas.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Entre arquitectos y escultores, eran uno total de ciento nueve artistas los que participaban en esta interesante propuesta escultórica.

La exposición, que tan solo duró unos pocos días, finalizó el 15 de octubre con el nombramiento de los ganadores. El proyecto que se alzó con la victoria (16 votos de un máximo de 17) fue el presentado por el escultor Mateo Inurria y el arquitecto Teodoro de Anasagasti (número 3 en la imagen de la izquierda).

Se trataba de un monumento con representaciones simbólicas, alegorías que, debido a su complejidad, podrían dar lugar al no reconocimiento de los personajes representados.
Fue, posiblemente, por ese motivo, por el que se decidió no construir el proyecto ganador.

La sorpresa de Inurria y Anasagasti se convirtió en alegría para Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Coullaut Valera que, con una propuesta de menor calidad, se alzaron con el segundo premio al obtener 13 votos de los 17 posibles.
Y es que fue finalmente esta maqueta la que pudo ver su materialización en piedra en la Plaza de España.
Proyecto de Rafael Martínez Zapatero y  Lorenzo
 Coullaut Valera del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

En 1916 se cumplieron los trescientos años de la muerte de Cervantes, y la obra no había podido ser comenzada. Fue en 1920 cuando se constituyó el comité de recaudación de fondos, y en 1925 cuando se comenzó a erigir el monumento, con algunas modificaciones por parte del arquitecto Pedro Muguruza.

Las figuras de honor representarían, en la parte frontal, a don Miguel de Cervantes, y ante él, las estatuas en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, cabalgando respectivamente sobre el caballo Rocinante y el jumento del fiel Sancho.
En la parte trasera se podría ver a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, sobre una fuente con los escudos de todos los países que usan la lengua de Cervantes.

Coronado por una bola del mundo y los cinco continentes, alegoría de la difusión de la lengua española por todo el globo terráqueo, fue inaugurado, aunque no finalizado, en 1929.

Monumento a Cervantes
en la actualidad
El parón de la Guerra Civil retrasó considerablemente las obras, aunque fue en ese momento cuando el monumento adquirió mayor popularidad: parece ser que la estatua de Don Quijote fue adoptada como símbolo por los dos bandos de la contienda. Por una parte, el bando republicano consideraba que el brazo en alto del hidalgo era un emblema de aquel famoso “no pasarán”, mientras que en el bando sublevado se argumentaba que el brazo en alto era un gesto de bienvenida por parte del caballero.

Ya en los años 50, Federico Coullaut-Valera, hijo del artífice del proyecto, añadió las figuras de Dulcinea y Aldonza Lorenzo, y en los años 60, las de Rinconete y Cortadillo y La Gitanilla, completando así por fin el controvertido monumento.

Como decíamos, un auténtico dolor de cabeza que duró unos sesenta años, hasta que la Plaza de España pudo ver esta obra en todo su esplendor.


¿Crees que el conjunto finalmente erigido era el más idóneo para este lugar?
                               
                           
Anteproyectos del monumento a Cervantes. Fotografía de J.Vidal para La Ilustración Artística, año XXXIV, nº1764, 
18 de octubre de 1915, páginas 687-716. .madridciudadaniaypatrimonio.org

miércoles, 11 de mayo de 2016

Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA)

Son muchos los proyectos faraónicos inacabados en la capital de los que hemos hablado en este “El Madrid que no fue”. Sin embargo, otros municipios no se alejan tanto de esta megalomanía tan propia de principios del siglo XXI. El Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA) es uno de estos ejemplos.

Nuestro relato parte de los comienzos del siglo XX, cuando la marquesa de Valderas, Isabel Arróspide y Álvarez, se casó con el capitán del regimiento de Artillería llamado José Sanchiz de Quesada. El mismo, destinado a la zona militar de Cuatro Vientos y Campamento, decidió construir un palacete de estilo sajón en las cercanías, concretamente en las proximidades del casco histórico del municipio de Alcorcón.

Castillo de los marqueses de Valderas, y oratorio de San José
El complejo palaciego constaba de un castillo principal, en el que vivía la familia nobiliaria, un segundo edificio para servidumbre y caballerizas, y un tercero que se utilizaba como oratorio dedicado a San José situado en la parte trasera del edificio residencial. Es este último monumento el que da nombre al actual barrio alcorconero de San José de Valderas.

Parece ser que el palacio, construido por el arquitecto Luis Sainz de los Terreros, fue escenario de fiestas a las que acudieron personajes de la talla del rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia de Battenberg, el dictador Primo de Rivera, o el infante don Carlos, abuelo materno de Juan Carlos I.

Estas celebraciones repercutían en la economía del municipio, ya que el marqués decidió financiar la instalación eléctrica de Alcorcón y ceder terrenos para llevar el agua potable a la localidad, hasta que en 1936 estalló la Guerra Civil y la familia tuvo que abandonar la zona.

Fue entonces cuando el edificio principal del conjunto se convirtió en el cuartel general de primera línea franquista, dirigiendo desde allí una emisora de radio el hijo del médico Gregorio Marañón.

Los años pasaron y el complejo quedó abandonado. Almacén de materiales, colegio religioso… muchos fueron los usos de este único espacio, que llegó a ser plató de películas como “La saga de los Drácula”, de 1973, del género de terror, así como popular lugar de avistamiento ovni.

Castillos de Valderas en la actualidad
En los años 90, el Ayuntamiento decidió recuperar dos de los castillos, el principal y el oratorio, ya que el tercero había desaparecido.
Se restauraron por completo, y hoy en día se puede disfrutar en el primero del Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón, y en el segundo, de un centro cultural con diversas actividades, como cursos y talleres de alfarería, arte ligado a la tradición de la población.

Estos dos bellos monumentos están rodeados por un gran parque que sirve de pulmón verde del norteste del municipio.
Y es precisamente este parque el que cobra importancia en el artículo que traemos hoy de este “Madrid que no fue”, ya que este espacio verde fue el elegido a principios del siglo XXI para ubicar el que estaba llamado a ser uno de los centros artísticos más importantes de toda la Comunidad.

Proyecto del CREAA. Diario "El País"
El gobierno local de aquel momento trató de convertir a Alcorcón en una ciudad imprescindible para la cultura con la construcción del Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA), un espacio cultural que acogería espectáculos y eventos de diversa índole.
Se trataba de una “idea innovadora ejemplarizante”, según se decía en el propio proyecto, y su intención era la de “situar al municipio de Alcorcón como un referente en creatividad en la Comunidad de Madrid, en el resto del Estado y con vocación de  proyección internacional, mediante la puesta en marcha de un Centro de Creación de las Artes, que integrado dentro de la dimensión social del fenómeno cultural urbano, contribuya al desarrollo de la ciudad explotando el potencial  económico de las industrias culturales, su capacidad para crear riqueza y empleo, así como la formación de especialistas orientados al sector cultural”.

Proyecto de auditorio del CREAA,
con capacidad para 1.424 espectadores.
creaalcorcon.com
Se convocó un concurso de ideas en 2005, y las obras del CREAA comenzaron en 2007. Se trataría de nueve edificios, en los que se encontraría un auditorio con capacidad para 1.424 espectadores, un circo estable con 600 localidades, y una sala configurable que, con un aforo de 460 butacas, estaría ideada para el teatro, la danza y la música.

También habría talleres de producción para artes plásticas y audiovisuales, espacios para la investigación, creación y divulgación artística, y aquí se ubicaría el Centro de Tecnología del Espectáculo (CTE) que, dependiente del Ministerio de Cultura, se convertiría en el centro de referencia nacional para la formación de profesionales técnicos del espectáculo en las áreas de caracterización, iluminación, maquinaria escénica, construcción de decorados, producción y gestión, sonido y vestuario.
Palacio de Congresos, muelles, tiendas, cafeterías y restaurantes, conservatorio de música, aparcamientos… todo parecía posible en el CREAA.

Proyecto de circo estable del CREAA,
con capacidad para 600 espectadores.
creaalcorcon.com
Tres de las plantas estarían soterradas, y el proyecto presumía de algunas sugestivas características: el circo dispondría de cuadras de animales, escuela de circo, sala de entrenamiento para los acróbatas y una zona de orquesta, y su techo estaría diseñado para poder colgar a los elefantes. Todo el complejo tendría una fachada de vidrio con una celosía de aluminio. Y por si todo esto fuera poco, desde las terrazas ajardinadas de las azoteas de los edificios, se podría contemplar el skyline madrileño, así como la sierra de Guadarrama.

Un atractivo y ambicioso proyecto que no estuvo exento de polémica, y es que para su ejecución, se talaron 300 árboles del parque de los Castillos, y además se derribó una biblioteca municipal.

Para la construcción de estos 66.000 metros cuadrados, se invirtieron 150 millones de euros, una cifra astronómica para una ciudad que, en aquel momento, ya sobrepasaba los 160.000 habitantes.
Obras del CREAA en ejecución.
creaalcorcon.com
Las obras del “Guggenheim” de Alcorcón fueron paralizadas en 2012. Según el nuevo gobierno local, aún faltaban 40 millones por invertirse en este proyecto, dinero del que no disponía el municipio.

El complejo no pudo ser inaugurado, puesto que se construyó en conjunto, y no edificio a edificio, con lo que ninguno de los nueve fueron finalizados, y desde entonces está abandonado, en las proximidades de los ya mencionados castillos de Valderas.

Son numerosos los usos que se le han intentado dar a este proyecto inacabado, pero parece que todo se antoja más que difícil, y más teniendo en cuenta que solo está finalizado al 70%.

Obras paralizadas del CREAA en la actualidad.
globedia.com
Este año los castillos se postulan como el monumento de la Comunidad de Madrid a reivindicar: en 2017 se celebrará el centenario de estos singulares edificios, y el 1 de mayo de 2016 ya comenzaron los eventos para homenajear este complejo palaciego. Entre las actividades programadas se incluye su propuesta de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Conjunto Histórico, de acuerdo con las leyes de Patrimonio Histórico Español y del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

La localidad alfarera celebrará, por tanto, hasta 2017 los actos de centenario de unos castillos sitiados por unas obras que no finalizarán a corto plazo, y que ya forman parte de este “Madrid que no fue”.

miércoles, 24 de febrero de 2016

De la Casa del Ataúd al Edificio Metrópolis

El Edificio Metrópolis es, sin lugar a dudas, uno de los más fotografiados de la capital. Su monumentalidad y belleza son indiscutibles. Sin embargo, te invitamos a que descubras hoy los proyectos alternativos para su construcción, que no tienen nada que envidiar al finalmente realizado.

La Gran Vía y la calle Alcalá son dos de las calles más monumentales de nuestro querido Madrid. Si bien es cierto que el trazado de la calle Alcalá se remonta al siglo XV, el de la Gran Vía es relativamente reciente. En 1904 se aprobó su construcción, y el 4 de abril de 1910 comenzaron las obras de tan importante envergadura.

Alfonso XII firmando en el acta de inauguración de los trabajos
de demolición de las fincas enclavadas en la futura Gran Vía.
4 de abril de 1910. ABC
El rey Alfonso XIII estampó su firma en tan señalada jornada en el acta de inauguración de los trabajos de demolición de las fincas enclavadas en lo que se conocía como la prolongación de la calle Preciados y el enlace de la plaza de Callao con la calle de Alcalá. Posteriormente el monarca dio el simbólico piquetazo a la Casa del Cura, residencia del sacerdote de la vecina Iglesia de San José, aún existente, dando así comienzo a estas obras.

Todo ello tuvo lugar ante una casa situada en un lugar privilegiado en Madrid, ese espacio que sirve de punto de unión entre la Gran Vía, la calle del Caballero de Gracia, y la calle de Alcalá: el solar del actual Edificio Metrópolis, que hasta poco antes había estado ocupado por un curioso inmueble, la Casa del Ataúd.

Antigua Casa del Ataúd. A la derecha se aprecia
 la fachada de la aún existente Iglesia de San José
Ese edificio era conocido con tal nombre por la estrechez que le caracterizaba, con una sola ventana en el chaflán. Su fama estaba ligada a su particular localización y a la existencia junto a ella, en la misma calle del Caballero de Gracia, en el siglo XVIII, de la fonda de la Cruz de Malta, lugar en que se alojaron viajeros ilustres de diversos países, y que se convirtió a mediados del siglo XIX en la fonda de la Amistad. La Casa del Ataúd fue, no obstante, el primer inmueble derribado para las obras de la Gran Vía.

Ya años antes, la compañía aseguradora La Unión y el Fénix se había interesado en esta manzana por su privilegiada ubicación. Por ese motivo, y tras la adquisición del solar, se decidió convocar en mayo de 1905 un concurso para la creación de un edificio emblemático en dicho lugar.

Se proponía un inmueble en el que habría una vivienda de lujo por planta, con posibilidad de división posterior, y con acceso principal a través de un elegante portal por la calle de Alcalá. También habría una puerta para el servicio, de la que arrancaría una escalera para la servidumbre que discurriría junto al patio de luces.
La planta baja estaría ocupada por cafés, restaurantes, tiendas y las calderas del edificio, así como el archivo general de la compañía aseguradora, cuyas oficinas se situarían en la planta de entresuelo.

Se solicitó de igual modo que los arquitectos que se presentaran al concurso idearan unas fachadas en sillería “todo lo monumentales que sea posible”, pero con “cierta sobriedad de escultura, excepto en la rotonda”. Además se incluiría, coronando la fachada central, una “bonita composición alegórica” del emblema de la compañía, el fénix, ave mitológica que renace de sus cenizas.

Numerosos arquitectos, la mayor parte españoles, pero también algunos de otros países, presentaron sus interesantes proyectos para este icónico edificio.

Proyecto de Julio Martínez-Zapata para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Uno de los más llamativos era el concebido por Julio Martínez-Zapata (1863-1915). Este arquitecto y dibujante madrileño realizó en la capital obras como el Puente de la Reina Victoria sobre el río Manzanares, o la Casa de Socorro Municipal del Distrito Centro, así como iconos en otras ciudades: el Puente de María Cristina de San Sebastián o la Casa Consistorial de Santander. No en vano, llegó a ser nombrado arquitecto municipal de la Villa de Madrid.
Decidió presentarse a este concurso con uno de los proyectos más bellos y monumentales, con algunas trazas modernistas que bien nos puede recordar a otro edificio que se finalizó tan solo unos meses antes en Madrid por el arquitecto José Grases Riera: el Palacio de Longoria.

Proyecto de Manuel de Busto
para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Sin embargo, posiblemente el más impactante fue el presentado por Manuel del Busto y Delgado (1874 – 1948). Este artista, nacido en Cuba, fue arquitecto municipal de las localidades asturianas de Langreo y Luarca, con lo que gran parte de su obra se encuentra en estas ciudades.
Uno de sus proyectos más destacados fue, precisamente, este edificio de la Unión y el Fénix. Se trataba de una recargada fachada que tenía características más propias de una catedral que de una empresa aseguradora.
El detalle más particular era la gran cantidad de aves fénix que hacían equilibrios sobre unos atractivos chapiteles que, a todas luces, pretendían convertirse en un guiño hacia la compañía, de manera que la importancia dada al símbolo de la aseguradora en el edificio pudiera hacer que el fallo del jurado se decantara por este proyecto.

Otro de los más atrayentes fue el de los hermanos franceses Jules y Raymond Février. Jules Février (1842-1937), el más destacado de los dos arquitectos, ya había construido en aquel momento una de sus obras cumbres, el Hotel Gaillard, en París.
Lo que proponían para la aseguradora española era un edificio que evocaba, irremediablemente, la arquitectura francesa. De estilo neorrenacimiento, Bajo Imperio, destacaría por una cúpula de pizarra con incrustaciones doradas, del denominado estilo “Pompier” o bombero, por su similitud con un casco de esta profesión, que serviría de soporte para la figura del fénix.

Proyecto de los hermanos Février
para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Estos arquitectos franceses, a pesar de haber realizado ya varias obras en Francia, encontraron en Madrid la ciudad en la que pudieron construir, posiblemente, su obra más relevante. Y es que en septiembre de 1906 el jurado falló a favor de los hermanos Février, los cuales pudieron ver cómo su proyecto para la aseguradora de la Unión y el Fénix comenzaba a construirse el 4 de junio de 1907.

Fueron 8.000 pesetas (hoy serían unos irrisorios 48 euros) las que ganaron estos arquitectos, además del privilegio de poder construir este inmueble, al hacerse con el primer premio del concurso.
Sorprendentemente, el segundo puesto quedó desierto, y el tercero fue para Julio M. Zapata, con 3.000 pesetas (18 euros), aunque a Manuel del Busto también se le reconoció con un accésit, o galardón inferior al premio.

Por tanto, cuando Alfonso XIII inauguraba las obras de la Gran Vía en 1910, pudo admirar cómo se desarrollaban las obras de este majestuoso edificio, que se inauguró el 25 de enero de 1911 con una gran fiesta.

Desde entonces, tanto madrileños como visitantes pueden admirar esa monumental fachada, adornada con columnas corintias, cuyos remates se convierten en los pedestales de las estatuas diseñadas por los escultores Paul Landowski, De Lambert y Saint Morceaux, alegorías del Comercio, la Agricultura, la Industria y la Minería.

Dominando todos estos conjuntos escultóricos, y en la parte más alta de la fachada central, destaca otro realizado por el artista Mariano Benlliure, precisamente en el comienzo de la cúpula de pizarra que remata el edificio.
Edificio de la Unión y el Fénix en 1915
Sobre la misma, se situó el símbolo de la empresa, la figura del Ave Fénix cabalgada por Ganímedes con el brazo alzado y modelada en cobre de nuevo por Morceaux.

En 1972, la edificación fue adquirida por otra compañía aseguradora, Metrópolis, por lo que el inmueble pasó a denominarse Edificio Metrópolis.
El remate del Ave y el Fénix fue sustituido por una Victoria alada en bronce en 1977, la que aún hoy podemos observar. No obstante, se puede contemplar el original en el jardín de la sede de la Unión y el Fénix, la actual Mutua Madrileña, en el Paseo de la Castellana.

Pero volvamos al Edificio Metrópolis. Y es que esta relevante obra es un gran ejemplo del importante cambio que sufrió Madrid a principios del siglo XX, embelleciéndose con nuevas creaciones como la mencionada Gran Vía. Hay un antes y un después entre la Casa del Ataúd y el Edificio de la Unión y el Fénix.
Numerosos proyectos pudieron haber embellecido el comienzo de la más transitada avenida de la capital. Todos los presentados gozaban de una increíble monumentalidad y belleza.

Cualquiera de los aquí comentados habría hecho justicia a las dos relevantes vías que tenía que custodiar. Sin embargo, la elección no fue desafortunada en ningún caso, ya que actualmente este edificio se encuentra entre los más hermosos y admirables de nuestro Madrid. El Palacio Real, la Puerta de Alcalá, el Palacio de Cibeles, la Puerta del Sol… son iconos indiscutibles de la capital, pero, ¿podríamos concebir un Madrid sin el Edificio Metrópolis?

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Casa de Correos y Telégrafos

Uno de los edificios más imponentes de la capital es, sin duda alguna, el “Palacio de Telecomunicaciones”, desde 2011 denominado “Palacio de Cibeles” por su ubicación frente a la famosa fuente de Ventura Rodríguez. Sin embargo, no fue éste el único proyecto que se barajó para ese emplazamiento.

Plaza de Castelar, hoy plaza de Cibeles, en 1890
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A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la plaza de Cibeles no era muy diferente a como lo conocemos hoy en día. El Palacio de Buenavista, levantado en 1767, el edificio del Banco de España, inaugurado por el niño que llegaría a ser el rey Alfonso XIII y su madre, la reina regente María Cristina en 1891, y el Palacio de Linares, finalizado en 1900, protegían a la diosa Cibeles ya situada en el centro de la plaza, en su ubicación actual (recordemos que desde su instalación en 1782 y hasta 1895 la fuente se encontraba a la entrada del Paseo de Recoletos, mirando hacia la fuente de Neptuno).
Sin embargo, faltaba un edificio en este entorno, el espectacular “Palacio de Cibeles”.

A principios del nuevo siglo, el Estado convocó un concurso abierto para la construcción de una Casa de Correos y Telégrafos en el centro de Madrid, sustituyendo a la antigua Real Casa de Correos de la Puerta del Sol.
Hasta ese momento, en la zona sureste de la Plaza de Cibeles (plaza de Castelar en aquel entonces, plaza de Madrid hasta 1900) se ubicaban los Jardines del Buen Retiro, mucho más grandes que el actual Parque del Buen Retiro, en el antiguo conjunto de recreo anexo al Palacio del Buen Retiro.

Como ya podrás imaginar, esta nueva Casa de Correos y Telégrafos, se ubicaría en un pedazo de estos Jardines, en los colindantes a la plaza de Cibeles.
Las bases eran claras: un gran edificio no superior a cinco pisos que, dando sus fachadas a la calle de Alcalá, Paseo del Prado y plaza de Cibeles, acogiera los servicios de correos, telégrafos y teléfonos.

Fueron tres los proyectos que se presentaron hasta noviembre de 1904, cuando se cerró el concurso, todos ellos de gran calidad e interés.

Proyecto de Joaquín Saldaña y Jesús Carrasco
El primero de ellos, de estilo francés Luis XV, de Joaquín Saldaña y Jesús Carrasco, parecía uno de los favoritos. El motivo es que, según los expertos, tenía las fachadas más estudiadas y mejor diseñadas de los tres proyectos. Esto también tenía una desventaja: su coste de 5.152.477,91 pesetas era el más elevado de los presentados.
La Academia de Bellas Artes de San Fernando consideró erróneo, sin embargo, el planteamiento que los arquitectos habían hecho del edificio. Y es que lo habían configurado para que en un futuro pudiera ser utilizado como Ministerio, algo que no gustó a la Academia.

Proyecto de Luis Montesinos y Felipe Mario López Blanco
El segundo proyecto, de Luis Montesinos y Felipe Mario López Blanco, de concepción anacrónica, fue sin duda el más polémico, como después veremos.
Se trataba de un edificio sobrio que seguiría el sistema americano al no colocar patios en su interior, aunque sí ventiladores y abundante luz eléctrica. Aunque en la actualidad se apuesta por los grandes ventanales para conseguir así luz natural, en la época la moda era construir edificios que gozaran de un buen sistema de alumbrado eléctrico.
Su creación costaría a las arcas públicas un total de 4.736.211 pesetas.

Proyecto de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi
El tercer proyecto fue el presentado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. El hecho de que su presupuesto fuera el más bajo (4.499.906,99 pesetas), no hacía que el edificio fuera menos vistoso. De hecho era, posiblemente, el más monumental de los tres. Todos los servicios públicos se reunirían bajo una rotonda en la planta baja, y se pedía un mínimo de 4 años para ejecutarlo.

Hay que tener en cuenta que en 1904, la figura de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi no era tan popular como lo es hoy en día, y se trataba de una pareja de jóvenes e inexpertos arquitectos.

La decisión fue tomada por unanimidad por los miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y como es bien sabido, el proyecto ganador fue el de Palacios y Otamendi.
Maqueta en escayola del proyecto de Palacios y Otamendi.
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El segundo resultó el de Carrasco y Saldaña porque, según el fallo, se habían pospuesto los servicios de atención al público, algo vital para el nuevo edificio.  Sin embargo, se alabó el informe de las fachadas.
Por último, en tercer lugar quedó el de López Blanco y Montesinos, al que se criticaba por no adaptarse a los servicios requeridos por el edificio.

El proyecto ganador se había presentado incompleto, con falta de documentación y de detalles, pero según la comisión, se estaba ante “el producto de una creación genial”. Por ello se les otorgó a los autores el plazo de un mes para concretar su atrevida propuesta.

Una vez los miembros del jurado fallaron a favor de Palacios y Otamendi, surgió la polémica, como antes comentábamos.
Construcción de la Casa de Correos y Telégrafos
Montesinos y López Blanco, cuyo proyecto había quedado segundo, parece que no toleraron la decisión de la Academia. Por este motivo elaboraron un folleto de 75 páginas en el que explicaban por qué su propuesta no había sido la ganadora para que “la cuestión fuera conocida por la prensa”.

En este escrito, más que defender su creación, trataban de criticar la de Palacios y Otamendi. Sin nombrar específicamente ese proyecto, comentaban que el presupuesto de otras propuestas era inverosímil, que la suya era más práctica que “algunas”, que en un edificio público no habría que poner decoración propia de un palacio

Palacio de Cibeles en la actualidad
De cualquier manera, el Palacio de Comunicaciones, apodado cariñosamente en la época por los madrileños como “Santa María de las Comunicaciones” por su monumentalidad propia de una catedral, comenzó a construirse en 1907, y se finalizó en 1919, llegando a nuestros días como una de las construcciones de más interés y más impactantes de nuestra ciudad. Según los propios arquitectos, se trataba de construir “un edificio para el público”, algo que lograron con creces, puesto que a día de hoy está abierto a todos los ciudadanos como Centro Cultural CentroCentro, y por supuesto, desde principios del siglo XXI como sede del Ayuntamiento de Madrid.