miércoles, 14 de septiembre de 2016

Proyecto de ampliación de Corrales y Molezún para el Banco de España

El Banco de España es uno de los edificios neoclásicos más destacados de la capital, pero… ¿sabías que se tuvo que hacer por partes, en sucesivas ampliaciones, y que alguno de sus proyectos nunca vieron la luz?

En el artículo de hoy nos situamos en el centro de Madrid, en la mítica plaza de Cibeles. Es allí donde se ubica desde finales del siglo XIX la sede principal del Banco de España.

Este organismo hunde sus raíces en el Banco Nacional de San Carlos, creado en 1782, aunque fue la fusión en 1847 del Banco de San Fernando (1829) y el de Isabel II (1844), la que permitió la creación de este Banco de España, que tomó su nombre actual en 1856. Hoy en día, su importancia reside en ser el banco central nacional y el supervisor del sistema bancario español junto al Banco Central Europeo (BCE).

El primer emplazamiento de esta institución fue el edificio de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, en la calle Atocha, lugar en que se había ubicado el Banco de Isabel II, posteriormente el Banco de San Fernando tras la fusión, y por último el denominado Banco de España.

Palacio de Alcañices. Pintura de Juan Zapater
Pronto el edificio se quedó pequeño, y se decidió construir una sede más acorde con su importancia. Por ello, se decidió adquirir ya en 1882 el Palacio del Marqués de Alcañices, en la intersección de la calle Alcalá con el Paseo del Prado, además de algunos otros solares en los aledaños.

El Palacio de Alcañices, construido en fecha desconocida, era un enorme palacio donde anteriormente se situaba la vivienda de Luis de Haro, valido del rey de España Felipe IV, en el siglo XVII.
Ese edificio fue adquirido por Manuel Miguel Osorio y Spinola, XV marqués de Alcañices a finales del siglo XVIII, que en 1804 realizó una primera reforma para evitar que la fachada se desplomara.

XVII Marqués de Alcañices y duque de Sesto, junto con el
marqués de Sotomayor en las caballerizas del Palacio de Alcañices
Su hijo, Nicolás Osorio y Zayas, XVI marqués, lo remodeló por completo en 1847, gastando 2 millones de reales. Además encargó unas nuevas caballerizas en 1854, pero fue el hijo de este, José Osorio y Silva, XVII marqués de Alcañices y duque de Sesto, quien encargó a Francisco de Cubas, marqués de Cubas (de ahí el nombre homónimo de la calle situada tras el actual Banco de España, la antigua calle del Turco donde Juan Prim fue asesinado) la reforma más importante de aquel Palacio de Alcañices, que desaparecería tan solo unos años después.


Parece ser que tras la compra del solar en 1882  por el Banco de España, se convocó un concurso al que se presentaron cuatro proyectos, pero ninguno del gusto de la comisión que tomaría la decisión final, con lo que finalmente fueron los arquitectos Severiano Sainz de la Lastra y Eduardo Adaro, quienes recibieron el encargo de inspirarse en los edificios de otros bancos europeos para construir la sede del español.

Banco de España en la actualidad.
Entrada principal en chaflán por la plaza de Cibeles,
primera parte del edificio construida
Los arquitectos tomaron como ejemplo los palacios venecianos, y su proyecto fue aprobado en 1883. Tan solo un año más tarde, el 4 de julio de 1884, el rey Alfonso XIII pondría la primera piedra de esta edificación de planta cuadrada, con entrada principal en chaflán por la plaza de Cibeles.

El proyecto se tuvo que ir modificando según se iban comprando nuevos solares aledaños, con lo que el coste total de la compra de solares y la edificación alcanzaron las 15.300.000 pesetas. Así, la nueva y flamante sede del Banco de España pudo ser por fin inaugurada en 1891.

Esa construcción no era más que una pequeña parte de la que tenemos hoy en día, la que rodea a ese chaflán de Cibeles. La portada central del Paseo del Prado ya se construyó en aquella primera etapa, pero la central de la calle Alcalá se levantó en una primera ampliación que se desarrolló en 1927. Allí se ubicaban, hasta esa fecha, las casas del conde de Santamarca, que fueron demolidas para poder llevar a cabo esta expansión del edificio del Banco de España.

Escudo republicano del Banco de España,
fachada a la calle de Alcalá. elpais.com
En esta ocasión, fueron arquitectos italianos los que realizaron la obra, pero siguiendo el proyecto del arquitecto español José Yarnoz Larrosa. Exteriormente, la fachada se prolongaría con las mismas características que la anterior para formar parte de un mismo conjunto, y las novedades de la época solo se introdujeron en el interior del edificio. Esta ampliación se finalizó ya durante la Segunda República, por lo que el escudo central que se sitúa sobre la fachada de la calle Alcalá no tiene la corona real, y lo que preside ese lateral es una corona mural con forma de castillo almenado, el que coronaba el escudo republicano.

En 1969, se amplió por segunda vez esta enorme construcción. En esta ocasión fue Javier Yarnoz Orcoyen, hijo del anterior arquitecto, quien recibió el encargo de cerrar el edificio por las calles de los Madrazo y Marqués de Cubas.

Tras esa segunda ampliación, en los años 70 ya solo faltaba una esquina del edificio por ser construida: la más cercana a la Gran Vía. Todavía quedaba un inmueble de viviendas junto al Banco de España en la intersección entre la calle de Alcalá y Marqués de Cubas, con lo que la seguridad del propio banco se podría ver comprometida por la construcción adyacente.

En 1950 el Banco ya había adquirido ese edificio, pero hubo que esperar hasta 1978 para comenzar a promover la edificación de esta última parte de la sede. El 25 de septiembre de aquel año, se convocó un concurso de ideas, en el que participaron previa invitación siete arquitectos.

Proyecto para la ampliación del Banco de España.
Corrales y Molezún, 1978. abc.es
Uno de estos arquitectos, Ramón Vázquez Molezún, había fundado en 1952 un estudio junto con José Antonio Corrales. Fue de ese estudio del que salió el proyecto que se puede contemplar a la izquierda y en la imagen inferior.

El estudio “Corrales y Molezún” propuso que, tras el cerramiento del Palacio del Banco de España, se construyera una nueva torre, más acorde con los nuevos tiempos, y que marcara claramente el contraste con el palacio anterior, mostrando al visitante que esta parte nada tenía arquitectónicamente con la ya construida, a pesar de formar parte de la misma institución.

Se trataría de una torre más elevada, que se asemejaba más a otros edificios españoles de la posguerra, y en nada al estilo de la parte original, primera y segunda ampliación del Banco de España. Una arquitectura moderna, que huía del clasicismo y de los modelos establecidos.

Proyecto para la ampliación del Banco de España.
Corrales y Molezún, 1978. elpais.com
Las obras de este estudio buscaban la geometría, la técnica, marcando un punto de ruptura con lo establecido previamente. Por ello, trabajos de Corrales y Molezún como el Edificio Bankunión del Paseo de la Castellana fueron tan polémicos y criticados en el momento, haciendo que sus dos creadores siempre lamentaran que sus construcciones no fueran entendidas.

Algo similar ocurrió con su proyecto de ampliación del Banco de España. Más de uno respiró aliviado cuando se nombró al ganador del concurso: Rafael Moneo Vallés. Este arquitecto es hoy conocido en nuestra ciudad por numerosas obras: la rehabilitación del Palacio de Villahermosa en Museo Thyssen-Bornemisza entre 1990 y 1992; la remodelación de la histórica estación de ferrocarril de  Atocha, la ampliación hacia Puerta de Atocha de 1992 y la nueva terminal de Atocha de 2010; la ampliación del Museo del Prado en 2007…

Proyecto inicial de Rafael Moneo en 1978
para la tercera ampliación del Banco de España. elpais.com
Lo que Moneo proponía para esta última ampliación del Banco de España era una continuación del edificio, para que, a simple vista, el edificio pareciera construido en el mismo momento que el original, y así tener una mayor homogeneidad en su fachada exterior.

Algunos inconvenientes, entre ellos la protección del edificio que había que demoler para la construcción de esta tercera y última ampliación, hicieron que las obras se retrasaran… ¡hasta 2003!

En 2003 comenzaron por fin las obras de esta última fase, las cuales finalizaron en 2006, coincidiendo con el 150 aniversario del Banco de España.

Mascarón neoclásico del
edificio original del
Banco de España. bde.es
Mascarón cubista de la
última ampliación del
Banco de España. bde.es
A pesar de seguir la idea original de Moneo de continuidad de las fachadas del Paseo del Prado y de la calle de Alcalá, el propio arquitecto introdujo algunos cambios, como el de los mascarones neoclásicos de la fachada por otros inspirados en el cubismo, mostrando así que en este siglo y medio, a pesar de respetar las trazas del siglo XIX, la arquitectura ha cambiado y evolucionado.

Hay que añadir que, en la actualidad, es bastante fácil advertir desde el exterior en qué lugar finaliza la segunda ampliación y comienza la tercera, porque el color del granito colocado en esta última etapa es mucho más claro. Esto se debe a que el corte de la piedra es más reciente, pero en unos pocos años no será posible distinguir una ampliación de otra, a no ser por elementos como los mascarones que comentamos.

Ampliación de 2006 del Banco de España. caballerocolon.com
4.736 metros cuadrados de edificio divididos en planta baja, tres sobre rasante y cuatro sótanos, son los que comprenden hoy este histórico Banco de España. Su patio, que hoy es biblioteca, su escalera de mármol de Carrara, su cámara acorazada… son algunos de los elementos más destacados del interior de este gigante, que tiene incluso un helipuerto, pero… ¿crees que se habría acertado más construyendo el proyecto de Corrales y Molezún, marcando así la diferencia con el siglo anterior? ¿O por el contrario, Moneo hizo lo correcto continuando el edificio original?

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Madrid que SÍ fue XIII. Real Pósito de la Villa de Madrid

“El Madrid que no fue” está de vuelta comenzando esta 3ª temporada, a la que venimos con más ganas que nunca de conocer un poco más nuestra ciudad y comunidad.
Por eso, hoy traemos un nuevo artículo especial de “El Madrid que SÍ fue”.

En el post de hoy, recordaremos uno de esos lugares que llegaron a ser emblemáticos de la Villa, y que, sin embargo, hoy están casi olvidados. Hablamos, en este caso, del Real Pósito de la Villa de Madrid.

Nuestra ciudad, al igual que cualquier municipio histórico, ha pasado por muchas diferentes etapas, y, cómo no, por momentos de bonanza económica, y por otros de penuria. Por motivos de escasez, el trigo ha constituido siempre un alimento básico para los madrileños, y ya desde el Fuero de Madrid de 1202, se han ido promulgando leyes con el fin de que no faltara grano en nuestras calles para la alimentación básica.

No obstante, no fue hasta la época de los Reyes Católicos cuando se construyó el primer pósito de Madrid. Este alholí o granero tenía como fin el almacén de grano para períodos de carestía.
Plano de Teixeira, 1656. Se aprecia el edificio del
Peso de la Harina en la Cava Baja de San Francisco.
artedemadrid.wordpress.com
Además, tenía cierta vocación benéfica, ya que proporcionaba pan a los necesitados, y semillas a los labradores para ayudarles con la siembra, con la condición de que devolvieran ese número de semillas tras la cosecha.

El mismo se situó en la Cava Baja de San Francisco, que hoy conocemos simplemente como “Cava Baja”. Parece que este granero público se dividía en varios edificios: la alhóndiga principal se situaría en el actual número 14 de la calle mencionada, donde hoy se ubica la Posada del Dragón. Frente a la misma, se ubicaría el edificio del Peso de la Harina, en el número 27 de la Cava Baja, la actual Posada de la Villa.

Esta creación de finales del siglo XV, dio lugar a otras posteriores, ya durante la regencia del Cardenal Cisneros, en los alrededores de Madrid: en 1512 se establece el pósito de Alcalá de Henares, en 1513 el de Toledo, y en 1514 el de Torrelaguna.

Es posible que la ubicación de aquella alhóndiga junto a la plaza de Puerta Cerrada, en los aledaños de la actual Plaza Mayor, propiciara la creación de un lugar en que, a partir de 1590 se almacenaba trigo y se controlaban los precios: la Casa de la Panadería.

Vista de pájaro desde la Puerta de Alcalá en 1854.
Grabado de Alfred Guesdon
Años más tarde, hacia 1666, reinando el último monarca de la dinastía de los Austrias en España, Carlos II, aquel pósito de la Cava Baja de San Francisco quedó anticuado, y se trasladó a las afueras de Madrid, a un lugar que hoy en día bien céntrico: los alrededores de la Puerta de Alcalá, prácticamente la confluencia entre el Paseo de Recoletos y la calle de Alcalá con Serrano. De hecho, el tramo de la calle de Alcalá situado entre la actual Plaza de la Independencia y la fuente de la Cibeles, se llegó a llamar calle del Pósito.
Se construyeron allí los conocidos como “Hornos de la Villa”, un espacio en que, además del horno y del granero, se edificó un barrio con 42 casas, el Barrio de Villanueva, la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, conocida como el Oratorio de los Hornos de Villanueva, e incluso una fuente. La puerta del conjunto se ubicó frente a los jardines del Palacio del Buen Retiro.

Vista del Real Pósito con la Puerta de Alcalá al fondo, en 1855.
historias-matritenses.blogspot.com

En 1743, bajo el reinado del primer monarca Borbón en España, Felipe V, la Junta de Abastos prohibió la entrada a Madrid del pan de pueblos cercanos, cerrando los Hornos de la Villa, para hacerse cargo de la total compra y almacén del trigo en la ciudad. Por ese motivo se construyó, un par de años más tarde y en ese mismo lugar, un gran edificio que se convirtió en uno de los pósitos más relevantes y notables de todo el país: el Real Pósito de la Villa de Madrid.


Vista de la calle de Alcalá a mediados del
siglo XIX. A la izquierda, el Real Pósito.
A la derecha, los Jardines del Buen Retiro,
donde hoy se ubican edificios como el
Palacio de Cibeles.
historias-matritenses.blogspot.com
Su edificio principal, llamado Santísima Trinidad, era de forma elíptica, y constaba de patio central y dos plantas: la inferior, dividida en 22 habitáculos, servía de almacén de grano a todo aquel que lo quisiera utilizar, siempre y cuando se hiciera cargo de los costes del pesaje. Su capacidad para 40.000 fanegas (1.700 toneladas) eran poco en comparación con lo que esperaba en la planta superior: una sola galería que, según escritos de la época era “impresionante”, ya que tenía capacidad para 100.000 fanegas (4.325 toneladas), algo más que sorprendente, teniendo en cuenta que estamos hablando de un silo del siglo XVIII.

Parece que pronto se quedó pequeño, al ser en ese momento el único alholí de Madrid, con lo que Carlos III se vio obligado a ampliar este espacio. Entre el Real Pósito y el lugar en el que tan solo unos pocos años más tarde situaría su Puerta de Alcalá, mandó construir nuevos edificios con cinco tahonas, con lo que el entorno podría acoger, desde ese momento, un total de un millón de fanegas (43.250 toneladas).

La puerta principal a todo este espacio estaba en el lateral correspondiente al Paseo de Recoletos, existiendo otra secundaria hacia la actual calle de Alcalá.

Demolición del Real Pósito en 1869.
memoriademadrid.es
A finales del siglo XVIII, tras algunos años de malas cosechas, el Pósito se quedó sin fondos, y ya nunca recuperó su esplendor. De hecho, en el siglo XIX algunas de las edificaciones del pósito fueron quedando en desuso, y comenzaron a ser utilizadas como depósito de herramientas o almacén del Teatro Príncipe, e incluso como cuartel.

Poco después, hacia 1869, cuando se comenzó a gestar la Plaza de la Independencia alrededor de la Puerta de Alcalá, y se derribó la cerca que delimitaba Madrid por el este, se constató que el Real Pósito de la Villa ya era una construcción inútil. Gran parte de sus instalaciones estaba desocupada: la idea de mantener graneros públicos para tiempos de escasez fue desapareciendo con el tiempo. El viejo pósito no encontró su hueco en el Madrid del siglo XIX.
Placa en memoria al Real Pósito de
Madrid, de 1664 o 1666 hasta 1863,
aunque fue derribado en 1869.
memoriademadrid.es

Tras su demolición, se edificaron modernos edificios de viviendas en ese mismo lugar, desde los que cierran actualmente la Plaza de la Independencia, hasta el mismísimo Palacio de Linares.

El recuerdo del Real Pósito volvió, sin embargo, a la mente de muchos, unos 70 años después de su cierre y demolición. Y es que tras la Guerra Civil (1936-1939), un alimento tan básico para las clases más modestas como el pan, se llegó a convertir en un artículo de lujo, y se comenzó a racionar la comida. Es especialmente para esos momentos para los que se había construido aquel primer pósito en la época de los Reyes Católicos.

En 1991, el Ayuntamiento de Madrid colocó una placa en la Plaza de la Independencia, recordando el lugar exacto en que se había ubicado aquel mítico Real Pósito, que solo nos queda por grabados y pinturas de la época. 

Un almacén público que ya nadie recuerda, pero que, sin duda alguna, pasa a formar parte de las construcciones más curiosas de este “El Madrid que SÍ fue”.

miércoles, 6 de julio de 2016

El monumento a Cervantes de la Plaza de España

Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, el de Cervantes de la Plaza de España, pero, ¿sabías que el proyecto elegido fue otro, y que en principio se iba a construir en un lugar diferente?

Detalle de Coullaut Valera para el monumento a
Cervantes. La Ilustración Española y Americana,
año LX, nº16, 30 de abril de 1916, pág 245.
madridciudadaniaypatrimonio.org
2016 está siendo un año repleto de homenajes a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), debido al IV centenario de su muerte. El dramaturgo, poeta y novelista alcalaíno pasó a la posteridad por su obra cumbre, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".

Sin embargo, no es esta la primera ocasión en que la ciudad de Madrid muestra su respeto por el ilustre escritor del Siglo de Oro.
Si nos remontamos a comienzos del siglo XX, veremos cómo, en 1905, también hubo numerosos actos para homenajear el III centenario de la publicación de la novela mencionada, la más destacada de la literatura española y una de las más reconocidas a nivel mundial.

Entre esos eventos, se proponía la creación de un gran monumento al insigne literato, y para ello se abrió una suscripción voluntaria entre “todos los pueblos que tienen el castellano por lengua nacional”.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Una buena iniciativa, que lamentablemente no se llevó a cabo, al menos en ese momento.
Los años pasaron, y en 1910 la idea volvió a surgir, para ubicar ese nuevo monumento en el lugar que había ocupado el Cuartel de San Gil, edificado a partir de 1789, y demolido entre 1906 y 1910 donde hoy se encuentra la Plaza de España.

Tras algunos problemas para obtener esos terrenos, en 1912 se propuso la creación de la escultura en una zona aledaña, en la Gran Vía, que había comenzado a ser construida en 1910. Una buena alternativa que situaría a Cervantes en el “nuevo Madrid”.

No obstante, el Ministerio de la Guerra consiguió desbloquear los obstáculos legales para la edificación del monumento a Cervantes en la Plaza de España, con lo que el Ayuntamiento de la capital finalmente aceptó llevar a cabo esa iniciativa en este lugar.

De nuevo estancadas las negociaciones, el alcalde de Madrid propuso de nuevo un cambio de ubicación: la plaza de Callao, algo a lo que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (R.A.B.A.S.F.) se opuso manifiestamente, proponiendo otros entornos, como la Red de San Luis en la propia Gran Vía, o la plaza de Cánovas del Castillo, trasladando así la fuente de Neptuno a otro lugar.
Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

Finalmente, en 1914, y tras mediación del rey Alfonso XIII, el Ministerio de la Guerra se puso de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y se acordó el emplazamiento final del monumento: la Plaza de España.

La elección del lugar, como se puede ver, fue un dolor de cabeza que duró años, pero que continuaría con la selección del proyecto que debería ser construido.

Ya el 19 de marzo de 1915 se convocó el concurso de ideas para el monumento a Cervantes. Las bases, establecidas por la R.A.B.A.S.F., limitaban el concurso a escultores y arquitectos españoles, que deberían presentar en menos de cuatro meses proyectos para una obra en piedra, que podría ser adornada por mármoles y bronces.

El plazo se amplió hasta el 2 de octubre, y tras ello, a partir del 5 de octubre se expusieron las maquetas de los anteproyectos presentados en veintiuna salas del Palacio de Exposiciones del Retiro, y en otras seis del Palacio de Cristal.

Fotografía de Cámara para Nuevo Mundo, año XXII, n.1135,
8 de octubre de 1915. madridciudadaniaypatrimonio.org
La pregunta es obvia, ¿por qué tantas salas? Por una razón sorprendente: se presentaron nada menos que cincuenta y tres proyectos para este monumento, que estaba llamado a ser uno de los más emblemáticos de Madrid. Un auténtico acontecimiento que llevó a la decisión de cobrar 50 céntimos a todo aquel que quisiera visitar las maquetas.

Uno de los primeros asistentes fue el propio monarca Alfonso XIII, pero no solo la familia real, sino la práctica totalidad de la sociedad madrileña se volcó con este concurso de ideas.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Entre arquitectos y escultores, eran uno total de ciento nueve artistas los que participaban en esta interesante propuesta escultórica.

La exposición, que tan solo duró unos pocos días, finalizó el 15 de octubre con el nombramiento de los ganadores. El proyecto que se alzó con la victoria (16 votos de un máximo de 17) fue el presentado por el escultor Mateo Inurria y el arquitecto Teodoro de Anasagasti (número 3 en la imagen de la izquierda).

Se trataba de un monumento con representaciones simbólicas, alegorías que, debido a su complejidad, podrían dar lugar al no reconocimiento de los personajes representados.
Fue, posiblemente, por ese motivo, por el que se decidió no construir el proyecto ganador.

La sorpresa de Inurria y Anasagasti se convirtió en alegría para Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Coullaut Valera que, con una propuesta de menor calidad, se alzaron con el segundo premio al obtener 13 votos de los 17 posibles.
Y es que fue finalmente esta maqueta la que pudo ver su materialización en piedra en la Plaza de España.
Proyecto de Rafael Martínez Zapatero y  Lorenzo
 Coullaut Valera del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

En 1916 se cumplieron los trescientos años de la muerte de Cervantes, y la obra no había podido ser comenzada. Fue en 1920 cuando se constituyó el comité de recaudación de fondos, y en 1925 cuando se comenzó a erigir el monumento, con algunas modificaciones por parte del arquitecto Pedro Muguruza.

Las figuras de honor representarían, en la parte frontal, a don Miguel de Cervantes, y ante él, las estatuas en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, cabalgando respectivamente sobre el caballo Rocinante y el jumento del fiel Sancho.
En la parte trasera se podría ver a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, sobre una fuente con los escudos de todos los países que usan la lengua de Cervantes.

Coronado por una bola del mundo y los cinco continentes, alegoría de la difusión de la lengua española por todo el globo terráqueo, fue inaugurado, aunque no finalizado, en 1929.

Monumento a Cervantes
en la actualidad
El parón de la Guerra Civil retrasó considerablemente las obras, aunque fue en ese momento cuando el monumento adquirió mayor popularidad: parece ser que la estatua de Don Quijote fue adoptada como símbolo por los dos bandos de la contienda. Por una parte, el bando republicano consideraba que el brazo en alto del hidalgo era un emblema de aquel famoso “no pasarán”, mientras que en el bando sublevado se argumentaba que el brazo en alto era un gesto de bienvenida por parte del caballero.

Ya en los años 50, Federico Coullaut-Valera, hijo del artífice del proyecto, añadió las figuras de Dulcinea y Aldonza Lorenzo, y en los años 60, las de Rinconete y Cortadillo y La Gitanilla, completando así por fin el controvertido monumento.

Como decíamos, un auténtico dolor de cabeza que duró unos sesenta años, hasta que la Plaza de España pudo ver esta obra en todo su esplendor.


¿Crees que el conjunto finalmente erigido era el más idóneo para este lugar?
                               
                           
Anteproyectos del monumento a Cervantes. Fotografía de J.Vidal para La Ilustración Artística, año XXXIV, nº1764, 
18 de octubre de 1915, páginas 687-716. .madridciudadaniaypatrimonio.org

miércoles, 15 de junio de 2016

Nueva línea de Cercanías entre San Fernando de Henares y Príncipe Pío

La red de transportes de Madrid es, indiscutiblemente, una de las protagonistas habituales de este “Madrid que no fue”. Hoy traemos un proyecto cancelado de una nueva línea de Cercanías Renfe que atravesaría Madrid de oeste a este, desde San Fernando de Henares hasta Príncipe Pío. ¿Te animas a descubrirlo?

Retrato de Felipe V
El municipio de San Fernando de Henares es uno de los lugares históricos más desconocidos de nuestra Comunidad. Su población de poco más de 40.000 habitantes, cuenta con un conjunto del siglo XVIII relacionado con la Ilustración y el Reformismo borbónico.

Y es que, en el año 1700, Felipe V se convertía en el rey de España, siendo el primero de la familia Borbón en nuestro país. Su procedencia francesa hizo que se introdujeran numerosas reformas en todos los ámbitos. Fue bajo su reinado cuando se comenzaron a crear las Reales Fábricas, como la de Tapices de Santa Bárbara en Madrid, o la de Cristales de la Granja, iniciativa que continuaría su hijo Carlos III con la fundación de otras como la de Porcelana del Buen Retiro.

Retrato de Fernando VI

Fue Felipe V el rey que, en uno de sus últimos actos de gobierno, dispuso la adquisición de un lugar denominado Torrejón de la Ribera. Se decidió la compra de este término cercano a los ríos Henares y Jarama con motivo de la creación de una Fábrica de Paños finos para no tener que depender de factorías extranjeras.

La adquisición se produjo el 29 de junio de 1746, y la muerte del monarca el 9 de julio del mismo año, con lo que, como es de suponer, fue su sucesor, Fernando VI, el que pudo ver cumplido el sueño de su padre y antecesor en el trono.


Real Fábrica de Paños de San Fernando
El 30 de agosto de 1746, Fernando VI nombró a Teodoro Ventura de Argumosa gobernador de Torrejón de la Ribera, y así comenzaron las obras de esta importante fábrica, con una construcción ordenada en planta cuadrada en torno a un patio central con una fuente.
En la planta baja del edificio se disponían las salas de administración, producción y la capilla; en la planta alta la vivienda del gobernador, los tendederos de lana y algunos almacenes; y en el sótano aún más almacenes.

Antiguas casas de operarios de la Fábrica de San Fernando
Frente a la fábrica, se comenzaron a edificar numerosas viviendas para los trabajadores de la misma, y así se configuraron dos plazas junto al edificio industrial: una ante la fachada principal, de planta cuadrada, que hoy es la Plaza de España, y otra un poco más alejada, de planta circular, llamada Plaza de Fernando VI. Años después, ya en 1844, la reina Isabel II decidió trasladar allí desde la capital la estatua de dicho rey, que había sido concebida junto a tantas otras para coronar la cornisa del Palacio Real de Madrid.

Estatua y plaza de Fernando VI, en San Fernando de Henares.
rutastranquilas.com
La construcción de la Real Fábrica de Paños, las viviendas para los trabajadores y las dos plazas mencionadas, fue el origen del que se conocería como Real Sitio de San Fernando en honor a este monarca, una historia no muy diferente a la que analizamos hace algunos meses de la localidad de Nuevo Baztán.

En 1753, la baja productividad de la factoría, debida fundamentalmente a los altos precios de los tejidos, obligó a su traslado a Vicálvaro, dejando en San Fernando únicamente los almacenes.

El uso del edificio de la fábrica fue entonces destinado a casa de corrección para enseñar a leer y escribir, algo que se dio hasta 1801. Pocos años más tarde, más de ocho mil soldados franceses se acuartelaron en el lugar durante la ocupación napoleónica, y la zona quedó prácticamente arrasada a su partida.

Antigua fachada principal de la Real Fábrica de Paños.
Actual Ayuntamiento de San Fernando de Henares
La antigua factoría recuperó, sin embargo, en 1829, parte de su actividad original, ya que se convirtió en fábrica de tejidos de algodón y estampados, recuperando así unas huertas que databan de la época de Fernando VI entre el municipio y el río, plantando 4.000 árboles, y organizándolos en calles y avenidas, el actual Paseo de los Chopos.

En 1916, la localidad adquirió el nombre de San Fernando de Henares, puesto que hasta el momento se había denominado San Fernando del Jarama, y hoy en día, el edificio central de todo aquel histórico lugar es el Ayuntamiento de dicha población.

Vista aérea de San Fernando de Henares.
En primer plano, la plaza circular de Fernando VI.
Detrás, la plaza cuadrada de España, rodeada de las viviendas de operarios.
En último término, el gran edificio de la Real Fábrica.
Una apasionante historia para un municipio que, en la actualidad, está unida a la ciudad de Madrid a través de líneas regulares de autobuses, metro y trenes. Las líneas de Cercanías RENFE C2 Y C7, con idéntico recorrido en este tramo, vinculan todo el Corredor del Henares con la estación de Atocha.

Sin embargo, hace muy pocos años, en 2009, San Fernando volvió a ser protagonista gracias a un nuevo proyecto que planteaba la creación de una nueva línea para la ya extensa red de trenes de Cercanías Madrid, que cruzara la capital de oeste a este, desde San Fernando de Henares hasta el intercambiador de Príncipe Pío.

Y es que, hasta el momento, todos los viajeros del oeste de Madrid, de la zona del Corredor, podían llegar en tren sin problema hasta el sur de la ciudad en la misma línea hasta la estación de Atocha, e incluso hasta el norte, hacia Chamartín, pero si querían desplazarse hacia el oeste, tenían que hacer trasbordo en Atocha hasta Príncipe Pío.

Proyecto de nueva línea de Cercanías
San Fernando de Henares - Príncipe Pío. elpaís.com
Por ese motivo, en 2009, se firmó un convenio entre el Ministerio de Fomento y la Comunidad de Madrid con las figuras de José Blanco y Esperanza Aguirre por el cual se comprometían a crear esta nueva línea de Cercanías Renfe que partiría de San Fernando, y tendría un trazado destinado a evitar las aglomeraciones que se dan actualmente en la línea C7.

El mismo sería: San Fernando, Canillejas, Avenida de América, Alonso Martínez, Sol, y Príncipe Pío. Un auténtico sueño, ya que en apenas 5 estaciones se podría cruzar todo Madrid de oeste a este, con algunas nuevas estaciones de Cercanías como la soterrada de Alonso Martínez, que se presentaba como una de las joyas del proyecto.

Se trataba de un proyecto ambicioso que contemplaba construir en el futuro una ampliación desde San Fernando hasta Torrejón de Ardoz, con una nueva parada en esta localidad, y desde ahí seguir hacia Soto de Henares, estación proyectada en aquel momento y que curiosamente sí se llegó a construir, inaugurándose en 2015 como parte de la C2 y C7.

Además, también se planteó que años más tarde, esa línea fuera ampliada del mismo modo por el otro extremo, Príncipe Pío, hasta Aluche, y desde allí unirse al trazado de la C5 hacia Alcorcón y Móstoles, o hacia Leganés y Fuenlabrada.

Plaza de España de San Fernando de Henares en la actualidad,
rodeada por las antiguas casas de operarios de la Fábrica.
Lamentablemente, el proyecto quedó en eso precisamente, en proyecto. Ya en 2010, el Ministerio de Fomento parecía no apostar por esta nueva línea al admitir la complejidad de su construcción.

Y los años pasaron, los equipos de gobierno cambiaron, y el sueño de una línea de tren oeste-este que atravesara todo Madrid se diluyó en el aire. Ya no se volvió a hablar de la posibilidad de llevar a cabo esta interesante propuesta, y como decimos, lo único que se llegó a realizar fue la construcción de la estación Soto de Henares en el término municipal de Torrejón de Ardoz en el recorrido de las líneas C2 y C7.

Esperemos que en algún momento, algún político recuerde este proyecto y trate de rescatarlo del olvido para que así se pueda ahorrar tiempo en los traslados en Cercanías Renfe Madrid, además de la consiguiente descongestión de la red de transportes, especialmente de la zona del Corredor del Henares.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA)

Son muchos los proyectos faraónicos inacabados en la capital de los que hemos hablado en este “El Madrid que no fue”. Sin embargo, otros municipios no se alejan tanto de esta megalomanía tan propia de principios del siglo XXI. El Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA) es uno de estos ejemplos.

Nuestro relato parte de los comienzos del siglo XX, cuando la marquesa de Valderas, Isabel Arróspide y Álvarez, se casó con el capitán del regimiento de Artillería llamado José Sanchiz de Quesada. El mismo, destinado a la zona militar de Cuatro Vientos y Campamento, decidió construir un palacete de estilo sajón en las cercanías, concretamente en las proximidades del casco histórico del municipio de Alcorcón.

Castillo de los marqueses de Valderas, y oratorio de San José
El complejo palaciego constaba de un castillo principal, en el que vivía la familia nobiliaria, un segundo edificio para servidumbre y caballerizas, y un tercero que se utilizaba como oratorio dedicado a San José situado en la parte trasera del edificio residencial. Es este último monumento el que da nombre al actual barrio alcorconero de San José de Valderas.

Parece ser que el palacio, construido por el arquitecto Luis Sainz de los Terreros, fue escenario de fiestas a las que acudieron personajes de la talla del rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia de Battenberg, el dictador Primo de Rivera, o el infante don Carlos, abuelo materno de Juan Carlos I.

Estas celebraciones repercutían en la economía del municipio, ya que el marqués decidió financiar la instalación eléctrica de Alcorcón y ceder terrenos para llevar el agua potable a la localidad, hasta que en 1936 estalló la Guerra Civil y la familia tuvo que abandonar la zona.

Fue entonces cuando el edificio principal del conjunto se convirtió en el cuartel general de primera línea franquista, dirigiendo desde allí una emisora de radio el hijo del médico Gregorio Marañón.

Los años pasaron y el complejo quedó abandonado. Almacén de materiales, colegio religioso… muchos fueron los usos de este único espacio, que llegó a ser plató de películas como “La saga de los Drácula”, de 1973, del género de terror, así como popular lugar de avistamiento ovni.

Castillos de Valderas en la actualidad
En los años 90, el Ayuntamiento decidió recuperar dos de los castillos, el principal y el oratorio, ya que el tercero había desaparecido.
Se restauraron por completo, y hoy en día se puede disfrutar en el primero del Museo de Arte en Vidrio de Alcorcón, y en el segundo, de un centro cultural con diversas actividades, como cursos y talleres de alfarería, arte ligado a la tradición de la población.

Estos dos bellos monumentos están rodeados por un gran parque que sirve de pulmón verde del norteste del municipio.
Y es precisamente este parque el que cobra importancia en el artículo que traemos hoy de este “Madrid que no fue”, ya que este espacio verde fue el elegido a principios del siglo XXI para ubicar el que estaba llamado a ser uno de los centros artísticos más importantes de toda la Comunidad.

Proyecto del CREAA. Diario "El País"
El gobierno local de aquel momento trató de convertir a Alcorcón en una ciudad imprescindible para la cultura con la construcción del Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA), un espacio cultural que acogería espectáculos y eventos de diversa índole.
Se trataba de una “idea innovadora ejemplarizante”, según se decía en el propio proyecto, y su intención era la de “situar al municipio de Alcorcón como un referente en creatividad en la Comunidad de Madrid, en el resto del Estado y con vocación de  proyección internacional, mediante la puesta en marcha de un Centro de Creación de las Artes, que integrado dentro de la dimensión social del fenómeno cultural urbano, contribuya al desarrollo de la ciudad explotando el potencial  económico de las industrias culturales, su capacidad para crear riqueza y empleo, así como la formación de especialistas orientados al sector cultural”.

Proyecto de auditorio del CREAA,
con capacidad para 1.424 espectadores.
creaalcorcon.com
Se convocó un concurso de ideas en 2005, y las obras del CREAA comenzaron en 2007. Se trataría de nueve edificios, en los que se encontraría un auditorio con capacidad para 1.424 espectadores, un circo estable con 600 localidades, y una sala configurable que, con un aforo de 460 butacas, estaría ideada para el teatro, la danza y la música.

También habría talleres de producción para artes plásticas y audiovisuales, espacios para la investigación, creación y divulgación artística, y aquí se ubicaría el Centro de Tecnología del Espectáculo (CTE) que, dependiente del Ministerio de Cultura, se convertiría en el centro de referencia nacional para la formación de profesionales técnicos del espectáculo en las áreas de caracterización, iluminación, maquinaria escénica, construcción de decorados, producción y gestión, sonido y vestuario.
Palacio de Congresos, muelles, tiendas, cafeterías y restaurantes, conservatorio de música, aparcamientos… todo parecía posible en el CREAA.

Proyecto de circo estable del CREAA,
con capacidad para 600 espectadores.
creaalcorcon.com
Tres de las plantas estarían soterradas, y el proyecto presumía de algunas sugestivas características: el circo dispondría de cuadras de animales, escuela de circo, sala de entrenamiento para los acróbatas y una zona de orquesta, y su techo estaría diseñado para poder colgar a los elefantes. Todo el complejo tendría una fachada de vidrio con una celosía de aluminio. Y por si todo esto fuera poco, desde las terrazas ajardinadas de las azoteas de los edificios, se podría contemplar el skyline madrileño, así como la sierra de Guadarrama.

Un atractivo y ambicioso proyecto que no estuvo exento de polémica, y es que para su ejecución, se talaron 300 árboles del parque de los Castillos, y además se derribó una biblioteca municipal.

Para la construcción de estos 66.000 metros cuadrados, se invirtieron 150 millones de euros, una cifra astronómica para una ciudad que, en aquel momento, ya sobrepasaba los 160.000 habitantes.
Obras del CREAA en ejecución.
creaalcorcon.com
Las obras del “Guggenheim” de Alcorcón fueron paralizadas en 2012. Según el nuevo gobierno local, aún faltaban 40 millones por invertirse en este proyecto, dinero del que no disponía el municipio.

El complejo no pudo ser inaugurado, puesto que se construyó en conjunto, y no edificio a edificio, con lo que ninguno de los nueve fueron finalizados, y desde entonces está abandonado, en las proximidades de los ya mencionados castillos de Valderas.

Son numerosos los usos que se le han intentado dar a este proyecto inacabado, pero parece que todo se antoja más que difícil, y más teniendo en cuenta que solo está finalizado al 70%.

Obras paralizadas del CREAA en la actualidad.
globedia.com
Este año los castillos se postulan como el monumento de la Comunidad de Madrid a reivindicar: en 2017 se celebrará el centenario de estos singulares edificios, y el 1 de mayo de 2016 ya comenzaron los eventos para homenajear este complejo palaciego. Entre las actividades programadas se incluye su propuesta de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Conjunto Histórico, de acuerdo con las leyes de Patrimonio Histórico Español y del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

La localidad alfarera celebrará, por tanto, hasta 2017 los actos de centenario de unos castillos sitiados por unas obras que no finalizarán a corto plazo, y que ya forman parte de este “Madrid que no fue”.