Mostrando entradas con la etiqueta Gran Vía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Vía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de julio de 2016

El monumento a Cervantes de la Plaza de España

Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, el de Cervantes de la Plaza de España, pero, ¿sabías que el proyecto elegido fue otro, y que en principio se iba a construir en un lugar diferente?

Detalle de Coullaut Valera para el monumento a
Cervantes. La Ilustración Española y Americana,
año LX, nº16, 30 de abril de 1916, pág 245.
madridciudadaniaypatrimonio.org
2016 está siendo un año repleto de homenajes a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), debido al IV centenario de su muerte. El dramaturgo, poeta y novelista alcalaíno pasó a la posteridad por su obra cumbre, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".

Sin embargo, no es esta la primera ocasión en que la ciudad de Madrid muestra su respeto por el ilustre escritor del Siglo de Oro.
Si nos remontamos a comienzos del siglo XX, veremos cómo, en 1905, también hubo numerosos actos para homenajear el III centenario de la publicación de la novela mencionada, la más destacada de la literatura española y una de las más reconocidas a nivel mundial.

Entre esos eventos, se proponía la creación de un gran monumento al insigne literato, y para ello se abrió una suscripción voluntaria entre “todos los pueblos que tienen el castellano por lengua nacional”.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Una buena iniciativa, que lamentablemente no se llevó a cabo, al menos en ese momento.
Los años pasaron, y en 1910 la idea volvió a surgir, para ubicar ese nuevo monumento en el lugar que había ocupado el Cuartel de San Gil, edificado a partir de 1789, y demolido entre 1906 y 1910 donde hoy se encuentra la Plaza de España.

Tras algunos problemas para obtener esos terrenos, en 1912 se propuso la creación de la escultura en una zona aledaña, en la Gran Vía, que había comenzado a ser construida en 1910. Una buena alternativa que situaría a Cervantes en el “nuevo Madrid”.

No obstante, el Ministerio de la Guerra consiguió desbloquear los obstáculos legales para la edificación del monumento a Cervantes en la Plaza de España, con lo que el Ayuntamiento de la capital finalmente aceptó llevar a cabo esa iniciativa en este lugar.

De nuevo estancadas las negociaciones, el alcalde de Madrid propuso de nuevo un cambio de ubicación: la plaza de Callao, algo a lo que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (R.A.B.A.S.F.) se opuso manifiestamente, proponiendo otros entornos, como la Red de San Luis en la propia Gran Vía, o la plaza de Cánovas del Castillo, trasladando así la fuente de Neptuno a otro lugar.
Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

Finalmente, en 1914, y tras mediación del rey Alfonso XIII, el Ministerio de la Guerra se puso de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y se acordó el emplazamiento final del monumento: la Plaza de España.

La elección del lugar, como se puede ver, fue un dolor de cabeza que duró años, pero que continuaría con la selección del proyecto que debería ser construido.

Ya el 19 de marzo de 1915 se convocó el concurso de ideas para el monumento a Cervantes. Las bases, establecidas por la R.A.B.A.S.F., limitaban el concurso a escultores y arquitectos españoles, que deberían presentar en menos de cuatro meses proyectos para una obra en piedra, que podría ser adornada por mármoles y bronces.

El plazo se amplió hasta el 2 de octubre, y tras ello, a partir del 5 de octubre se expusieron las maquetas de los anteproyectos presentados en veintiuna salas del Palacio de Exposiciones del Retiro, y en otras seis del Palacio de Cristal.

Fotografía de Cámara para Nuevo Mundo, año XXII, n.1135,
8 de octubre de 1915. madridciudadaniaypatrimonio.org
La pregunta es obvia, ¿por qué tantas salas? Por una razón sorprendente: se presentaron nada menos que cincuenta y tres proyectos para este monumento, que estaba llamado a ser uno de los más emblemáticos de Madrid. Un auténtico acontecimiento que llevó a la decisión de cobrar 50 céntimos a todo aquel que quisiera visitar las maquetas.

Uno de los primeros asistentes fue el propio monarca Alfonso XIII, pero no solo la familia real, sino la práctica totalidad de la sociedad madrileña se volcó con este concurso de ideas.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Entre arquitectos y escultores, eran uno total de ciento nueve artistas los que participaban en esta interesante propuesta escultórica.

La exposición, que tan solo duró unos pocos días, finalizó el 15 de octubre con el nombramiento de los ganadores. El proyecto que se alzó con la victoria (16 votos de un máximo de 17) fue el presentado por el escultor Mateo Inurria y el arquitecto Teodoro de Anasagasti (número 3 en la imagen de la izquierda).

Se trataba de un monumento con representaciones simbólicas, alegorías que, debido a su complejidad, podrían dar lugar al no reconocimiento de los personajes representados.
Fue, posiblemente, por ese motivo, por el que se decidió no construir el proyecto ganador.

La sorpresa de Inurria y Anasagasti se convirtió en alegría para Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Coullaut Valera que, con una propuesta de menor calidad, se alzaron con el segundo premio al obtener 13 votos de los 17 posibles.
Y es que fue finalmente esta maqueta la que pudo ver su materialización en piedra en la Plaza de España.
Proyecto de Rafael Martínez Zapatero y  Lorenzo
 Coullaut Valera del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

En 1916 se cumplieron los trescientos años de la muerte de Cervantes, y la obra no había podido ser comenzada. Fue en 1920 cuando se constituyó el comité de recaudación de fondos, y en 1925 cuando se comenzó a erigir el monumento, con algunas modificaciones por parte del arquitecto Pedro Muguruza.

Las figuras de honor representarían, en la parte frontal, a don Miguel de Cervantes, y ante él, las estatuas en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, cabalgando respectivamente sobre el caballo Rocinante y el jumento del fiel Sancho.
En la parte trasera se podría ver a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, sobre una fuente con los escudos de todos los países que usan la lengua de Cervantes.

Coronado por una bola del mundo y los cinco continentes, alegoría de la difusión de la lengua española por todo el globo terráqueo, fue inaugurado, aunque no finalizado, en 1929.

Monumento a Cervantes
en la actualidad
El parón de la Guerra Civil retrasó considerablemente las obras, aunque fue en ese momento cuando el monumento adquirió mayor popularidad: parece ser que la estatua de Don Quijote fue adoptada como símbolo por los dos bandos de la contienda. Por una parte, el bando republicano consideraba que el brazo en alto del hidalgo era un emblema de aquel famoso “no pasarán”, mientras que en el bando sublevado se argumentaba que el brazo en alto era un gesto de bienvenida por parte del caballero.

Ya en los años 50, Federico Coullaut-Valera, hijo del artífice del proyecto, añadió las figuras de Dulcinea y Aldonza Lorenzo, y en los años 60, las de Rinconete y Cortadillo y La Gitanilla, completando así por fin el controvertido monumento.

Como decíamos, un auténtico dolor de cabeza que duró unos sesenta años, hasta que la Plaza de España pudo ver esta obra en todo su esplendor.


¿Crees que el conjunto finalmente erigido era el más idóneo para este lugar?
                               
                           
Anteproyectos del monumento a Cervantes. Fotografía de J.Vidal para La Ilustración Artística, año XXXIV, nº1764, 
18 de octubre de 1915, páginas 687-716. .madridciudadaniaypatrimonio.org

miércoles, 24 de febrero de 2016

De la Casa del Ataúd al Edificio Metrópolis

El Edificio Metrópolis es, sin lugar a dudas, uno de los más fotografiados de la capital. Su monumentalidad y belleza son indiscutibles. Sin embargo, te invitamos a que descubras hoy los proyectos alternativos para su construcción, que no tienen nada que envidiar al finalmente realizado.

La Gran Vía y la calle Alcalá son dos de las calles más monumentales de nuestro querido Madrid. Si bien es cierto que el trazado de la calle Alcalá se remonta al siglo XV, el de la Gran Vía es relativamente reciente. En 1904 se aprobó su construcción, y el 4 de abril de 1910 comenzaron las obras de tan importante envergadura.

Alfonso XII firmando en el acta de inauguración de los trabajos
de demolición de las fincas enclavadas en la futura Gran Vía.
4 de abril de 1910. ABC
El rey Alfonso XIII estampó su firma en tan señalada jornada en el acta de inauguración de los trabajos de demolición de las fincas enclavadas en lo que se conocía como la prolongación de la calle Preciados y el enlace de la plaza de Callao con la calle de Alcalá. Posteriormente el monarca dio el simbólico piquetazo a la Casa del Cura, residencia del sacerdote de la vecina Iglesia de San José, aún existente, dando así comienzo a estas obras.

Todo ello tuvo lugar ante una casa situada en un lugar privilegiado en Madrid, ese espacio que sirve de punto de unión entre la Gran Vía, la calle del Caballero de Gracia, y la calle de Alcalá: el solar del actual Edificio Metrópolis, que hasta poco antes había estado ocupado por un curioso inmueble, la Casa del Ataúd.

Antigua Casa del Ataúd. A la derecha se aprecia
 la fachada de la aún existente Iglesia de San José
Ese edificio era conocido con tal nombre por la estrechez que le caracterizaba, con una sola ventana en el chaflán. Su fama estaba ligada a su particular localización y a la existencia junto a ella, en la misma calle del Caballero de Gracia, en el siglo XVIII, de la fonda de la Cruz de Malta, lugar en que se alojaron viajeros ilustres de diversos países, y que se convirtió a mediados del siglo XIX en la fonda de la Amistad. La Casa del Ataúd fue, no obstante, el primer inmueble derribado para las obras de la Gran Vía.

Ya años antes, la compañía aseguradora La Unión y el Fénix se había interesado en esta manzana por su privilegiada ubicación. Por ese motivo, y tras la adquisición del solar, se decidió convocar en mayo de 1905 un concurso para la creación de un edificio emblemático en dicho lugar.

Se proponía un inmueble en el que habría una vivienda de lujo por planta, con posibilidad de división posterior, y con acceso principal a través de un elegante portal por la calle de Alcalá. También habría una puerta para el servicio, de la que arrancaría una escalera para la servidumbre que discurriría junto al patio de luces.
La planta baja estaría ocupada por cafés, restaurantes, tiendas y las calderas del edificio, así como el archivo general de la compañía aseguradora, cuyas oficinas se situarían en la planta de entresuelo.

Se solicitó de igual modo que los arquitectos que se presentaran al concurso idearan unas fachadas en sillería “todo lo monumentales que sea posible”, pero con “cierta sobriedad de escultura, excepto en la rotonda”. Además se incluiría, coronando la fachada central, una “bonita composición alegórica” del emblema de la compañía, el fénix, ave mitológica que renace de sus cenizas.

Numerosos arquitectos, la mayor parte españoles, pero también algunos de otros países, presentaron sus interesantes proyectos para este icónico edificio.

Proyecto de Julio Martínez-Zapata para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Uno de los más llamativos era el concebido por Julio Martínez-Zapata (1863-1915). Este arquitecto y dibujante madrileño realizó en la capital obras como el Puente de la Reina Victoria sobre el río Manzanares, o la Casa de Socorro Municipal del Distrito Centro, así como iconos en otras ciudades: el Puente de María Cristina de San Sebastián o la Casa Consistorial de Santander. No en vano, llegó a ser nombrado arquitecto municipal de la Villa de Madrid.
Decidió presentarse a este concurso con uno de los proyectos más bellos y monumentales, con algunas trazas modernistas que bien nos puede recordar a otro edificio que se finalizó tan solo unos meses antes en Madrid por el arquitecto José Grases Riera: el Palacio de Longoria.

Proyecto de Manuel de Busto
para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Sin embargo, posiblemente el más impactante fue el presentado por Manuel del Busto y Delgado (1874 – 1948). Este artista, nacido en Cuba, fue arquitecto municipal de las localidades asturianas de Langreo y Luarca, con lo que gran parte de su obra se encuentra en estas ciudades.
Uno de sus proyectos más destacados fue, precisamente, este edificio de la Unión y el Fénix. Se trataba de una recargada fachada que tenía características más propias de una catedral que de una empresa aseguradora.
El detalle más particular era la gran cantidad de aves fénix que hacían equilibrios sobre unos atractivos chapiteles que, a todas luces, pretendían convertirse en un guiño hacia la compañía, de manera que la importancia dada al símbolo de la aseguradora en el edificio pudiera hacer que el fallo del jurado se decantara por este proyecto.

Otro de los más atrayentes fue el de los hermanos franceses Jules y Raymond Février. Jules Février (1842-1937), el más destacado de los dos arquitectos, ya había construido en aquel momento una de sus obras cumbres, el Hotel Gaillard, en París.
Lo que proponían para la aseguradora española era un edificio que evocaba, irremediablemente, la arquitectura francesa. De estilo neorrenacimiento, Bajo Imperio, destacaría por una cúpula de pizarra con incrustaciones doradas, del denominado estilo “Pompier” o bombero, por su similitud con un casco de esta profesión, que serviría de soporte para la figura del fénix.

Proyecto de los hermanos Février
para la Unión y el Fénix.
monumentamadrid.es
Estos arquitectos franceses, a pesar de haber realizado ya varias obras en Francia, encontraron en Madrid la ciudad en la que pudieron construir, posiblemente, su obra más relevante. Y es que en septiembre de 1906 el jurado falló a favor de los hermanos Février, los cuales pudieron ver cómo su proyecto para la aseguradora de la Unión y el Fénix comenzaba a construirse el 4 de junio de 1907.

Fueron 8.000 pesetas (hoy serían unos irrisorios 48 euros) las que ganaron estos arquitectos, además del privilegio de poder construir este inmueble, al hacerse con el primer premio del concurso.
Sorprendentemente, el segundo puesto quedó desierto, y el tercero fue para Julio M. Zapata, con 3.000 pesetas (18 euros), aunque a Manuel del Busto también se le reconoció con un accésit, o galardón inferior al premio.

Por tanto, cuando Alfonso XIII inauguraba las obras de la Gran Vía en 1910, pudo admirar cómo se desarrollaban las obras de este majestuoso edificio, que se inauguró el 25 de enero de 1911 con una gran fiesta.

Desde entonces, tanto madrileños como visitantes pueden admirar esa monumental fachada, adornada con columnas corintias, cuyos remates se convierten en los pedestales de las estatuas diseñadas por los escultores Paul Landowski, De Lambert y Saint Morceaux, alegorías del Comercio, la Agricultura, la Industria y la Minería.

Dominando todos estos conjuntos escultóricos, y en la parte más alta de la fachada central, destaca otro realizado por el artista Mariano Benlliure, precisamente en el comienzo de la cúpula de pizarra que remata el edificio.
Edificio de la Unión y el Fénix en 1915
Sobre la misma, se situó el símbolo de la empresa, la figura del Ave Fénix cabalgada por Ganímedes con el brazo alzado y modelada en cobre de nuevo por Morceaux.

En 1972, la edificación fue adquirida por otra compañía aseguradora, Metrópolis, por lo que el inmueble pasó a denominarse Edificio Metrópolis.
El remate del Ave y el Fénix fue sustituido por una Victoria alada en bronce en 1977, la que aún hoy podemos observar. No obstante, se puede contemplar el original en el jardín de la sede de la Unión y el Fénix, la actual Mutua Madrileña, en el Paseo de la Castellana.

Pero volvamos al Edificio Metrópolis. Y es que esta relevante obra es un gran ejemplo del importante cambio que sufrió Madrid a principios del siglo XX, embelleciéndose con nuevas creaciones como la mencionada Gran Vía. Hay un antes y un después entre la Casa del Ataúd y el Edificio de la Unión y el Fénix.
Numerosos proyectos pudieron haber embellecido el comienzo de la más transitada avenida de la capital. Todos los presentados gozaban de una increíble monumentalidad y belleza.

Cualquiera de los aquí comentados habría hecho justicia a las dos relevantes vías que tenía que custodiar. Sin embargo, la elección no fue desafortunada en ningún caso, ya que actualmente este edificio se encuentra entre los más hermosos y admirables de nuestro Madrid. El Palacio Real, la Puerta de Alcalá, el Palacio de Cibeles, la Puerta del Sol… son iconos indiscutibles de la capital, pero, ¿podríamos concebir un Madrid sin el Edificio Metrópolis?

miércoles, 28 de octubre de 2015

Réplica del Templete de la Red de San Luis

Tal día como ayer, un 27 de octubre pero de 1945, fallecía en nuestra ciudad uno de los arquitectos y urbanistas más importantes para Madrid: Antonio Palacios. Por este motivo hemos decidido hacerle un pequeño homenaje recordando una de sus obras más añoradas de Madrid, que a punto estuvo de ser reconstruida: el Templete de la Red de San Luis.

Palacios, a pesar de ser todo un símbolo en la capital, era madrileño de adopción. Nacía en 1876 en Porriño, Pontevedra, municipio que va a cobrar importancia en este artículo. Sin embargo, se convirtió casi en una imagen del Metro de Madrid a partir de 1917 al ser el encargado de diseñar el interior de las primeras estaciones construidas, así como de organizar accesos, e incluso fue el creador del célebre logotipo de Metro en forma de rombo.
Templete de la Red de San Luis
Aún hoy en día se puede ver algo de este original diseño en estaciones como la de Bilbao, en la parte de la línea 1, o en la clausurada de Chamberí, hoy centro de interpretación del Metro (Andén 0).

En 1919, junto con la inauguración del Metro de Madrid por Alfonso XIII, se abría un templete en la Gran Vía cuya construcción había finalizado un año antes. Se trataba del acceso principal a la estación de metro de  Gran Vía, en la intersección entre la calle de la Montera y la propia Gran Vía, el espacio conocido como Red de San Luis. De hecho, en aquel entonces la estación se llamaba “Red de San Luis”.

El acceso albergaba un ascensor que comenzó a prestar servicio el 18 de noviembre de 1920. Sin embargo, su uso no era gratuito, algo impensable en la actualidad. Al igual que hoy tenemos una amplia variedad de billetes (sencillo, combinado, 10 viajes…), en aquel entonces existía el llamado “billete de ascensor”, que permitía su utilización por un coste adicional de 5 céntimos de peseta.
Posteriormente se añadió otro elevador, y parece el templete llegó a dar servicio a unos 30.000 pasajeros al día.

Templete de la Red de San Luis con la calle de la
Montera al fondo. Años 50 del siglo XX
El mismo, a pesar de estar realizado en granito, material tan visible en las calles de Madrid, tenía una marquesina de cristal y hierro para proteger a los usuarios de Metro de las inclemencias del tiempo mientras esperaban al ascensor. Su planta rectangular y su influencia art decó hicieron que se convirtiera pronto en un símbolo de la plaza y del suburbano.
La entrada se hacía por la zona más cercana a la Gran Vía, mientras que la salida era por un arco de medio punto hacia la calle de la Montera. Por este motivo, la parte del monumento orientada a Montera no estaba cubierta por la marquesina.

Templete de la Puerta del Sol
No se trataba del único templete de la capital. En la vecina Puerta del Sol existía otro que hacía las mismas funciones, e igualmente construido por Antonio Palacios. Su marquesina, en plano horizontal a diferencia de la de la Red de San Luis, que estaba inclinada, era uno de los elementos más reconocibles de la céntrica plaza madrileña.

En 1933, una orden de la Dirección General de Ferrocarriles decretó el desmantelamiento de ambos templetes. Por una parte se desinstaló el de la Puerta del Sol, pero por otra, tras una entrevista entre el Ministro de Fomento y Miguel Otamendi (ingeniero considerado como uno de los impulsores del Metro de Madrid), se decidió mantener el de la Red de San Luis, añadiendo el segundo ascensor antes comentado.

Con motivo de nuevos accesos a la estación de Metro, el 6 de diciembre de 1969, el Templete de Gran Vía dejó de dar servicio, y un año más tarde el alcalde Carlos Arias Navarro ordenó su desmantelamiento, una triste decisión para nuestra ciudad.

Templete de la Red de San Luis en Porriño, Pontevedra.
Fotografía de la Mancomunidade da
Área Intermunicipal de Vigo
Poco después, en 1971, el monumento fue donado a la localidad de Porriño, municipio natal de nuestro célebre arquitecto. A pesar de no conservar todos los elementos (la marquesina desapareció), es aún posible contemplar este importante icono en un parque público del mencionado pueblo pontevedrés.

Pero la historia no acaba aquí. Este artículo es de “El Madrid que no fue”, así que de hecho, la parte que nos interesa es la que comienza ahora.

En ese lugar, entre 1832 y 1868 se había ubicado la Fuente de los Galápagos, inaugurada para conmemorar la jura como princesa de Asturias de la que sería Isabel II, y ubicada hoy en el Parque del Retiro.
A finales de los años 90 del siglo XX, lo que había en la Red de San Luis era una fuente con esculturas de aves que movían sus alas, pero que fue modificada con el paso de los años y los grupos escultóricos se eliminaron, con lo que la fuente carecía de interés.

Fuente de la Red de San Luis, construida en 1972.
En la fotografía, aún se aprecian las esculturas de aves
que después se eliminaron.
Es por ello que se decidió volver a instalar el Templete en el lugar original. El Ayuntamiento de Madrid se puso en contacto con el de Porriño para recuperar la donación… pero el municipio gallego se negó, al haber recibido ese monumento como un regalo. De hecho, ya se había convertido en un elemento importante de la localidad, recordando así a su ilustre vecino.
Las negociaciones no llegaron a buen puerto, y Porriño no permitió la vuelta del Templete a Madrid.

Años más tarde, en septiembre de 2008, el entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció la remodelación del entorno Montera-Fuencarral. Comenzaba así en 2009 la peatonalización parcial de la calle Fuencarral (desde la calle Hernán Cortés hasta la Gran Vía) y de la Red de San Luis, para dar así continuidad a la zona peatonal de la calle de la Montera. Ambas se unirían por un gran paso de cebra que atravesaría la mencionada Gran Vía.

Sin embargo, de lo que más se habló de esa futura remodelación, fue de un elemento que se prometía volvería a las calles de Madrid: el Templete de Antonio Palacios. Puesto que el original estaba destinado a no abandonar Galicia, Gallardón anunció la reconstrucción de uno que, a imagen del original, se convirtiera en un auténtico símbolo. Una réplica que haría justicia a un lugar que había sido maltratado con el paso del tiempo.

Proyecto del Ayuntamiento de Madrid para la
peatonalización de la Red de San Luis, con la
construcción de la réplica del Templete
La pregunta era obvia: ¿para qué serviría este nuevo monumento? Y es que los accesos a la estación de metro Gran Vía eran ya numerosos, con lo que no era necesario uno más. Se barajaron dos opciones.
Por una parte, este icono se convertiría en Taquilla Último Minuto. Es posible que la existente en ese momento en la vecina plaza del Carmen se hubiera trasladado a este nuevo espacio, para vender entradas de teatro a última hora a un precio inferior al habitual.
Por otra parte, se planteó la utilización de este lugar como nueva Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, añadiéndose a las múltiples ya existentes (Plaza Mayor, Callao, Cibeles, Paseo del Arte…).

Los vecinos, principales afectados por esta reconstrucción, se mostraron mayoritariamente partidarios a esta réplica, que vendría a sustituir esa original que aún muchos recordaban.

Red de San Luis en la actualidad tras la peatonalización
Durante ese mismo 2009 acabaron las obras de peatonalización. Montera y Fuencarral cambiaban su aspecto para hacerlo más amable con el entorno, y se inauguraba por fin la nueva Red de San Luis con un nuevo elemento… un olivo. Increíblemente, el Ayuntamiento de Madrid modificó su idea original de construir una réplica del Templete de Antonio Palacios para plantar un olivo en el lugar en que se había ubicado el original y las fuentes ya mencionadas.

El Consistorio madrileño alegó que la reconstrucción de la réplica del Templete no había sido más que una idea, no una promesa en firme, y que las arcas de la ciudad no pasaban por su mejor momento. Además, la comisión de patrimonio denegó la recreación al no admitir la reproducción de obras antiguas, algo que causó la indignación de más de un madrileño en aquel momento.

Antonio Palacios se quedó, por tanto, sin su pequeño homenaje, y la zona tendrá que esperar para poder ver cumplido su sueño de tener de nuevo aquel símbolo del Metro de Madrid. Otro proyecto fallido en este “Madrid que no fue”.

miércoles, 1 de julio de 2015

Un tranvía para Madrid... y una Gran Vía peatonal

Son muchos los que aún recuerdan con nostalgia el tranvía circulando por las calles de la capital, cogiéndolo en la Puerta del Sol, o incluso en la Plaza Mayor. 

1871. Primer tranvía de Madrid, tirado por caballos o mulos
En 1899 comenzó a circular en Madrid la primera línea electrificada de tranvía, pero ya en 1871 se habían puesto en funcionamiento los primeros, tirados por caballos o mulos, y comunicando el Barrio de Salamanca con el desaparecido Barrio de Pozas (hoy Argüelles).
Las últimas líneas de tranvía no desaparecieron hasta  1972.
Es cierto que la primera línea de Metro de Madrid fue inaugurada en 1919, pero su crecimiento fue lento, y el transporte más usado seguía siendo el tranvía. Además, otorgaba sin duda una imagen muy pintoresca de la ciudad.

En los últimos años, es el metro el que ha crecido de forma imparable, y es posible desplazarse en él a prácticamente cualquier punto de la ciudad y de los alrededores.

Sin embargo, en 2008, el tranvía pudo volver a circular por las calles de Madrid. 2007 fue un año de elecciones autonómicas y municipales en España. Por este motivo, cada candidato a la alcaldía de Madrid plasmó sus propuestas en su programa electoral, como es habitual.

1899. Tranvías en la Puerta del Sol
El candidato a la alcaldía por el PSOE, Miguel Sebastián, propuso dos proyectos que a nadie dejaron indiferente.

Por una parte, el tranvía volvería a circular por las calles madrileñas. Si Sebastián ganaba, se trataría de mejorar la movilidad de la ciudad creando tres líneas de tranvía.
- La primera de ellas, la de la Castellana,  uniría el norte de Madrid con el sur, comenzando en Fuencarral y finalizando en Legazpi.
- La segunda, la del Este, uniría la estación de Atocha con Mar de Cristal y Campo de las Naciones.
- La última, la del Sur, recorrería el trayecto entre Colonia Jardín y la Plaza de los Metales, en Villaverde.

Se trataba de poner en valor este medio de transporte ensalzándolo por diversos valores: medio económico, rápido y ecológico. Su puesta en funcionamiento sería al año siguiente, en 2008.

Proyecto de peatonalización de la Gran Vía. "El País"
La segunda propuesta que llamó la atención fue la de peatonalizar una parte importante de la Gran Vía. Concretamente, desde la Red de San Luis (la intersección entre la calle Montera con las calles Hortaleza y Fuencarral), hasta la calle San Bernardo. Se incluiría la peatonalización de la plaza de Callao (en 2007 estaba aún abierta al tráfico), y la creación de un carril-bici en toda la avenida. Sólo podrían acceder algunos vehículos concretos (residentes, autobuses ecológicos, taxis, y carga y descarga).

Según dijo el propio Sebastián, se trataba de reducir los niveles de contaminación de la ciudad, ensalzar las “joyas arquitectónicas” de la Gran Vía, unir dos partes importantes de la ciudad, e impulsar los cines y teatros de la zona.

Proyecto de peatonalización de la Gran Vía
Estas propuestas, como decimos, a nadie dejaron indiferente, y se abrió un acalorado debate acerca de estos temas.

Otros proyectos incluidos en el mismo programa pasaron más desapercibidos, a pesar de ser también relativamente polémicos: la construcción de un oceanográfico en Villaverde, de un Palacio de la Ciencia en Vicálvaro, de tres playas junto al río Manzanares, y de un hospital, Centro Internacional de la Paz de la ONU y Museo de la Paz en los terrenos de la antigua cárcel de Carabanchel.

Finalmente, el candidato del PSOE no se hizo con la alcaldía, sino que fue el del PP, Alberto Ruiz-Gallardón quien revalidó su mayoría, con lo que el extenso programa electoral del Partido Socialista pasó a formar parte de un también amplio listado de proyectos no llevados a cabo en nuestra ciudad.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El edificio Carrión

La Gran Vía es un hito que marca un antes y un después en la historia madrileña. Son tantos los edificios a destacar que por lo general es difícil elegir uno, y por ello se suele hablar de la calle en su conjunto. Sin embargo, cada uno de esos edificios tiene su historia, su proyecto independiente del resto.

1. Proyecto de Luis Gutiérrez Soto
Es el 4 de abril de 1910 cuando, en presencia del alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real con Alfonso XIII a la cabeza, se comienzan oficialmente las obras de demolición de las antiguas calles, edificios e iglesias, para construir la Gran Vía.

La misma se divide desde el comienzo en 3 tramos, tanto en períodos de construcción como en disposición. El primero iría desde el actual edificio Metrópolis (donde antes se situaba la “Casa del Ataud”) hasta la Red de San Luis, junto al edificio Telefónica. El segundo tramo, de ahí hasta la plaza de Callao. El último llegaría hasta su fin en Plaza de España.
2. Proyecto de Emilio Paramés con
J. Rodríguez Cano. Fotomontaje

Hoy vamos a hablar del primero de los edificios del tercer tramo de la vía, el edificio Carrión.

En el lugar en que hoy se encuentra el posteriormente llamado edificio Capitol, más que conocido por su cartel de Schweppes, se situaba un terreno propiedad del marqués de Melín, don Enrique Carrión y Vecín (de ahí el nombre de edificio Carrión). El mismo estaba situado junto a la plaza de Callao, con esquina a la calle Jacometrezo y Gran Vía.

3. Proyecto de Manuel
de Cárdenas
El marqués decidió convocar en 1931 un concurso privado entre varios arquitectos para la construcción de un edificio que se convirtiera en un hito para Madrid, pero también que fuera de su agrado, tarea nada fácil. Las seis candidaturas fueron de:
-         1. Luis Gutiérrez Soto, que formó parte en la llamada Generación del 25
-         2. Emilio Paramés con J. Rodríguez Cano
-         3. Manuel de Cárdenas
-         4. Eduardo de Garay con Juan de Zabala
-         5. Luis Martínez Feduchi con Vicente Eced
-         6. Pedro Muguruza

4. Proyecto de Eduardo de Garay
con Juan de Zabala
En el momento, el arquitecto más conocido, además de Luis Gutiérrez Soto, era probablemente Pedro Muguruza (1893-1953), por obras como, por ejemplo, la terminal de la Estación del Norte, o el vecino Palacio de la Prensa, aunque fue años después cuando realizó obras como la reconstrucción de la Ciudad Universitaria tras la Guerra Civil, o el proyecto del Valle de los Caídos.

Como el solar era irregular, se requería un chaflán, un plano recto en lugar de una esquina en la plaza de Callao, o eso pensaron tanto Pedro de Muguruza como Manuel de Cárdenas. Los otros cuatro de los proyectos se idearon con el remate de manera curva, dando un carácter expresionista al edificio y acentuando su horizontalidad.
5. Proyecto de Luis Martínez
Feduchi con Vicente Eced

Los seis diseños fueron presentados en la revista “Arquitectura” en junio de 1931, y se daba a conocer en ella la planta y el alzado propuestos.

El diseño de Pedro Muguruza era, para muchos, el idóneo, porque respetaba su obra del Palacio de la Prensa, y ponía los dos edificios en armonía, como se puede apreciar en la fotografía número 6. El lenguaje clásico con pilastras, balaustradas, tondos, arcos y molduras, hacían que esta construcción completara el conjunto con la anterior.

El arquitecto hizo varios cambios en el diseño, pasando, por ejemplo, de una portada con un arco de medio punto en la planta baja a una apertura rectangular. Posteriormente, volvió a cambiar esta entrada por una sucesión de columnas, y por último, por arcos de medio punto entre pilastras.

6. Proyecto de Pedro Muguruza
junto a Palacio de la Prensa.
Fotomontaje de Carlota Bustos en 
"El proyecto de Pedro Muguruza
para el concurso del edificio Carrión
en la configuración del tercer tramo
de la Gran Vía", concursos de arquitect.,
actas del XIV Congreso de Expresión
Gráfica Arquitectónica, Univ. de 
Valladolid, 2012, pp 333-338
Sin embargo, no es Pedro Muguruza quien gana el concurso. Tampoco Luis Gutiérrez Soto, como se podría pensar.

Y es que llegó el día en que el marqués tenía que decidir qué proyecto autorizaría para ser realizado en su solar... y descartó los seis. Ninguno fue de su agrado y se declaró nulo el concurso, así que todos quedaron en papel y nunca vieron la luz.

Edificio Carrión
Finalmente, don Enrique Carrión y Vecín contrató a Feduchi y Eced, que habían presentado conjuntamente uno de los diseños, y les hizo directamente el encargo para que hicieran un proyecto nuevo que guarda, sin embargo, mucha semejanza con el que ya habían presentado anteriormente, en un estilo claramente expresionista (inspirado en el expresionismo alemán y con forma de barco). Una elección personal del marqués que, como tantas otras a lo largo de la historia, han cambiado para siempre la fisonomía de nuestra ciudad.

Y a ti, ¿cuál de los seis te parece el más indicado para esa situación?
¿Fue acertada la decisión del marqués?