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miércoles, 6 de julio de 2016

El monumento a Cervantes de la Plaza de España

Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, el de Cervantes de la Plaza de España, pero, ¿sabías que el proyecto elegido fue otro, y que en principio se iba a construir en un lugar diferente?

Detalle de Coullaut Valera para el monumento a
Cervantes. La Ilustración Española y Americana,
año LX, nº16, 30 de abril de 1916, pág 245.
madridciudadaniaypatrimonio.org
2016 está siendo un año repleto de homenajes a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), debido al IV centenario de su muerte. El dramaturgo, poeta y novelista alcalaíno pasó a la posteridad por su obra cumbre, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".

Sin embargo, no es esta la primera ocasión en que la ciudad de Madrid muestra su respeto por el ilustre escritor del Siglo de Oro.
Si nos remontamos a comienzos del siglo XX, veremos cómo, en 1905, también hubo numerosos actos para homenajear el III centenario de la publicación de la novela mencionada, la más destacada de la literatura española y una de las más reconocidas a nivel mundial.

Entre esos eventos, se proponía la creación de un gran monumento al insigne literato, y para ello se abrió una suscripción voluntaria entre “todos los pueblos que tienen el castellano por lengua nacional”.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Una buena iniciativa, que lamentablemente no se llevó a cabo, al menos en ese momento.
Los años pasaron, y en 1910 la idea volvió a surgir, para ubicar ese nuevo monumento en el lugar que había ocupado el Cuartel de San Gil, edificado a partir de 1789, y demolido entre 1906 y 1910 donde hoy se encuentra la Plaza de España.

Tras algunos problemas para obtener esos terrenos, en 1912 se propuso la creación de la escultura en una zona aledaña, en la Gran Vía, que había comenzado a ser construida en 1910. Una buena alternativa que situaría a Cervantes en el “nuevo Madrid”.

No obstante, el Ministerio de la Guerra consiguió desbloquear los obstáculos legales para la edificación del monumento a Cervantes en la Plaza de España, con lo que el Ayuntamiento de la capital finalmente aceptó llevar a cabo esa iniciativa en este lugar.

De nuevo estancadas las negociaciones, el alcalde de Madrid propuso de nuevo un cambio de ubicación: la plaza de Callao, algo a lo que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (R.A.B.A.S.F.) se opuso manifiestamente, proponiendo otros entornos, como la Red de San Luis en la propia Gran Vía, o la plaza de Cánovas del Castillo, trasladando así la fuente de Neptuno a otro lugar.
Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

Finalmente, en 1914, y tras mediación del rey Alfonso XIII, el Ministerio de la Guerra se puso de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y se acordó el emplazamiento final del monumento: la Plaza de España.

La elección del lugar, como se puede ver, fue un dolor de cabeza que duró años, pero que continuaría con la selección del proyecto que debería ser construido.

Ya el 19 de marzo de 1915 se convocó el concurso de ideas para el monumento a Cervantes. Las bases, establecidas por la R.A.B.A.S.F., limitaban el concurso a escultores y arquitectos españoles, que deberían presentar en menos de cuatro meses proyectos para una obra en piedra, que podría ser adornada por mármoles y bronces.

El plazo se amplió hasta el 2 de octubre, y tras ello, a partir del 5 de octubre se expusieron las maquetas de los anteproyectos presentados en veintiuna salas del Palacio de Exposiciones del Retiro, y en otras seis del Palacio de Cristal.

Fotografía de Cámara para Nuevo Mundo, año XXII, n.1135,
8 de octubre de 1915. madridciudadaniaypatrimonio.org
La pregunta es obvia, ¿por qué tantas salas? Por una razón sorprendente: se presentaron nada menos que cincuenta y tres proyectos para este monumento, que estaba llamado a ser uno de los más emblemáticos de Madrid. Un auténtico acontecimiento que llevó a la decisión de cobrar 50 céntimos a todo aquel que quisiera visitar las maquetas.

Uno de los primeros asistentes fue el propio monarca Alfonso XIII, pero no solo la familia real, sino la práctica totalidad de la sociedad madrileña se volcó con este concurso de ideas.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Entre arquitectos y escultores, eran uno total de ciento nueve artistas los que participaban en esta interesante propuesta escultórica.

La exposición, que tan solo duró unos pocos días, finalizó el 15 de octubre con el nombramiento de los ganadores. El proyecto que se alzó con la victoria (16 votos de un máximo de 17) fue el presentado por el escultor Mateo Inurria y el arquitecto Teodoro de Anasagasti (número 3 en la imagen de la izquierda).

Se trataba de un monumento con representaciones simbólicas, alegorías que, debido a su complejidad, podrían dar lugar al no reconocimiento de los personajes representados.
Fue, posiblemente, por ese motivo, por el que se decidió no construir el proyecto ganador.

La sorpresa de Inurria y Anasagasti se convirtió en alegría para Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Coullaut Valera que, con una propuesta de menor calidad, se alzaron con el segundo premio al obtener 13 votos de los 17 posibles.
Y es que fue finalmente esta maqueta la que pudo ver su materialización en piedra en la Plaza de España.
Proyecto de Rafael Martínez Zapatero y  Lorenzo
 Coullaut Valera del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

En 1916 se cumplieron los trescientos años de la muerte de Cervantes, y la obra no había podido ser comenzada. Fue en 1920 cuando se constituyó el comité de recaudación de fondos, y en 1925 cuando se comenzó a erigir el monumento, con algunas modificaciones por parte del arquitecto Pedro Muguruza.

Las figuras de honor representarían, en la parte frontal, a don Miguel de Cervantes, y ante él, las estatuas en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, cabalgando respectivamente sobre el caballo Rocinante y el jumento del fiel Sancho.
En la parte trasera se podría ver a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, sobre una fuente con los escudos de todos los países que usan la lengua de Cervantes.

Coronado por una bola del mundo y los cinco continentes, alegoría de la difusión de la lengua española por todo el globo terráqueo, fue inaugurado, aunque no finalizado, en 1929.

Monumento a Cervantes
en la actualidad
El parón de la Guerra Civil retrasó considerablemente las obras, aunque fue en ese momento cuando el monumento adquirió mayor popularidad: parece ser que la estatua de Don Quijote fue adoptada como símbolo por los dos bandos de la contienda. Por una parte, el bando republicano consideraba que el brazo en alto del hidalgo era un emblema de aquel famoso “no pasarán”, mientras que en el bando sublevado se argumentaba que el brazo en alto era un gesto de bienvenida por parte del caballero.

Ya en los años 50, Federico Coullaut-Valera, hijo del artífice del proyecto, añadió las figuras de Dulcinea y Aldonza Lorenzo, y en los años 60, las de Rinconete y Cortadillo y La Gitanilla, completando así por fin el controvertido monumento.

Como decíamos, un auténtico dolor de cabeza que duró unos sesenta años, hasta que la Plaza de España pudo ver esta obra en todo su esplendor.


¿Crees que el conjunto finalmente erigido era el más idóneo para este lugar?
                               
                           
Anteproyectos del monumento a Cervantes. Fotografía de J.Vidal para La Ilustración Artística, año XXXIV, nº1764, 
18 de octubre de 1915, páginas 687-716. .madridciudadaniaypatrimonio.org

jueves, 1 de octubre de 2015

El Madrid que SÍ fue VII. El Palacio de Hielo y del Automóvil

Hoy es 1 de octubre de 2015… ¡¡y “El Madrid que no fue” cumple su primer año!! Aunque el proyecto comenzó a andar en septiembre de 2014, fue el 1 de octubre cuando publicamos el primer artículo, “Madrid, puerto de mar”.

Parte de una de las acciones que se pusieron a la venta en
1921 para la construcción del Palacio. todocoleccion.net
Para celebrarlo, traemos una nueva entrega de la sección especial de “El Madrid que SÍ fue”.

En este séptimo post de este apartado, hemos elegido un tema que consideramos de los más atractivos de nuestra ciudad, y a la vez uno de los más desconocidos. Se trata del Palacio de Hielo y del Automóvil, un auténtico centro de ocio que se situaba en el centro de Madrid.

Corría el año 1920. En la metrópoli existían numerosos lugares de recreo para los madrileños, como el Hipódromo de la Zarzuela o, hasta un año antes, el Frontón Beti-Jai. Sin embargo, no existía un espacio que emulara a otras grandes capitales europeas en que se pudiera bailar, patinar sobre hielo, ver diferentes exposiciones, o simplemente servir de encuentro para los ciudadanos.

Es por lo que durante ese año comenzaron las obras para la construcción de un gran edificio en la calle del Duque de Medinaceli, en la parte trasera del Hotel Palace, muy cerca de la actual basílica de Jesús de Medinaceli.

Palacio de Hielo y del Automóvil en 1922.
Revista Nuevo Mundo
Fue el empresario hostelero belga Georges Marquet, propietario de numerosos hoteles en toda Europa, quien se lanzó a tal aventura. El mismo era ya por aquel entonces el propietario del hotel Ritz de Madrid y el ya mencionado Palace. Sin embargo, la iniciativa fue del presidente del Hockey Club de San Sebastián.

Los arquitectos Fernando García Mercadal y Gabriel Abreu Barreda fueron los encargados de llevar a cabo tan singular construcción, aunque se trataba de un arreglo del proyecto del arquitecto belga Edmond De Lune, el cual había ganado previamente un concurso con tal fin. Se trataría de un gran edificio construido en hormigón armado, lo que constituía una auténtica novedad para la ciudad de Madrid.

La espectacular fachada de 85 metros de longitud y de estilo renacimiento francés recibiría a los visitantes, los cuales serían miembros de las familias más selectas y acaudaladas de la capital. Los mismos, atravesarían una de las tres puertas con marquesinas de hierro y cristal para acceder al gran vestíbulo. Se trataría de un espacio elitista en que se diera cita la alta sociedad.
Visita de Alfonso XIII al Palacio de Hielo y del Automóvil
Revista Nuevo Mundo

El 30 de octubre de 1922, tan solo 2 años después del inicio de las obras, el rey Alfonso XIII inauguraba las flamantes instalaciones en un gran evento con exhibición incluida en la que participaron campeones de patinaje artístico sobre hielo de Bélgica y Francia.
Estos deportistas fueron los primeros en utilizar esta pista de hielo artificial, la cual se situaba en la planta baja y tenía unas dimensiones de 55x28, más que aptas para la práctica tanto del patinaje como del hockey.



Pista de hielo artificial del Palacio. Revista Nuevo Mundo, 1922
Alrededor de la pista central y en dos plantas se podría contemplar a los patinadores desde una galería con mesas. Pero un poco más lejos de la pista, lujosos salones asombraban al visitante, el cual se perdía por el bosque de columnas existente.

Un salón de escritorio y lectura, un restaurante, un gran salón de fiestas estilo Luis XVI, vestuarios, tocador, una sala de fumar, un guardarropa… acompañaban a este llamado Palacio de Hielo, el cual se ubicaba en la parte inferior del edificio.

Salón del Automóvil en 1924,
en el Palacio de Hielo y del Automóvil
Y es que en la parte superior se ubicó el Palacio del Automóvil, una gran exposición de vehículos que hacía las delicias de aficionados, expertos, o simplemente curiosos.

En 1923, la primera competición de liga de Hockey Español se disputó en este espacio entre el Real Club Puerta de Hierro y el Club Alpino Español.

Pero pronto llegó el ocaso de esta gran construcción. Y es que cuando se edificó este monumento, en Madrid había numerosos exiliados de las más altas clases europeas que habían huido de sus países durante la I Guerra Mundial, la entonces llamada Gran Guerra (1914-1918), en la que España permaneció neutral. Pero, a medida que estos inmigrantes volvían a sus lugares de origen, el Palacio de Hielo y del Automóvil perdía clientes.

Por este motivo, en 1926 cerró definitivamente este gran espacio, solamente 4 años después de su flamante inauguración.

Entre 1928 y 1929, el inmueble fue adquirido por el Estado, y el arquitecto Pedro Muguruza Otaño, a quien hemos mencionado ya en algunos artículos, recibió la tarea de restaurarlo. Se pensó en diferentes funciones para este edificio, pero en 1936 comenzó la Guerra Civil y aún no se le había encontrado ninguna utilidad. Finalmente, se decidió que lo mejor sería su uso como Centro de Estudios Históricos y Junta de Ampliación de Estudios.
El dibujante Antonio Mingote daba su particular
versión del incendio del CSIC en 1978. ABC

No obstante, tras la Guerra Civil, el antiguo Palacio de Hielo y del Automóvil pasa de Centro de Estudios Históricos a convertirse en sede del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
En 1948, el afamado arquitecto Miguel Fisac construye en el interior del edificio una librería para vender las publicaciones del CSIC.

Lamentablemente, en 1978 se produce un gran incendio y la práctica totalidad de los libros del CSIC y de la librería son pasto de las llamas. El edificio original resistió, no así la reforma de 1940.



Palacio de Hielo y del Automóvil antes del andamio de 2013.
absolutmadrid.com
Tras una infinidad de intervenciones, el inmueble es abandonado en 2007, y a excepción de la planta baja, que por una parte sigue siendo la librería científica del CSIC, y por otra parte, en la zona más cercana a la Plaza de las Cortes, se ubica también una oficina de turismo de la Comunidad de Madrid, el resto del mismo sigue sin encontrar una utilidad.

En 2013 se instaló un andamio en la fachada, lo que hacía creer que un feliz desenlace para este espacio era posible. Nada más lejos de la realidad. El andamio sigue en el mismo sitio, pero las obras están paralizadas según nos confirman los trabajadores de la zona.

Un triste e injusto final para un arriesgado proyecto que pasó por ser uno de los lugares más interesantes del Madrid de los años 20.

Palacio de Hielo y del Automóvil. 1922 - 1926

miércoles, 22 de abril de 2015

Proyectos para la cruz del Valle de los Caídos

Hoy comenzamos el post trasladándonos a 1941. Hace tan sólo dos años que ha finalizado la Guerra Civil española (1936-1939) y el país pasa por uno de sus peores momentos.

1. Proyecto de Francisco de Asís Cabrero
En 1940 comienzan las obras de construcción de la basílica del Valle de los Caídos en Cuelgamuros, al noroeste de Madrid, en la Sierra de Guadarrama. 
Dicha basílica, situada en un túnel bajo una montaña, está diseñada por el arquitecto Pedro Muguruza.

Sobre ella se decide construir una gran cruz que se convierta en un monumento de exaltación nacional, al igual que pretendía el “Sueño arquitectónico” de Luis Moya Blanco, del cual hablamos hace unas semanas.

Por este motivo, ya iniciadas las obras de la basílica, se convoca entre 1941 y 1942 un Concurso Nacional de anteproyectos, para el que harán de jurado arquitectos como Pascual Bravo, Luis Gutiérrez Soto o Francisco Iñiguez, y estará presidido por el Ministerio de la Gobernación, Blas Pérez González.

Se trataba del primer gran concurso de arquitectura convocado tras la Guerra Civil, por lo que causó mucha expectación.


2. Proyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas
Al mismo se presentaron 21 proyectos de arquitectos reputados en el país. 
Francisco de Asís Cabrero, que más tarde construiría edificios como la Casa Sindical de Madrid (actual Ministerio de Sanidad) o la Escuela Nacional de Hostelería, en la Casa de Campo, presentó también un proyecto (imagen 1), aunque no fue aceptado por no haber obtenido aún el título de arquitecto. De hecho lo consiguió en 1942, tras haber tenido que detener sus estudios durante la guerra.

Sin embargo, el de Asís Cabrero es uno de los diseños más arriesgados. Y es que lo presentó tras un viaje a Italia, con lo cual se ve influenciado por la arquitectura racionalista del país mediterráneo. Su apuesta por una cruz cubierta por niveles de arcadas es rechazada y no se admite a concurso.

A principios de 1943 se produce el fallo del jurado, y el primer premio se otorga a Luis Moya (que ya había diseñado el Sueño arquitectónico para una exaltación nacional), Enrique Huidobro y Manuel Thomas gracias a una cruz con aspecto de relicario, protegida por dos cruces más pequeñas, una a cada lado de la principal (imagen 2).

3. Primer proyecto de Pedro Muguruza
para el Valle de los Caídos
Se decide que aunque el proyecto de Luis Moya fuera el ganador, no sería el que se construiría. Y es que ninguno de los 21 se consideró adecuado, con lo que se encarga a Pedro Muguruza el diseño de la cruz monumental.

Pedro Muguruza, el arquitecto que había diseñado la basílica del Valle, ya era bien conocido en el país. Además de ser Director General de Arquitectura, había sido el encargado de diseñar el monumento a Miguel de Cervantes en la madrileña Plaza de España, el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe), y otras obras del centro de la capital, como el edificio Coliseum o el Palacio de la Prensa.

El arquitecto presenta varios diseños para la Cruz, que no parecía encontrar su aspecto definitivo. Varios de ellos son rechazados, e incluso Franciso Franco llega a crear un boceto con la imagen de la cruz para mostrar cómo deseaba que fuera el monumento (imagen 4).
4. (izquierda). Boceto de Francisco Franco
5. (derecha). Proyecto de Pedro Muguruza
Fuente: ABC

Tras ese boceto, Muguruza crea un nuevo diseño (imagen 5) que comienza a construir, pero en 1949 cae enfermo y tiene que abandonar todas sus ocupaciones, con lo cual la obra vuelve a quedar en el aire.

Se convoca otro concurso que gana Diego Méndez, alumno de Muguruza, y crea un nuevo diseño, que será el definitivo y el que hoy conocemos.
Méndez, el segundo arquitecto director de la obra, realiza también algunas modificaciones en el túnel de la basílica, así como en la abadía de la Orden de San Benito.

Las obras finalizan en 1958 con la inauguración de la basílica y la cruz más grandes de la cristiandad (260 metros de longitud y 150 metros de altura, respectivamente). 
Finalmente, la cruz, construida en granito, se levanta sobre las estatuas de los cuatro evangelistas y sus cuatro tetramorfos, en un conjunto al que se puede acceder en funicular y situado sobre la abadía benedictina, pero esto ya forma parte del Madrid que sí fue.

6. Aspecto actual del Valle de los Caídos
Años después de su finalización, Diego Méndez fue nombrado Consejero de Arquitectura de Patrimonio Nacional y dirigió la reconstrucción de varios de los monumentos de la institución, como el Palacio de la Moncloa, el de la Zarzuela, el Palacio Real de Aranjuez, el Monasterio de El Escorial o el Monasterio de las Descalzas.


Tratando de evitar todo debate político acerca de la construcción de este monumento y centrándonos exclusivamente en su diseño arquitectónico...
                    ¿crees que el construido fue acertado, o había proyectos mejores?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Torre del Espectáculo

“Madrid necesita un mirador”. Bajo este sugestivo lema, el diario “El Alcázar” animaba a estudiantes y arquitectos en 1966 a presentar sus proyectos para la creación de un mirador en la capital, con la esperanza de que el mismo fuera tan llamativo que finalmente se aprobara su construcción.
El diario proponía los pinares de Rodajos, en la Casa de Campo, como el lugar idóneo por sus vistas al perfil de la urbe. 

Se convocaba, textualmente, debido a “la epidemia de torres y miradores en toda Europa”. Sin embargo, precisamente hasta el año siguiente, era un edificio madrileño, la Torre de Madrid, el más alto de toda Europa.

Casto Fernández-Shaw Iturralde
Fueron muchos los proyectos que llegaron a la redacción de “El Alcázar”. Sin embargo uno llamó especialmente la atención desde el principio.

Casto Fernández-Shaw Iturralde (1896-1978) fue un arquitecto  y urbanista madrileño, exponente de la corriente del racionalismo. Trabajó en el estudio de Antonio Palacios (de quien ya hablamos anteriormente en el post de su proyecto de la Puerta del Sol), y coincidió allí con Pedro Muguruza (que se encargó de las obras de la reconstrucción de la Ciudad Universitaria y del Valle de los Caídos).

Fernández-Shaw es ya en 1966 bien conocido en Madrid por haber construido edificios tales como la gasolinera de Petróleos Porto Pi (hoy restaurada pero aún existente en la calle de Alberto Aguilera), el edificio Coliseum de la Gran Vía, o el Mercado de San Fernando de la calle Embajadores.

Por eso es llamativa su participación en esta propuesta de “El Alcázar”, al que envía un insólito proyecto denominado "la Torre del Espectáculo".

Se trataría de una torre de 500 metros que casi cuadriplicaría la altura de la ya mencionada Torre de Madrid. La base tendría 330 metros de diámetro, y en la parte más elevada se hallaría un restaurante y, por supuesto, unas terrazas que harían que el sueño de ese mirador de la Casa de Campo se hiciera realidad.

Proyecto de la Torre del Espectáculo
Hasta un cierto nivel, se podría subir a la torre con el propio automóvil y realizar compras desde él. Pero no fue esto lo que entusiasmó a los técnicos de aquellos años.

Y es que lo sorprendente es que en la planta principal del edificio habría un campo de fútbol reglamentario, y sobre él más salas para otras competiciones deportivas, teniendo este "estadio" una capacidad para 45.000 personas.

Sobre el mismo habría un circo, cuyos espectáculos podrían disfrutar otras 15.000 personas. Además, un cine, una sala de conciertos e incluso una piscina. La capacidad total de la torre, incluyendo el resto de pisos, las terrazas y el restaurante, llegaría a las 100.000 personas.

Una oleada de críticas favorables a la construcción del edificio ocupó páginas y páginas de periódicos.


El ingeniero jefe de los servicios de radiodifusión y televisión del Ministerio de Información y Turismo dijo que la creación de la torre era muy urgente con la esperanza de que sirviera también como torre de comunicaciones, ya que Torrespaña (el Pirulí), no se inauguró hasta 1982.
El Presidente de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, a su vez, comentaba que habría que construirla cuanto antes para que el arquitecto no llevara su proyecto a otro lugar.

Proyecto de la Torre del Espectáculo
Fernández-Shaw aspiraba a que su torre se convirtiera en el centro de una exposición mundial de 20 países que en el año 1992 celebrarían el V centenario del descubrimiento de América, la cual finalmente se celebró en Sevilla.

A pesar de todas las opiniones a favor (y alguna en contra, como la del también arquitecto Miguel Fisac), la torre nunca llegó a construirse.

Por cuestiones del azar, es en 1992 cuando Madrid consigue su mirador a la ciudad, y no es por el V centenario del descubrimiento de América, sino porque ese año la Villa y Corte acoge el título de Capital de la Cultura Europea. Como conmemoración se erige la “Torre de Iluminación y Comunicaciones del Ayuntamiento de Madrid”, más conocida como el Faro de Moncloa (110 metros de altura).

Sin embargo, la maldición en cuanto a miradores continúa. Y es que, tras varios problemas y falta de conservación, fue cerrado en 2008 por incumplir la normativa de seguridad, y a noviembre de 2014 y tras una costosa, costosísima reforma, el Faro sigue cerrado a la espera de que alguien se interese en comprarlo para convertirlo en restaurante.

La pregunta es obligada... ¿es necesario un mirador como la Torre del Espectáculo en Madrid, o es más que suficiente con el Faro de Moncloa (una vez reabra sus puertas)?

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El edificio Carrión

La Gran Vía es un hito que marca un antes y un después en la historia madrileña. Son tantos los edificios a destacar que por lo general es difícil elegir uno, y por ello se suele hablar de la calle en su conjunto. Sin embargo, cada uno de esos edificios tiene su historia, su proyecto independiente del resto.

1. Proyecto de Luis Gutiérrez Soto
Es el 4 de abril de 1910 cuando, en presencia del alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real con Alfonso XIII a la cabeza, se comienzan oficialmente las obras de demolición de las antiguas calles, edificios e iglesias, para construir la Gran Vía.

La misma se divide desde el comienzo en 3 tramos, tanto en períodos de construcción como en disposición. El primero iría desde el actual edificio Metrópolis (donde antes se situaba la “Casa del Ataud”) hasta la Red de San Luis, junto al edificio Telefónica. El segundo tramo, de ahí hasta la plaza de Callao. El último llegaría hasta su fin en Plaza de España.
2. Proyecto de Emilio Paramés con
J. Rodríguez Cano. Fotomontaje

Hoy vamos a hablar del primero de los edificios del tercer tramo de la vía, el edificio Carrión.

En el lugar en que hoy se encuentra el posteriormente llamado edificio Capitol, más que conocido por su cartel de Schweppes, se situaba un terreno propiedad del marqués de Melín, don Enrique Carrión y Vecín (de ahí el nombre de edificio Carrión). El mismo estaba situado junto a la plaza de Callao, con esquina a la calle Jacometrezo y Gran Vía.

3. Proyecto de Manuel
de Cárdenas
El marqués decidió convocar en 1931 un concurso privado entre varios arquitectos para la construcción de un edificio que se convirtiera en un hito para Madrid, pero también que fuera de su agrado, tarea nada fácil. Las seis candidaturas fueron de:
-         1. Luis Gutiérrez Soto, que formó parte en la llamada Generación del 25
-         2. Emilio Paramés con J. Rodríguez Cano
-         3. Manuel de Cárdenas
-         4. Eduardo de Garay con Juan de Zabala
-         5. Luis Martínez Feduchi con Vicente Eced
-         6. Pedro Muguruza

4. Proyecto de Eduardo de Garay
con Juan de Zabala
En el momento, el arquitecto más conocido, además de Luis Gutiérrez Soto, era probablemente Pedro Muguruza (1893-1953), por obras como, por ejemplo, la terminal de la Estación del Norte, o el vecino Palacio de la Prensa, aunque fue años después cuando realizó obras como la reconstrucción de la Ciudad Universitaria tras la Guerra Civil, o el proyecto del Valle de los Caídos.

Como el solar era irregular, se requería un chaflán, un plano recto en lugar de una esquina en la plaza de Callao, o eso pensaron tanto Pedro de Muguruza como Manuel de Cárdenas. Los otros cuatro de los proyectos se idearon con el remate de manera curva, dando un carácter expresionista al edificio y acentuando su horizontalidad.
5. Proyecto de Luis Martínez
Feduchi con Vicente Eced

Los seis diseños fueron presentados en la revista “Arquitectura” en junio de 1931, y se daba a conocer en ella la planta y el alzado propuestos.

El diseño de Pedro Muguruza era, para muchos, el idóneo, porque respetaba su obra del Palacio de la Prensa, y ponía los dos edificios en armonía, como se puede apreciar en la fotografía número 6. El lenguaje clásico con pilastras, balaustradas, tondos, arcos y molduras, hacían que esta construcción completara el conjunto con la anterior.

El arquitecto hizo varios cambios en el diseño, pasando, por ejemplo, de una portada con un arco de medio punto en la planta baja a una apertura rectangular. Posteriormente, volvió a cambiar esta entrada por una sucesión de columnas, y por último, por arcos de medio punto entre pilastras.

6. Proyecto de Pedro Muguruza
junto a Palacio de la Prensa.
Fotomontaje de Carlota Bustos en 
"El proyecto de Pedro Muguruza
para el concurso del edificio Carrión
en la configuración del tercer tramo
de la Gran Vía", concursos de arquitect.,
actas del XIV Congreso de Expresión
Gráfica Arquitectónica, Univ. de 
Valladolid, 2012, pp 333-338
Sin embargo, no es Pedro Muguruza quien gana el concurso. Tampoco Luis Gutiérrez Soto, como se podría pensar.

Y es que llegó el día en que el marqués tenía que decidir qué proyecto autorizaría para ser realizado en su solar... y descartó los seis. Ninguno fue de su agrado y se declaró nulo el concurso, así que todos quedaron en papel y nunca vieron la luz.

Edificio Carrión
Finalmente, don Enrique Carrión y Vecín contrató a Feduchi y Eced, que habían presentado conjuntamente uno de los diseños, y les hizo directamente el encargo para que hicieran un proyecto nuevo que guarda, sin embargo, mucha semejanza con el que ya habían presentado anteriormente, en un estilo claramente expresionista (inspirado en el expresionismo alemán y con forma de barco). Una elección personal del marqués que, como tantas otras a lo largo de la historia, han cambiado para siempre la fisonomía de nuestra ciudad.

Y a ti, ¿cuál de los seis te parece el más indicado para esa situación?
¿Fue acertada la decisión del marqués?