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miércoles, 30 de marzo de 2016

Un Parador de Turismo en la Casa de la Carnicería

La Plaza Mayor es, sin lugar a dudas, uno de los espacios abiertos más visitados de todo el país. En los últimos meses, la misma se está poniendo guapa para acoger los festejos en 2017 por la conmemoración de su IV Centenario. Pero además, si has pasado por allí últimamente, te habrás percatado de las obras que ocupan gran parte del edificio de la Casa de la Carnicería. ¿Sabes a qué se deben?

La Plaza Mayor de Madrid, anteriormente Plaza del Arrabal por situarse fuera del recinto amurallado medieval, fue finalizada entre 1617 y 1619 por el arquitecto Juan Gómez de Mora, bajo mandato del rey Felipe III. Sin embargo, su principal edificio, la Casa de la Panadería, había sido construido ya en 1590 como tahona principal de la Villa de Madrid en el espacio que había ocupado la lonja de la localidad.

Frente a este emblemático monumento se construyó también la Casa de la Carnicería, depósito general de carne que ardió por completo en el primer incendio de la Plaza Mayor, el de 1631. Por ese motivo, tuvo que ser reconstruido, y para ello se tomó como modelo la estructura de la Casa de la Panadería.

Tercer incendio de la Plaza Mayor, en 1790.
La Casa de la Carnicería queda destruida.
memoriademadrid.es
Tras el segundo incendio, el de 1670, Tomás Román reconstruyó la plaza. Pero fue el tercero y último, el de 1790, el que arrasó prácticamente la totalidad de las construcciones existentes. El arquitecto Francesco Sabatini se encargó de las tareas de extinción, y Juan de Villanueva quien reedificó la plaza. Tan solo la Casa de la Panadería se salvó del fuego.
Fue entonces cuando se rebajó la altura de las casas aledañas de cinco a tres plantas, y cuando se cerraron las esquinas con grandes arcadas.

En 1914, el pintor y ceramista Enrique Guijo decoró la fachada de la Casa de la Panadería con pinturas, otorgando así más importancia a este edificio que a la Carnicería, ya que realmente es más antiguo. Pero en 1992, a causa del deterioro de estas pinturas, fue redecorada por el artista Carlos Franco.
Estos frescos son posiblemente la diferencia más visible entre estas dos imponentes construcciones.

A pesar de su importancia, parece que la suerte no ha sido justa con uno de estos dos edificios. Y es que, si la Casa de la Panadería es conocida hoy en día por albergar el Centro de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, además de poseer un bello Salón Real donde se ofician actos como bodas cada semana, el edificio de la Carnicería ha estado hasta hace poco prácticamente abandonado.

Casa de la Carnicería en la actualidad
Tras su etapa como depósito de carne, a finales del siglo XIX la Casa de la Carnicería se convirtió en la sede de la Tenencia de Alcaldía y de la casa de socorro del distrito de la Audiencia. Después fue Tercera Casa Consistorial, albergando oficinas del Ayuntamiento desde principios del siglo XX, y desde 1918, la Hemeroteca Municipal.
Tras los duros años de Guerra y Postguerra, la Junta Municipal de Distrito Centro ocupó el inmueble hasta 2008, año en que quedó totalmente en desuso, ya que este organismo se mudó a la vecina calle Mayor.

Parece ser que los planes del consistorio madrileño eran hacer de la Casa de la Carnicería uno de los lugares turísticamente más relevantes de la capital.
En 2007, ya con la información relativa al próximo cambio de sede por la Junta de Distrito, el entonces delegado de Economía del Ayuntamiento de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, anunció no solo “la posibilidad de convertir ese inmueble en un espacio de excelencia y calidad que venga a suponer un impulso de revitalización del centro de la ciudad”, sino la proposición de colaboración “leal” con la “empresa de titularidad estatal” Paradores Nacionales.


Logotipo de Paradores de Turismo de España S.A.
La red de Paradores Nacionales consta de un conjunto de hoteles de alta categoría que, distribuidos por toda España, se localizan en edificios emblemáticos y relevantes por su interés artístico, histórico o cultural, y a los que se añade una rica oferta gastronómica que pone en valor la cocina tradicional de la región.

La noticia cayó como una auténtica bomba que fue más que comentada. No en vano, se trataría del primer Parador de Turismo de la ciudad de Madrid, y del tercero de la Comunidad de Madrid, tras el de Chinchón y el de Alcalá de Henares que en ese momento estaba a punto de abrir sus puertas (fue inaugurado en 2008).

Precisamente en la inauguración del Parador de Alcalá de Henares, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón destacó ante el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que sería “especialmente gratificante” contar con un Parador en la Plaza Mayor de la capital.

Se incluían ya en ese momento datos más concretos de este nuevo establecimiento turístico. Ocuparía la totalidad del inmueble, y la fachada del mismo no se modificaría en ningún caso al tratarse de un Bien de Interés Cultural (BIC). También se planteaba la posibilidad de incluir un patio en este proyecto, el situado en la zona posterior de la edificación, que había sido reformado en el siglo XX para convertirse en patio del parque de bomberos de la calle Imperial.

Y es que, en algún momento anterior se había fantaseado con la idea de convertir la Casa de la Panadería en un Parador de Turismo, algo que rechazó Paradores Nacionales por el escaso espacio existente. Sin embargo, la Casa de la Carnicería contaría con más metros cuadrados en cuatro plantas más dos sótanos, además de este patio que se uniría al plan presentado. Un total de 6.686 metros cuadrados en los que se podrían distribuir unas 40 habitaciones de las que disfrutarían los afortunados turistas que se alojaran en este singular edificio.

Logotipo de la candidatura de Madrid
para los JJOO de 2016
Hay que recordar que entre 2008 y 2009, Madrid ofrecía todos los recursos posibles para convertirse en la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, decisión que se tomaría en octubre de 2009 en Copenhague, con lo que la inclusión de un parador que aumentara el número de plazas hoteleras de la ciudad sería una baza muy importante para esta candidatura.

Pero en 2010 llegó la resolución de Turismo de España (Turespaña), y la respuesta no era la que el consistorio esperaba. La situación económica no era favorable, con lo que Turespaña decidió rechazar la oferta del Ayuntamiento de Madrid. Además, las 40 habitaciones se les antojaban escasas para la capital, y se justificó la negativa argumentando que la ciudad no necesitaba un Parador para ayudar a desarrollar el sector turístico, puesto que Madrid es una de las ciudades más importantes en materia turística de todo el país.

En ese mismo 2010 se anunciaba la futura convocatoria de un concurso para la conversión de este edificio en un establecimiento hotelero, pero los años pasaron y fue entonces cuando se hizo patente el abandono de la Casa de la Carnicería: el interior estaba literalmente viniéndose abajo por el desuso.
Lamentablemente, no fue hasta 2014 cuando se anunció la futura concesión del inmueble a alguna empresa con el fin de su conversión en hotel 3, 4 o 5 estrellas, nunca albergue o aparta-hotel, para respetar el entorno privilegiado del establecimiento.

En marzo de 2015 se abrió el plazo para la presentación de ofertas, y se resolvió en mayo del mismo año. La polémica estaba servida, puesto que se adjudicó por parte del gobierno municipal, en este caso presidido por Ana Botella, a una compañía que, al parecer, no cumplía con los requisitos del concurso, y además, se resolvió tan solo cinco días antes de las elecciones municipales de una forma un tanto precipitada.

Plaza Mayor de Madrid y Casa de la Carnicería en la actualidad
De una u otra manera, lo cierto es que la empresa ganadora del concurso, Global Mandalay S.L.U., se comprometió a la apertura de un hotel de calidad a cambio de una adjudicación de 40 años prorrogables a 75, y realizando las obras en un total de 18 meses, siempre y cuando el parque de bomberos de la calle Imperial finalmente se trasladara a otro emplazamiento.
El importe que Global Mandalay pagaría al consistorio de la capital es de 420.000 euros como alquiler anual del inmueble.

Y así llegamos a 2016, en que tenemos un cuerpo de bomberos a punto de mudarse a la calle San Bernardo, y a una Casa de la Carnicería en obras, las cuales coinciden en tiempo con la reforma integral de la Plaza Mayor anteriormente mencionada de fachadas, cubiertas y soportales, pavimento, accesos y alumbrado.

El sueño de un Parador en la Plaza Mayor llegó así a su fin, pero, si todo va según lo previsto, en 2017 los madrileños disfrutaremos de un nuevo hotel entre los edificios más representativos de nuestra ciudad.

¿Te hubiera gustado ver la Casa de la Carnicería convertida en un Parador Nacional, o crees que su uso como hotel de calidad será igualmente favorable para Madrid?

miércoles, 20 de enero de 2016

Las Puertas de Alcalá que no fueron

La Puerta de Alcalá es ese gran símbolo de Madrid sin el cual no se puede entender la ciudad, es uno de los monumentos emblemáticos que cualquier persona que visite la capital debe contemplar. Sin embargo… ¿conoces los proyectos alternativos para la Puerta de Alcalá?

Hoy es un día importante para nuestra ciudad.
Por una parte, esta mañana ha comenzado FITUR, la segunda Feria Internacional de Turismo más importante del mundo, que cuenta ya con una experiencia de 36 ediciones.

Carlos III (1716 - 1788), retratado por
Antonio Rafael Mengs
Pero además hoy, 20 de enero de 2016, se celebra el 300 aniversario del nacimiento de “el mejor alcalde de Madrid”, el rey Carlos III que, desde su nacimiento en 1716 hasta su muerte en 1788 trató de embellecer la fisionomía de la capital con grandes avenidas, una buena red de alcantarillado, uso de adoquines, hospitales públicos como el de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), servicios de recogida de basura y de alumbrado, y monumentos tan emblemáticos como las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, el edificio del Museo del Prado, el Real Observatorio, o el Real Jardín Botánico.

El monarca, de la dinastía de los Borbones, hijo de Felipe V y padre de Carlos IV, no cesó en su empeño de acercar la cultura a la sociedad española. Por ello en Madrid celebramos este 2016 como un año especial, y de hecho, el Palacio Real, que tuvo como primer habitante precisamente a este rey, ya le rindió homenaje durante la Navidad decorando su famoso belén napolitano con copias de edificios relacionados con el ambiente culto de Carlos III.

En “El Madrid que no fue”, como no puede ser de otra manera, también recordamos a tan importante rey, y por ello en el post de hoy traemos la historia de uno de los monumentos más recordados del Borbón y, a su vez, uno de los más emblemáticos de la capital: la Puerta de Alcalá.

Para entender la historia de tan relevante monumento, nos tenemos que remontar a la época de los Austrias.
Antigua Puerta de Alcalá,
derribada en 1764
Parece ser que en 1599, el rey Felipe III había mandado construir una puerta que conmemorara la entrada de su esposa, Margarita de Austria, en la ciudad. De estilo barroco y hecha en ladrillo, estaba localizada en lo que hoy es calle Alfonso XI, a mitad de camino entre la fuente de Cibeles y la actual Puerta de Alcalá.
Aquella construcción estaba situada en el camino a la localidad de Alcalá de Henares, un real camino que posteriormente continuaba hacia Aragón, Cataluña y Francia. Por este motivo se comenzó a llamar Puerta de Alcalá.

Felipe IV, el sucesor de Felipe III, construyó una cerca que rodeó Madrid entre 1625 y 1868 con fines estrictamente fiscales. No consideró necesario trasladar la entrada construida por su padre, con lo que pasó a formar parte de la cerca de Felipe IV.

Otras fuentes afirman que en realidad esta puerta de la ciudad no se creó hasta 1636 o 1639.

Sea como fuere, lo cierto es que el monumento se mantuvo en pie durante muchos años y los reinados de Carlos II, Felipe V, Luis I y Fernando VI. 

A la muerte de Fernando VI, "el mejor Alcalde" comenzó su mandato: Carlos III entró en Madrid como rey de España el 9 de diciembre de 1759 bajo una intensa lluvia. Se dice que aquel día vio la Puerta de Alcalá y no le agradó. Ya desde aquel día, este ilustre personaje quiso convertir a Madrid en una ciudad monumental.

Fue poco después, en 1764, cuando decidió derribar aquella puerta con el fin de ensanchar la calle de Alcalá. Su objetivo, además de la construcción de una avenida magna, era la creación de una gran entrada para la capital de España, que mostrara el esplendor de la ciudad y del reino.

Hacia 1769, el monarca encargó el diseño de este monumento a los tres arquitectos más importantes de esta época.

En primer lugar, José de Hermosilla (1715-1776), arquitecto e ingeniero, diseñó un trazado para la nueva puerta. Su opinión era muy tomada en cuenta, ya que precisamente en ese periodo (1767-1784), se encontraba en pleno proyecto de ordenación del Salón del Prado, que posteriormente se vería culminado con las fuentes  de Ventura Rodríguez: la de la Alcachofa, las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Apolo y la de Cibeles. Sin embargo el proyecto de Hermosilla pronto se descartó, quizás para que artista pudiera seguir centrado en el Salón del Prado.

Dos de los cinco proyectos de Ventura Rodríguez
para la Puerta de Alcalá (1769)
Fue Buenaventura Rodríguez Tizón, más conocido como Ventura Rodríguez (1717-1785) el segundo de los arquitectos que preparó algunos diseños para la que sería la nueva Puerta de Alcalá.

Concretamente, diseñó cinco proyectos que, fechados a 16 de mayo de 1769, aún se conservan en el Museo de Historia de Madrid. Los cinco eran de una enorme calidad, y su experiencia era más que notoria en estos trazos. Se trataba en general de arcos triunfales con semicolumnas toscanas. Todos tenían cinco vanos, presentando tres de medio punto en el centro para carruajes, y dos adintelados menores en los extremos para peatones.

Los restantes tres de los cinco proyectos de
Ventura Rodríguez 
para la Puerta de Alcalá (1769)
Lamentablemente, Ventura Rodríguez tuvo la “mala suerte” de coexistir, en primer lugar, con Juan de Villanueva (1739-1811), considerado como máximo exponente de la arquitectura neoclásica en España, y en segundo lugar, con Francesco Sabatini (1722-1797), artista italiano que trabajó para la Casa Real de España. Tanto Ventura Rodríguez como Sabatini cabalgaron entre el barroco y el neoclásico. Sin embargo, poco a poco parece que Sabatini le fue quitando el puesto a Ventura en los grandes proyectos reales. Un ejemplo de esto puede ser el caso de “El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande”, que nunca llegó a ver la luz.

Francesco Sabatini (1722 - 1797)
Con la Puerta de Alcalá ocurrió algo similar. Y es que, como decimos, los cinco proyectos de Ventura eran más que interesantes, pero el tercero de los arquitectos que presentó sus diseños al rey fue precisamente Francesco Sabatini.

En su caso fueron dos los proyectos realizados, ambos soberbios y de una grandiosidad indiscutible, siendo de los más relevantes de toda la arquitectura europea del XVIII.

Igualmente concebidas como arcos triunfales, se trataba de dos puertas tardobarrocas clasicistas que se diferenciaban, fundamentalmente, en que una se componía de cinco vanos (tres para carruajes y dos para peatones), y la otra solo constaba de cuatro.

Parece ser que Carlos III no tuvo ninguna duda, y eligió el proyecto de Sabatini. Sin embargo… ¿cuál de los dos diseños?

Los dos proyectos de Francesco Sabatini
realizados para la Puerta de Alcalá (1769)
Se dice que el monarca, sin darse cuenta, aprobó ambos diseños, quizás ante la imposibilidad de seleccionar uno en detrimento del otro, con lo que Sabatini se encontró ante la difícil tarea de mostrarle al rey su error, algo que le podía costar la pérdida del favor real que gozaba por aquel entonces.
El astuto arquitecto decidió, por tanto, realizar ambos diseños en el mismo monumento. Modificó sus dos arcos triunfales originales con el fin de poder plasmarlos en la misma puerta, algo que realizó magistralmente, y motivo por el cual hoy en día podemos disfrutar de dos Puertas de Alcalá diferentes, una cada lado del monumento.

Construida en estilo neoclásico, se finalizó en 1778, y se consideró desde el primer momento uno de los símbolos de la Ilustración en España, una monumental entrada a la capital que no ha perdido importancia desde entonces.
Como decimos, la de Alcalá se usó realmente como puerta de la cerca de Carlos IV. Cuando aquel muro desapareció, la Puerta perdió su uso de entrada a la ciudad, pero se siguió manteniendo como uno de los iconos de Madrid.
                                                                                                       
El lado oeste es el considerado como interior, ya que es el que mira hacia el casco histórico de la ciudad, el que veían los madrileños cuando partían de la ciudad, y por su parte, la fachada este es la exterior, la que recibía a los viajeros.

Puerta de Alcalá
En primer lugar, la fachada este (la exterior),
y en segundo lugar, la fachada oeste (interior)
Los motivos que adornan la parte exterior son, sobre los tres arcos de medio punto, unos mascarones con formas de sátiros, espíritus de los bosques en la Antigua Grecia, ya que junto a los motivos florales de los arcos adintelados de los extremos, se consideraban un símbolo de fertilidad. Así, todo el que entraba en la ciudad veía símbolos de fecundidad bajo el escudo real del frontón de la puerta, sostenido por la Fama y ayudado por un niño, tratando de mostrar al visitante la fertilidad del Rey de España.

Por su parte, el lado interior, sobre los tres arcos principales se ven unas cabezas de leones que simbolizan la lealtad hacia la monarquía, haciendo que todo el que abandonara la capital lo hiciera recordando que, aunque fuera a otros puntos del reino, la lealtad al monarca estaba por encima de todo. Los tarjetones de los extremos muestran cornucopias, símbolo de abundancia, y por último, rematando la fachada, armas y escudos que parecen torsos recostados hablando del esfuerzo pacificador del rey.

Un conjunto indiscutiblemente soberbio, que echó por tierra los planes de José de Hermosilla y, por supuesto, de Ventura Rodríguez de hacerse cargo del proyecto.

¿Conocías estos diseños no realizados de la Puerta de Alcalá? ¿Crees justa la victoria de Sabatini en este caso?

miércoles, 21 de octubre de 2015

El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande

Hoy traemos en “El Madrid que no fue” uno de los principales proyectos no realizados en Madrid, el de Ventura Rodríguez para la iglesia de San Francisco el Grande.
Pero antes de ello, nos remontaremos a los orígenes de este lugar.

Placa junto a San Francisco el
Grande, donde San Francisco de
Asís fundó una ermita en 1217.
madridvillaycorte.es
Cuenta la leyenda que San Francisco de Asís, nacido a finales del siglo XII en Italia, llegó a Madrid en su peregrinaje a Santiago de Compostela. Se estableció durante un breve período de tiempo en una choza situada fuera de las murallas de la ciudad, en el lugar exacto donde hoy se encuentra San Francisco el Grande, en la intersección entre la Gran Vía de San Francisco, la Carrera de San Francisco y la calle Bailén.

Antes de partir de Madrid, fundó en ese mismo lugar en 1217 una pequeña ermita, junto a la que después se asentó una comunidad de religiosos franciscanos que construyeron una iglesia dedicada a Santa María, haciendo de esta originaria choza un modesto convento. Tal monasterio fue haciéndose popular por esta historia de San Francisco de Asís, con lo que a finales del siglo XIV pudo ser renovado y ampliado.

Muchas de las familias más importantes de Madrid, como los Lujanes, los Vargas y los Zapata, contaban con capillas propias junto a la capilla mayor, fundada a su vez por Ruy González de Clavijo, embajador del rey Enrique III, “el doliente”.
También importantes personajes históricos eligieron esta iglesia, llamada ya de Jesús y María, para ser enterrados. Véase el caso del propio Ruy González de Clavijo, el de Enrique de Villena, hijo del II marqués de Villena, o de doña Juana de Portugal, esposa del rey Enrique IV y madre de Juana “la Beltraneja”. Lamentablemente todas estas capillas (25 en total), y los sepulcros se han perdido con el paso del tiempo.

Convento hacia 1656. Plano de Teixeira
urbancidades.wordpress.com
En 1561, Felipe II convirtió Madrid en la capital del reino, y aquel modesto convento ganó en riqueza y poder, no sólo por su estrecha relación con la Casa Real, sino por convertirse en la sede del Comisariado General de Indias y  la Obra Pía de Jerusalén, que custodiaba todos aquellos Santos Lugares conquistados en las cruzadas.

En 1760, los monjes franciscanos derribaron este histórico convento para crear uno nuevo, más amplio y lujoso, en ese mismo lugar.

Y es ahora cuando comienza la historia relativa al Madrid que no fue.

El arquitecto que recibió este importante encargo es, nada más ni menos, que Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez.
Nacido en 1717 en Ciempozuelos, Madrid, y fallecido en la capital en 1785, se le considera el principal arquitecto español de la época junto a Juan de Villanueva.

Colaboró en las obras del Palacio Real, aunque su primer gran triunfo vino de la mano de la Capilla Real del mismo edificio, ya que el rey Fernando VI eligió su proyecto frente al de Giovanni Battista Sacchetti, a quien ayudaba Ventura en su construcción del Palacio.
Ventura Rodríguez,
por Francisco de Goya (1784)

Tras este encargo, recibió otros muchos, como el de la iglesia parroquial de San Marcos, la decoración del Real Monasterio de la Encarnación, el interior de la Colegiata de San Isidro, el Palacio del Infante don Luis de Boadilla del Monte, la Puerta de Atocha, el Palacio de Liria, el de Altamira...  y así hasta una infinidad de importantes proyectos, aunque si hay algo por lo que es conocido es por las fuentes que son ahora un símbolo de la capital: Cibeles, Apolo, Neptuno, las Cuatro Fuentes, la de la Alcachofa, la de las Conchas en el Campo del Moro (originalmente en los jardines del Palacio de Boadilla del Monte)…

Fue, además, director de los estudios de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y obtuvo el título de Maestro Mayor del Ayuntamiento de Madrid, con lo que gran parte de la ordenación urbana actual de la ciudad se debe a su actuación.

Sin embargo, el encargo de proyecto para la iglesia de San Francisco el Grande, que recibió este ilustre personaje en 1760, pronto se convirtió en una pesadilla.

Proyecto de Ventura Rodríguez para la iglesia de
San Francisco el Grande, 1761
En 1761 finalizó su diseño y lo presentó a los monjes franciscanos. El solar en que antes habían estado la iglesia, las capillas, el convento y el claustro principal se convertiría, según Ventura, en una gran iglesia neoclásica. La misma tendría  planta de cruz latina, y se dividiría en tres naves, siguiendo así los trazos de la basílica de San Pedro en El Vaticano.

Por increíble que parezca, la comunidad franciscana rechazó el proyecto y lo tacharon de ambicioso, con lo que no le permitieron su ejecución.

Por una parte, se dice que en realidad no aprobaron los bocetos de Ventura porque este estilo de construcción no era común en España: el altar en nuestro país suele estar presidido por un gran retablo que domine la estancia, y el coro se enfrenta el mismo. Sin embargo, en el proyecto del arquitecto es al fondo del presbiterio donde se coloca el coro, eliminando el retablo principal. Nada de extrañar en un arquitecto que, a pesar de no haber viajado a Italia, era bien conocedor de las corrientes artísticas de aquel país.

Planta del templo proyectado por Ventura Rodríguez
para San Francisco el Grande.
Biblioteca Nacional de España, a través de
paisajesurbanosmatritenses.blogspot.com
Por otra parte, se dice que el motivo real para el rechazo del plan fue que el madrileño pretendía demoler parte del Cuarto de Indias, en el antiguo convento, que no se había derruido para su conservación.

Sea como fuere, Ventura no consiguió convencer a los encargados de aprobar el proyecto, lo que consideró parte importante de una larga crisis personal, que tendría su momento más álgido unos años más tarde, en 1776, con la muerte de su mujer.

El religioso franciscano Francisco Cabezas, original de un pueblo de Valencia, es quien finalmente recibió este encargo.
Creó un nuevo diseño de iglesia con planta circular con vestíbulo y ábside. La gran cúpula central rodeada de capillas sería el elemento característico de este nuevo edificio con fachada curva, detalles muy inusuales en la arquitectura española.

Pronto comenzaron las obras, pero Ventura Rodríguez trató por todos los medios de crear complicaciones técnicas para el proyecto valiéndose de su influencia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por este motivo, Francisco Cabezas abandonó en 1768 la construcción y volvió a Valencia, donde moriría poco después.

Planta del proyecto realizado por Francisco Cabezas para
la basílica de San Francisco el Grande.
paisajesurbanosmatritenses.blogspot.com
Después se reanudaron las obras con Antonio Pló a la cabeza, que finalizó la impresionante cúpula en 1770, que con 33 metros de diámetro se ha considerado tradicionalmente como la mayor de España y la tercera más grande de todo Occidente, sólo por detrás de la del Panteón de Agripa (43,4 metros), y la de San Pedro del Vaticano (42,5 metros), ambas en Roma.
La cúpula de San Francisco el Grande no tiene tambor que la eleve, ya que se sitúa ya a una considerable altura (58 metros). Es por lo que pasa desapercibida desde el exterior, y sólo se aprecia su majestuosidad desde el interior.

En ese momento se pide ayuda a Diego de Villanueva (hijo de Juan de Villanueva) para garantizar la seguridad de la cúpula. Con este fin, idea añadir columnas adosadas a los pilares, algo que criticó muy duramente de nuevo Ventura Rodríguez, por lo que la Real Academia de Bellas Artes decidió reprenderle duramente por su actitud negativa durante toda la construcción.

Para la fachada  y las dos torres principales, en 1776 los frailes pidieron a Carlos III la incorporación al proyecto del italiano Francesco Sabatini, que en 1764 había concluido las obras del Palacio Real. Fue el italiano con quien se finalizó esta gran construcción en 1784, algo que tampoco fue de agrado para nuestro Ventura, y es que en 1769 Carlos III había descartado sus proyectos para la Puerta de Alcalá, eligiendo uno de Sabatini.

Real Basílica de San Francisco el grande en la actualidad,
según el proyecto de Francisco Cabezas
Flickr - fdecastrob
A pesar de que Ventura Rodríguez creyó haber perdido el favor real por estas decisiones, lo cierto es que aún hoy, gran parte de los monumentos más fotografiados de la ciudad son obra del madrileño.

Años más tarde, durante el reinado de José Bonaparte, se planteó destinar el templo de San Francisco el Grande a Salón de Cortes, ya que la última había tenido lugar en 1789 en San Jerónimo el Real, “los Jerónimos”, por no existir en la ciudad un espacio destinado a tal fin. El proyecto se descartó, y las últimas Cortes del Antiguo Régimen celebradas en España fueron en 1833 y de nuevo en “los Jerónimos”, lugar donde además tradicionalmente tenía lugar la jura como príncipes de Asturias de los herederos de la Corona.

Tras la desamortización de Mendizábal en 1836, los frailes abandonaron el convento, y con el paso del tiempo el derribo de una parte del edificio dio lugar a lo que hoy es el Parque de la Cornisa, y desde el cual se pueden ver las ventanas cegadas de la iglesia porque son las que lindaban con el monasterio. (Ver también la historia del proyecto del "Minivaticano").
Real Basílica de San Francisco el Grande en la actualidad.
conciertodeculturas.es
Se consideró en ese momento también convertir el templo en un Panteón de Hombres Ilustres, como ya comentamos hace unos meses en este artículo: “El sueño de un Panteón de Hombres Ilustres”.

En 1962, la iglesia fue declarada Basílica menor, y en la actualidad, además de ser una de las iglesias más bellas del país, es una gran pinacoteca con obras de importantes artistas como Francisco de Goya.

Pero como esto ya forma parte del Madrid que sí fue, nos hemos querido centrar en el proyecto de Ventura Rodríguez, el que fue descartado incomprensiblemente y que estaba llamado a ser de igual manera una gran iglesia para nuestro país, y uno de los más importantes encargos para el arquitecto.

¿Crees que fue justo su rechazo? ¿Te parece más interesante la no realizada, o la que finalmente se construyó?

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El Madrid que SÍ fue VI. Las Caballerizas Reales

Seguro que has paseado mil veces por los Jardines de Sabatini, junto al Palacio Real. Quizás nunca te hayas preguntado por qué toman ese nombre. ¿Quizás porque fuera Sabatini quien terminara de diseñar el vecino Palacio? ¿O puede que creas que los propios jardines fueron planificados por el propio arquitecto italiano?
En realidad ninguna de las dos respuestas es la acertada. Y es que, en el lugar que hoy ocupa esta apacible zona verde, hasta no hace mucho estuvo la conocida como Real Caballeriza Regalada.

Hagamos un poco de memoria. El Real Alcázar de Madrid, que nació como fortaleza musulmana en el siglo IX, fue destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734. Las antiguas caballerizas del Alcázar estaban situadas entre lo que hoy se conoce como plaza de la Armería y la cuesta de la Vega, en el lugar que ocupa la catedral de la Almudena. Fueron construidas entre 1556 y 1564, durante el reinado de Felipe II, pero desaparecieron entre las llamas junto con el Alcázar en 1734. Lo poco que quedaba de ellas fue derribado en 1894 para la construcción de la cripta de la Almudena.

Caballerizas Reales a principios de los años 30 del siglo XX.
Memoria de Madrid
El nuevo Palacio Real, encargado por Felipe V a Juan Bautista Sachetti siguiendo las trazas de Filippo Juvara, fue finalizado en 1764 por Francesco Sabatini, ya durante el reinado de Carlos III.

Sachetti había soñado con un jardín junto al Palacio Real. Sin embargo, en 1764, cuando la edificación se finaliza, la misma no cuenta con ninguna zona verde.

Por el contrario, en 1782 se comienzan a construir las que serán las Caballerizas Reales, que aúnan las Caballerizas del Rey y las de la Reina, y que hasta entonces estaban en diferentes puntos de la ciudad.

Carlos III encargó a Francesco Sabatini esta gran obra debido a la confianza que poseía en él. No en vano, el arquitecto ya había construido una infinidad de importantes monumentos en Madrid, tales como la Real Casa de la Aduana, la Puerta de Alcalá, o la Puerta de San Vicente, sin olvidar la finalización del ya mencionado Palacio Real.

Caballerizas Reales en su fachada por la calle Bailén
Sin embargo, la petición que recibe no se limita a construir un simple establo para animales. Se trata de una auténtica ciudad situada en el norte del Palacio. Un terreno de 27.000 metros cuadrados en los que se construiría un inmenso edificio con forma de polígono irregular para adaptarse al solar en que se encontraba y con dos accesos: el principal por la actual calle Bailén, y otro por la cuesta de San Vicente.

A finales de 1789 finalizan las obras y comienzan a utilizarse estas grandes instalaciones en las que trabajarían centenares de personas a las órdenes, por una parte del Caballerizo Mayor, el Marqués de Villena, y por otra parte del Primer Caballerizo de la Reina.

Sabatini adecuó muy acertadamente el edificio a las dificultades del terreno, y construyó un edificio recio en piedra berroqueña y granito, que superaba en longitud a los muros del propio Palacio.

Caballerizas Reales y calle Bailén desde la plaza de España.
A la izquierda y en primer plano se puede apreciar
la sede de la Real Compañía Asturiana de Minas.
Al fondo y a la derecha asoma el Palacio Real
Además de las cuadras, los abrevaderos y los Reales Picaderos, existían seis patios en esta construcción. El mayor estaba junto a la entrada por la calle Bailén, pero también había otros no menos importantes como el Patio de Mulas, el Patio de Coches, o el Patio del Herradero, donde se localizaban los almacenes de carbón, los herraderos y la fragua.

También contaba este singular edificio con enfermería, zonas de baño frío y caliente para el ganado, cuadras de contagio, botiquín, e incluso una capilla dedicada a San Antonio Abad, patrón de los animales.

El Protoalbeiterato, algo así como el Colegio Oficial de Veterinarios de entonces, tenía su sede de igual manera en este espacio, y las salas del Guardanés General, que se encargaba de cuidar los arneses, llegaba a tener hasta 65 armarios. En ellos se guardaban las ropas de los cocheros, las sillas de montar, y algunos objetos de utillaje.

Casi 2.000 caballos y mulas eran de propiedad de la realeza durante este periodo, pero las Caballeriza Regalada solo tenía capacidad para 500, con lo que muchos tuvieron que ser cuidados en otros lugares próximos a éste. A pesar de ello, hasta 649 animales fueron atendidos en su interior.

Zona del Guardanés General en 1931.
Memoria de Madrid
Lamentablemente, el número de caballos existente en la Real Caballeriza desciende hasta 251 alrededor del año 1814, a la finalización de la Guerra de la Independencia.

En 1830, cuando las Caballerizas iban recuperando la importancia que habían tenido en sus inicios, Fernando VII encargó en la parte del edificio más cercana al Palacio, la construcción del llamado “Cocherón”. Se trataba de una gran cochera rectangular en que se acogieron hasta 100 carruajes. Como curiosidad, el coche más antiguo allí guardado era el que había utilizado Juana I de Castilla, llamada “la loca”, para trasladar el cuerpo de Felipe I de Castilla, “el Hermoso”, hasta el municipio de Tordesillas, según cuenta la tradición.

Algunos de los trabajadores de la Real Caballeriza Regalada, vivían en su interior con familiares, con lo que en 1848 llegaron a vivir allí 486 personas. Cuando decíamos que era una auténtica ciudad, no hablábamos en vano. De hecho, por este motivo se llegó a instalar en el interior una escuela para niños.

Imagen aérea de las Caballerizas Reales, y del "Cocherón",
en su parte más próxima al Palacio Real. Año 1932
En 1931, durante la II República, el Gobierno traspasó todo este espacio al Ayuntamiento de Madrid, y éste, tan sólo un año más tarde, decidió derribar el edificio para seguir la idea original de Sachetti de construir un jardín en esta zona adyacente al Palacio Real, el cual en esta época se denominaba Palacio Nacional.
Es cierto que ya en 1931 existía el Campo del Moro en el lado oeste de la construcción, pero también se quería aprovechar la oportunidad para engrandecer los alrededores del monumento: la calle Bailén dejaría de estar aprisionada entre edificios, y se podría sumar este espacio al abierto por José Bonaparte a principios del siglo XIX conocido como la Plaza de Oriente.

Se abrió un debate en la capital, y tanto el Colegio de Arquitectos como el Patronato del Museo Nacional de Arte Moderno se opusieron a la demolición. Sin embargo, parece que los madrileños apoyaron la idea de tener una zona verde en el lugar de las antiguas caballerizas, y en 1934 se completó la demolición, comenzando en 1935 las obras de los nuevos jardines.

Proyecto de los jardines de Sabatini, publicado en prensa
el 1 de febrero de 1935. BNE
Se trataba de cumplir el deseo del arquitecto Sachetti, pero sin olvidar que en ese espacio se había ubicado un gran edificio de Sabatini. Por ello, antes incluso de comenzar las obras, en 1934 se decidió que los jardines tendrían el nombre del célebre arquitecto. Lamentablemente, no son muchos hoy en día los que conocen esta historia.

Entre ese año y el siguiente, mucho se discutió acerca de los trabajos de construcción. ¿Sería necesario un muro de contención hacia la cuesta de San Vicente? ¿Y sí se edificara un jardín escalonado para no restar perspectiva al Palacio?

En febrero de 1935 se aprobaron las obras, y las llevó a cabo el arquitecto municipal Fernando García Mercadal. Las mismas se paralizaron por la Guerra Civil, y fueron por fin finalizadas en 1950 por Manuel Herrero Palacios, con algunas pequeñas modificaciones, pero respetando a grandes rasgos el proyecto inicial.

Así que, la próxima vez que acudas a los Jardines de Sabatini, trata de imaginar la vida allí en los siglos XVIII y XIX. Seguro que no verás este espacio ajardinado de la misma manera.

miércoles, 29 de abril de 2015

El Palacio Real de Filippo Juvara

Madrid, tal y como hoy lo conocemos, es una ciudad abierta y cosmopolita, con una superficie de más de 600 km2 y una población de más de 3 millones de habitantes.
Nada que ver con la primitiva fortaleza musulmana o al-mudayna que, desde la segunda mitad del siglo IX defendía los territorios árabes del sur de España.

La misma, de 7 hectáreas, (ubicada en los terrenos donde hoy se encuentra la catedral de la Almudena, la plaza de la Armería y el Palacio Real), junto con las 3 hectáreas que ocupaba la medina (los barrios de la ciudad), constituían el primer Mayrit”, el germen de la ciudad de Madrid.

Primitivo Alcázar de Madrid. www.artehistoria.com
Aquella fortaleza defensiva fue progresivamente mejorada y usada por los reyes castellanos para celebrar las Cortes del Reino. Más tarde se utilizó como residencia ocasional de la dinastía de los Trastámara. Pero fue especialmente ampliada a partir de 1561, cuando Felipe II decidió establecer en Madrid la capital del imperio español.
Un alcázar muy ligado a los Austrias, y que fue residencia de la Familia Real española.

En el año 1700 muere sin descendencia Carlos II, el último de los reyes Austrias, y finalmente es Felipe V, de la dinastía de los Borbones, quien continuará reinando en nuestro país.

Felipe V había nacido en Versalles, y sus gustos eran diferentes a los de la antigua dinastía de los Austrias. Es sabido que al llegar a Madrid no encontró la ciudad que deseaba, y que el alcázar le pareció tan lúgubre como austero.
No estaba acostumbrado el monarca a estos edificios, y la antipatía hacia este lugar era más acusado debido a lo que representaba: el símbolo del poder de la anterior dinastía, los Austrias.

Alcázar de Madrid pocos años antes de ser destruido
Durante la Nochebuena de 1734 la historia de Madrid cambió para siempre. Fue posiblemente en los aposentos del pintor de Corte Jean Ranc donde comenzara el incendio que destruiría el Real Alcázar de Madrid por completo. Las campanadas de medianoche del vecino convento de San Gil (donde hoy se sitúa el Café de Oriente), que trataban de advertir del fuego, hicieron creer a los madrileños que se estaba llamando a misa (ya que al ser Nochebuena, era frecuente acudir a la Misa del Gallo).

Lienzos como “Las Meninas” de Velázquez pudieron ser salvados siendo arrojados por las ventanas del alcázar, pero se cree que más de 500 pinturas se perdieron por el fuego.

Retrato de Filippo Juvara
Tras el misterioso incendio, Felipe V tuvo la oportunidad de construir un nuevo palacio que fuera un emblema del poder de la dinastía de los Borbones y que mostrara el lujo y esplendor a los que tan acostumbrado estaba.

Filippo Juvara (1678 – 1736), conocido arquitecto italiano que había desarrollado gran parte de su trabajo en Turín, fue el elegido para levantar este nuevo Palacio Real.

Poco después del incendio, en abril de 1734, Juvara se traslada a Madrid, y en poco tiempo tiene preparado su proyecto para la nueva residencia de la familia real española: un conjunto palaciego que, con diversas plazas y jardines, harían de este edificio el más soberbio y ambicioso de toda la historia de la ciudad de Madrid.

Se trataría de un edificio barroco con cuatro grandes patios, siguiendo así la forma habitual en Italia. Y es que se pretendía que el edificio tuviera trazas tanto italianas como francesas.
Un lado entero del patio mayor estaría dominado por las escaleras principales, y entre los dos patios más importantes se situaría la biblioteca y la capilla.

Lo primero que llamaba la atención eran las grandes dimensiones del palacio. De haberse construido en el lugar en el que se situaba el Real Alcázar, una de las plazas del palacio estaría emplazada en la calle Mayor, y los jardines llegarían a toda la zona de Príncipe Pío.

Proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real de Madrid
Es por ello que esta residencia no se ubicaría en este histórico lugar. Se debería buscar una gran zona llana en la que poder desarrollar este ambicioso proyecto, y en el que los parterres pudieran ser admirados en todo su esplendor.
Nunca se supo la zona exacta en la que se habría ubicado este palacio, aunque se barajan lugares como el actual barrio de Argüelles.

El arquitecto diseñó una maqueta en madera que servía para ilustrar su importante proyecto, aunque con el paso de los años se perdió, y no se sabe si se destruyó o se halla en paradero desconocido.

Otro de las características del nuevo monumento serían sus materiales de construcción: se trataría de evitar la madera para que el flamante palacio no fuera devorado de nuevo por las llamas, y se construiría enteramente en piedra y ladrillo.

Sección del proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real
de Madrid. Archivo General de Palacio, Madrid.
Lo cierto es que el proyecto de Juvara no era uno más. Estaba destinado a ser el proyecto cumbre de la dinastía Borbón, el que mostrara que España había cambiado, y que se dejaba atrás una época para recibir otra más monumental.

En enero de 1736, antes de comenzar a construir el nuevo palacio, Filippo Juvara muere repentinamente. La elegancia de los alzados diseñados por el arquitecto, la armonía de la disposición, y fundamentalmente, la grandiosidad del proyecto, quedan entonces en el aire, a la espera de la construcción del ansiado palacio.

En 1737 llega a Madrid el arquitecto Giovanni Battista Sachetti, antiguo discípulo de Filippo Juvara en Turín.
Estaba acostumbrado en aquella ciudad a llevar a cabo los diseños creados por su maestro. Sin embargo, a su llegada a Madrid se le hace un encargo diferente: tiene que adaptar el gran palacio diseñado por su mentor al lugar en el que se ubicaba el antiguo alcázar.

El propio Juvara había dicho que, al tratarse de un terreno irregular y más estrecho, incluso el mejor de los artistas vería su obra empequeñecida en ese lugar.

Fachada a los jardines del Palacio Real de Madrid.  Proyecto
de Filippo Juvara. Archivo General de Palacio, Madrid.
En ese mismo 1737 Sachetti tiene preparado su proyecto, y en 1738 comienza la construcción, que no finalizará hasta 1764, bajo el reinado de Carlos III, siendo concluido por Francesco Sabatini y con participación de arquitectos españoles de renombre como Ventura Rodríguez, pero esto ya forma parte del Madrid que sí fue.

Es posible que el prestigio de Juvara hubiera ayudado a convencer a Felipe V para hacer el nuevo palacio en un lugar diferente y en unas proporciones que habrían hecho de esta construcción una de las más importantes y soberbias de la Europa del siglo XVIII. Sin embargo, hoy podemos suponer cómo habría sido este monumento gracias a los planos del arquitecto, y así imaginar cómo habría cambiado nuestra ciudad de haberse construido.

El Palacio Real existente es, indiscutiblemente, uno de los palacios reales más característicos e imponentes de toda Europa.

¿Crees que habría sido más acertada la construcción proyectada por Filippo Juvara?

Fachada principal del proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real de Madrid