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miércoles, 18 de enero de 2017

Operación Campamento

Todo aquel que haya accedido alguna vez a la capital a través de la A-5, la carretera de Extremadura, se habrá asombrado al ver que existe un gran espacio de descampados y ruinas de antiguos cuarteles militares a muy pocos kilómetros del centro de Madrid. Sin embargo, si alguno de los planes urbanísticos diseñados en los últimos años se hubiera llevado a cabo, la entrada a Madrid por el suroeste sería bien diferente.

Rebaño en la Casa de Campo. Archivo de TVE
Habría que remontarse a la época de Carlos III para comenzar a comprender este singular barrio de Campamento. Hasta el siglo XVIII, toda esta zona era un lugar de pasto para rebaños en los alrededores de los municipios de Carabanchel de Yuso y Suso (Alto y Bajo). Fue a finales del mencionado siglo cuando se construyó allí un almacén de pólvora.

Ese almacén dio lugar a que, en 1856, ya durante el reinado de Isabel II, se usara ese entorno como terreno de maniobras para soldados, y unos pocos años más tarde se comenzaran a construir los primeros cuarteles.

Numerosas casas y tabernas se fueron organizando alrededor de estos cuarteles, y en 1885, el alcalde de Carabanchel Alto nombró un regidor para el llamado barrio de Campamento, denominación que alude precisamente a esos campamentos militares.

Los siguientes años fueron bastante convulsos para la zona: el 12 de mayo de 1886, 47 personas fallecieron en Carabanchel Alto, Bajo y Madrid a consecuencia de un fuerte tornado, y en 1902, varios vecinos del barrio de Campamento, que aún pertenecía a Carabanchel Alto, murieron tras la explosión de un polvorín.

En los años 20, el tranvía llegó a Campamento para unirlo con el centro de Madrid. Además, se construyeron nuevos edificios castrenses.

Vista aérea del barrio de Campamento en 1930.
Archivo de TVE
Se estima que prácticamente la mitad de la población de Carabanchel Alto era militar hacia 1930, y solo el 22 por ciento había nacido en el municipio, debido a la fuerte emigración hacia las ciudades.

Pero en 1936, la Guerra Civil estalló, y durante la contienda, la gran mayoría de los cuarteles fueron destruidos. Tras la Guerra, se reconstruyeron en ladrillo, y se levantaron tres colonias de viviendas militares: Arroyo Meaques, la Dehesa del Príncipe, y Campamento.

En 1948, los municipios de Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo pasaron a formar parte del término de Madrid, y constituyeron el distrito unificado de Carabanchel. Años más tarde, en 1971, el mismo se dividió en tres: Usera, Carabanchel y Latina. Campamento pasó a formar parte del distrito Latina (no confundir con el barrio de La Latina).

Acuartelamiento Alfonso XIII, en el barrio de Campamento.
Fuente: Ayuntamiento de Madrid
Muchos de los cuarteles de Campamento son aún recordados por aquellos que tuvieron que pasar por ellos durante el servicio militar obligatorio,  la “mili”. Uno de estos edificios, el del Servicio Geográfico del Ejército, pasó a ser célebre por el juicio al teniente coronel Antonio Tejero a causa del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el 23F, en el Congreso de los Diputados.

Pocos años más tarde, la práctica totalidad de los cuarteles caería en el olvido, fundamentalmente consecuencia de la supresión del servicio militar obligatorio a partir de 1996. Por ello, durante esos años, los diferentes gobiernos municipales, autonómicos y estatales trataron de buscar algún uso para todos esos terrenos que se convertían en poco más que edificios abandonados, solo utilizados por mendigos, okupas y graffiteros.

Ubicación del barrio de Campamento dentro del
Distrito Latina
Lo cierto es que la ubicación del barrio es envidiable: a unos pocos minutos del centro de la capital en autobús o metro, con uno de los mejores accesos al mayor parque de Madrid, la Casa de Campo, y haciendo frontera con los distritos de Moncloa, Arganzuela y Carabanchel, así como con los municipios de Alcorcón y Pozuelo de Alarcón. Por su superficie, y también en algunos tramos de forma subterránea, discurre el arroyo Meaques, afluente del río Manzanares. Por último, se tiene acceso a un pequeño ecosistema llamado la Dehesa del Príncipe.

El metro une al barrio de Campamento con la red de suburbano desde 2002 gracias a la estación de Colonia Jardín, líneas 10, ML2 y ML3 (y es que, por extraño que parezca, la parada “Campamento” de la línea 5, a pesar de estar junto al barrio, se sitúa ya en el de Aluche).

Capilla que se ubicaba entre los cuarteles de Campamento,
junto a la A-5. Hoy desaparecida. static.panoramio.com
Si tantas condiciones favorables tiene el barrio, ¿por qué no ha conseguido encontrar su hueco en el Madrid moderno?

En primer lugar, las carreteras que rodean Campamento, además de comunicarlo, lo asfixian aislándolo de los otros barrios. La carretera de Extremadura A-5, la Avenida de los Poblados y la carretera de Boadilla han sido durante años obstáculos para los vecinos de Campamento que, a pesar de las promesas políticas, ven como sus viviendas siguen cercadas por estas infraestructuras.

Pero, en segundo lugar, los planes para urbanizar la zona militar han ido fracasando una y otra vez, como si de una maldición se tratase, como se verá a continuación.

Cuartel de San Fernando abandonado antes de ser derribado.
static.panoramio.com
Ya en junio de 1989 se comenzó a hablar de algo llamado “Operación Campamento”. El Ministerio de Defensa (al que le pertenecían los terrenos), la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid firmaron un convenio que desmantelaría una docena de cuarteles que ocupaban 8,9 millones de metros cuadrados, para urbanizar el lugar. Se hablaba ya de llevar allí la línea 10 de metro, algo que se hizo con posterioridad, pero también de convertir en autovía la carretera de Extremadura, y de construir oficinas e inmuebles gubernamentales, agrupando así en un mismo espacio los edificios del Gobierno del país, lo cual recuerda a la idea de los Nuevos Ministerios, o incluso al Campus de la Justicia en ese sentido de centralizar o unificar.
Esta “Operación Campamento” se desarrollaría en 15 años, con un presupuesto de 1.800 millones de euros, de los cuales el Ministerio de Defensa recibiría 180 por la cesión de los terrenos.

Pabellón de Muñoz Grandes, hoy desaparecido. ame1.org
En 1992, tanto la Comunidad como el Ministerio de Defensa, cesaron en su empeño de la construcción de estos edificios por causas económicas en el primer caso, y por no querer desprenderse de los cuarteles en el segundo.

En 1994, el Ayuntamiento y el Ministerio pactaron la construcción de pisos, pero la Comunidad lo rechazó.

En 1996, el Ayuntamiento aprobó un Plan General de Ordenación Urbana para construir 300.000 nuevas viviendas en una decena de barrios, 15.000 de las cuales estarían en Campamento. La Comunidad y el Ministerio lo aceptaron, y se estimó que las obras de demolición de los cuarteles y la nueva urbanización se llevarían a cabo en unos 15 años. El Ministerio de Defensa, aún propietario de los terrenos, ganaría entre 547 y 1.106 millones de euros con la operación.

Ámbitos del Plan. Fuentes: elpais.com y Ayuntamiento de Madrid
Por fin las tres administraciones se ponían de acuerdo y parecía que el fin a este gran problema se acercaba. Por ello, a partir de 2004 las excavadoras entraron en los cuarteles, y se comenzó la demolición de la mayoría de ellos. Sin embargo, los plazos se demoraron, y ni el Ayuntamiento aprobó en esos años el proyecto urbanístico final, ni la Comunidad elaboró los informes necesarios, parece que debido al enfrentamiento político entre el alcalde de la ciudad (Alberto Ruiz-Gallardón) y la presidenta de la Comunidad (Esperanza Aguirre).

Así se llegó finalmente a la aprobación de ese proyecto urbanístico en 2009, y en 2011 el Consejo de Ministros aprobó la venta del 51% de los terrenos de Campamento al Ministerio de Fomento por valor de 150,50 millones de euros.

Planificación del suelo en la Fase 1.
Fuentes: el pais.com y Ayuntamiento de Madrid
Lo que se planteaba a partir de ese momento era el que parecía el plan definitivo para el barrio: a través de la Sociedad Estatal de Promoción y Equipamiento del Suelo (SEPES) se urbanizaría, en una primera fase, un total de 10.700 viviendas en 2,1 millones de metros cuadrados. 7.000 de esas viviendas serían protegidas. El coste total de la construcción de esos pisos sería de 450 millones de euros, pero ascendería a 617 millones al construir un aparcamiento disuasorio, un intercambiador, y al soterrar 2,6 kilómetros de la autovía de Extremadura en Batán.

En la segunda fase se levantarían otras 10.700 viviendas en Campamento y 20.000 más en el vecino municipio de Alcorcón.

Un año después, en 2012, muchos de los cuarteles ya estaban derribados. Como decíamos, ya años antes se había comenzado con estas demoliciones, pero la desaparición de uno de ellos en concreto fue polémica por estar protegido. Se trataba del Cuartel del Batallón de Zapadores, también conocido como Pabellón de Muñoz Grandes, ubicado junto a la autovía A-5.
Pabellón de Muñoz Grandes durante su derribo en 2012.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Se trataba de uno de los que se construyeron en los años 20 del siglo pasado, y que llevaba tiempo en desuso. De hecho, los planes proyectados hasta el momento incluían la conservación de este interesante edificio protegido, “obra de reconocido valor e interés histórico” según el catálogo de edificaciones singulares del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM). Parece que el Ayuntamiento había solicitado a Fomento su demolición “por ruina inminente”, para lamento de los vecinos del barrio.

Salvando esto, por fin se ponía en marcha todo el plan, hasta que en septiembre del mismo año, el Tribunal Supremo anuló los barrios nuevos previstos en el Plan General de Ordenación Urbana de 1996, con lo que el proyecto, lejos de llevarse a cabo, quedó paralizado y más enterrado que nunca.

Plan de la "Operación Campamento" que fue anulada
en 2012 por el Tribunal Supremo. Fuente: Ayto. de Madrid
En 2013, todos los terrenos volvieron a manos del Ministerio de Defensa, y el Gobierno denominó la Operación Campamento como “inviable desde el punto de vista jurídico-urbanístico”.

No obstante, un nuevo capítulo se abría así para este entorno. Y es que el 27 de abril de 2015 salieron a la venta 1.550.576 metros cuadrados de terrenos de Campamento, propiedad ya de Defensa, con una edificabilidad de 1.132.098 metros cuadrados, por si algún comprador estaba interesado en ellos. ¿Por qué se hizo esto? Porque muy pocos meses antes, el magnate chino Wang Jianlin, mediante el grupo Wanda, se había interesado por este espacio, justo después de su adquisición del Edificio España de la Plaza de España, y del fiasco de Eurovegas en Alcorcón por parte del magnate estadounidense Sheldon Adelson.

Cuarteles abandonados y derribados en los terrenos de
la Operación Campamento. cincodias.com
El empresario Wang Jianlin, nacido en 1954 y considerado uno de los hombres más ricos de china, aseguró que no se trataba de otro “Eurovegas”. Su intención era la construcción de 15.000 viviendas, así como hoteles, grandes espacios comerciales, parques de ocio y recintos para espectáculos, pero sin la existencia de casinos.

Ninguna maqueta se mostró en este caso de la nueva “Operación Campamento” porque se temía que ocurriera lo mismo que en Alcorcón. Y así fue. La promesa de una inversión de 3.000 millones de euros para la construcción de este nuevo barrio se truncó entre diciembre de 2015 y enero de 2016, cuando se anunció oficialmente que el grupo Wanda dejaba de estar interesado en los terrenos. El empresario habló de falta de acuerdo y, especialmente, del alto precio que el Ministerio de Defensa había puesto a la venta del suelo, lo que le hizo comenzar a buscar en lugares más económicos, y lo que dejó a Campamento de nuevo con sus descampados y cuarteles en ruinas.

Barrio de Campamento en la actualidad.
Fuente: Ayto. de Madrid
Lo cierto es que, de una manera u otra, es asombroso que una operación de tal magnitud no haya avanzado desde 1989, y que los visitantes a la ciudad que acceden a través de la A-5 contemplen cómo la entrada a la capital no es más que una suma de proyectos truncados de este “Madrid que no fue”. Sin embargo, estamos convencidos de que este proyecto en concreto sería uno de los más interesantes en una hipotética sección de “el Madrid que será”, porque sea de una u otra forma, la zona de Campamento en unos años se tendrá que desarrollar, y quién sabe si pasará a convertirse en un tiempo en uno de los barrios más modernos y cosmopolitas de Madrid.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El Gabinete de Historia Natural de Juan de Villanueva

El Museo del Prado es uno de los iconos de nuestra ciudad, un auténtico referente de la cultura y del turismo de la capital. Sin embargo, el edificio que alberga esta institución no fue construido para ser una galería de arte, y tampoco iba a tener el aspecto que conocemos hoy en día. ¿Te animas a conocer su historia?

"El Paseo del Prado y el Paseo de Recoletos desde la fuente de las Cuatro
Estaciones", Antonio González Velázquez, 1790. bne.es
La Ilustración fue un movimiento que se introdujo en España de la mano de Felipe V, el primer monarca de la familia Borbón en nuestro país. Sin embargo, fue su hijo, Carlos III, quien ha pasado a la historia como el rey que más promovió la cultura en Madrid.

Carlos III, proclamado monarca en Madrid el 11 de septiembre de 1759, en su afán por defender el pensamiento ilustrado, decidió construir una ciudad científica en lo que hoy es el centro de la urbe. El Salón del Prado, concebido como reforma urbana de Madrid durante el siglo XVIII bajo el mandato de este rey, pretendía ser uno de los lugares más ligados a la cultura en Europa. Por ello, en los aledaños del Paseo se ubicó el Real Jardín Botánico, el Real Observatorio Astronómico en el cerrillo de San Blas, también se finalizó el Hospital General, donde hoy se halla el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía… y se proyectó la construcción de un edificio para albergar el Gabinete de Ciencias de Historia Natural y la Academia de Ciencias.

Retrato de Juan de Villanueva por
Francisco de Goya y Lucientes, 1805
Esta ciudad científica se llevó a cabo por diferentes arquitectos. Uno de ellos, madrileño y nacido en 1739, llegó a ser el máximo exponente del neoclásico en España gracias al edificio que estaba a punto de construir. Se trataba de Juan Antonio de Villanueva y de Montes, más conocido como Juan de Villanueva.

El arquitecto, que llegó a ser “maestro mayor” o “arquitecto mayor”, construyó edificios como la Casa de Infantes del Real Sitio de Aranjuez, la Casa del Príncipe del Pardo, Las Casitas de Arriba y de Abajo del Real Sitio de El Escorial… pero fue en 1785 cuando ideó su gran obra: el Gabinete de Historia Natural.

Se considera que José Moñino y Redondo, I conde de Floridablanca y Primer secretario de Estado del rey Carlos III, fue quien pensó en la creación de esta “Colina de las Ciencias”. No obstante, fue Juan de Villanueva quien quedaría en el recuerdo de todos los madrileños, gracias a esta obra que estaba a punto de construir.

Villanueva no presentó uno, sino dos proyectos en 1785 para el Gabinete mencionado.
El primer proyecto (imagen A), reflejaba muy bien las características habituales de los edificios de este arquitecto, que a pesar de enmarcarse en el estilo neoclásico, solía hacer referencia al estilo herreriano, puesto que las máximas influencias del artista fueron Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera.

Imagen A. Primer proyecto de Juan de Villanueva para el
Gabinete de Historia Natural. callejeartemadrid.com
Ese primer proyecto destacaba por dividirse en dos partes diferenciadas: en primer término, unos pórticos cubiertos, aunque abiertos al Salón del Prado, darían la bienvenida al visitante. En la época se decía que el Salón era un lugar al que “ir y ser visto”, ya que era el lugar habitual de paseo para los madrileños. Por eso, el Gabinete se abriría a la avenida con este paso porticado en el que se ubicarían monumentos en cada extremo.
En el centro de este pasillo de columnas se encontraría un pequeño patio circular, que serviría de entrada al edificio principal, la segunda parte del conjunto, la que albergaría las instituciones científicas mencionadas, y que salvaría el desnivel existente en la fachada norte con una sencilla rampa para poder colocar allí otra entrada.

Imagen B. Segundo proyecto de Juan de Villanueva para el
Gabinete de Historia Natural. museodelprado.es
El segundo proyecto (imagen B) volvía a ser un edificio neoclásico, pero algo más sencillo al eliminar el paseo porticado, e incluir esas columnas directamente en la edificación principal. De esta forma se eliminaba una de las partes del conjunto, y se incluían sus características más relevantes en la otra.
De la misma manera, el desnivel se salvaría con una rampa.

Fue el rey quien eligió la segunda opción, y  las obras comenzaron durante ese mismo año, 1785. Sin embargo, Carlos III murió en 1788 y no pudo ver la obra completada. De hecho, se conservan algunos planos de la construcción de los años noventa del siglo XVIII que no pudo llegar a ver Carlos III. Estos planos se diseñaron ya durante el reinado de Carlos IV, y en ellos, el arquitecto hizo algún cambio, eliminando el pequeño torreón que había ideado sobre la fachada principal.

Plantas, alzados y perfil del edificio del Gabinete de
Historia Natural, Villanueva. 1796. museodelprado.es
En principio, el edificio se configuraría de la siguiente manera: el Real Gabinete de Historia Natural se situaría en la planta alta, la Academia de Ciencias en la baja, y el salón de juntas en una sala cuadrada que se encontraría en la parte central.

Cuando ya no quedaba mucho para finalizar la construcción del Gabinete, se produjo la invasión napoleónica en España. La Guerra de la Independencia (1808-1814), no solo paralizó las obras del Gabinete, sino que destruyó parte del mismo. Y es que las tropas francesas utilizaron el edificio como cuartel, y fundieron el plomo de cubiertas y canalones para la fábrica de proyectiles.

Tras la Guerra de la Independencia, Napoleón Bonaparte reconoció en 1814 a Fernando VII como rey de España tras el reinado de su hermano, José Bonaparte, con el nombre de José I.
La restauración absolutista se produjo con la figura de este rey Borbón, y tras ella, se continuó la construcción del edificio, pero a cargo de Antonio López Aguado, discípulo de Juan de Villanueva, quien había muerto en 1811. Sin embargo, se llevaron a cabo cambios con respecto al proyecto original, puesto que el edificio debería adaptarse a una nueva actividad: galería de arte.

Se decidió que la obra de Villanueva nunca acogería ese Gabinete de Historia Natural, se convertiría en una galería que acogería la Colección Real, es decir, las obras de arte más importantes de nuestro país, que en ese momento se encontraban en manos de la Familia Real.
Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII
Fernando VII tomó la idea de su padre, Carlos IV, que soñaba con un lugar en el que ubicar estas valiosas obras de artistas de la talla de Tiziano, Velázquez o Murillo, por nombrar a alguno de ellos. Fue Fernando VII el monarca que, impulsado por su esposa Isabel de Braganza, decidió llevar a cabo esa tarea.

El proyecto del edificio que finalizó López Aguado era muy similar al que había ideado Villanueva, con algún pequeño cambio. Por ejemplo, el espacio destinado a sala de juntas pasó a ser absidal y no cuadrado, y la fachada trasera también se vio modificada.

Finalmente, el llamado Museo Real de Pintura y Escultura fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819 como una dependencia de la Corona, y siguió siendo privado hasta 1868, cuando la reina Isabel II fue destronada. Lamentablemente, en 1818, la reina Isabel de Braganza, que había promovido la creación de este museo, falleció, con lo que no pudo contemplar esta obra, que fue finalizada tan un año después de su muerte.

Años más tarde, tras la desamortización de Mendizábal (1836-1837), se decidió crear el Museo de la Trinidad que agrupara las obras de arte expoliadas a iglesias y monasterios. Este museo se ubicó en el desaparecido convento de la Trinidad Calzada, en la calle Atocha.

Con lo que, a mediados del siglo XIX, existían en Madrid, posiblemente los dos museos de arte más importantes de España en el momento: el Museo Real de Pintura y Escultura, y el de la Trinidad.

En 1865, el director del primero de los museos, Federico de Madrazo, cambió el nombre de esa institución, pasando a denominarse Museo del Prado, haciendo una clara referencia al Salón del Prado en el que se ubicaba.
Poco más tarde, en 1872, Amadeo I anexionó el Museo de la Trinidad al Prado, con lo que esas pinturas y esculturas del convento de la Trinidad Calzada se trasladaron al Prado, donde se han conservado hasta el día de hoy, haciendo de este uno de los museos más importantes del mundo.

Actualmente, reformado y ampliado, el Prado recibe más de dos millones y medio de visitantes al año (2.696.666 visitantes en 2015), que acuden a contemplar los casi 42.000 metros cuadrados de zona museística en este lugar. Aunque no todas las obras se pueden contemplar, ya que gran parte se halla en los depósitos del museo o prestada en exposiciones temporales, el Prado puede presumir de tener más de 27.000 obras de arte.
Museo del Prado en la actualidad

Entre todas estas obras, se encuentran las de artistas tan relevantes como Velázquez, el Greco, Goya, el Bosco, Tiziano, Rubens, Van Dyck, Murillo, Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto o Fra Angélico, entre muchos otros.

El edificio histórico del Prado, el de Villanueva, no es muy diferente del segundo proyecto que ideó el madrileño. Bien es cierto que el Gabinete de Historia Natural nunca llegó a ver la luz en ese lugar, y que el primer proyecto quedó descartado, pero, gracias a Juan de Villanueva, el museo de arte más importante de nuestro país puede presumir de encontrarse en un edificio neoclásico espectacular, y frente a una avenida histórica para nuestra ciudad, el Paseo del Prado.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Madrid que SÍ fue XIII. Real Pósito de la Villa de Madrid

“El Madrid que no fue” está de vuelta comenzando esta 3ª temporada, a la que venimos con más ganas que nunca de conocer un poco más nuestra ciudad y comunidad.
Por eso, hoy traemos un nuevo artículo especial de “El Madrid que SÍ fue”.

En el post de hoy, recordaremos uno de esos lugares que llegaron a ser emblemáticos de la Villa, y que, sin embargo, hoy están casi olvidados. Hablamos, en este caso, del Real Pósito de la Villa de Madrid.

Nuestra ciudad, al igual que cualquier municipio histórico, ha pasado por muchas diferentes etapas, y, cómo no, por momentos de bonanza económica, y por otros de penuria. Por motivos de escasez, el trigo ha constituido siempre un alimento básico para los madrileños, y ya desde el Fuero de Madrid de 1202, se han ido promulgando leyes con el fin de que no faltara grano en nuestras calles para la alimentación básica.

No obstante, no fue hasta la época de los Reyes Católicos cuando se construyó el primer pósito de Madrid. Este alholí o granero tenía como fin el almacén de grano para períodos de carestía.
Plano de Teixeira, 1656. Se aprecia el edificio del
Peso de la Harina en la Cava Baja de San Francisco.
artedemadrid.wordpress.com
Además, tenía cierta vocación benéfica, ya que proporcionaba pan a los necesitados, y semillas a los labradores para ayudarles con la siembra, con la condición de que devolvieran ese número de semillas tras la cosecha.

El mismo se situó en la Cava Baja de San Francisco, que hoy conocemos simplemente como “Cava Baja”. Parece que este granero público se dividía en varios edificios: la alhóndiga principal se situaría en el actual número 14 de la calle mencionada, donde hoy se ubica la Posada del Dragón. Frente a la misma, se ubicaría el edificio del Peso de la Harina, en el número 27 de la Cava Baja, la actual Posada de la Villa.

Esta creación de finales del siglo XV, dio lugar a otras posteriores, ya durante la regencia del Cardenal Cisneros, en los alrededores de Madrid: en 1512 se establece el pósito de Alcalá de Henares, en 1513 el de Toledo, y en 1514 el de Torrelaguna.

Es posible que la ubicación de aquella alhóndiga junto a la plaza de Puerta Cerrada, en los aledaños de la actual Plaza Mayor, propiciara la creación de un lugar en que, a partir de 1590 se almacenaba trigo y se controlaban los precios: la Casa de la Panadería.

Vista de pájaro desde la Puerta de Alcalá en 1854.
Grabado de Alfred Guesdon
Años más tarde, hacia 1666, reinando el último monarca de la dinastía de los Austrias en España, Carlos II, aquel pósito de la Cava Baja de San Francisco quedó anticuado, y se trasladó a las afueras de Madrid, a un lugar que hoy en día bien céntrico: los alrededores de la Puerta de Alcalá, prácticamente la confluencia entre el Paseo de Recoletos y la calle de Alcalá con Serrano. De hecho, el tramo de la calle de Alcalá situado entre la actual Plaza de la Independencia y la fuente de la Cibeles, se llegó a llamar calle del Pósito.
Se construyeron allí los conocidos como “Hornos de la Villa”, un espacio en que, además del horno y del granero, se edificó un barrio con 42 casas, el Barrio de Villanueva, la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, conocida como el Oratorio de los Hornos de Villanueva, e incluso una fuente. La puerta del conjunto se ubicó frente a los jardines del Palacio del Buen Retiro.

Vista del Real Pósito con la Puerta de Alcalá al fondo, en 1855.
historias-matritenses.blogspot.com

En 1743, bajo el reinado del primer monarca Borbón en España, Felipe V, la Junta de Abastos prohibió la entrada a Madrid del pan de pueblos cercanos, cerrando los Hornos de la Villa, para hacerse cargo de la total compra y almacén del trigo en la ciudad. Por ese motivo se construyó, un par de años más tarde y en ese mismo lugar, un gran edificio que se convirtió en uno de los pósitos más relevantes y notables de todo el país: el Real Pósito de la Villa de Madrid.


Vista de la calle de Alcalá a mediados del
siglo XIX. A la izquierda, el Real Pósito.
A la derecha, los Jardines del Buen Retiro,
donde hoy se ubican edificios como el
Palacio de Cibeles.
historias-matritenses.blogspot.com
Su edificio principal, llamado Santísima Trinidad, era de forma elíptica, y constaba de patio central y dos plantas: la inferior, dividida en 22 habitáculos, servía de almacén de grano a todo aquel que lo quisiera utilizar, siempre y cuando se hiciera cargo de los costes del pesaje. Su capacidad para 40.000 fanegas (1.700 toneladas) eran poco en comparación con lo que esperaba en la planta superior: una sola galería que, según escritos de la época era “impresionante”, ya que tenía capacidad para 100.000 fanegas (4.325 toneladas), algo más que sorprendente, teniendo en cuenta que estamos hablando de un silo del siglo XVIII.

Parece que pronto se quedó pequeño, al ser en ese momento el único alholí de Madrid, con lo que Carlos III se vio obligado a ampliar este espacio. Entre el Real Pósito y el lugar en el que tan solo unos pocos años más tarde situaría su Puerta de Alcalá, mandó construir nuevos edificios con cinco tahonas, con lo que el entorno podría acoger, desde ese momento, un total de un millón de fanegas (43.250 toneladas).

La puerta principal a todo este espacio estaba en el lateral correspondiente al Paseo de Recoletos, existiendo otra secundaria hacia la actual calle de Alcalá.

Demolición del Real Pósito en 1869.
memoriademadrid.es
A finales del siglo XVIII, tras algunos años de malas cosechas, el Pósito se quedó sin fondos, y ya nunca recuperó su esplendor. De hecho, en el siglo XIX algunas de las edificaciones del pósito fueron quedando en desuso, y comenzaron a ser utilizadas como depósito de herramientas o almacén del Teatro Príncipe, e incluso como cuartel.

Poco después, hacia 1869, cuando se comenzó a gestar la Plaza de la Independencia alrededor de la Puerta de Alcalá, y se derribó la cerca que delimitaba Madrid por el este, se constató que el Real Pósito de la Villa ya era una construcción inútil. Gran parte de sus instalaciones estaba desocupada: la idea de mantener graneros públicos para tiempos de escasez fue desapareciendo con el tiempo. El viejo pósito no encontró su hueco en el Madrid del siglo XIX.
Placa en memoria al Real Pósito de
Madrid, de 1664 o 1666 hasta 1863,
aunque fue derribado en 1869.
memoriademadrid.es

Tras su demolición, se edificaron modernos edificios de viviendas en ese mismo lugar, desde los que cierran actualmente la Plaza de la Independencia, hasta el mismísimo Palacio de Linares.

El recuerdo del Real Pósito volvió, sin embargo, a la mente de muchos, unos 70 años después de su cierre y demolición. Y es que tras la Guerra Civil (1936-1939), un alimento tan básico para las clases más modestas como el pan, se llegó a convertir en un artículo de lujo, y se comenzó a racionar la comida. Es especialmente para esos momentos para los que se había construido aquel primer pósito en la época de los Reyes Católicos.

En 1991, el Ayuntamiento de Madrid colocó una placa en la Plaza de la Independencia, recordando el lugar exacto en que se había ubicado aquel mítico Real Pósito, que solo nos queda por grabados y pinturas de la época. 

Un almacén público que ya nadie recuerda, pero que, sin duda alguna, pasa a formar parte de las construcciones más curiosas de este “El Madrid que SÍ fue”.

miércoles, 20 de enero de 2016

Las Puertas de Alcalá que no fueron

La Puerta de Alcalá es ese gran símbolo de Madrid sin el cual no se puede entender la ciudad, es uno de los monumentos emblemáticos que cualquier persona que visite la capital debe contemplar. Sin embargo… ¿conoces los proyectos alternativos para la Puerta de Alcalá?

Hoy es un día importante para nuestra ciudad.
Por una parte, esta mañana ha comenzado FITUR, la segunda Feria Internacional de Turismo más importante del mundo, que cuenta ya con una experiencia de 36 ediciones.

Carlos III (1716 - 1788), retratado por
Antonio Rafael Mengs
Pero además hoy, 20 de enero de 2016, se celebra el 300 aniversario del nacimiento de “el mejor alcalde de Madrid”, el rey Carlos III que, desde su nacimiento en 1716 hasta su muerte en 1788 trató de embellecer la fisionomía de la capital con grandes avenidas, una buena red de alcantarillado, uso de adoquines, hospitales públicos como el de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), servicios de recogida de basura y de alumbrado, y monumentos tan emblemáticos como las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, el edificio del Museo del Prado, el Real Observatorio, o el Real Jardín Botánico.

El monarca, de la dinastía de los Borbones, hijo de Felipe V y padre de Carlos IV, no cesó en su empeño de acercar la cultura a la sociedad española. Por ello en Madrid celebramos este 2016 como un año especial, y de hecho, el Palacio Real, que tuvo como primer habitante precisamente a este rey, ya le rindió homenaje durante la Navidad decorando su famoso belén napolitano con copias de edificios relacionados con el ambiente culto de Carlos III.

En “El Madrid que no fue”, como no puede ser de otra manera, también recordamos a tan importante rey, y por ello en el post de hoy traemos la historia de uno de los monumentos más recordados del Borbón y, a su vez, uno de los más emblemáticos de la capital: la Puerta de Alcalá.

Para entender la historia de tan relevante monumento, nos tenemos que remontar a la época de los Austrias.
Antigua Puerta de Alcalá,
derribada en 1764
Parece ser que en 1599, el rey Felipe III había mandado construir una puerta que conmemorara la entrada de su esposa, Margarita de Austria, en la ciudad. De estilo barroco y hecha en ladrillo, estaba localizada en lo que hoy es calle Alfonso XI, a mitad de camino entre la fuente de Cibeles y la actual Puerta de Alcalá.
Aquella construcción estaba situada en el camino a la localidad de Alcalá de Henares, un real camino que posteriormente continuaba hacia Aragón, Cataluña y Francia. Por este motivo se comenzó a llamar Puerta de Alcalá.

Felipe IV, el sucesor de Felipe III, construyó una cerca que rodeó Madrid entre 1625 y 1868 con fines estrictamente fiscales. No consideró necesario trasladar la entrada construida por su padre, con lo que pasó a formar parte de la cerca de Felipe IV.

Otras fuentes afirman que en realidad esta puerta de la ciudad no se creó hasta 1636 o 1639.

Sea como fuere, lo cierto es que el monumento se mantuvo en pie durante muchos años y los reinados de Carlos II, Felipe V, Luis I y Fernando VI. 

A la muerte de Fernando VI, "el mejor Alcalde" comenzó su mandato: Carlos III entró en Madrid como rey de España el 9 de diciembre de 1759 bajo una intensa lluvia. Se dice que aquel día vio la Puerta de Alcalá y no le agradó. Ya desde aquel día, este ilustre personaje quiso convertir a Madrid en una ciudad monumental.

Fue poco después, en 1764, cuando decidió derribar aquella puerta con el fin de ensanchar la calle de Alcalá. Su objetivo, además de la construcción de una avenida magna, era la creación de una gran entrada para la capital de España, que mostrara el esplendor de la ciudad y del reino.

Hacia 1769, el monarca encargó el diseño de este monumento a los tres arquitectos más importantes de esta época.

En primer lugar, José de Hermosilla (1715-1776), arquitecto e ingeniero, diseñó un trazado para la nueva puerta. Su opinión era muy tomada en cuenta, ya que precisamente en ese periodo (1767-1784), se encontraba en pleno proyecto de ordenación del Salón del Prado, que posteriormente se vería culminado con las fuentes  de Ventura Rodríguez: la de la Alcachofa, las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Apolo y la de Cibeles. Sin embargo el proyecto de Hermosilla pronto se descartó, quizás para que artista pudiera seguir centrado en el Salón del Prado.

Dos de los cinco proyectos de Ventura Rodríguez
para la Puerta de Alcalá (1769)
Fue Buenaventura Rodríguez Tizón, más conocido como Ventura Rodríguez (1717-1785) el segundo de los arquitectos que preparó algunos diseños para la que sería la nueva Puerta de Alcalá.

Concretamente, diseñó cinco proyectos que, fechados a 16 de mayo de 1769, aún se conservan en el Museo de Historia de Madrid. Los cinco eran de una enorme calidad, y su experiencia era más que notoria en estos trazos. Se trataba en general de arcos triunfales con semicolumnas toscanas. Todos tenían cinco vanos, presentando tres de medio punto en el centro para carruajes, y dos adintelados menores en los extremos para peatones.

Los restantes tres de los cinco proyectos de
Ventura Rodríguez 
para la Puerta de Alcalá (1769)
Lamentablemente, Ventura Rodríguez tuvo la “mala suerte” de coexistir, en primer lugar, con Juan de Villanueva (1739-1811), considerado como máximo exponente de la arquitectura neoclásica en España, y en segundo lugar, con Francesco Sabatini (1722-1797), artista italiano que trabajó para la Casa Real de España. Tanto Ventura Rodríguez como Sabatini cabalgaron entre el barroco y el neoclásico. Sin embargo, poco a poco parece que Sabatini le fue quitando el puesto a Ventura en los grandes proyectos reales. Un ejemplo de esto puede ser el caso de “El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande”, que nunca llegó a ver la luz.

Francesco Sabatini (1722 - 1797)
Con la Puerta de Alcalá ocurrió algo similar. Y es que, como decimos, los cinco proyectos de Ventura eran más que interesantes, pero el tercero de los arquitectos que presentó sus diseños al rey fue precisamente Francesco Sabatini.

En su caso fueron dos los proyectos realizados, ambos soberbios y de una grandiosidad indiscutible, siendo de los más relevantes de toda la arquitectura europea del XVIII.

Igualmente concebidas como arcos triunfales, se trataba de dos puertas tardobarrocas clasicistas que se diferenciaban, fundamentalmente, en que una se componía de cinco vanos (tres para carruajes y dos para peatones), y la otra solo constaba de cuatro.

Parece ser que Carlos III no tuvo ninguna duda, y eligió el proyecto de Sabatini. Sin embargo… ¿cuál de los dos diseños?

Los dos proyectos de Francesco Sabatini
realizados para la Puerta de Alcalá (1769)
Se dice que el monarca, sin darse cuenta, aprobó ambos diseños, quizás ante la imposibilidad de seleccionar uno en detrimento del otro, con lo que Sabatini se encontró ante la difícil tarea de mostrarle al rey su error, algo que le podía costar la pérdida del favor real que gozaba por aquel entonces.
El astuto arquitecto decidió, por tanto, realizar ambos diseños en el mismo monumento. Modificó sus dos arcos triunfales originales con el fin de poder plasmarlos en la misma puerta, algo que realizó magistralmente, y motivo por el cual hoy en día podemos disfrutar de dos Puertas de Alcalá diferentes, una cada lado del monumento.

Construida en estilo neoclásico, se finalizó en 1778, y se consideró desde el primer momento uno de los símbolos de la Ilustración en España, una monumental entrada a la capital que no ha perdido importancia desde entonces.
Como decimos, la de Alcalá se usó realmente como puerta de la cerca de Carlos IV. Cuando aquel muro desapareció, la Puerta perdió su uso de entrada a la ciudad, pero se siguió manteniendo como uno de los iconos de Madrid.
                                                                                                       
El lado oeste es el considerado como interior, ya que es el que mira hacia el casco histórico de la ciudad, el que veían los madrileños cuando partían de la ciudad, y por su parte, la fachada este es la exterior, la que recibía a los viajeros.

Puerta de Alcalá
En primer lugar, la fachada este (la exterior),
y en segundo lugar, la fachada oeste (interior)
Los motivos que adornan la parte exterior son, sobre los tres arcos de medio punto, unos mascarones con formas de sátiros, espíritus de los bosques en la Antigua Grecia, ya que junto a los motivos florales de los arcos adintelados de los extremos, se consideraban un símbolo de fertilidad. Así, todo el que entraba en la ciudad veía símbolos de fecundidad bajo el escudo real del frontón de la puerta, sostenido por la Fama y ayudado por un niño, tratando de mostrar al visitante la fertilidad del Rey de España.

Por su parte, el lado interior, sobre los tres arcos principales se ven unas cabezas de leones que simbolizan la lealtad hacia la monarquía, haciendo que todo el que abandonara la capital lo hiciera recordando que, aunque fuera a otros puntos del reino, la lealtad al monarca estaba por encima de todo. Los tarjetones de los extremos muestran cornucopias, símbolo de abundancia, y por último, rematando la fachada, armas y escudos que parecen torsos recostados hablando del esfuerzo pacificador del rey.

Un conjunto indiscutiblemente soberbio, que echó por tierra los planes de José de Hermosilla y, por supuesto, de Ventura Rodríguez de hacerse cargo del proyecto.

¿Conocías estos diseños no realizados de la Puerta de Alcalá? ¿Crees justa la victoria de Sabatini en este caso?