jueves, 24 de diciembre de 2015

El Madrid que SÍ fue IX. El Real Alcázar de Madrid

24 de diciembre de 2015. Un día tranquilo, un poco frío, y en las casas ya comienzan los preparativos para la cena de Nochebuena. Una imagen no muy diferente a la que se daba en Madrid en 1734. Los madrileños a estas horas empezaban a celebrar las fiestas con alegría por las calles. Nada podía presagiar la tragedia que estaba a punto de suceder. Pero comencemos por el principio.

Nuestra ciudad tiene su origen en aquella mítica fortaleza árabe del siglo IX que, situada en el solar en el que hoy encontramos el Palacio Real, defendía los territorios musulmanes del sur de la península.

Evolución histórica de la planta del
Real Alcázar de Madrid
Este primitivo recinto amurallado, mandado construir por el emir cordobés Muhamad I (852-886), fue ampliándose poco a poco hasta que, ya en el siglo XV, se convirtió en una de las principales fortalezas de la península por ser residencia temporal de la dinastía de los Trastámara, los reyes de Castilla, los cuales acudían con asiduidad a la población al ser Madrid sede habitual en la convocatoria de Cortes del Reino. Y por ello, historia no le falta a este lugar.

Enrique III de Castilla, “el Doliente” (1379-1406) levantó algunas torres en este castillo musulmán, dando al complejo un aspecto palaciego, mientras que su hijo Juan II (1405-1454) añadió la conocida como “Sala Rica” y construyó la Capilla Real.

Enrique IV (1425-1474) decidió residir en este alcázar durante largas temporadas, motivo por el cual su hija Juana, la conocida como “la Beltraneja”, nació en su interior en 1462.
Tan sólo 14 años más tarde, la ya reina Isabel la Católica (1474-1504) asedió a los seguidores de la Beltraneja en las afueras de este castillo con motivo de las disputas por el trono de Castilla. Es esto lo que provocó que el recinto fuera dañado en su cara externa. Destrozos que se repitieron durante la Guerra de las Comunidades, de 1520 a 1522, ya durante el reinado de Carlos I (1500-1558). Muy poco después de estos daños es cuando llegó preso el rey Francisco I de Francia a esta misma edificación (leer “El Madrid de Francisco I”).

Dibujo de J. Cornelius Vermeyen del viejo alcázar antes de la
ampliación de 1537 de Carlos I (pintado hacia 1534)
A raíz de estos acontecimientos, Carlos I decidió remodelar la fortaleza y convertirla en un palacio renacentista digno de la realeza. A pesar de ello, decidió seguir denominándolo alcázar, como se había hecho hasta el momento.
Las obras comenzaron en 1537, tan solo 3 años después del dibujo realizado por J. Cornelius Vermeyen en el que se puede ver cómo era este espacio con su aspecto aún de castillo musulmán.

Reconstrucción hipotética del Real Alcázar tras las
reformas de Carlos I, hacia 1550
Durante la remodelación se renovaron las dependencias antiguas que rodeaban el Patio del Rey, se construyeron otras nuevas alrededor del Patio de la Reina, y se edificó la Torre del Príncipe hacia el lugar en que hoy se encuentran los Jardines de Sabatini.

Tras el reinado del Emperador, su hijo Felipe II (1527-1598) tomó la trascendental decisión de trasladar la capital de la corte a Madrid en 1561, por lo que la ciudad adquirió la importancia que se puede imaginar al convertirse en la primera capital permanente de la monarquía española. Por este motivo, se adaptó definitivamente el alcázar como residencia palaciega en unas nuevas obras que transcurrieron de 1561 hasta 1598. Se reformó gran parte de las estancias con un proyecto del arquitecto Gaspar de la Vega, y se le encargó a Juan Bautista de Toledo construir la Torre Dorada en un extremo del alcázar, hacia donde hoy se ubica el edificio que acogerá el Museo de Colecciones Reales.

Dibujo de A. Van den Wyngaerde
del Real Alcázar hacia 1567
Este conocido arquitecto también había recibido el encargo de la construcción del Monasterio de El Escorial. Por esa razón, la Torre Dorada estaba rematada por un chapitel de pizarra muy similar a los proyectados para El Escorial.

El extremo norte, hacia los actuales Jardines de Sabatini, se convirtió en un área para el servicio. Por otra parte, la zona más ceremonial se situó al sur, allí donde aún quedaban dos de las torres de la primitiva fortaleza árabe, que también fue remodelada tomando aires de palacio real.
Además, se construyó la Armería Real en el lugar en el que actualmente encontramos la cripta de la catedral de la Almudena.

Dibujo anónimo del Real Alcázar hacia 1596 y 1597 ya
finalizadas las obras encargadas por Felipe II.
En el dibujo se ve un espectáculo de funambulismo
ofrecido por los hermanos Buratines
Felipe III (1578-1621) se encargó de homogeneizar la fachada sur del Alcázar. Para ello, tomó como modelo la recién construida Torre Dorada en este extremo del palacio, y encomendó a Francisco de Mora un nuevo trazado siguiendo el estilo de esta torre. Así se creaba la fachada más interesante de la edificación, la sur, que si estaba rematada en la zona oeste por la mencionada Torre Dorada, finalizaba por la zona este con una nueva Torre, la Torre de la Reina, a imagen de la anterior.
Estas obras duraron de 1610 a 1636, con lo que fue el sobrino del artista, Juan Gómez de Mora, quien finalizó la tarea añadiendo trazas barrocas al proyecto original, además de encargarse de la remodelación de las estancias de la reina.

Maqueta del proyecto de Juan Gómez de Mora para el Real Alcázar
También se remodelaron las tres fachadas restantes dando un aspecto totalmente homogéneo a la estructura, con nuevas columnas y ventanas, y solo respetando la cornisa occidental que da al río Manzanares, manteniendo así las características originales de la fortaleza musulmana por esa parte.

Felipe IV (1605-1665) comenzó las obras del Palacio del Buen Retiro para convertirlo en residencia real, con lo que cesó en la tarea de remodelar el Real Alcázar. Sin embargo, las obras de Juan Gómez de Mora finalizaron en 1636, ya durante el reinado de Felipe IV, con lo que fue durante este período cuando el alcázar alcanzó su máximo esplendor, siendo un auténtico palacio real con un estilo propio.

Pintura del Real Alcázar tras la remodelación de
Juan Gómez de Mora finalizada en 1636
Esta fisionomía se mantuvo durante el reinado de Carlos II (1661-1700), y la Torre de la Reina, hacia el sureste del alcázar, se remató con un chapitel de pizarra, creando así una simetría con la otra torre que se situaba en la fachada sur, la Torre Dorada.

El reinado de los Austrias finalizó con Carlos II, y en 1700 Felipe V (1683-1746), de la dinastía de los Borbones, se convirtió en nuevo rey de España.

A pesar de la majestuosidad que ya inspiraba el Real Alcázar de los Austrias, para el nuevo rey se trataba de una fortaleza austera, bien distinta al entorno palaciego francés de Versalles donde había nacido. Se dice que Felipe V no llegó a apreciar este histórico alcázar, y que sus deseos pasaban por construir un palacio que se convirtiera en nueva residencia real.

Y por fin llegamos a 1734, año con el que comenzábamos el artículo. 24 de diciembre de 1734. La Corte, encabezada por el rey Felipe V, se había desplazado al cercano Palacio de El Pardo para celebrar las fiestas. El Real Alcázar de Madrid, el que era el edificio más importante de la ciudad y quizás del país, guardaba silencio. Sólo el personal del servicio y algún noble se encontraba en su interior preparando la Nochebuena.

Doce de la noche. Se produce el cambio de guardia sin novedad. Nada hace presagiar lo que está a punto de suceder.

Dibujo de Filippo Pallota donde se ve el
Real Alcázar en 1704
Pocos minutos más tarde, a las doce y cuarto, las campanas del Alcázar comienzan a repicar, pero ningún vecino acude al palacio. Seguramente están tocando para llamar a la Misa del Gallo, tradicional de Nochebuena... o al menos eso imaginan los vecinos de Madrid.

Ya de madrugada la noticia corre como la pólvora por las calles de la ciudad: ¡El Real Alcázar se está quemando!

El caos se adueña del lugar. Monjes y centinelas se afanan en despertar a los dormidos y en sacar a las familias y a personas como la marquesa de Fuentehermoso del palacio. La fachada occidental, la que guardaba aún esos rasgos musulmanes, sucumbe en pocas horas. Mientras, otros se afanan en rescatar algunos de los tesoros del palacio. Un cerrajero real corre a la Capilla Real para salvar todo lo que puede de la rica sala. Pero tiene poco tiempo: a las cuatro de la mañana, la citada capilla ya no existe.

Reconstrucción virtual de la fachada oeste que aún
incorporaba elementos de la fortaleza musulmana.
Fue la primera en consumirse por el fuego.
Carmen García Reig. museoimaginado.com
Éste y otros cerrajeros, temerosos de los saqueos, solo abren las puertas a personal del servicio y religiosos, por lo que la operación de rescate de objetos valiosos es bastante lenta.

Una larga noche que parece no tener fin. Y es que el día de Navidad, el 25 de diciembre de 1734, amanece en el Real Alcázar ya con llamas por la práctica totalidad de las estancias. Todos los esfuerzos por apagar el fuego son en balde. Se dice que sobre las cuatro y media de la tarde hay un fuerte viento en la ciudad que aviva más aún las llamas. Mientras tanto y de forma desesperada se trata de salvar todo tipo de alhajas, arcones de plata y madera, cofres con dinero…

El fuego llega al Salón Grande, una de las estancias principales en las que se guarda una infinidad de cuadros, obras de arte que están a punto de desaparecer.
“¡No hay escalera!”, se escucha en el Salón Grande. ¡Algunos de los cuadros están en la parte superior de las paredes, y no hay una escalera para poder bajarlos! Las personas allí presentes sacan los lienzos de la parte baja de la pared de sus marcos y los arrojan por las ventanas. Así se salvan obras de arte, exactamente 1.038, tales como “Carlos V en Mühlberg” de Tiziano, o “Las Meninas” de Velázquez. De hecho, algunos de los cuadros del Museo del Prado aún guardan restos del humo de este incendio.

Boceto de "La expulsión de los Moriscos" de Velázquez
Menos suerte corrieron otros cuadros, al menos 500, entre los que se encontraba la que se consideraba una de las obras de arte más valiosas de Velázquez, “La expulsión de los Moriscos”, o el retrato favorito de Felipe IV que le había pintado Rubens, que desaparecieron en esta quema.
También la práctica totalidad de las obras de las Indias ofrecidas por los conquistadores a los reyes de Castilla desde la época de Colón se perdieron en este incendio catastrófico.

Durante cuatro días se continúa con los trabajos de extinción, que por fin finalizan con un palacio que se ha convertido en pasto de las llamas. Solo quedan en pie un par de fachadas y la Torre del Príncipe.

Cuadros, bulas papales, importantes archivos, derechos reales de las Indias… desaparecen en la fatídica Nochebuena.

Como decimos, una tragedia, una gran pérdida para Madrid y para la historia de España, que no está exenta de polémica.
Y es que, en primer lugar, no era habitual que la familia real no se encontrara en el Real Alcázar. El rey y su familia solían permanecer en el Alcázar en Nochebuena, ya que solían acudir a los maitines de Nochebuena de la Capilla Real.

Más sospechosa es la decisión de Felipe V, tan solo unos pocos días antes del incendio, de trasladar algunas de sus obras de arte favoritas del palacio a otros lugares, razón por la que se pudieron salvar.

El Real Alcázar hacia 1710, pocos años antes de sufrir
el incendio de 1734. Es uno de los últimos dibujos del
palacio. Se trata del diseño que presentaba en el momento
de su desaparición
Y si por esto no fuera poco, la forma en que se extendió el incendio por todo el entorno y, especialmente, la rapidez, no hacen más que aumentar las dudas. A pesar del gran tamaño del recinto, las llamas se expandieron de una manera muy extraña, llegando de una fachada a otra en pocas horas.

En Madrid se comenzó a decir que el rey no había soplado para apagar las llamas, sino para avivarlas.

A los pocos días, Felipe V tomó la decisión de derribar la torre y las dos fachadas que se habían salvado, para poder así construir un palacio real más acorde a sus gustos. Pero esto ya es otra historia diferente, que puedes consultar pinchando aquí: “El Palacio Real de Filippo Juvara”.

Como decimos, una tragedia para Madrid, pero a su vez uno de los episodios más interesantes y con más interrogantes de toda la historia de la ciudad. No obstante, no fue más que uno de los primeros incendios trascendentales de Madrid que han afectado tanto a monumentos de otro tiempo (Plaza Mayor, iglesia de San Ginés en la calle Arenal, convento de San Felipe el Real en la calle Mayor, parroquia de San Luis Obispo en la calle Montera…), como a espacios más modernos (Palacio de Deportes, discoteca Alcalá 20, Torre Windsor…).

Esta noche por primera vez el mensaje de Nochebuena del rey tendrá lugar en el Salón del Trono del Palacio Real. Un lugar histórico, la figura del rey de España… y una noche, la del 24 de diciembre, son los elementos que sin duda a más de uno le traerá a la mente aquel célebre incendio de nuestro querida fortaleza, aquel mítico palacio de los Austrias… el nunca olvidado Real Alcázar de Madrid.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El Coliseo de las Tres Culturas

Hoy traemos a nuestro blog un plan faraónico que pretendía convertir a Madrid en la capital de las Artes Escénicas a nivel internacional. Se trata del Coliseo de las Tres Culturas.

El proyecto que comentamos en esta ocasión es uno del que se habló mucho en su momento, que parecía destinado a convertirse en un auténtico símbolo para la ciudad, y que sin embargo, tras su cancelación, parece borrado de la memoria colectiva. A pesar de ello, fue uno de los más ambiciosos de principios del siglo XXI.

Proyecto del Coliseo de las Tres Culturas
La bomba estallaba en abril de 2004: el polifacético empresario José Luis Moreno se lanzaba a la aventura de la construcción de un gran teatro multifuncional en unos terrenos cedidos ya en 2002 por el Ayuntamiento de Madrid a la productora Miramón Mendi en el barrio de Hortaleza.

Con la colaboración de personajes tan conocidos como la cantante lírica Montserrat Caballé y el tenor José Cura, quienes probablemente se convertirían en directores del centro, y el apoyo del alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, se pretendía la creación de un espacio escénico entre la Avenida de Machupichu y el Parque de los Llanos, junto a la Avenida del Papa Negro, muy próximo a la Feria de Madrid IFEMA.

Este recinto, que alcanzaría los 121.561 metros cuadrados,  tendría una fuerte personalidad por su variedad de actividades. Sus principales “Tres Culturas” se dividirían en tres diferentes salas:

- Sala 1. Con capacidad para 2.500 personas, sería la sala magna del teatro, acogiendo los espectáculos de ópera y zarzuela. Ballet, recitales… también tendrían lugar en esta sala, con unos precios reducidos para jóvenes, promoviendo así la cultura entre los nuevos aficionados. Asimismo, la Filarmónica y los Coros del teatro ofrecerían conciertos de música clásica y representaciones de opereta.

Proyecto del Coliseo de las Tres Culturas
- Sala 2. Las 2.000 personas que podrían reunirse en este espacio, disfrutarían sin duda de los musicales que tendrían lugar aquí. Espectáculos tanto nacionales como internacionales, que se abrirían por otra parte a la danza, serían los protagonistas en esta sala. No obstante, se intentaría que artistas españoles pudieran encontrar siempre un hueco en este escenario: Sara Baras, Antonio Canales, Joaquín Cortés, El Ballet Nacional, el de Víctor Ullate, el de Nacho Duato…

- Sala 3. A pesar de ser la más pequeña, gozaría con 1.500 plazas. Se trataría de un espacio dedicado al teatro de comedias, cómicas y dramáticas, desde las obras clásicas hasta las de vanguardia.

Pero el Coliseo no se reduciría a estas tres salas. A las mismas habría que añadir un Conservatorio y Escuela de Arte Dramático, un taller de ópera, zarzuela y ballet, y diversos talleres de Iluminación, Atrezzo, Escenografía, Efectos Especiales, Caracterización, Peluquería Teatral y Vestuario, además de salas de exposiciones, un centro comercial y un Museo de Artes Escénicas.

Su vocación de referente a nivel internacional se vería reflejada en el edificio que albergaría este Coliseo: la arquitectura también sería un punto importante de esta gran construcción.

Distribución del Coliseo de las Tres Culturas
vicens-ramos.com
Ignacio Vicens y Hualde, arquitecto madrileño nacido en 1950, era bastante conocido ya en 2004 por algunos eventos concretos en nuestra ciudad: la construcción del escenario que se colocó en el estadio Santiago Bernabéu en 1982 con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II, la del escenario de la plaza de Colón en 1993 por la misma razón, y también el encargado de la preparación de la catedral de la Almudena en ese mismo 2004 para el enlace entre el entonces príncipe Felipe de Borbón y Letizia Ortiz.
Desde 1984, el arquitecto comparte estudio con José Antonio Ramos, y en este taller Vicens-Ramos se diseñó el Coliseo de las Tres Culturas.

Ambicioso, arriesgado, faraónico… muchos son los adjetivos que se pueden encontrar echando mano a la hemeroteca de ese verano de 2004, pero lo cierto es que el proyecto no dejaba indiferente a nadie.

El edificio, estéticamente, destacaría por su cubierta de vidrios serigrafiados con pan de oro. Tendría de cinco a siete plantas y entre 2.000 y 3.000 plazas de aparcamiento. A pesar de su diseño único, se trataría de integrar en el barrio.
Según el arquitecto, sería “un gran jardín fractal, unido por pasarelas y rematado por estanques”.

Proyecto del Coliseo de las Tres Culturas
Habría una plaza ajardinada en un lateral, y otra más con láminas de agua por la que se accedería a los aparcamientos, dejando la fachada principal en la Avenida de Machupichu.

Se tenía previsto comenzar la construcción en septiembre de 2004, y la inauguración en 2007. Sin embargo, ya desde el principio el proyecto se fue retrasando. Fue precisamente en septiembre de 2004 cuando Montserrat Caballé se desvinculó del Coliseo de las Tres Culturas.

Durante bastante tiempo no hubo nuevas acerca de este gran centro, hasta que en noviembre de 2007 se dijo que, a pesar de los retrasos, la obra seguía adelante. Algunas importantes fuentes financieros hicieron que José Luis Moreno pudiera hacer frente a los 150 millones de euros que se invertirían en el Coliseo, y a su vez, la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, anunció su apoyo al proyecto.

Volvieron a pasar los años, y de nuevo sin noticias de la construcción… hasta que en diciembre de 2010 se rompió el sueño: se anunció la cancelación definitiva del proyecto tras algunos años bastante convulsos para José Luis Moreno, y el Ayuntamiento comenzó los trámites para la recuperación de los terrenos, en los que los vecinos de Hortaleza reivindicaban un Centro de Formación Profesional.

Distribución del Coliseo de las Tres Culturas
vicens-ramos.com
La misma suerte que el proyecto la corrió su principal promotor: el conocido empresario se vio obligado poco después a declarar como imputado en el caso Palma Arena por presunto soborno al expolítico Jaume Matas, y más tarde fue acusado por el extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas de aportaciones al partido en dinero negro, con lo que si quedaba alguna posibilidad de que el proyecto del Coliseo de las Tres Culturas fuera retomado, se esfumó por los nuevos acontecimientos.

Lo que había sido prometido a los vecinos del barrio de Hortaleza como “el nuevo Teatro Real de Madrid”, quedó finalmente en un proyecto más de este apasionante “Madrid que no fue”.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Casa de Correos y Telégrafos

Uno de los edificios más imponentes de la capital es, sin duda alguna, el “Palacio de Telecomunicaciones”, desde 2011 denominado “Palacio de Cibeles” por su ubicación frente a la famosa fuente de Ventura Rodríguez. Sin embargo, no fue éste el único proyecto que se barajó para ese emplazamiento.

Plaza de Castelar, hoy plaza de Cibeles, en 1890
pinterest.com
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la plaza de Cibeles no era muy diferente a como lo conocemos hoy en día. El Palacio de Buenavista, levantado en 1767, el edificio del Banco de España, inaugurado por el niño que llegaría a ser el rey Alfonso XIII y su madre, la reina regente María Cristina en 1891, y el Palacio de Linares, finalizado en 1900, protegían a la diosa Cibeles ya situada en el centro de la plaza, en su ubicación actual (recordemos que desde su instalación en 1782 y hasta 1895 la fuente se encontraba a la entrada del Paseo de Recoletos, mirando hacia la fuente de Neptuno).
Sin embargo, faltaba un edificio en este entorno, el espectacular “Palacio de Cibeles”.

A principios del nuevo siglo, el Estado convocó un concurso abierto para la construcción de una Casa de Correos y Telégrafos en el centro de Madrid, sustituyendo a la antigua Real Casa de Correos de la Puerta del Sol.
Hasta ese momento, en la zona sureste de la Plaza de Cibeles (plaza de Castelar en aquel entonces, plaza de Madrid hasta 1900) se ubicaban los Jardines del Buen Retiro, mucho más grandes que el actual Parque del Buen Retiro, en el antiguo conjunto de recreo anexo al Palacio del Buen Retiro.

Como ya podrás imaginar, esta nueva Casa de Correos y Telégrafos, se ubicaría en un pedazo de estos Jardines, en los colindantes a la plaza de Cibeles.
Las bases eran claras: un gran edificio no superior a cinco pisos que, dando sus fachadas a la calle de Alcalá, Paseo del Prado y plaza de Cibeles, acogiera los servicios de correos, telégrafos y teléfonos.

Fueron tres los proyectos que se presentaron hasta noviembre de 1904, cuando se cerró el concurso, todos ellos de gran calidad e interés.

Proyecto de Joaquín Saldaña y Jesús Carrasco
El primero de ellos, de estilo francés Luis XV, de Joaquín Saldaña y Jesús Carrasco, parecía uno de los favoritos. El motivo es que, según los expertos, tenía las fachadas más estudiadas y mejor diseñadas de los tres proyectos. Esto también tenía una desventaja: su coste de 5.152.477,91 pesetas era el más elevado de los presentados.
La Academia de Bellas Artes de San Fernando consideró erróneo, sin embargo, el planteamiento que los arquitectos habían hecho del edificio. Y es que lo habían configurado para que en un futuro pudiera ser utilizado como Ministerio, algo que no gustó a la Academia.

Proyecto de Luis Montesinos y Felipe Mario López Blanco
El segundo proyecto, de Luis Montesinos y Felipe Mario López Blanco, de concepción anacrónica, fue sin duda el más polémico, como después veremos.
Se trataba de un edificio sobrio que seguiría el sistema americano al no colocar patios en su interior, aunque sí ventiladores y abundante luz eléctrica. Aunque en la actualidad se apuesta por los grandes ventanales para conseguir así luz natural, en la época la moda era construir edificios que gozaran de un buen sistema de alumbrado eléctrico.
Su creación costaría a las arcas públicas un total de 4.736.211 pesetas.

Proyecto de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi
El tercer proyecto fue el presentado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. El hecho de que su presupuesto fuera el más bajo (4.499.906,99 pesetas), no hacía que el edificio fuera menos vistoso. De hecho era, posiblemente, el más monumental de los tres. Todos los servicios públicos se reunirían bajo una rotonda en la planta baja, y se pedía un mínimo de 4 años para ejecutarlo.

Hay que tener en cuenta que en 1904, la figura de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi no era tan popular como lo es hoy en día, y se trataba de una pareja de jóvenes e inexpertos arquitectos.

La decisión fue tomada por unanimidad por los miembros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y como es bien sabido, el proyecto ganador fue el de Palacios y Otamendi.
Maqueta en escayola del proyecto de Palacios y Otamendi.
elpais.com
El segundo resultó el de Carrasco y Saldaña porque, según el fallo, se habían pospuesto los servicios de atención al público, algo vital para el nuevo edificio.  Sin embargo, se alabó el informe de las fachadas.
Por último, en tercer lugar quedó el de López Blanco y Montesinos, al que se criticaba por no adaptarse a los servicios requeridos por el edificio.

El proyecto ganador se había presentado incompleto, con falta de documentación y de detalles, pero según la comisión, se estaba ante “el producto de una creación genial”. Por ello se les otorgó a los autores el plazo de un mes para concretar su atrevida propuesta.

Una vez los miembros del jurado fallaron a favor de Palacios y Otamendi, surgió la polémica, como antes comentábamos.
Construcción de la Casa de Correos y Telégrafos
Montesinos y López Blanco, cuyo proyecto había quedado segundo, parece que no toleraron la decisión de la Academia. Por este motivo elaboraron un folleto de 75 páginas en el que explicaban por qué su propuesta no había sido la ganadora para que “la cuestión fuera conocida por la prensa”.

En este escrito, más que defender su creación, trataban de criticar la de Palacios y Otamendi. Sin nombrar específicamente ese proyecto, comentaban que el presupuesto de otras propuestas era inverosímil, que la suya era más práctica que “algunas”, que en un edificio público no habría que poner decoración propia de un palacio

Palacio de Cibeles en la actualidad
De cualquier manera, el Palacio de Comunicaciones, apodado cariñosamente en la época por los madrileños como “Santa María de las Comunicaciones” por su monumentalidad propia de una catedral, comenzó a construirse en 1907, y se finalizó en 1919, llegando a nuestros días como una de las construcciones de más interés y más impactantes de nuestra ciudad. Según los propios arquitectos, se trataba de construir “un edificio para el público”, algo que lograron con creces, puesto que a día de hoy está abierto a todos los ciudadanos como Centro Cultural CentroCentro, y por supuesto, desde principios del siglo XXI como sede del Ayuntamiento de Madrid.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Madrid 2012, preparados para ti

Uno de los proyectos más sonados del Madrid que no fue, fue el de la candidatura a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos del año 2012… ¿lo recuerdas?

Corría el año 1997 cuando el entonces alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, y el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, acordaban derribar el Estadio de la Peineta. Se trataba de un estadio de atletismo que, bajo la titularidad de la Comunidad, fue inaugurado en 1994 en el este de Madrid, concretamente en el barrio de San Blas.

Logo de Madrid 2012
El plan de 1997 pretendía dar paso a un gran estadio olímpico y a una serie de instalaciones deportivas de primer nivel que permitieran que en un futuro Madrid se convirtiera en Ciudad Olímpica. Se trataba del germen de Madrid 2012.

Madrid sólo había optado una vez a acoger los Juegos Olímpicos. Fue para los JJOO de 1972, y como puedes leer en el artículo “Madrid 1972, el primer sueño olímpico”, se planteaba la ubicación de la práctica totalidad de las sedes en la zona de la Ciudad Universitaria, al oeste de la metrópoli, llegando incluso hasta la zona de Zarzuela y de Puerta de Hierro.

La decisión tomada en 1997 con respecto a la Peineta, sentó las bases para uno de los proyectos más importantes en la historia de la capital, que se ubicaría, por tanto, en el este de Madrid.

La ciudad de Sevilla había presentado su candidatura para los Juegos Olímpicos de 2004 y 2008 tras la celebración de los JJOO de Barcelona en 1992. Sin embargo, en ambos casos la capital hispalense no pasó el primer corte.

Por este motivo, el Comité Olímpico Español (COE) creyó que había llegado el momento de Madrid, y el 21 de enero de 2003 presentó oficialmente la aspiración de la capital a los Juegos Olímpicos en 2012 en detrimento de Sevilla (recordemos que sólo se puede presentar una ciudad por país en cada ocasión).

Proyecto del Estadio Olímpico de La Peineta
El 15 de julio de 2003 se confirmó la aspiración a convertirse ciudades candidatas de Madrid, Nueva York, Londres, La Habana, Leipzig, Moscú, Río de Janeiro y Estambul.

Madrid comenzó a preparar su aspiración y a desarrollar el proyecto de Villa Olímpica, Estadio Olímpico de la Peineta, instalaciones junto a este entorno… Pero siempre con pies de plomo, porque eran aún muchas las ciudades participantes.

El 18 de mayo de 2004 se anunciaron las ciudades candidatas (ya no aspirantes) por el Comité Olímpico Internacional (COI). Se trataba de París, Moscú, Londres, Nueva York… ¡y Madrid!

Fue entonces cuando comenzó la carrera real para la capital española. El dossier de la candidatura, que contenía las bases de todo el entramado de recintos deportivos, así como el resto de aspectos remarcables, establecía que la ciudad olímpica se dividiría en cuatro sectores, como se puede ver a continuación:

SECTOR ESTE
Proyecto del Anillo Olímpico para Madrid 2012
- El Estadio Olímpico, sería, sin lugar a dudas, la joya de la corona. Los 20.000 asientos con los que ya contaba el estadio se ampliarían hasta más de 70.000 plazas. En el Estadio se celebrarían, además de las Ceremonias de Apertura y Cierre de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, las pruebas de atletismo.
- El Pabellón Olímpico, que acogería las modalidades de gimnasia artística, rítmica, y gimnasia de trampolín. Conectado al resto de la ciudad por el anillo verde ciclista, y junto al Estadio Olímpico, se convertiría, tras el evento, en un pabellón para espectáculos como conciertos.
El Velódromo. Esta instalación, igualmente en el anillo olímpico, tendría una capacidad para 5.000 personas. Sin embargo, esta la misma se desmontaría tras los JJOO para convertirse en una zona verde. Aquí se disputarían las competiciones de ciclismo en pista, BMX y ciclismo en ruta.
Proyecto del Centro Acuático
- El Centro Acuático, con paredes de cristal transparente y también junto al Estadio Olímpico. Sus 22.000 metros cuadrados acogerían las pruebas de natación, waterpolo, salto y natación sincronizada.
- El Parque Juan Carlos I, en la zona afectada por este gran evento, también se convertiría en sede olímpica acogiendo las pruebas de vóley playa, concretamente en el auditorio al aire libre la existente. Su capacidad se incrementaría hasta los 12.000 espectadores.
- El Recinto Ferial IFEMA sería un lugar estratégico en la celebración de Madrid 2012. El parque ferial es una de las instalaciones más preparadas de la capital. No en vano, ferias internacionales como la de Turismo FITUR se celebra anualmente en su interior. Además, cuenta con gran experiencia. Por ejemplo, una eliminatoria de la Copa Davis ya se disputó aquí. 
Localización de los sectores este, oeste y eje central en la
ciudad, junto a las líneas de metro de Madrid.
www.elmundo.es
Por ello, en 2012 se convertiría en sede de bádminton, boxeo, halterofilia, esgrima, lucha, judo, taekwondo y tenis de mesa. Por otra parte, se convertiría en el Centro Internacional de Radio y Televisión y el Centro Principal de Prensa..
- La Villa Olímpica estaría situada muy próxima a todos estas instalaciones. De hecho, a la mayor parte de ellas se podría ir a pie o en bicicleta desde la Villa Olímpica. En ella, vivirían y entrenarían los deportistas, en un entorno verde y sostenible.
- El Complejo de Voleibol de Coslada sería el último en pertenecer a este listado del sector este. Se construirían dos instalaciones para 15.000 espectadores donde, además de celebrarse las pruebas de voleibol, se edificaría una residencia que funcionaría como Centro de Tecnificación de Voleibol después de la celebración de los Juegos.

SECTOR OESTE
- El Hipódromo de la Zarzuela, como no podía ser de otra manera, sería el corazón de la hípica en Madrid 2012. Es uno de los hipódromos más históricos de España, y desde 1941 son muchos los campeonatos que han tenido lugar en este entorno.
- El Club de Campo Villa de Madrid es un conjunto de instalaciones existentes en la zona oeste de Madrid, que también ha acogido ya numerosas competiciones internacionales. En 2012, se celebraría allí la práctica de pentatlón moderno, tiro con arco y hockey.
Recinto del Madrid Arena, en la Casa de Campo
- El Madrid Arena, uno de los pabellones del Recinto Ferial de la Casa de Campo, sería una de las sedes más importantes de la ciudad al acoger las pruebas de baloncesto. El Masters Series de Madrid es uno de los campeonatos que ha acogido esta instalación desde su inauguración en 2002. Su cúpula con lucernario protegería a los 12.000 espectadores que podrían acudir al recinto.
- La Casa de Campo, históricamente zona de caza para la monarquía española, sería el entorno más agradable que podrían tener las competiciones de bicicleta de montaña y triatlón. Sus 1.800 hectáreas harían que las pruebas fueran de las más vistosas de los JJOO.

EJE CENTRAL
- El Estadio Santiago Bernabéu, sede del Real Madrid y estadio de cinco estrellas por la UEFA, se convertiría en un emblemático lugar en que celebrar las competiciones de fútbol. El mismo, con aforo para más de 81.000 espectadores, es un referente del fútbol a nivel mundial, y en él se han disputado importantes eventos de muy diversa índole.
- El Estadio Vicente Calderón, sede del Atlético de Madrid, nombrado estadio cuatro estrellas por la UEFA y con capacidad para casi 55.000 espectadores, también tendría su papel acogiendo de igual modo competiciones futbolísticas.
- El Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid haría que los 18.000 espectadores que tiene de capacidad la instalación disfrutaran de las pruebas de balonmano.
Caja Mágica de Madrid, finalizada en 2009
- La Caja Mágica sería, sin lugar a dudas, uno de los recintos protagonistas de estos Juegos Olímpicos. Aunque en ese momento no era más que un proyecto, en 2009 se finalizaron las obras de construcción. Un auténtico sueño de tres pistas y estética futurista que, con capacidad para casi 12.500 espectadores, acogería las competiciones de tenis.
- El Estadio de Béisbol se situaría en el Polideportivo Municipal de la Elipa, que vería mejoradas sus instalaciones existentes y ampliándolas hasta los 240.000 metros cuadrados, construyendo también una piscina cubierta y un gran pabellón.
Por último, no habría que olvidar en este eje central las calles de Madrid. Así como cada año la metrópoli acoge la final de la Vuelta a España, en 2012 acogería la prueba de ciclismo, lo que haría que las imágenes de nuestra ciudad dieran la vuelta al mundo, y sus avenidas y plazas se vistieran con sus mejores galas.

OTRAS SEDES
- Aún en el Anillo Olímpico, el Canal de Aguas Bravas “La Gavia”, en el ensanche de Vallecas, acogería el piragüismo, en su modalidad de aguas bravas. Sería un recorrido de 380 metros en uno de los espacios verdes más grandes de la ciudad.
- En la vecina subsede de Rivas-Vaciamadrid tendrían lugar las pruebas de dos deportes en su nuevo Centro de Béisbol y Sófbol.
- El Centro de Tiro Olímpico de Paracuellos del Jarama sería donde se celebrarían las competiciones de tiro, una de las instalaciones que, de construirse, llegaría a ser de las más modernas para este deporte.
- En Aranjuez se disputarían remo y piragüismo, un excepcional emplazamiento en las aguas del río Tajo.
- Y por último, estarían las subsedes ubicadas fuera de la Comunidad de Madrid: Mallorca para vela, y Málaga, Barcelona, Alicante y Córdoba para los preliminares de fútbol.

Del 3 al 6 de febrero de 2005, el marroquí Nawal el Moutawakel encabezó una comisión que inspeccionó las futuras sedes olímpicas, al igual que hizo en las otras cuatro ciudades candidatas.

Proyecto del Anillo Olímpico para Madrid 2012
Madrid sacaba pecho entonces de tener una gran cantidad de las infraestructuras necesarias ya construidas, de su capacidad hotelera, del legado olímpico, de la cercanía de las sedes entre ellas, y también al centro de la ciudad y al aeropuerto de Madrid-Barajas, del envidiable sistema de transporte público con una parada de metro de la línea 7 junto al Estadio Olímpico… y especialmente, la ciudad sacaba pecho del apoyo ciudadano. Y es que las calles de Madrid se habían contagiado de la ilusión olímpica, y un 86,7% de los españoles apoyaban la candidatura, que contaba ya con más de 20.000 voluntarios. Se convertía así en la ciudad con más apoyo de las cinco presentadas.

El lema oficial “Preparados para ti” hacía alusión al avanzado estado de construcción de la práctica totalidad de los recintos que estaban proyectados, y también a todos aquellos que ya estaban finalizados. Se estimó que en torno al 80% ya estaba realizado.

La Puerta del Sol engalanada con el lema de Madrid 2012,
"Preparados para ti". Miles de farolas, marquesinas...
se adornaron de la misma manera, mostrando que la
ciudad estaba volcada con la candidatura.
La evaluación del comité que visitó Madrid fue envidiable. Con una nota de un 8,3, Madrid se clasificaba como primera de seis categorías. Destacaba en medio ambiente, transporte, proyecto global y legado, instalaciones, Villa Olímpica, infraestructuras y alojamiento.  

El 5 de junio de 2005, Madrid vivió una gran fiesta deportiva. Diferentes destrezas se podían practicar en el Paseo del Prado y el Paseo de Recoletos, donde se paseó la bandera más larga del mundo, como es de suponer con el logo de Madrid 2012 diseñado por Javier Mariscal que evocaba la llama olímpica. También se dieron lugar en el centro de la capital diversas actuaciones musicales, entre ellas de Shakira y Alejandro Sanz, que amenizaron la jornada, la cual finalizó con un espectáculo pirotécnico.

La fecha no era trivial: al día siguiente se elegiría la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos de 2012 en Singapur durante la 117ª sesión del Comité Olímpico Internacional.

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón,
 y la reina de España, Sofía de Grecia, saludando al
entonces presidente del COI, Jacques Rogge, en Singapur
Hasta allí se desplazaron, con la comitiva española, deportistas de primer nivel del país, como Raúl González Blanco, Miguel Indurain o Pau Gasol, así como el ya alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, y la reina de España Sofía de Grecia.

El 6 de junio de 2005 tuvo lugar la votación. Lamentablemente, Madrid quedó eliminada por un solo voto en la tercera ronda, después de que Nueva York y Moscú fueran descartadas.
Se dijo que un error del delegado griego del COI Lambis Nikolau hizo que Madrid quedara eliminada en esta ronda. Se trataba de la más difícil, puesto que la rivalidad entre Londres y París era muy pronunciada, y se presuponía que si Madrid llegaba a la final, era muy probable que ganara, puesto que los votos de la eliminada previamente, ya fuera Londres o París, recaerían en su totalidad en la candidatura madrileña.

China apoyó la candidatura madrileña colocando banderas
con el logo y el lema de Madrid 2012 en la Gran Muralla China
Sea como fuere, Londres se hizo con los JJOO de 2012, y Madrid volvió con las manos vacías tras haber dado el alma en todo el tiempo que duró la candidatura. Sin embargo, la tristeza no duró mucho: exactamente un mes más tarde, el 6 de julio de 2005, Ruiz-Gallardón presentó a Madrid como ciudad aspirante a los Juegos Olímpicos de 2016… Pero esto ya forma parte de otra historia.

En todos los aspectos, una lástima que Madrid no se hiciera con esas Olimpiadas, que podrían haber hecho que la ciudad se situara en el lugar internacional que le corresponde.
¿Y tú? ¿Estabas a favor de la candidatura?

Si quieres ver el vídeo promocional de Madrid 2012, pincha aquí: “Dioses del Olimpo”.

Y si quieres ver el vídeo oficial de la candidatura de Madrid 2012 que se pudo ver en Singapur, pincha aquí: “Madrid, Pasión Olímpica”.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Madrid que SÍ fue VIII. El Madrid de Francisco I de Francia

Uno de los capítulos más fascinantes de la historia de nuestra ciudad fue la estancia del rey de Francia, Francisco I, como preso de Carlos I, pero… ¿cómo era realmente el Madrid que se encontró el monarca francés a su llegada?

La pesadilla española para Francisco I comenzó el 24 de febrero de 1525. Ese día se libró la célebre batalla de Pavía, contienda en la que las tropas germano-españolas de Carlos I se enfrentaban a las francesas para conseguir el ducado de Milán, más conocido como el Milanesado.

Francisco I de Francia
1 de enero de 1515 - 31 de marzo de 1547
Entre 1521 y 1525, habían tenido lugar diferentes batallas relacionadas con esta disputa. Pero fue el 24 de febrero de 1525 cuando las tropas francesas, que habían infravalorado las enemigas, sucumbieron en Pavía, Italia, y su rey fue apresado y enviado a España.

El soldado Juan de Urbieta, que llegó a poner una daga en el cuello del monarca, pasó a la posteridad por este importante hecho.

Desde ese momento, Francisco I comenzó una larga travesía hasta Madrid. 50 galeras le escoltaron por mar, primero hasta Barcelona, y después hasta Valencia. Pero en ningún momento hasta entonces fue considerado como un preso normal. No en vano, se trataba de uno de los monarcas más importantes de la cristiandad.

Las creencias del siglo XVI distaban mucho de las actuales. Un rey no era sólo eso. Era prácticamente considerado como un representante de Dios en la Tierra. Por ello, se dice que se podían contar por centenares las personas que acudieron a estas dos ciudades a ver de cerca a Francisco I con el fin de sanar de diferentes enfermedades, ya que se pensaba que los poderes de los reyes eran ilimitados.

El camino continuó desde Valencia hasta Guadalajara. El monarca tuvo que abandonar su lujoso camarote del barco por unos carruajes no peor ornamentados. Y lo sorprendente es que, a su llegada a la Alcarria, fue recibido en el Palacio de los Duques del Infantado de Guadalajara con juegos de toros y banquetes, un recibimiento propio de un rey, pero algo extraño si se tiene en cuenta que el mismo llegaba preso a España.

Pasó por Alcalá de Henares y por fin llegó a Madrid el 1 de agosto de 1525. Muchas de las leyendas más importantes de la ciudad tienen lugar durante esta estancia.

La Torre de los Lujanes según un grabado de 1843
La tradición popular sitúa el cautiverio de Francisco I en la Torre de los Lujanes, en la actual Plaza de la Villa. Sin embargo esto no está probado, y se cree que, en cualquier caso, no pasaría más de 48 horas en este singular edificio que, a pesar de ello, es aún reconocido por ser la prisión de este rey. Es allí donde se dice que Carlos I ordenó rebajar el dintel de una puerta con el fin de que Francisco I tuviera que inclinar su cabeza antes de salir ante los nobles de Castilla, que le esperaban en el exterior. Sin embargo, parece que Francisco I, consciente de la artimaña, decidió salir de espaldas para no mostrar sumisión ante el enemigo.

Ésta no es más que una de las muchas leyendas que se cuentan de este período, aunque lo que sí está demostrado es que pasó su cautiverio, o al menos la mayor parte de él, en el Real Alcázar. Por ello se cree que su estancia en la Torre de los Lujanes, en caso de haberse producido, sería temporal mientras sus estancias en el Alcázar eran acondicionadas.

Dibujo de J. Cornelius Vermeyen del viejo Alcázar de Madrid.
La imagen corresponde al año 1534,
antes de la gran ampliación por Carlos I en 1537
Sea como fuere, llegó por fin al Real Alcázar de los Austrias, donde años después se levantaría el Palacio Real. Y Carlos I se encontró con un serio problema. No sabía realmente qué hacer con Francisco I. Un rey preso es una figura muy poco habitual, y no se quería pecar de falta de cortesía o de respeto ante el monarca francés, algo que sería visto desde otros países como una grave ofensa contra un rey cristiano y, por tanto, contra toda la cristiandad.

Se decidió que el rey francés tuviera práctica libertad en su estancia en la Corte española. Aunque escoltado, pudo realizar actividades como la caza o acudir asiduamente a misa a Nuestra Señora de Atocha. Ello no impidió que Francisco cayera en una depresión, tratara de escapar de su cautiverio, y llegara a escribir a su madre en una carta: “todo se ha perdido, menos el honor y la vida”.

El Emperador Carlos V con el bastón, por Rubens.
Copia de un retrato de Tiziano.
Por fin, Carlos I se pudo quitar este problema de encima cuando, el 14 de enero de 1526, mediante el Tratado de Madrid, Francisco I renunció a sus derechos sobre el Milanesado, Borgoña, Nápoles, Génova, Tournai, Artois y Flandes, y se comprometió a casarse con la hermana de Carlos I, Leonor, y a enviar a sus dos hijos a España como garantía de que el Tratado sería cumplido.

Francisco I pudo volver así a Francia, no así su espada, cuya permanencia en Madrid también dio lugar a multitud de leyendas:

El estoque de Francisco I, un espadín sin gran valor material, fue tomado por Juan de Urbieta en Pavía y trasladado a Madrid. Se creía que su valor simbólico, sin embargo, era muy alto, ya que se consideraba el símbolo de la justicia y del orden de Francia.

Sesenta años tras esa batalla, en 1585, Felipe II, hijo de Carlos I, descubrió que ese estoque no tenía el valor que se pensaba, ya que existía una espada de oro y esmalte que había pertenecido a Francisco I que sí era el símbolo de la justicia francesa, y no el otro espadín. Esa espada le había sido confiscada también en Pavía por un coronel, y Felipe II se pudo hacer con ella y enviarla igualmente a Madrid.

La espada fue uno de los objetos más relevantes que poseía Madrid por todas estas circunstancias. Sin embargo, en 1808, antes de producirse por completo la invasión francesa en España, se le comentó a Fernando VII que a Napoleón “le sería muy grato poseer la espada que perteneció a Francisco I”.

Espada de Francisco I en el
Museo de la Armería de París, Francia.
Se puede leer: "Fecit potentiam in brachio suo".
 que vendría a decir: "Hizo proezas con su brazo".
El monarca dijo: “¿Qué importa un pedazo de hierro más o menos? Demos gusto a la familia imperial”. Pero Fernando VII, a pesar de sus coqueteos con los soldados franceses, no estaba dispuesto realmente a deshacerse de la valiosa espada. Por ello, dispuso todo para enviar a Francia  “la espada de Francisco I que desde el año 1525 se hallaba en la Real Armería del Arco de Palacio”, refiriéndose así al estoque de combate y no a la espada que consiguió Felipe II.

Una carroza llevó a las tropas francesas este espadín en una bandeja de plata creada para la ocasión. Una burla en toda regla, ya que se trataba de una pobre daga, que desentonaba con la lujosa carroza que la transportaba… o eso se pretendía. Porque en realidad hubo un error y se devolvió la espada verdadera, con lo que las tropas francesas quedaron muy satisfechas. Tras la Guerra de Independencia, cuando se devolvió todo lo expoliado, no se hizo lo propio con esta espada por haber sido un regalo de Fernando VII. Caro obsequio que, por lo que parece, se puede ver hoy en día en el Museo de la Armería de París, y en cambio, en la Real Armería del Palacio Real de Madrid se puede ver una copia de la misma encargada años más tarde por Isabel II.

Pero volvamos al cautiverio de Francisco I. El monarca francés pudo volver a su país tras haber firmado el Tratado de Madrid, el cual anuló en cuanto cruzó las fronteras alegando haberlo firmado bajo coacción.

Hasta ahora, toda esta historia es relativamente conocida en España. Lo que no es tan conocido es lo que ocurrió después. Y es que Francisco I llegó a Francia en 1526, concretamente a su Palacio del Louvre, el actual Museo del Louvre de París, y parece ser que encontró poco confortables sus estancias. Por ello, tan sólo un año más tarde, en 1527, mandó construir un nuevo palacio.

¿Y por qué contamos la historia de este palacio en “El Madrid que SÍ fue”? Porque este palacio estaba estrechamente ligado a su cautiverio en nuestra ciudad.

El castillo de Madrid. Grabado de Jacques Rigaud
El proyecto de la nueva construcción se inspiró en el Real Alcázar de Madrid. Francisco situó su nueva morada junto a un bosque, el Bosque de Boulogne, al igual que el Alcázar estaba junto a la Casa de Campo. Sin embargo, cambió la ciudad de Madrid por la de París.

Para sorpresa de todos, su nuevo palacio fue llamado “Castillo de Madrid”, algo que da muestras de que su cautiverio no fue tan duro como podría esperarse. ¿Quién si no pone como nombre de su nuevo palacio el de su prisión?

Se dice que quizás la denominación no la eligiera él. Y es que, cuando no se encontraba en el Louvre, los cortesanos preguntaban dónde estaba el rey, y entre bromas decían que estaría en Madrid, refiriéndose a su viejo cautiverio. Puede que de tanto repetir que estaba en Madrid, finalmente la construcción fuera conocida como Castillo de Madrid.

El castillo de Madrid hacia 1720
De una manera u otra, lo cierto es que entre los siglos XVII y XVIII el palacio fue abandonado por los Borbones, y en 1792 demolido, con lo que acabó desapareciendo, siguiendo así los pasos del incendio de nuestro apreciado Alcázar, del que no nos queda nada.

La estancia de Francisco I en Madrid fue, como decíamos, uno de los capítulos más apasionantes de nuestra historia. Curaciones de enfermos, festejos para su recepción, reverencias a nobles que se convierten en faltas de respeto, confusión de espadas, castillos en París… un cautiverio que dio lugar para una gran multitud de anécdotas, y sorprendente si tenemos en cuenta que el tiempo en que transcurrieron todos estos eventos no fue muy prolongado.

¿Crees que habría que haberse actuado con más dureza contra Francisco I, o esto habría hecho que los cortesanos le hicieran más complicado su reinado a Carlos I?