sábado, 2 de mayo de 2015

El Madrid que SÍ fue III. El frontón Beti-Jai

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día de la Comunidad de Madrid.

Y como lo prometido es deuda, por ser un día señalado en rojo en el calendario festivo madrileño, hoy traemos el tercer artículo de “El Madrid que SÍ fue”.

En esta ocasión viajamos en el tiempo hasta el siglo XIX. A finales de este siglo estaba en su máximo apogeo el deporte de la pelota vasca en Madrid. Es por lo que se construyeron en nuestra ciudad tres frontones: Jai Alai, Fiesta Alegre y Euskal Jai.

Frontón Beti-Jai. Cancha y gradas
El cuarto (posteriormente se crearon algunos más) se empezó a construir en 1893 con un presupuesto de 500.000 pesetas (poco más de 3.000 euros). El arquitecto Joaquín Rucoba (1844-1919), autor de obras como la Malagueta (la Plaza de Toros de Málaga) o el Ayuntamiento de Bilbao, fue el elegido para llevar a cabo esta tarea.

Se trataría de un frontón situado en uno de los barrios acomodados de Madrid, el de Chamberí, concretamente en el número 7 de la calle Marqués de Riscal, en un lugar no muy lejano a la actual estación de metro de Rubén Darío.

Fue inaugurado en la primavera de 1894 con el nombre de frontón Beti-Jai, que viene del euskera y quiere decir “Siempre fiesta”. Y es que era un templo a la fiesta del deporte en nuestra ciudad, antes de que el fútbol anulara casi por completo cualquier otro tipo de actividad física.

Imagen del frontón Beti-Jai en el año 1900.
A la izquierda se puede apreciar la fachada interior neomudéjar
La arquitectura del hierro, el neomudéjar del interior y el eclecticismo de la fachada principal fueron las señas de identidad de este frontón, el cual tenía una capacidad de 4.000 personas en su graderío.
No en vano, se encuentra en una parcela de 3.600 m2, y la superficie construida alcanza los 10.800 m2.

El graderío rodeaba una cancha de 67 metros de largo, formando un conjunto de planta semi-elíptica.

En 1919 se disputó el último partido del que se tiene constancia. Desde ese momento, el que había sido la meca de la pelota vasca en Madrid, pasó por muy diferentes etapas: fue comisaría durante la Guerra Civil, lugar de ensayo de bandas de música en los primeros años de la dictadura, taller de reparaciones de Citroën... 
Se dice que incluso fue usado como fábrica de aceitunas, almacén de cerveza, filmoteca, y viviendas dispuestas alrededor de la cancha en forma de corrala.
Pelota vasca en 1918 en el frontón Beti-Jai

En 1977 y 1991, el edificio optó a ser catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Desafortunadamente no lo consiguió en ese momento.

Por último, en los años 90 del siglo XX, el malogrado frontón fue abandonado.

En 2006, el edificio se incluyó en la Lista roja de patrimonio en peligro por su avanzado estado de abandono. Vecinos, deportistas como el pelotari Fernando Larumbe y arquitectos se unieron para tratar de salvar este histórico edificio.

En 2011 fue por fin declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid. Además, se encuentra protegido dentro del Conjunto Histórico de la Villa de Madrid.

Frontón Beti-Jai en la actualidad. agenciasinc.es
El arquitecto Antonio Lopera asegura que si este frontón estuviera en otra parte del mundo, sería lugar de peregrinación.
Y es que, a pesar del estado de abandono, aún se conserva toda la estructura original, las cuatro plantas del graderío, las escaleras de madera, las columnas y vigas de hierro forjado (algunas curvadas para dar inclinación a las gradas), los balcones con barandillas, e incluso restos de los frescos primitivos.

Se llegó a hablar con la UNESCO en relación a la posibilidad de declararlo Patrimonio de la Humanidad, lo cual no se descartó, siempre y cuando sea restaurado y recupere su uso original, la pelota.

Fachada neomudéjar del interior del frontón
en la actualidad
En los últimos años se convirtió en edificio okupado, y por otra parte, sus propietarios trataron de convertirlo en hotel. Esto no fue posible, ya que al ser BIC, la Ley de patrimonio lo protege ante posibles especuladores.

Hace tan sólo unos días, a finales de abril de 2015, este singular edificio ha pasado a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid por siete millones de euros. Ante unas inminentes elecciones municipales, es el nuevo equipo de gobierno municipal el que tendrá que decidir qué uso darle a este lugar.

“La Capilla Sixtina de la pelota”, “un exponente único de la arquitectura del hierro y, al mismo tiempo, de la edificación neomudéjar”, “el último frontón del siglo XIX de estas características sin ser reconstruido ni remodelado” son algunas de las alabanzas que ha recibido este frontón.

Incluso existe una plataforma ciudadana, “Salvemos el frontón Beti-Jai de Madrid”, que según su web “lucha por la conservación, rehabilitación y restauración del frontón”.

Esperemos que en un futuro no muy lejano podamos ver por fin recuperado este gran exponente del patrimonio de nuestra ciudad.

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