miércoles, 20 de mayo de 2015

Mercados de Las Tablas y Sanchinarro

Promesas, promesas, promesas...

Los barrios de Las Tablas (distrito de Fuencarral-El Pardo) y Sanchinarro (Hortaleza), son dos de los más recientes de la ciudad de Madrid. De hecho, fue en 1997 cuando se elaboró el Plan General de Ordenación Urbana que daría lugar a ambos barrios, levantados ya a comienzos del siglo XXI. Por este motivo son también de los más modernos de la urbe.

Aunque son barrios completamente integrados en la ciudad, aún hay algún edificio simbólico que ha sido muy recientemente finalizado, como el complejo BBVA de Las Tablas, conocido como “La Vela”.

Para dotar de servicios básicos a estos dos lugares, se planeó la creación de dos mercados municipales, que aunarían la oferta de comercio local en dos modernas infraestructuras.

Proyecto para el Mercado de Las Tablas
Fue en 2006 cuando el consistorio madrileño prometió la construcción del mercado de Sanchinarro y en 2008 el de Las Tablas, vitales para el comercio de los barrios.

Por una parte, el de Las Tablas, que se situaría en la rotonda de la avenida Camino de Santiago, contaría con 7.000 metros cuadrados, 17 puestos de alimentación, 9 locales de servicios, un supermercado, un restaurante con terraza y 100 plazas de garaje.

Por otra parte, el de Sanchinarro se convertiría en uno de los más grandes de todo Madrid: 26.000 metros cuadrados divididos en seis pisos, 52 locales de alimentación, un supermercado, dos restaurantes, un gimnasio y un aparcamiento para 400 vehículos.

Se convocó para este mercado un Concurso Internacional de Ideas, que ganó en 2008 el proyecto presentado por “Mute Arquitectura” bajo el nombre de “Metamorfosis”. En este espacio se trataría de mostrar una crisálida arquitectónica, un edificio que simulara el paso trascendental de gusano a mariposa. Sería una “caja” que se relacionara fácilmente con el entorno y el peatón.

Proyecto para el Mercado de Sanchinarro
En 2010 el Ayuntamiento afirmó que el elevado coste de la creación de estos espacios hacía imposible su construcción.

Sorprendentemente, tan sólo un año después, en 2011 y ante las nuevas elecciones municipales, misma promesa e idéntico resultado: el Partido Popular se volvió a hacer con el poder tras incluir en su programa electoral la construcción de estos dos nuevos mercados, además de nuevos espacios públicos en la misma zona: dos polideportivos (Las Tablas y Montecarmelo), mejora de dos campos de fútbol (Las Tablas y Tres Olivos), un nuevo campo de fútbol cubierto (Montecarmelo) y un gran eje para bicicletas que uniera los barrios con el Anillo Verde Ciclista. Ninguna de estas promesas fue llevada a cabo.

Fue entre 2011 y 2012 cuando se promovió la creación de los mercados de Las Tablas y Sanchinarro con más vehemencia: en 2012 se presentó el Plan Estratégico de Modernización de la Red de Mercados 2012-2015. En este plan se anunciaba la actuación en una docena de mercados de la capital. Según cita textual, se trataba de incrementar “la calidad de la oferta y de los servicios que ofrecen los mercados municipales”.
Proyecto para el Mercado de Sanchinarro. Interior

Sin embargo, en mayo de 2015 y con el plazo ya cumplido, sólo se ha intervenido en cuatro de estos mercados, olvidando la remodelación de los de La Cebada (distrito Centro, y del que hablaremos en otro artículo de nuestro blog próximamente), Mostenses (Centro), Orcasur (Usera), Villaverde Alto, Prosperidad (Chamartín), Bami (Ciudad Lineal), y tampoco se ha comenzado la construcción de los que nos ocupa el post de hoy, Las Tablas y Sanchinarro.

El más modesto de ellos habría costado 7,6 millones de euros, y el otro 25,9 millones.

Habrá que esperar a nuevos tiempos para poder ver la construcción y adecuación de estos lugares, tan relevantes para el pequeño comercio, y tan en peligro de desaparición en estos años en que los nuevos centros comerciales aparecen por doquier.

viernes, 15 de mayo de 2015

El Madrid que SÍ fue IV. El Hipódromo de la Castellana

El fútbol es hoy en día el deporte nacional por excelencia. Parece que en ocasiones incluso se olvida que existen muchos más deportes que el balompié, pero esto es algo relativamente reciente. Hace poco hablamos en este blog de la época de máximo auge de la pelota vasca, y hoy le toca el turno a las carreras de caballos.

El Madrid de finales del XIX y principios del XX se daba
cita en el Hipódromo de la Castellana. Al fondo se aprecia
el antiguo Palacio de la Industria y de las Artes,
actual Museo Nacional de Ciencias Naturales
La historia que hoy traemos comienza con una de las bodas reales más populares de España: la acaecida entre Alfonso XII y María de las Mercedes el 31 de enero de 1878.

Tenemos que tratar de evocar un Madrid aristocrático, elegante, que acaba de presenciar la Restauración borbónica en 1874 con la figura de Alfonso XII tras la I República Española.

En ese momento, las carreras de caballos no sólo eran un deporte. Eran un acontecimiento para “ver y ser visto”, es decir, para relacionarse con la sociedad de la época, para lucir las mejores galas, comentar todo lo que ocurría en la metrópoli... en definitiva, el espectáculo de moda.

Es con motivo de los esponsales del monarca que se inaugura el Hipódromo de la Castellana, en los Altos de la Castellana, el mismo lugar que hoy ocupa el edificio de los Nuevos Ministerios, espacio situado a finales del siglo XIX a las afueras de esa gran ciudad que es Madrid.

El ingeniero Francisco Boguerín fue el encargado de llevar a cabo tan ambicioso proyecto, ideado por el ministro de Fomento, el conde de Toreno.

Hipódromo de la Castellana desde el aire
El día de su inauguración, 60.000 personas acudieron a ver las carreras, y ya en previsión del éxito de este nuevo espacio, se había prolongado la línea de tranvía que pasaba por el Paseo de la Castellana, comenzando así en el Parque de la Bombilla y recorriendo medio Madrid para finalizar en el nuevo hipódromo. De hecho, en los días de carreras, se estableció un servicio de tranvías cada 5 minutos.

Las cifras del recinto eran 1.407 metros de recorrido, con dos rectas de 450 metros cada una, que hacían las delicias de aficionados y curiosos.

No fue el primer hipódromo de la capital. Anteriormente habían existido otros varios improvisados, como el del Parador de la Luna o el del Ventorrillo de la Sorda, y otros más estables como el utilizado para uso privado por los reyes en el Parque del Retiro, el de la Casa de Campo, construido en 1842, o el Hipódromo del Paseo del Huevo, junto a la Puerta de Santa Bárbara (actual calle Almagro, junto a Alonso Martínez), en 1846, y que cerró sus puertas en 1848.

Sin embargo, éste de los Altos de la Castellana sí logró asentarse y alcanzar gran fama entre los lugares más frecuentados de la urbe.

Su gran tamaño hacía que se dividiera en partes, e incluso el público en estatus de la sociedad.
Por una parte estaban las tribunas laterales, gradas con cinco filas de asientos y un pasillo en el que había puestos con comida y bebida.

Tribuna central del Hipódromo de la Castellana

Por otra parte, tras esas tribunas, el denominado “tendido de los sastres”, pequeñas gradas situadas en los cerros que rodeaban el hipódromo, que se atestaban de aficionados porque no era necesario pagar por situarse allí.

Y en el lugar más importante y más cercano a las carreras, en un recinto aislado, se situaba la tribuna central, con vestíbulos, comedor y tocador, destinado a la familia real, aristocracia y alta burguesía.



En 1907 se comenzó a celebrar allí el Concurso de Saltos de Obstáculos Internacional de Madrid.

Demostración aérea en 1911 con final trágico
Es tan importante este espacio para comprender la historia de Madrid de finales del XIX y principios del XX, que hay que recordar que en un momento determinado empezó a albergar otros eventos de diversa índole: partidos de polo, una demostración aérea en 1911 (en la que una mujer murió al estrellarse una avioneta contra el gentío), e incluso la primera Copa del Rey de fútbol en 1903, organizada por Carlos Padrós, que un año antes había fundado el Real Madrid Club de Fútbol (hasta las fiestas de San Isidro de 1924 no se inauguró el vecino Estadio de Chamartín, hoy Santiago Bernabéu).

En 1933, Madrid ha crecido vertiginosamente, y el hipódromo ya no se sitúa a las afueras, como en el momento de su construcción. La ciudad sigue creciendo y ya tiene más de 1 millón de habitantes, con lo que se elaboran nuevos planes para la capital.

El ministro de Obras Públicas de la II República, Indalecio Prieto, es quien decide la construcción de un nuevo edificio que agrupará todos los ministerios repartidos por la ciudad: el edificio de los Nuevos Ministerios.

Carrera de caballos en la Castellana, con tribuna central al fondo
Este nuevo icono se situará en el lugar que se encontraba el Hipódromo de la Castellana, con lo que en 1933 se derriba para dar paso a la nueva construcción, proyectada por el arquitecto Secundino Zuazo.

En 1941 se inaugura el nuevo hipódromo de Madrid, el Hipódromo de la Zarzuela, en las inmediaciones de El Pardo, cuyas tribunas están declaradas actualmente Monumento Histórico Artístico, y que a pesar de unos años de cierre, hoy en día continúa ofreciendo carreras de caballos a los aficionados de este deporte.

¿Crees que hubiera sido positivo para Madrid no derribar el antiguo Hipódromo de la Castellana, o sería inviable su existencia en los tiempos que corren?

miércoles, 6 de mayo de 2015

Línea 14 de Metro

Metro de Madrid es toda una institución en nuestra ciudad. Desde 1919, cuando fue inaugurada por el monarca Alfonso XIII, no ha dejado de crecer, especialmente en los últimos años.
324 kilómetros de vías, 326 estaciones y 13 líneas de metro (incluyendo el ramal Ópera-Príncipe Pío) además de otras 3 de metro ligero son sus cifras. Pero... ¿sabías que se llegó a proyectar la línea 14 de metro?

Recorrido de la proyectada
línea 14 de Metro
Tras la apertura de Metrosur en 2003, que conectaba la red metropolitana con las ciudades de Alcorcón, Móstoles, Leganés, Getafe y Fuenlabrada, se elaboró el Plan 2003-2007, que pretendía la incorporación de nuevos municipios: Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, San Fernando de Henares, Coslada, Pozuelo de Alarcón y Boadilla del Monte.

Esta ampliación se llevó a cabo, y actualmente todos estos lugares cuentan con acceso a la red suburbana, estando comunicados con la capital.

Sin embargo, en la inauguración de algunas de ellas ocurrió algo extraño: varias estaciones que estaban siendo abiertas por primera vez en el norte de la línea 10 de metro, aparecían en los nuevos carteles informativos como nuevas estaciones de la inexistente línea 14, con un color azul aguamarina.

Ya antes se había especulado con la posibilidad de desdoblar la línea 10 de metro en el norte, creando las 10a y 10b.
Sin embargo, con este desliz, quedaba más que patente que la creación de la línea 14 estaba proyectada.

Pronto se modificaron los carteles (actualmente todas esas estaciones son parte de la 10). Sin embargo, el plan salió a la luz.

Se trataba de “quitarle” estaciones a la línea 10 a partir de Chamartín hacia el norte. Es allí donde comenzaría la nueva línea 14, pasando por Begoña, Fuencarral, Tres Olivos, Montecarmelo, una nueva parada llamada “Puerta del Norte”, Las Tablas, Ronda de la Comunicación, La Granja, La Moraleja, Marqués de la Valdavia, Manuel de Falla, Baunatal, Reyes Católicos y Hospital Infanta Sofía, es decir, casi exactamente un tramo completo de la actual línea 10.

Ésta, por su parte, continuaría su recorrido desde Chamartín hasta la proyectada “Operación Chamartín”, teniendo allí una parada, para finalizar en Puerta del Norte, con  conexión de nuevo con la 14.

A la izquierda, MetroNorte en la actualidad, mayo de 2015.
A la derecha, proyecto de Metronorte de haberse llevado  a cabo la creación de la línea 14

El número de la línea fue muy comentado en varios foros. Y es que, aunque bien es cierto que contando el Ramal Ópera-Príncipe Pío son 13 las existentes en la red madrileña, nunca se ha denominado a la misma como “línea 13”. Con lo que es más que probable que se saltara al número 14 simplemente por motivos de superstición.

Como decimos, tanto el número como el color fueron mostrados por error, pero aún hoy es posible adivinar la preparación de esta ampliación, puesto que al remodelar la parada de metro de Chamartín se crearon dos nuevos andenes, hoy aún sin uso, pero completamente equipados y con modernos accesos.

La mayor ventaja sería que tanto los vecinos de Alcobendas como los de San Sebastián de los Reyes podrían llegar a Chamartín sin necesidad de hacer trasbordo. Actualmente la línea 10, a pesar de cubrir estos municipios, requiere de un cambio de tren en Las Tablas para continuar con el recorrido.

Sea como fuere, el tiempo pasó y el proyecto no se llevó a cabo, presumiblemente por motivos económicos.
La línea 10 Puerta del Sur-Puerta del Norte y la 14 Chamartín-Hospital Infanta Sofía tendrán que esperar otros tiempos para ver su trayecto completado, aunque es más que probable que nunca se llegue a efectuar como estaba planeado... ¿o sí?

sábado, 2 de mayo de 2015

El Madrid que SÍ fue III. El frontón Beti-Jai

Hoy, 2 de mayo, se celebra el Día de la Comunidad de Madrid.

Y como lo prometido es deuda, por ser un día señalado en rojo en el calendario festivo madrileño, hoy traemos el tercer artículo de “El Madrid que SÍ fue”.

En esta ocasión viajamos en el tiempo hasta el siglo XIX. A finales de este siglo estaba en su máximo apogeo el deporte de la pelota vasca en Madrid. Es por lo que se construyeron en nuestra ciudad tres frontones: Jai Alai, Fiesta Alegre y Euskal Jai.

Frontón Beti-Jai. Cancha y gradas
El cuarto (posteriormente se crearon algunos más) se empezó a construir en 1893 con un presupuesto de 500.000 pesetas (poco más de 3.000 euros). El arquitecto Joaquín Rucoba (1844-1919), autor de obras como la Malagueta (la Plaza de Toros de Málaga) o el Ayuntamiento de Bilbao, fue el elegido para llevar a cabo esta tarea.

Se trataría de un frontón situado en uno de los barrios acomodados de Madrid, el de Chamberí, concretamente en el número 7 de la calle Marqués de Riscal, en un lugar no muy lejano a la actual estación de metro de Rubén Darío.

Fue inaugurado en la primavera de 1894 con el nombre de frontón Beti-Jai, que viene del euskera y quiere decir “Siempre fiesta”. Y es que era un templo a la fiesta del deporte en nuestra ciudad, antes de que el fútbol anulara casi por completo cualquier otro tipo de actividad física.

Imagen del frontón Beti-Jai en el año 1900.
A la izquierda se puede apreciar la fachada interior neomudéjar
La arquitectura del hierro, el neomudéjar del interior y el eclecticismo de la fachada principal fueron las señas de identidad de este frontón, el cual tenía una capacidad de 4.000 personas en su graderío.
No en vano, se encuentra en una parcela de 3.600 m2, y la superficie construida alcanza los 10.800 m2.

El graderío rodeaba una cancha de 67 metros de largo, formando un conjunto de planta semi-elíptica.

En 1919 se disputó el último partido del que se tiene constancia. Desde ese momento, el que había sido la meca de la pelota vasca en Madrid, pasó por muy diferentes etapas: fue comisaría durante la Guerra Civil, lugar de ensayo de bandas de música en los primeros años de la dictadura, taller de reparaciones de Citroën... 
Se dice que incluso fue usado como fábrica de aceitunas, almacén de cerveza, filmoteca, y viviendas dispuestas alrededor de la cancha en forma de corrala.
Pelota vasca en 1918 en el frontón Beti-Jai

En 1977 y 1991, el edificio optó a ser catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Desafortunadamente no lo consiguió en ese momento.

Por último, en los años 90 del siglo XX, el malogrado frontón fue abandonado.

En 2006, el edificio se incluyó en la Lista roja de patrimonio en peligro por su avanzado estado de abandono. Vecinos, deportistas como el pelotari Fernando Larumbe y arquitectos se unieron para tratar de salvar este histórico edificio.

En 2011 fue por fin declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid. Además, se encuentra protegido dentro del Conjunto Histórico de la Villa de Madrid.

Frontón Beti-Jai en la actualidad. agenciasinc.es
El arquitecto Antonio Lopera asegura que si este frontón estuviera en otra parte del mundo, sería lugar de peregrinación.
Y es que, a pesar del estado de abandono, aún se conserva toda la estructura original, las cuatro plantas del graderío, las escaleras de madera, las columnas y vigas de hierro forjado (algunas curvadas para dar inclinación a las gradas), los balcones con barandillas, e incluso restos de los frescos primitivos.

Se llegó a hablar con la UNESCO en relación a la posibilidad de declararlo Patrimonio de la Humanidad, lo cual no se descartó, siempre y cuando sea restaurado y recupere su uso original, la pelota.

Fachada neomudéjar del interior del frontón
en la actualidad
En los últimos años se convirtió en edificio okupado, y por otra parte, sus propietarios trataron de convertirlo en hotel. Esto no fue posible, ya que al ser BIC, la Ley de patrimonio lo protege ante posibles especuladores.

Hace tan sólo unos días, a finales de abril de 2015, este singular edificio ha pasado a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid por siete millones de euros. Ante unas inminentes elecciones municipales, es el nuevo equipo de gobierno municipal el que tendrá que decidir qué uso darle a este lugar.

“La Capilla Sixtina de la pelota”, “un exponente único de la arquitectura del hierro y, al mismo tiempo, de la edificación neomudéjar”, “el último frontón del siglo XIX de estas características sin ser reconstruido ni remodelado” son algunas de las alabanzas que ha recibido este frontón.

Incluso existe una plataforma ciudadana, “Salvemos el frontón Beti-Jai de Madrid”, que según su web “lucha por la conservación, rehabilitación y restauración del frontón”.

Esperemos que en un futuro no muy lejano podamos ver por fin recuperado este gran exponente del patrimonio de nuestra ciudad.

miércoles, 29 de abril de 2015

El Palacio Real de Filippo Juvara

Madrid, tal y como hoy lo conocemos, es una ciudad abierta y cosmopolita, con una superficie de más de 600 km2 y una población de más de 3 millones de habitantes.
Nada que ver con la primitiva fortaleza musulmana o al-mudayna que, desde la segunda mitad del siglo IX defendía los territorios árabes del sur de España.

La misma, de 7 hectáreas, (ubicada en los terrenos donde hoy se encuentra la catedral de la Almudena, la plaza de la Armería y el Palacio Real), junto con las 3 hectáreas que ocupaba la medina (los barrios de la ciudad), constituían el primer Mayrit”, el germen de la ciudad de Madrid.

Primitivo Alcázar de Madrid. www.artehistoria.com
Aquella fortaleza defensiva fue progresivamente mejorada y usada por los reyes castellanos para celebrar las Cortes del Reino. Más tarde se utilizó como residencia ocasional de la dinastía de los Trastámara. Pero fue especialmente ampliada a partir de 1561, cuando Felipe II decidió establecer en Madrid la capital del imperio español.
Un alcázar muy ligado a los Austrias, y que fue residencia de la Familia Real española.

En el año 1700 muere sin descendencia Carlos II, el último de los reyes Austrias, y finalmente es Felipe V, de la dinastía de los Borbones, quien continuará reinando en nuestro país.

Felipe V había nacido en Versalles, y sus gustos eran diferentes a los de la antigua dinastía de los Austrias. Es sabido que al llegar a Madrid no encontró la ciudad que deseaba, y que el alcázar le pareció tan lúgubre como austero.
No estaba acostumbrado el monarca a estos edificios, y la antipatía hacia este lugar era más acusado debido a lo que representaba: el símbolo del poder de la anterior dinastía, los Austrias.

Alcázar de Madrid pocos años antes de ser destruido
Durante la Nochebuena de 1734 la historia de Madrid cambió para siempre. Fue posiblemente en los aposentos del pintor de Corte Jean Ranc donde comenzara el incendio que destruiría el Real Alcázar de Madrid por completo. Las campanadas de medianoche del vecino convento de San Gil (donde hoy se sitúa el Café de Oriente), que trataban de advertir del fuego, hicieron creer a los madrileños que se estaba llamando a misa (ya que al ser Nochebuena, era frecuente acudir a la Misa del Gallo).

Lienzos como “Las Meninas” de Velázquez pudieron ser salvados siendo arrojados por las ventanas del alcázar, pero se cree que más de 500 pinturas se perdieron por el fuego.

Retrato de Filippo Juvara
Tras el misterioso incendio, Felipe V tuvo la oportunidad de construir un nuevo palacio que fuera un emblema del poder de la dinastía de los Borbones y que mostrara el lujo y esplendor a los que tan acostumbrado estaba.

Filippo Juvara (1678 – 1736), conocido arquitecto italiano que había desarrollado gran parte de su trabajo en Turín, fue el elegido para levantar este nuevo Palacio Real.

Poco después del incendio, en abril de 1734, Juvara se traslada a Madrid, y en poco tiempo tiene preparado su proyecto para la nueva residencia de la familia real española: un conjunto palaciego que, con diversas plazas y jardines, harían de este edificio el más soberbio y ambicioso de toda la historia de la ciudad de Madrid.

Se trataría de un edificio barroco con cuatro grandes patios, siguiendo así la forma habitual en Italia. Y es que se pretendía que el edificio tuviera trazas tanto italianas como francesas.
Un lado entero del patio mayor estaría dominado por las escaleras principales, y entre los dos patios más importantes se situaría la biblioteca y la capilla.

Lo primero que llamaba la atención eran las grandes dimensiones del palacio. De haberse construido en el lugar en el que se situaba el Real Alcázar, una de las plazas del palacio estaría emplazada en la calle Mayor, y los jardines llegarían a toda la zona de Príncipe Pío.

Proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real de Madrid
Es por ello que esta residencia no se ubicaría en este histórico lugar. Se debería buscar una gran zona llana en la que poder desarrollar este ambicioso proyecto, y en el que los parterres pudieran ser admirados en todo su esplendor.
Nunca se supo la zona exacta en la que se habría ubicado este palacio, aunque se barajan lugares como el actual barrio de Argüelles.

El arquitecto diseñó una maqueta en madera que servía para ilustrar su importante proyecto, aunque con el paso de los años se perdió, y no se sabe si se destruyó o se halla en paradero desconocido.

Otro de las características del nuevo monumento serían sus materiales de construcción: se trataría de evitar la madera para que el flamante palacio no fuera devorado de nuevo por las llamas, y se construiría enteramente en piedra y ladrillo.

Sección del proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real
de Madrid. Archivo General de Palacio, Madrid.
Lo cierto es que el proyecto de Juvara no era uno más. Estaba destinado a ser el proyecto cumbre de la dinastía Borbón, el que mostrara que España había cambiado, y que se dejaba atrás una época para recibir otra más monumental.

En enero de 1736, antes de comenzar a construir el nuevo palacio, Filippo Juvara muere repentinamente. La elegancia de los alzados diseñados por el arquitecto, la armonía de la disposición, y fundamentalmente, la grandiosidad del proyecto, quedan entonces en el aire, a la espera de la construcción del ansiado palacio.

En 1737 llega a Madrid el arquitecto Giovanni Battista Sachetti, antiguo discípulo de Filippo Juvara en Turín.
Estaba acostumbrado en aquella ciudad a llevar a cabo los diseños creados por su maestro. Sin embargo, a su llegada a Madrid se le hace un encargo diferente: tiene que adaptar el gran palacio diseñado por su mentor al lugar en el que se ubicaba el antiguo alcázar.

El propio Juvara había dicho que, al tratarse de un terreno irregular y más estrecho, incluso el mejor de los artistas vería su obra empequeñecida en ese lugar.

Fachada a los jardines del Palacio Real de Madrid.  Proyecto
de Filippo Juvara. Archivo General de Palacio, Madrid.
En ese mismo 1737 Sachetti tiene preparado su proyecto, y en 1738 comienza la construcción, que no finalizará hasta 1764, bajo el reinado de Carlos III, siendo concluido por Francesco Sabatini y con participación de arquitectos españoles de renombre como Ventura Rodríguez, pero esto ya forma parte del Madrid que sí fue.

Es posible que el prestigio de Juvara hubiera ayudado a convencer a Felipe V para hacer el nuevo palacio en un lugar diferente y en unas proporciones que habrían hecho de esta construcción una de las más importantes y soberbias de la Europa del siglo XVIII. Sin embargo, hoy podemos suponer cómo habría sido este monumento gracias a los planos del arquitecto, y así imaginar cómo habría cambiado nuestra ciudad de haberse construido.

El Palacio Real existente es, indiscutiblemente, uno de los palacios reales más característicos e imponentes de toda Europa.

¿Crees que habría sido más acertada la construcción proyectada por Filippo Juvara?

Fachada principal del proyecto de Filippo Juvara para el Palacio Real de Madrid

miércoles, 22 de abril de 2015

Proyectos para la cruz del Valle de los Caídos

Hoy comenzamos el post trasladándonos a 1941. Hace tan sólo dos años que ha finalizado la Guerra Civil española (1936-1939) y el país pasa por uno de sus peores momentos.

1. Proyecto de Francisco de Asís Cabrero
En 1940 comienzan las obras de construcción de la basílica del Valle de los Caídos en Cuelgamuros, al noroeste de Madrid, en la Sierra de Guadarrama. 
Dicha basílica, situada en un túnel bajo una montaña, está diseñada por el arquitecto Pedro Muguruza.

Sobre ella se decide construir una gran cruz que se convierta en un monumento de exaltación nacional, al igual que pretendía el “Sueño arquitectónico” de Luis Moya Blanco, del cual hablamos hace unas semanas.

Por este motivo, ya iniciadas las obras de la basílica, se convoca entre 1941 y 1942 un Concurso Nacional de anteproyectos, para el que harán de jurado arquitectos como Pascual Bravo, Luis Gutiérrez Soto o Francisco Iñiguez, y estará presidido por el Ministerio de la Gobernación, Blas Pérez González.

Se trataba del primer gran concurso de arquitectura convocado tras la Guerra Civil, por lo que causó mucha expectación.


2. Proyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas
Al mismo se presentaron 21 proyectos de arquitectos reputados en el país. 
Francisco de Asís Cabrero, que más tarde construiría edificios como la Casa Sindical de Madrid (actual Ministerio de Sanidad) o la Escuela Nacional de Hostelería, en la Casa de Campo, presentó también un proyecto (imagen 1), aunque no fue aceptado por no haber obtenido aún el título de arquitecto. De hecho lo consiguió en 1942, tras haber tenido que detener sus estudios durante la guerra.

Sin embargo, el de Asís Cabrero es uno de los diseños más arriesgados. Y es que lo presentó tras un viaje a Italia, con lo cual se ve influenciado por la arquitectura racionalista del país mediterráneo. Su apuesta por una cruz cubierta por niveles de arcadas es rechazada y no se admite a concurso.

A principios de 1943 se produce el fallo del jurado, y el primer premio se otorga a Luis Moya (que ya había diseñado el Sueño arquitectónico para una exaltación nacional), Enrique Huidobro y Manuel Thomas gracias a una cruz con aspecto de relicario, protegida por dos cruces más pequeñas, una a cada lado de la principal (imagen 2).

3. Primer proyecto de Pedro Muguruza
para el Valle de los Caídos
Se decide que aunque el proyecto de Luis Moya fuera el ganador, no sería el que se construiría. Y es que ninguno de los 21 se consideró adecuado, con lo que se encarga a Pedro Muguruza el diseño de la cruz monumental.

Pedro Muguruza, el arquitecto que había diseñado la basílica del Valle, ya era bien conocido en el país. Además de ser Director General de Arquitectura, había sido el encargado de diseñar el monumento a Miguel de Cervantes en la madrileña Plaza de España, el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe), y otras obras del centro de la capital, como el edificio Coliseum o el Palacio de la Prensa.

El arquitecto presenta varios diseños para la Cruz, que no parecía encontrar su aspecto definitivo. Varios de ellos son rechazados, e incluso Franciso Franco llega a crear un boceto con la imagen de la cruz para mostrar cómo deseaba que fuera el monumento (imagen 4).
4. (izquierda). Boceto de Francisco Franco
5. (derecha). Proyecto de Pedro Muguruza
Fuente: ABC

Tras ese boceto, Muguruza crea un nuevo diseño (imagen 5) que comienza a construir, pero en 1949 cae enfermo y tiene que abandonar todas sus ocupaciones, con lo cual la obra vuelve a quedar en el aire.

Se convoca otro concurso que gana Diego Méndez, alumno de Muguruza, y crea un nuevo diseño, que será el definitivo y el que hoy conocemos.
Méndez, el segundo arquitecto director de la obra, realiza también algunas modificaciones en el túnel de la basílica, así como en la abadía de la Orden de San Benito.

Las obras finalizan en 1958 con la inauguración de la basílica y la cruz más grandes de la cristiandad (260 metros de longitud y 150 metros de altura, respectivamente). 
Finalmente, la cruz, construida en granito, se levanta sobre las estatuas de los cuatro evangelistas y sus cuatro tetramorfos, en un conjunto al que se puede acceder en funicular y situado sobre la abadía benedictina, pero esto ya forma parte del Madrid que sí fue.

6. Aspecto actual del Valle de los Caídos
Años después de su finalización, Diego Méndez fue nombrado Consejero de Arquitectura de Patrimonio Nacional y dirigió la reconstrucción de varios de los monumentos de la institución, como el Palacio de la Moncloa, el de la Zarzuela, el Palacio Real de Aranjuez, el Monasterio de El Escorial o el Monasterio de las Descalzas.


Tratando de evitar todo debate político acerca de la construcción de este monumento y centrándonos exclusivamente en su diseño arquitectónico...
                    ¿crees que el construido fue acertado, o había proyectos mejores?

miércoles, 8 de abril de 2015

Pirámide a las víctimas del Dos de Mayo

Hace tan sólo unas pocas semanas hablábamos en este mismo blog del “Sueño arquitectónico para una exaltación nacional”, un monumento con una pirámide incluida que se quería construir en el lugar en que se ubicó posteriormente el Estadio de Vallehermoso. Sin embargo, no se trataba del primer proyecto para una pirámide que se pensó para Madrid.

Carlos IV y Fernando VII, ambos pintados por Goya
En 1807 se firma el Tratado de Fontainebleau, en el cual España permite a las tropas francesas de Napoleón el paso por territorio nacional para conquistar Portugal, que era a su vez aliado de Inglaterra. Pero Napoleón lo que buscaba en realidad era una conquista de la península.

En marzo de 1808 se produce el Motín de Aranjuez, tras el cual el rey Carlos IV se ve obligado a abdicar en su hijo, el que será Fernando VII. El nuevo rey no ve reconocido su poder por Napoleón, personaje clave del momento, con lo cual acaba viajando a Bayona para reunirse con él y que le reconozca como nuevo rey de España. Carlos IV, por su parte, también necesita de Napoleón, teóricamente del bando amigo, para ver restituido su poder arrebatado.

“La lucha con los mamelucos”, Goya
El 2 de mayo de 1808, cuando ya por toda la península la presencia francesa era muy fuerte, unos soldados galos se llevan del Palacio Real de Madrid al infante Francisco de Paula, último de los miembros de la corte española que se encontraba en la capital. Al grito de “¡Que nos los llevan!” una muchedumbre asalta el Palacio, comprendiendo que Francia estaba conquistando a España.

Toda la ciudad se levanta en armas y lucha mano a mano con las tropas francesas. La Puerta del Sol se convierte en un escenario sangriento donde los soldados mamelucos, a las órdenes del poder francés, cargan contra los madrileños que tratan a duras penas de pelear contra ellos, como recoge el gran pintor Francisco de Goya en su obra “El 2 de mayo de 1808 en Madrid”, también conocido como “La lucha con los mamelucos”.

La Plaza de la Villa, el Pretil de los Consejos, la Cava de San Miguel... todo Madrid se subleva contra los franceses, mientras los militares españoles, siguiendo órdenes, se mantienen acuartelados y sin intervenir. Sólo los soldados del Parque de Artillería de Monteleón se unen al levantamiento. Los capitanes Luis Daoiz y Torres y Pedro Velarde Santillán se convierten en héroes al morir luchando contra las tropas enviadas por Murat.

Otros personajes como el militar Jacinto Ruiz, la bordadora Manuela Malasaña, e incluso Clara del Rey son otros madrileños que pasaron a la historia de la ciudad como héroes del Dos de Mayo.

“Los fusilamientos”, Goya
Cuando la insurrección se apaciguó, la represión fue cruel: 32 personas fueron fusiladas en el Salón del Prado, y otras 11 en la Puerta de Alcalá, plaza de Cibeles, Paseo de Recoletos, y junto a la Iglesia del Buen Suceso.

El 3 de mayo otras 24 personas fueron fusiladas en la montaña del Príncipe Pío (escena que también inmortalizó Francisco de Goya en “El 3 de mayo en Madrid” o “Los fusilamientos”), y 12 más en los jardines del Palacio del Buen Retiro.

Cientos de personas murieron durante esos dos días, en lo que se considera el comienzo de la Guerra de Independencia Española. Y es que ese mismo 2 de mayo, en vista de todo lo acaecido, los alcaldes de la Villa de Móstoles Andrés Torrejón y Simón Hernández firmaron un bando en que se animaba a los españoles a luchar contra el ejército invasor, bando que consiguió que España no permitiera la anexión pacífica soñada por Napoleón.

El 5 de mayo se producen las abdicaciones de Bayona, por las cuales tanto Carlos IV como Fernando VII, retenidos en Bayona, son obligados a renunciar a su derecho al trono español, y Napoleón nombra a su hermano José Bonaparte rey de España como José I, reinado que dura hasta 1813. En 1814 finaliza la Guerra de la Independencia con la victoria de los españoles y el retorno de Fernando VII.

Pasado el tiempo, en 1821, se decide construir un monumento en la ciudad dedicado a las víctimas del Dos de Mayo.

Alzado principal de la pirámide a las víctimas del 2 de Mayo
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Isidro González Velázquez (1765-1840), arquitecto que había estudiado en la Academia de San Fernando, es uno de los personajes más relevantes para la historia de Madrid. No en vano, participó en proyectos de tal envergadura como el Real Canal del Manzanares, del que hablamos en un post pasado, o la Casa del Labrador de Aranjuez. 
Cabe destacar que fue discípulo de Juan de Villanueva.

Es a González Velázquez a quien se encarga la tarea de diseñar un monumento que sirva de homenaje a los muertos en las sublevaciones, y el lugar escogido para su ubicación es el que se denominó como Campo de la Lealtad, junto al Salón del Prado, donde habían sido fusilados algunos de los madrileños amotinados. 

Perfil de la pirámide a las víctimas del 2 de Mayo
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El arquitecto propone un edificio conmemorativo en forma de pirámide con una portada de acceso. La misma, flanqueada por dos columnas, estaría coronada por un conjunto escultórico.
También habría capillas en cada lateral de estilo neoclásico
El monumento en su totalidad estaría adornado con estatuas varias, situándose entre ellas unas réplicas de los cañones que se usaron en el Cuartel de Monteleón.
En los diferentes extremos de la pirámide, cuatro obeliscos cerrarían tan flamante conjunto.

El motivo no podía ser más adecuado, ya que se trataba de evocar un monumento funerario. Y es que en su interior se colocarían las cenizas de algunos de los madrileños caídos el 2 de mayo. Por tanto, nada mejor que una pirámide que, a modo de sepulcro, acogiera los restos de estos héroes madrileños.

Monumento a los Caídos por España
Finalmente el arquitecto no presentó éste, sino otro proyecto en el que desaparece la pirámide, y el protagonismo se lo da a un obelisco, que se dividiría en tres cuerpos, presidiendo el inferior unas urnas sepulcrales, en las cuales se guardarían las cenizas anteriormente mencionadas, entre las que se encuentran las de Daoiz y Velarde.

El 2 de mayo de 1840 se inauguró finalmente este obelisco, que hoy en día se puede contemplar junto al Paseo del Prado, en la plaza de la Lealtad.

En 1985, el rey Juan Carlos I reinauguró el monumento tras una restauración, en la cual se pasa a denominar “Monumento a los Caídos por España”, convirtiéndose así en una tumba al soldado desconocido. Además, se incorporó una llama de gas que no se apaga nunca, recordando que estas almas siempre están presentes en el espíritu de la ciudad.

¿Conocías el proyecto de la pirámide? ¿Te resulta más atractivo que el obelisco construido finalmente?

*Fuente: "Catálogo de dibujos y proyectos de Isidro Velázquez". Isidro Velázquez 1765 - 1840. Arquitecto del Madrid Fernandino. Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2009.