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miércoles, 6 de julio de 2016

El monumento a Cervantes de la Plaza de España

Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, el de Cervantes de la Plaza de España, pero, ¿sabías que el proyecto elegido fue otro, y que en principio se iba a construir en un lugar diferente?

Detalle de Coullaut Valera para el monumento a
Cervantes. La Ilustración Española y Americana,
año LX, nº16, 30 de abril de 1916, pág 245.
madridciudadaniaypatrimonio.org
2016 está siendo un año repleto de homenajes a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), debido al IV centenario de su muerte. El dramaturgo, poeta y novelista alcalaíno pasó a la posteridad por su obra cumbre, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha".

Sin embargo, no es esta la primera ocasión en que la ciudad de Madrid muestra su respeto por el ilustre escritor del Siglo de Oro.
Si nos remontamos a comienzos del siglo XX, veremos cómo, en 1905, también hubo numerosos actos para homenajear el III centenario de la publicación de la novela mencionada, la más destacada de la literatura española y una de las más reconocidas a nivel mundial.

Entre esos eventos, se proponía la creación de un gran monumento al insigne literato, y para ello se abrió una suscripción voluntaria entre “todos los pueblos que tienen el castellano por lengua nacional”.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Una buena iniciativa, que lamentablemente no se llevó a cabo, al menos en ese momento.
Los años pasaron, y en 1910 la idea volvió a surgir, para ubicar ese nuevo monumento en el lugar que había ocupado el Cuartel de San Gil, edificado a partir de 1789, y demolido entre 1906 y 1910 donde hoy se encuentra la Plaza de España.

Tras algunos problemas para obtener esos terrenos, en 1912 se propuso la creación de la escultura en una zona aledaña, en la Gran Vía, que había comenzado a ser construida en 1910. Una buena alternativa que situaría a Cervantes en el “nuevo Madrid”.

No obstante, el Ministerio de la Guerra consiguió desbloquear los obstáculos legales para la edificación del monumento a Cervantes en la Plaza de España, con lo que el Ayuntamiento de la capital finalmente aceptó llevar a cabo esa iniciativa en este lugar.

De nuevo estancadas las negociaciones, el alcalde de Madrid propuso de nuevo un cambio de ubicación: la plaza de Callao, algo a lo que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (R.A.B.A.S.F.) se opuso manifiestamente, proponiendo otros entornos, como la Red de San Luis en la propia Gran Vía, o la plaza de Cánovas del Castillo, trasladando así la fuente de Neptuno a otro lugar.
Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

Finalmente, en 1914, y tras mediación del rey Alfonso XIII, el Ministerio de la Guerra se puso de acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid y se acordó el emplazamiento final del monumento: la Plaza de España.

La elección del lugar, como se puede ver, fue un dolor de cabeza que duró años, pero que continuaría con la selección del proyecto que debería ser construido.

Ya el 19 de marzo de 1915 se convocó el concurso de ideas para el monumento a Cervantes. Las bases, establecidas por la R.A.B.A.S.F., limitaban el concurso a escultores y arquitectos españoles, que deberían presentar en menos de cuatro meses proyectos para una obra en piedra, que podría ser adornada por mármoles y bronces.

El plazo se amplió hasta el 2 de octubre, y tras ello, a partir del 5 de octubre se expusieron las maquetas de los anteproyectos presentados en veintiuna salas del Palacio de Exposiciones del Retiro, y en otras seis del Palacio de Cristal.

Fotografía de Cámara para Nuevo Mundo, año XXII, n.1135,
8 de octubre de 1915. madridciudadaniaypatrimonio.org
La pregunta es obvia, ¿por qué tantas salas? Por una razón sorprendente: se presentaron nada menos que cincuenta y tres proyectos para este monumento, que estaba llamado a ser uno de los más emblemáticos de Madrid. Un auténtico acontecimiento que llevó a la decisión de cobrar 50 céntimos a todo aquel que quisiera visitar las maquetas.

Uno de los primeros asistentes fue el propio monarca Alfonso XIII, pero no solo la familia real, sino la práctica totalidad de la sociedad madrileña se volcó con este concurso de ideas.

Anteproyectos del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org
Entre arquitectos y escultores, eran uno total de ciento nueve artistas los que participaban en esta interesante propuesta escultórica.

La exposición, que tan solo duró unos pocos días, finalizó el 15 de octubre con el nombramiento de los ganadores. El proyecto que se alzó con la victoria (16 votos de un máximo de 17) fue el presentado por el escultor Mateo Inurria y el arquitecto Teodoro de Anasagasti (número 3 en la imagen de la izquierda).

Se trataba de un monumento con representaciones simbólicas, alegorías que, debido a su complejidad, podrían dar lugar al no reconocimiento de los personajes representados.
Fue, posiblemente, por ese motivo, por el que se decidió no construir el proyecto ganador.

La sorpresa de Inurria y Anasagasti se convirtió en alegría para Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Coullaut Valera que, con una propuesta de menor calidad, se alzaron con el segundo premio al obtener 13 votos de los 17 posibles.
Y es que fue finalmente esta maqueta la que pudo ver su materialización en piedra en la Plaza de España.
Proyecto de Rafael Martínez Zapatero y  Lorenzo
 Coullaut Valera del monumento a Cervantes.
Fotografía de J.Vidal para La Ilustración
Artística, año XXXIV, nº1764,
18 de octubre de 1915, páginas 687-716.
madridciudadaniaypatrimonio.org

En 1916 se cumplieron los trescientos años de la muerte de Cervantes, y la obra no había podido ser comenzada. Fue en 1920 cuando se constituyó el comité de recaudación de fondos, y en 1925 cuando se comenzó a erigir el monumento, con algunas modificaciones por parte del arquitecto Pedro Muguruza.

Las figuras de honor representarían, en la parte frontal, a don Miguel de Cervantes, y ante él, las estatuas en bronce de Don Quijote y Sancho Panza, cabalgando respectivamente sobre el caballo Rocinante y el jumento del fiel Sancho.
En la parte trasera se podría ver a la emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos I, sobre una fuente con los escudos de todos los países que usan la lengua de Cervantes.

Coronado por una bola del mundo y los cinco continentes, alegoría de la difusión de la lengua española por todo el globo terráqueo, fue inaugurado, aunque no finalizado, en 1929.

Monumento a Cervantes
en la actualidad
El parón de la Guerra Civil retrasó considerablemente las obras, aunque fue en ese momento cuando el monumento adquirió mayor popularidad: parece ser que la estatua de Don Quijote fue adoptada como símbolo por los dos bandos de la contienda. Por una parte, el bando republicano consideraba que el brazo en alto del hidalgo era un emblema de aquel famoso “no pasarán”, mientras que en el bando sublevado se argumentaba que el brazo en alto era un gesto de bienvenida por parte del caballero.

Ya en los años 50, Federico Coullaut-Valera, hijo del artífice del proyecto, añadió las figuras de Dulcinea y Aldonza Lorenzo, y en los años 60, las de Rinconete y Cortadillo y La Gitanilla, completando así por fin el controvertido monumento.

Como decíamos, un auténtico dolor de cabeza que duró unos sesenta años, hasta que la Plaza de España pudo ver esta obra en todo su esplendor.


¿Crees que el conjunto finalmente erigido era el más idóneo para este lugar?
                               
                           
Anteproyectos del monumento a Cervantes. Fotografía de J.Vidal para La Ilustración Artística, año XXXIV, nº1764, 
18 de octubre de 1915, páginas 687-716. .madridciudadaniaypatrimonio.org

miércoles, 20 de enero de 2016

Las Puertas de Alcalá que no fueron

La Puerta de Alcalá es ese gran símbolo de Madrid sin el cual no se puede entender la ciudad, es uno de los monumentos emblemáticos que cualquier persona que visite la capital debe contemplar. Sin embargo… ¿conoces los proyectos alternativos para la Puerta de Alcalá?

Hoy es un día importante para nuestra ciudad.
Por una parte, esta mañana ha comenzado FITUR, la segunda Feria Internacional de Turismo más importante del mundo, que cuenta ya con una experiencia de 36 ediciones.

Carlos III (1716 - 1788), retratado por
Antonio Rafael Mengs
Pero además hoy, 20 de enero de 2016, se celebra el 300 aniversario del nacimiento de “el mejor alcalde de Madrid”, el rey Carlos III que, desde su nacimiento en 1716 hasta su muerte en 1788 trató de embellecer la fisionomía de la capital con grandes avenidas, una buena red de alcantarillado, uso de adoquines, hospitales públicos como el de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), servicios de recogida de basura y de alumbrado, y monumentos tan emblemáticos como las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, el edificio del Museo del Prado, el Real Observatorio, o el Real Jardín Botánico.

El monarca, de la dinastía de los Borbones, hijo de Felipe V y padre de Carlos IV, no cesó en su empeño de acercar la cultura a la sociedad española. Por ello en Madrid celebramos este 2016 como un año especial, y de hecho, el Palacio Real, que tuvo como primer habitante precisamente a este rey, ya le rindió homenaje durante la Navidad decorando su famoso belén napolitano con copias de edificios relacionados con el ambiente culto de Carlos III.

En “El Madrid que no fue”, como no puede ser de otra manera, también recordamos a tan importante rey, y por ello en el post de hoy traemos la historia de uno de los monumentos más recordados del Borbón y, a su vez, uno de los más emblemáticos de la capital: la Puerta de Alcalá.

Para entender la historia de tan relevante monumento, nos tenemos que remontar a la época de los Austrias.
Antigua Puerta de Alcalá,
derribada en 1764
Parece ser que en 1599, el rey Felipe III había mandado construir una puerta que conmemorara la entrada de su esposa, Margarita de Austria, en la ciudad. De estilo barroco y hecha en ladrillo, estaba localizada en lo que hoy es calle Alfonso XI, a mitad de camino entre la fuente de Cibeles y la actual Puerta de Alcalá.
Aquella construcción estaba situada en el camino a la localidad de Alcalá de Henares, un real camino que posteriormente continuaba hacia Aragón, Cataluña y Francia. Por este motivo se comenzó a llamar Puerta de Alcalá.

Felipe IV, el sucesor de Felipe III, construyó una cerca que rodeó Madrid entre 1625 y 1868 con fines estrictamente fiscales. No consideró necesario trasladar la entrada construida por su padre, con lo que pasó a formar parte de la cerca de Felipe IV.

Otras fuentes afirman que en realidad esta puerta de la ciudad no se creó hasta 1636 o 1639.

Sea como fuere, lo cierto es que el monumento se mantuvo en pie durante muchos años y los reinados de Carlos II, Felipe V, Luis I y Fernando VI. 

A la muerte de Fernando VI, "el mejor Alcalde" comenzó su mandato: Carlos III entró en Madrid como rey de España el 9 de diciembre de 1759 bajo una intensa lluvia. Se dice que aquel día vio la Puerta de Alcalá y no le agradó. Ya desde aquel día, este ilustre personaje quiso convertir a Madrid en una ciudad monumental.

Fue poco después, en 1764, cuando decidió derribar aquella puerta con el fin de ensanchar la calle de Alcalá. Su objetivo, además de la construcción de una avenida magna, era la creación de una gran entrada para la capital de España, que mostrara el esplendor de la ciudad y del reino.

Hacia 1769, el monarca encargó el diseño de este monumento a los tres arquitectos más importantes de esta época.

En primer lugar, José de Hermosilla (1715-1776), arquitecto e ingeniero, diseñó un trazado para la nueva puerta. Su opinión era muy tomada en cuenta, ya que precisamente en ese periodo (1767-1784), se encontraba en pleno proyecto de ordenación del Salón del Prado, que posteriormente se vería culminado con las fuentes  de Ventura Rodríguez: la de la Alcachofa, las Cuatro Fuentes, la de Neptuno, la de Apolo y la de Cibeles. Sin embargo el proyecto de Hermosilla pronto se descartó, quizás para que artista pudiera seguir centrado en el Salón del Prado.

Dos de los cinco proyectos de Ventura Rodríguez
para la Puerta de Alcalá (1769)
Fue Buenaventura Rodríguez Tizón, más conocido como Ventura Rodríguez (1717-1785) el segundo de los arquitectos que preparó algunos diseños para la que sería la nueva Puerta de Alcalá.

Concretamente, diseñó cinco proyectos que, fechados a 16 de mayo de 1769, aún se conservan en el Museo de Historia de Madrid. Los cinco eran de una enorme calidad, y su experiencia era más que notoria en estos trazos. Se trataba en general de arcos triunfales con semicolumnas toscanas. Todos tenían cinco vanos, presentando tres de medio punto en el centro para carruajes, y dos adintelados menores en los extremos para peatones.

Los restantes tres de los cinco proyectos de
Ventura Rodríguez 
para la Puerta de Alcalá (1769)
Lamentablemente, Ventura Rodríguez tuvo la “mala suerte” de coexistir, en primer lugar, con Juan de Villanueva (1739-1811), considerado como máximo exponente de la arquitectura neoclásica en España, y en segundo lugar, con Francesco Sabatini (1722-1797), artista italiano que trabajó para la Casa Real de España. Tanto Ventura Rodríguez como Sabatini cabalgaron entre el barroco y el neoclásico. Sin embargo, poco a poco parece que Sabatini le fue quitando el puesto a Ventura en los grandes proyectos reales. Un ejemplo de esto puede ser el caso de “El proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande”, que nunca llegó a ver la luz.

Francesco Sabatini (1722 - 1797)
Con la Puerta de Alcalá ocurrió algo similar. Y es que, como decimos, los cinco proyectos de Ventura eran más que interesantes, pero el tercero de los arquitectos que presentó sus diseños al rey fue precisamente Francesco Sabatini.

En su caso fueron dos los proyectos realizados, ambos soberbios y de una grandiosidad indiscutible, siendo de los más relevantes de toda la arquitectura europea del XVIII.

Igualmente concebidas como arcos triunfales, se trataba de dos puertas tardobarrocas clasicistas que se diferenciaban, fundamentalmente, en que una se componía de cinco vanos (tres para carruajes y dos para peatones), y la otra solo constaba de cuatro.

Parece ser que Carlos III no tuvo ninguna duda, y eligió el proyecto de Sabatini. Sin embargo… ¿cuál de los dos diseños?

Los dos proyectos de Francesco Sabatini
realizados para la Puerta de Alcalá (1769)
Se dice que el monarca, sin darse cuenta, aprobó ambos diseños, quizás ante la imposibilidad de seleccionar uno en detrimento del otro, con lo que Sabatini se encontró ante la difícil tarea de mostrarle al rey su error, algo que le podía costar la pérdida del favor real que gozaba por aquel entonces.
El astuto arquitecto decidió, por tanto, realizar ambos diseños en el mismo monumento. Modificó sus dos arcos triunfales originales con el fin de poder plasmarlos en la misma puerta, algo que realizó magistralmente, y motivo por el cual hoy en día podemos disfrutar de dos Puertas de Alcalá diferentes, una cada lado del monumento.

Construida en estilo neoclásico, se finalizó en 1778, y se consideró desde el primer momento uno de los símbolos de la Ilustración en España, una monumental entrada a la capital que no ha perdido importancia desde entonces.
Como decimos, la de Alcalá se usó realmente como puerta de la cerca de Carlos IV. Cuando aquel muro desapareció, la Puerta perdió su uso de entrada a la ciudad, pero se siguió manteniendo como uno de los iconos de Madrid.
                                                                                                       
El lado oeste es el considerado como interior, ya que es el que mira hacia el casco histórico de la ciudad, el que veían los madrileños cuando partían de la ciudad, y por su parte, la fachada este es la exterior, la que recibía a los viajeros.

Puerta de Alcalá
En primer lugar, la fachada este (la exterior),
y en segundo lugar, la fachada oeste (interior)
Los motivos que adornan la parte exterior son, sobre los tres arcos de medio punto, unos mascarones con formas de sátiros, espíritus de los bosques en la Antigua Grecia, ya que junto a los motivos florales de los arcos adintelados de los extremos, se consideraban un símbolo de fertilidad. Así, todo el que entraba en la ciudad veía símbolos de fecundidad bajo el escudo real del frontón de la puerta, sostenido por la Fama y ayudado por un niño, tratando de mostrar al visitante la fertilidad del Rey de España.

Por su parte, el lado interior, sobre los tres arcos principales se ven unas cabezas de leones que simbolizan la lealtad hacia la monarquía, haciendo que todo el que abandonara la capital lo hiciera recordando que, aunque fuera a otros puntos del reino, la lealtad al monarca estaba por encima de todo. Los tarjetones de los extremos muestran cornucopias, símbolo de abundancia, y por último, rematando la fachada, armas y escudos que parecen torsos recostados hablando del esfuerzo pacificador del rey.

Un conjunto indiscutiblemente soberbio, que echó por tierra los planes de José de Hermosilla y, por supuesto, de Ventura Rodríguez de hacerse cargo del proyecto.

¿Conocías estos diseños no realizados de la Puerta de Alcalá? ¿Crees justa la victoria de Sabatini en este caso?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los viaductos que no fueron

La calle de Bailén es una de las principales vías de Madrid, en la que se sitúan muchos de los monumentos más importantes de la ciudad. También son muchos los proyectos de los que ya hemos hablado en “El Madrid que no fue” que no llegaron a construirse en esta calle: El Palacio Real de Filippo Juvara, la Plaza de Oriente de González Velázquez, la Catedral que no fue, e incluso el proyecto de Ventura Rodríguez para San Francisco el Grande.

Sin embargo, esta vía no siempre ha sido tan fácilmente transitable como lo es en la actualidad.

Cuesta de los Ciegos en 1960.
En la imagen se puede ver el desnivel, aún
existente, entre la calle de Segovia y la
colina de los Jardines de las Vistillas.
En 1561, Felipe II designó a Madrid como la capital del Reino, y como aquello hizo que la ciudad creciera como nunca antes. Durante el reinado de este monarca, se construyó el Puente de Segovia en el lugar en que había estado el Puente Segoviana, para cruzar el río Manzanares. Se convirtió este entorno, por tanto, en un acceso muy destacado a la ciudad. A través de ese camino se podía llegar al centro del municipio por la actual calle de Segovia, lo que tiempo atrás había sido el arroyo de San Pedro.

Este arroyo, junto a la iglesia de San Pedro el Viejo, es el que había creado el desnivel existente en toda la calle de Segovia, que separa el centro de Madrid en dos colinas.

El problema radicaba en la dificultad de acceder desde la zona del antiguo Alcázar, lo que hoy es el Palacio Real, hasta la otra colina, donde se localizan los Jardines de las Vistillas. Para ello, había que bajar hasta la calle de Segovia, para continuar subiendo por la otra ladera. Ardua tarea si se tiene en cuenta el desnivel.

La necesidad de una pasarela que sorteara el viejo arroyo era más que palpable, pero no fue hasta 1736 cuando Giovanni Battista Sachetti, que se encontraba ya planeando la construcción del Palacio Real, ideó un viaducto que acabara con este tipo de problemas.

Lo que él proponía es que su obra no fuera sólo el Palacio Real. Pretendía construir durante el reinado de Felipe V un conjunto en que el Palacio no fuera más que una de las piezas clave. A él se añadiría una catedral clasicista con una enorme cúpula, y una plaza en forma de exedra de la que partiría el ansiado viaducto.

Proyecto para el conjunto de Palacio Real, catedral, plaza y viaducto de Juan Bautista Sachetti. Museo de Historia de Madrid

El mismo sería una obra grandiosa, en la que destacarían tres arcos triunfales (en el centro y en los extremos) y naves porticadas, que harían que la vista de la cornisa del Manzanares fuera un sueño para todos los visitantes.

Además, entre la calle de Segovia y la Cuesta de San Vicente, en la parte baja del Palacio Real, se colocarían diferentes fuentes, esculturas y escalinatas para adornar los terraplenes artificiales que conectarían el conjunto con el río Manzanares.

Ni la catedral clasicista, con su enorme cúpula en comparación a las torres de la fachada,  ni la nueva plaza, ni el viaducto pudieron ser construidos por falta de recursos. Sí pudo ser finalizado el Palacio Real, donde estableció su residencia habitual Carlos III ya en 1764. El monumento fue finalizado por Francesco Sabatini, pero siguiendo los planos de Juan Bautista Sachetti.

Éste fue el primer proyecto fracasado de un viaducto sobre la calle Segovia, pero como podrás imaginar por el título del artículo, no fue el único.

Pocos años más tarde de todo este proyecto se produjo la invasión francesa en nuestro país. Comenzó a reinar en 1808 José Bonaparte como José I de España. Como es bien sabido, el “rey plazuelas” derribó diversos edificios en la capital para abrir plazas, como la actual Plaza de Oriente. Para su existencia, hubo que demoler el convento de San Gil, el pasadizo de la Encarnación, la iglesia de San Juan, y numerosas casas vecinales.

El urbanismo cobra protagonismo en esos años, y se le encarga al arquitecto real Silvestre Pérez el diseño de un nuevo proyecto para el viaducto.

El arquitecto presenta en 1810 su proyecto para unir el Palacio Real con el lugar donde se celebraban las sesiones de Cortes: el Salón de Cortes, ubicado en aquel momento en la iglesia de San Francisco el Grande.

Proyecto de viaducto de Silvestre Pérez. Maqueta del Museo de Historia de Madrid






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Se plantea la creación de una gran plaza porticada en el lugar en que hoy se encuentra la catedral de la Almudena. Por tanto, se elimina la idea de Sachetti de erigir en este lugar un gran templo.
De la plaza saldría un recio viaducto, que conectaría con otra plaza porticada en la zona de las Vistillas, pero mucho más amplia que la anterior. Este nuevo espacio sería tan grande que uniría el viaducto con San Francisco el Grande sin obstáculos aparte de algunos monumentos que se levantarían en la plaza.

Se trataba de uno de los proyectos más ambiciosos para este entorno, ya que se planteaba cambiar por completo el urbanismo de buena parte del centro de la ciudad.

Hoy en día es posible contemplar una interesante maqueta de este plan en el Museo de Historia de Madrid. Sin embargo, es lo único que podemos ver del conjunto, ya que nunca llegó a ser construido igualmente por falta de recursos. Además, José I dejó de reinar en 1813, con lo que no habría dado tiempo a su finalización.

Primer viaducto de Segovia, inaugurado en 1874
Sorprendentemente, hubo que esperar hasta 1874 para que el Viaducto de Segovia viera por fin la luz, una construcción de hierro y madera de 120 metros de longitud, 13 metros de ancho, y a una altura de 13 metros, ideada por el ingeniero municipal Eugenio Barrón Avignón, que hacía que por fin se unieran en una misma vía el Palacio Real y San Francisco el Grande, la actual calle de Bailén.
Su mal estado de conservación, a pesar de diversas obras de rehabilitación en los años 20 del siglo XX, hizo que tuviera que ser derribado en 1932.

Viaducto actual. Imagen de 1942
Durante ese mismo año, el arquitecto madrileño Francisco Javier Ferrero Llusía ganó el concurso convocado por el Gobierno de la Segunda República para la construcción de un nuevo viaducto. Importantes arquitectos como Secundino Zuazo, creador de los Nuevos Ministerios o de la Casa de las Flores, perdieron este concurso.

El ganador construyó una obra racionalista, que podría ser considerada como el tercer viaducto que no fue. Y es que no se construyó tal y como estaba planeado.

Según el proyecto original de 1932, a cada lado del viaducto se situarían ascensores para facilitar el ascenso y la bajada. De hecho, se planteó incluso que los elevadores fueran aptos para vehículos, e incluso que funcionaran como tranvías, quizás algo similar a los elevadores existentes en Lisboa.

Elevador da Gloria, Lisboa
Finalmente se descartaron estos ascensores, y la obra se inauguró en 1934 siguiendo el proyecto de Ferrero Llusía con pequeñas modificaciones, aunque tuvo que ser reinaugurado en 1942 tras los trabajos de restauración por los desperfectos de la Guerra Civil.

Un mismo desnivel para tres proyectos fallidos, sin embargo, todos ellos diferentes. 

¿Crees que tendría que haberse construido uno de estos viaductos, o el que tenemos en la actualidad es el idóneo para su función?

miércoles, 28 de octubre de 2015

Réplica del Templete de la Red de San Luis

Tal día como ayer, un 27 de octubre pero de 1945, fallecía en nuestra ciudad uno de los arquitectos y urbanistas más importantes para Madrid: Antonio Palacios. Por este motivo hemos decidido hacerle un pequeño homenaje recordando una de sus obras más añoradas de Madrid, que a punto estuvo de ser reconstruida: el Templete de la Red de San Luis.

Palacios, a pesar de ser todo un símbolo en la capital, era madrileño de adopción. Nacía en 1876 en Porriño, Pontevedra, municipio que va a cobrar importancia en este artículo. Sin embargo, se convirtió casi en una imagen del Metro de Madrid a partir de 1917 al ser el encargado de diseñar el interior de las primeras estaciones construidas, así como de organizar accesos, e incluso fue el creador del célebre logotipo de Metro en forma de rombo.
Templete de la Red de San Luis
Aún hoy en día se puede ver algo de este original diseño en estaciones como la de Bilbao, en la parte de la línea 1, o en la clausurada de Chamberí, hoy centro de interpretación del Metro (Andén 0).

En 1919, junto con la inauguración del Metro de Madrid por Alfonso XIII, se abría un templete en la Gran Vía cuya construcción había finalizado un año antes. Se trataba del acceso principal a la estación de metro de  Gran Vía, en la intersección entre la calle de la Montera y la propia Gran Vía, el espacio conocido como Red de San Luis. De hecho, en aquel entonces la estación se llamaba “Red de San Luis”.

El acceso albergaba un ascensor que comenzó a prestar servicio el 18 de noviembre de 1920. Sin embargo, su uso no era gratuito, algo impensable en la actualidad. Al igual que hoy tenemos una amplia variedad de billetes (sencillo, combinado, 10 viajes…), en aquel entonces existía el llamado “billete de ascensor”, que permitía su utilización por un coste adicional de 5 céntimos de peseta.
Posteriormente se añadió otro elevador, y parece el templete llegó a dar servicio a unos 30.000 pasajeros al día.

Templete de la Red de San Luis con la calle de la
Montera al fondo. Años 50 del siglo XX
El mismo, a pesar de estar realizado en granito, material tan visible en las calles de Madrid, tenía una marquesina de cristal y hierro para proteger a los usuarios de Metro de las inclemencias del tiempo mientras esperaban al ascensor. Su planta rectangular y su influencia art decó hicieron que se convirtiera pronto en un símbolo de la plaza y del suburbano.
La entrada se hacía por la zona más cercana a la Gran Vía, mientras que la salida era por un arco de medio punto hacia la calle de la Montera. Por este motivo, la parte del monumento orientada a Montera no estaba cubierta por la marquesina.

Templete de la Puerta del Sol
No se trataba del único templete de la capital. En la vecina Puerta del Sol existía otro que hacía las mismas funciones, e igualmente construido por Antonio Palacios. Su marquesina, en plano horizontal a diferencia de la de la Red de San Luis, que estaba inclinada, era uno de los elementos más reconocibles de la céntrica plaza madrileña.

En 1933, una orden de la Dirección General de Ferrocarriles decretó el desmantelamiento de ambos templetes. Por una parte se desinstaló el de la Puerta del Sol, pero por otra, tras una entrevista entre el Ministro de Fomento y Miguel Otamendi (ingeniero considerado como uno de los impulsores del Metro de Madrid), se decidió mantener el de la Red de San Luis, añadiendo el segundo ascensor antes comentado.

Con motivo de nuevos accesos a la estación de Metro, el 6 de diciembre de 1969, el Templete de Gran Vía dejó de dar servicio, y un año más tarde el alcalde Carlos Arias Navarro ordenó su desmantelamiento, una triste decisión para nuestra ciudad.

Templete de la Red de San Luis en Porriño, Pontevedra.
Fotografía de la Mancomunidade da
Área Intermunicipal de Vigo
Poco después, en 1971, el monumento fue donado a la localidad de Porriño, municipio natal de nuestro célebre arquitecto. A pesar de no conservar todos los elementos (la marquesina desapareció), es aún posible contemplar este importante icono en un parque público del mencionado pueblo pontevedrés.

Pero la historia no acaba aquí. Este artículo es de “El Madrid que no fue”, así que de hecho, la parte que nos interesa es la que comienza ahora.

En ese lugar, entre 1832 y 1868 se había ubicado la Fuente de los Galápagos, inaugurada para conmemorar la jura como princesa de Asturias de la que sería Isabel II, y ubicada hoy en el Parque del Retiro.
A finales de los años 90 del siglo XX, lo que había en la Red de San Luis era una fuente con esculturas de aves que movían sus alas, pero que fue modificada con el paso de los años y los grupos escultóricos se eliminaron, con lo que la fuente carecía de interés.

Fuente de la Red de San Luis, construida en 1972.
En la fotografía, aún se aprecian las esculturas de aves
que después se eliminaron.
Es por ello que se decidió volver a instalar el Templete en el lugar original. El Ayuntamiento de Madrid se puso en contacto con el de Porriño para recuperar la donación… pero el municipio gallego se negó, al haber recibido ese monumento como un regalo. De hecho, ya se había convertido en un elemento importante de la localidad, recordando así a su ilustre vecino.
Las negociaciones no llegaron a buen puerto, y Porriño no permitió la vuelta del Templete a Madrid.

Años más tarde, en septiembre de 2008, el entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció la remodelación del entorno Montera-Fuencarral. Comenzaba así en 2009 la peatonalización parcial de la calle Fuencarral (desde la calle Hernán Cortés hasta la Gran Vía) y de la Red de San Luis, para dar así continuidad a la zona peatonal de la calle de la Montera. Ambas se unirían por un gran paso de cebra que atravesaría la mencionada Gran Vía.

Sin embargo, de lo que más se habló de esa futura remodelación, fue de un elemento que se prometía volvería a las calles de Madrid: el Templete de Antonio Palacios. Puesto que el original estaba destinado a no abandonar Galicia, Gallardón anunció la reconstrucción de uno que, a imagen del original, se convirtiera en un auténtico símbolo. Una réplica que haría justicia a un lugar que había sido maltratado con el paso del tiempo.

Proyecto del Ayuntamiento de Madrid para la
peatonalización de la Red de San Luis, con la
construcción de la réplica del Templete
La pregunta era obvia: ¿para qué serviría este nuevo monumento? Y es que los accesos a la estación de metro Gran Vía eran ya numerosos, con lo que no era necesario uno más. Se barajaron dos opciones.
Por una parte, este icono se convertiría en Taquilla Último Minuto. Es posible que la existente en ese momento en la vecina plaza del Carmen se hubiera trasladado a este nuevo espacio, para vender entradas de teatro a última hora a un precio inferior al habitual.
Por otra parte, se planteó la utilización de este lugar como nueva Oficina de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, añadiéndose a las múltiples ya existentes (Plaza Mayor, Callao, Cibeles, Paseo del Arte…).

Los vecinos, principales afectados por esta reconstrucción, se mostraron mayoritariamente partidarios a esta réplica, que vendría a sustituir esa original que aún muchos recordaban.

Red de San Luis en la actualidad tras la peatonalización
Durante ese mismo 2009 acabaron las obras de peatonalización. Montera y Fuencarral cambiaban su aspecto para hacerlo más amable con el entorno, y se inauguraba por fin la nueva Red de San Luis con un nuevo elemento… un olivo. Increíblemente, el Ayuntamiento de Madrid modificó su idea original de construir una réplica del Templete de Antonio Palacios para plantar un olivo en el lugar en que se había ubicado el original y las fuentes ya mencionadas.

El Consistorio madrileño alegó que la reconstrucción de la réplica del Templete no había sido más que una idea, no una promesa en firme, y que las arcas de la ciudad no pasaban por su mejor momento. Además, la comisión de patrimonio denegó la recreación al no admitir la reproducción de obras antiguas, algo que causó la indignación de más de un madrileño en aquel momento.

Antonio Palacios se quedó, por tanto, sin su pequeño homenaje, y la zona tendrá que esperar para poder ver cumplido su sueño de tener de nuevo aquel símbolo del Metro de Madrid. Otro proyecto fallido en este “Madrid que no fue”.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Monumento a Calvo Sotelo

El monumento a Calvo Sotelo es uno de los más reconocibles de los construidos durante el siglo XX en Madrid, pero… ¿sabías que estuvo a punto de erigirse en su lugar uno completamente diferente?

El político Calvo Sotelo fue asesinado el 13 de julio de 1936, lo que sirvió como argumento para un levantamiento militar que tuvo lugar cinco días más tarde y que fue el comienzo de la Guerra Civil.

Proyecto de Francisco de Asís Cabrero para el
monumento a Calvo Sotelo. franciscocabrero.com
Al finalizar la contienda, el Paseo de Recoletos fue rebautizado como Paseo Calvo Sotelo, y al político derechista se le dedicaron diversas placas conmemorativas en la ciudad. Sin embargo, se pensó con construir un monumento a su memoria en la Plaza de las Cortes o en el propio Paseo Calvo Sotelo.

Debido a la situación económica del país, el proyecto tuvo que esperar hasta 1955. Fue entonces cuando la Diputación Provincial de Madrid convocó un concurso con el fin de levantar este homenaje. Parecía que finalmente se ubicaría en la Plaza de Lima, en el entonces denominado Paseo del Generalísimo, hoy Paseo de la Castellana,  junto al Estadio Santiago Bernabéu y al centro de negocios y oficinas de AZCA, aprobado solamente 9 años antes.

Se presentaron 13 proyectos a este concurso, los cuales se expusieron en la Biblioteca Nacional.

En la práctica totalidad de ellos se representaba la estatua del político, aunque la escultura variara según el proyecto. Sin embargo, hubo uno en que Calvo Sotelo no figuraba, por lo que fue más que comentado.

Proyecto de Francisco de Asís Cabrero para el
monumento a Calvo Sotelo en la plaza de Lima.
franciscocabrero.com
Se trataba de la propuesta del arquitecto Francisco de Asís Cabrero (1912-2005). Su Casa Sindical, hoy Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, frente al Museo del Prado, había hecho pocos años antes que su nombre fuera ya conocido entre los madrileños. Sin embargo, después de este diseño del monumento de Calvo Sotelo construyó otros edificios como la Escuela Nacional de Hostelería, hoy Escuela Superior de Hostelería y Turismo de la Casa de Campo (1959), o el Ayuntamiento de Alcorcón (1973).

El proyecto de este arquitecto era, indiscutiblemente, diferente a los demás presentados. Se trataba de dos enormes triángulos laterales que, pintados en rojo, se situarían en oblicuo para formar un conjunto que simulara unas alas.
El objetivo del artista era que el ojo recordara de esta manera la figura clásica de la victoria alada y la relacionara con otra victoria, la del bando del político homenajeado en la Guerra Civil.

Entrega de premios a los autores de los proyectos
para el monumento a don José Calvo Sotelo. ABC
Según palabras del propio Francisco de Asís Cabrero, “se pretendía ubicar el volumen de una construcción conmemorativa en el espacio urbano del eje de primera importancia. La solución adoptada perseguía la identificación simbológica de las alas Victorianas con el enmarcamiento funcional, ambas cuestiones programadas, símbolo y función, se intentaban conseguir en una sola unidad arquitectónica”.

Parecía un monumento avanzado para la época, y el hecho de que Calvo Sotelo no estuviera representado, hizo que el jurado se decantara por otro proyecto, el de Manuel Manzano Monís, más acorde con el gusto de la época. Además del triunfo, se le otorgó al ganador  un cheque de 100.000 pesetas, unos 600 euros, que en aquel momento era una gran suma de dinero.

En el monumento ganador se representa al personaje homenajeado guiando a un monolito con forma de proa de barco que representa a España, todo ello sobre una lámina de agua.

La ubicación del monumento volvió a cambiar, y se decidió que su emplazamiento final sería el que era el final del Paseo del Generalísimo, la Plaza de Castilla.
Monumento a Calvo Sotelo en 1962
y en la actualidad.
todocoleccion.net / tiffotos.com
Aunque el monumento fue finalizado en 1959, se inauguró el 13 de julio de 1960 para coincidir con el aniversario de la muerte de Calvo Sotelo.

La imagen de la Plaza de Castilla mucho ha cambiado desde entonces. Las Torres Kío, inauguradas en 1996, hicieron que el monumento formara junto a ellas un conjunto que visto desde el frente recordaba a una M gigante que bien podría simbolizar la M de Madrid. El posterior Obelisco de la Caja de 2009 de Santiago Calatrava modificó esta imagen para traer un nuevo elemento icónico a Madrid… pero esto ya forma parte del Madrid que sí fue.

Por último, mencionar como curiosidad que la Ley de Memoria Histórica, que afecta a todos los reconocimientos otorgados a personajes relacionados con la Guerra Civil española, no afecta a la estatua de Calvo Sotelo por homenajear a un personaje muerto antes de la contienda.

¿Consideras más atractivo el proyecto finalmente realizado, o el presentado por Francisco de Asís Cabrero?