miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Torre del Espectáculo

“Madrid necesita un mirador”. Bajo este sugestivo lema, el diario “El Alcázar” animaba a estudiantes y arquitectos en 1966 a presentar sus proyectos para la creación de un mirador en la capital, con la esperanza de que el mismo fuera tan llamativo que finalmente se aprobara su construcción.
El diario proponía los pinares de Rodajos, en la Casa de Campo, como el lugar idóneo por sus vistas al perfil de la urbe. 

Se convocaba, textualmente, debido a “la epidemia de torres y miradores en toda Europa”. Sin embargo, precisamente hasta el año siguiente, era un edificio madrileño, la Torre de Madrid, el más alto de toda Europa.

Casto Fernández-Shaw Iturralde
Fueron muchos los proyectos que llegaron a la redacción de “El Alcázar”. Sin embargo uno llamó especialmente la atención desde el principio.

Casto Fernández-Shaw Iturralde (1896-1978) fue un arquitecto  y urbanista madrileño, exponente de la corriente del racionalismo. Trabajó en el estudio de Antonio Palacios (de quien ya hablamos anteriormente en el post de su proyecto de la Puerta del Sol), y coincidió allí con Pedro Muguruza (que se encargó de las obras de la reconstrucción de la Ciudad Universitaria y del Valle de los Caídos).

Fernández-Shaw es ya en 1966 bien conocido en Madrid por haber construido edificios tales como la gasolinera de Petróleos Porto Pi (hoy restaurada pero aún existente en la calle de Alberto Aguilera), el edificio Coliseum de la Gran Vía, o el Mercado de San Fernando de la calle Embajadores.

Por eso es llamativa su participación en esta propuesta de “El Alcázar”, al que envía un insólito proyecto denominado "la Torre del Espectáculo".

Se trataría de una torre de 500 metros que casi cuadriplicaría la altura de la ya mencionada Torre de Madrid. La base tendría 330 metros de diámetro, y en la parte más elevada se hallaría un restaurante y, por supuesto, unas terrazas que harían que el sueño de ese mirador de la Casa de Campo se hiciera realidad.

Proyecto de la Torre del Espectáculo
Hasta un cierto nivel, se podría subir a la torre con el propio automóvil y realizar compras desde él. Pero no fue esto lo que entusiasmó a los técnicos de aquellos años.

Y es que lo sorprendente es que en la planta principal del edificio habría un campo de fútbol reglamentario, y sobre él más salas para otras competiciones deportivas, teniendo este "estadio" una capacidad para 45.000 personas.

Sobre el mismo habría un circo, cuyos espectáculos podrían disfrutar otras 15.000 personas. Además, un cine, una sala de conciertos e incluso una piscina. La capacidad total de la torre, incluyendo el resto de pisos, las terrazas y el restaurante, llegaría a las 100.000 personas.

Una oleada de críticas favorables a la construcción del edificio ocupó páginas y páginas de periódicos.


El ingeniero jefe de los servicios de radiodifusión y televisión del Ministerio de Información y Turismo dijo que la creación de la torre era muy urgente con la esperanza de que sirviera también como torre de comunicaciones, ya que Torrespaña (el Pirulí), no se inauguró hasta 1982.
El Presidente de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, a su vez, comentaba que habría que construirla cuanto antes para que el arquitecto no llevara su proyecto a otro lugar.

Proyecto de la Torre del Espectáculo
Fernández-Shaw aspiraba a que su torre se convirtiera en el centro de una exposición mundial de 20 países que en el año 1992 celebrarían el V centenario del descubrimiento de América, la cual finalmente se celebró en Sevilla.

A pesar de todas las opiniones a favor (y alguna en contra, como la del también arquitecto Miguel Fisac), la torre nunca llegó a construirse.

Por cuestiones del azar, es en 1992 cuando Madrid consigue su mirador a la ciudad, y no es por el V centenario del descubrimiento de América, sino porque ese año la Villa y Corte acoge el título de Capital de la Cultura Europea. Como conmemoración se erige la “Torre de Iluminación y Comunicaciones del Ayuntamiento de Madrid”, más conocida como el Faro de Moncloa (110 metros de altura).

Sin embargo, la maldición en cuanto a miradores continúa. Y es que, tras varios problemas y falta de conservación, fue cerrado en 2008 por incumplir la normativa de seguridad, y a noviembre de 2014 y tras una costosa, costosísima reforma, el Faro sigue cerrado a la espera de que alguien se interese en comprarlo para convertirlo en restaurante.

La pregunta es obligada... ¿es necesario un mirador como la Torre del Espectáculo en Madrid, o es más que suficiente con el Faro de Moncloa (una vez reabra sus puertas)?

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Proyecto de ampliación de la línea 11 de Metro

El 17 de octubre de 1919, el rey Alfonso XIII inaugura el trayecto Sol-Cuatro Caminos de la línea 1 del Metro de Madrid. Se trata del pistoletazo de salida a una carrera que lleva a Metro de Madrid a convertirse en lo que es hoy: la segunda red de metro de la Unión Europea, la octava del mundo, y una de las que más ha crecido en estos últimos años, llegando algunas líneas a muchos de los municipios cercanos a la capital.

Entre 1995 y 2007, la red se extendió de manera muy rápida. Sin embargo, algunos de los proyectos más ambiciosos no se pudieron llevar a cabo, y actualmente han quedado descartados, o al menos apartados temporalmente debido a la crisis económica.

La línea 6, que todo el mundo conoce como línea circular, es un cinturón que rodea la ciudad en metro tal y como hace la M-30 por carretera.
Por tanto, no es de extrañar que, de la misma manera que existe un segundo cinturón en las carreteras madrileñas, la M-40, surgiera la idea de una segunda línea circular que fuera completando el mapa del metropolitano en forma de telaraña.

Ya en 2006 esta idea comenzó a reflejarse en proyectos que trataban de llevar a cabo esta ardua tarea. Pero al tratarse de un cinturón tan amplio, el número de kilómetros también sería importante. Por este motivo se decidió trazar, al menos en un primer momento, sólo un semicírculo. La tarea de esta línea sería fundamentalmente descongestionar la línea 1 en el tramo Sol-Pacífico, y la línea 6 en la zona sur.

Lo curioso es que para esta M-40 del metro se utilizaría la existente línea 11. La misma era en 2006 la más corta de la red de Metro (sin contar el Ramal Ópera-Príncipe Pío). Y es que la línea 11 sólo tenía 3 paradas: Plaza Elíptica, Abrantes y Pan Bendito.

Por una parte la línea se ampliaría por el sur, y de hecho se amplió de 2007 a 2010. Actualmente, tras Pan Bendito, se puede llegar a San Francisco, Carabanchel Alto, La Peseta, y finalmente a La Fortuna, contando así con 7 paradas.

La ampliación más ambiciosa se llevaría a cabo por el norte, favoreciendo especialmente a los distritos de Arganzuela y Retiro. Y es que esta línea recorrería gran parte de la ciudad y se convertiría en la más larga de todas las existentes.

La cabecera norte, en lugar de situarse en Plaza Elíptica, se movería hasta Avenida de la Ilustración, donde se podría hacer trasbordo con la línea 7. 
De ahí se iría poco a poco completando el semicírculo con las siguientes paradas: Herrera Oria (enlace con línea 9), Ramón y Cajal, Monforte de Lemos, Chamartín (una de las más importantes de la línea, ya que conectaría con líneas 1 y 10 de metro, pero también con Cercanías RENFE y trenes de larga distancia en la estación de ferrocarril), Costillares, Atalaya (nueva estación que acogería las líneas 8 y 11), Arturo Soria (línea 4), San Juan Bautista, El Salvador, Ciudad Lineal (línea 5), Ascao (línea 7), la Elipa (línea 2), Marqués de Corbera, Sáinz de Baranda (líneas 6 y 9), Niño Jesús, Atocha Renfe (línea 1, Cercanías, y la otra gran estación de ferrocarril de Madrid), Palos de la Frontera (línea 3), Puente de Praga, y volvería a enlazar con Plaza Elíptica (línea 6), para juntarse con la ya existente línea 11.

Habría sido una línea con un total de 28 estaciones para la que comenzaron a prepararse ya algunos detalles. Por ejemplo, la estación de metro de Chamartín se amplió en 2007, y se construyeron dos andenes, actualmente sin servicio, con vistas al nuevo proyecto.
Más de 20 kilómetros nuevos de recorrido, que habrían costado unos 392 millones de euros.

En principio, antes de 2020 l@s madrileñ@s podrían haber disfrutado de esta nueva ampliación. Pero la crisis económica hizo que el proyecto se guardara en un cajón que no sabemos si se volverá a abrir.

La última noticia en relación a la línea 11, sin embargo, no ha sido muy positiva. Y es que en abril de 2014 la Unión Europea criticó la ampliación realizada, porque apenas es utilizada por el 18% de los usuarios que el Gobierno regional previó al solicitar fondos a Bruselas para construirla.

Por ello hoy preguntamos, ¿qué te habría parecido la ampliación por el norte de la línea 11? ¿Un proyecto necesario, o un gasto inútil?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El monumento a Alfonso XIII

El Paseo de la Castellana es uno de los más conocidos por los madrileños. Sus repetidas ampliaciones han dado lugar a una de las calles más largas y representativas de la ciudad. Si bien es cierto que su origen data de los siglos XVII y XVIII al ver la luz el Paseo del Prado y el de Recoletos, su urbanización en la zona norte no finaliza hasta el siglo XX. De hecho las Cuatro Torres cierran este espacio al final del Paseo desde hace sólo unos años, ya en el siglo XXI.
Alberto de Palacio y Elissague

Como decimos, sus ampliaciones se han ido llevando a cabo por tramos. Los proyectos más famosos han sido el Plan Castro en 1857, el de Núñez Granés de 1910, y el Plan Bidagor entre 1941 y 1946.

En el primer cuarto del siglo XX, durante el reinado de Alfonso XIII, se planea el ensanche norte del Paseo de la Castellana que, basado en el Plan de Núñez Granés, hace que se urbanice incluso la actual zona de Nuevos Ministerios. Es lo que da lugar a que posteriormente, en 1933, se derribe el Hipódromo de la Zarzuela, y en ese mismo lugar se construyan los Nuevos Ministerios, obra que finalizó ya en 1942.

Todo esto es el Madrid que fue, pero... ¿qué hay del que no fue?

Lo cierto es que en la zona en que se ubicaba el Hipódromo, en un primer momento no estaba planeado que se construyera el edificio de los Nuevos Ministerios.

Alberto de Palacio y Elissague fue un arquitecto del que ya hablamos en la entrada “El monumento a Colón de Alberto de Palacio”. Se trata de un personaje muy ambicioso que planeó en Madrid más de un proyecto de grandes dimensiones.

Hoy volvemos a hablar de él porque fue el encargado de diseñar el monumento a Alfonso XIII. Y es que este rey, como la práctica totalidad de los monarcas españoles, encargó un monumento de su persona para que su figura no se olvidara fácilmente.

Recreación del monumento a Alfonso XIII,
de "El Madrid no construido"
El monumento consistiría en un basamento con una gran puerta de ingreso. Habría una colosal fuente con cascadas de una altura de un séptimo piso sobre la cual se alzaría la estatua ecuestre de Alfonso XIII, hecha en bronce y presidiendo toda la obra, la cual alcanzaría los 40 metros de altura.

Las inmensas cascadas, cuatro en total, semejarían bóvedas acrisoladas de forma variadísima, con el fin de producir efectos visuales cuando estuvieran bañadas por los rayos solares.

Por si todo esto fuera poco, también serviría como palacete, y es que en su interior habría un gran salón para recepciones y conciertos, todo ello con balcones y galerías para poder admirar las vistas en todas direcciones, y como remate, una bóveda con la bandera española.

Esta construcción estaría rodeada por unos imponentes jardines en un espacio perfectamente circular de 200 metros de diámetro, y el conjunto se convertiría en una isla, rodeada a forma de anillo por la ampliación del Paseo de la Castellana, justo por donde hoy pasa esta avenida a la altura de los ya mencionados Nuevos Ministerios.

Monumento a Alfonso XIII en el Paseo de la Castellana
Desde el Paseo, además de poder admirarse en todo su esplendor el grandioso monumento, se podrían adivinar las fuentes, flores de colores y bustos de reyes y personajes célebres que asomarían en los jardines.

El 13 de junio de 1915, Alberto de Palacio escribe una carta a su hijo, en la que le explica que Alfonso XIII se quejaba sin cesar de la poca ambición de los arquitectos a los que encargaba la ampliación del Paseo de la Castellana, hasta que Núñez Granés presenta su ampliación, y el Rey dice que si finalmente se lleva a cabo, se convertirá en el mejor paseo del mundo.

Sin embargo, tanto el monumento como el parque de Alfonso XIII nunca fueron construidos. Hasta 1933 no se derribó el Hipódromo para poder prolongar la Vía, pero en ese año, el que había sido rey ya no se encontraba en España. El 12 de abril de 1931, las elecciones municipales dieron la victoria a las candidaturas republicanas, y el 14 de abril del mismo año se proclamó la II República, mientras el antiguo monarca abandonaba el país. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El edificio Carrión

La Gran Vía es un hito que marca un antes y un después en la historia madrileña. Son tantos los edificios a destacar que por lo general es difícil elegir uno, y por ello se suele hablar de la calle en su conjunto. Sin embargo, cada uno de esos edificios tiene su historia, su proyecto independiente del resto.

1. Proyecto de Luis Gutiérrez Soto
Es el 4 de abril de 1910 cuando, en presencia del alcalde de Madrid, José Francos Rodríguez, el presidente del gobierno, José Canalejas, y la familia real con Alfonso XIII a la cabeza, se comienzan oficialmente las obras de demolición de las antiguas calles, edificios e iglesias, para construir la Gran Vía.

La misma se divide desde el comienzo en 3 tramos, tanto en períodos de construcción como en disposición. El primero iría desde el actual edificio Metrópolis (donde antes se situaba la “Casa del Ataud”) hasta la Red de San Luis, junto al edificio Telefónica. El segundo tramo, de ahí hasta la plaza de Callao. El último llegaría hasta su fin en Plaza de España.
2. Proyecto de Emilio Paramés con
J. Rodríguez Cano. Fotomontaje

Hoy vamos a hablar del primero de los edificios del tercer tramo de la vía, el edificio Carrión.

En el lugar en que hoy se encuentra el posteriormente llamado edificio Capitol, más que conocido por su cartel de Schweppes, se situaba un terreno propiedad del marqués de Melín, don Enrique Carrión y Vecín (de ahí el nombre de edificio Carrión). El mismo estaba situado junto a la plaza de Callao, con esquina a la calle Jacometrezo y Gran Vía.

3. Proyecto de Manuel
de Cárdenas
El marqués decidió convocar en 1931 un concurso privado entre varios arquitectos para la construcción de un edificio que se convirtiera en un hito para Madrid, pero también que fuera de su agrado, tarea nada fácil. Las seis candidaturas fueron de:
-         1. Luis Gutiérrez Soto, que formó parte en la llamada Generación del 25
-         2. Emilio Paramés con J. Rodríguez Cano
-         3. Manuel de Cárdenas
-         4. Eduardo de Garay con Juan de Zabala
-         5. Luis Martínez Feduchi con Vicente Eced
-         6. Pedro Muguruza

4. Proyecto de Eduardo de Garay
con Juan de Zabala
En el momento, el arquitecto más conocido, además de Luis Gutiérrez Soto, era probablemente Pedro Muguruza (1893-1953), por obras como, por ejemplo, la terminal de la Estación del Norte, o el vecino Palacio de la Prensa, aunque fue años después cuando realizó obras como la reconstrucción de la Ciudad Universitaria tras la Guerra Civil, o el proyecto del Valle de los Caídos.

Como el solar era irregular, se requería un chaflán, un plano recto en lugar de una esquina en la plaza de Callao, o eso pensaron tanto Pedro de Muguruza como Manuel de Cárdenas. Los otros cuatro de los proyectos se idearon con el remate de manera curva, dando un carácter expresionista al edificio y acentuando su horizontalidad.
5. Proyecto de Luis Martínez
Feduchi con Vicente Eced

Los seis diseños fueron presentados en la revista “Arquitectura” en junio de 1931, y se daba a conocer en ella la planta y el alzado propuestos.

El diseño de Pedro Muguruza era, para muchos, el idóneo, porque respetaba su obra del Palacio de la Prensa, y ponía los dos edificios en armonía, como se puede apreciar en la fotografía número 6. El lenguaje clásico con pilastras, balaustradas, tondos, arcos y molduras, hacían que esta construcción completara el conjunto con la anterior.

El arquitecto hizo varios cambios en el diseño, pasando, por ejemplo, de una portada con un arco de medio punto en la planta baja a una apertura rectangular. Posteriormente, volvió a cambiar esta entrada por una sucesión de columnas, y por último, por arcos de medio punto entre pilastras.

6. Proyecto de Pedro Muguruza
junto a Palacio de la Prensa.
Fotomontaje de Carlota Bustos en 
"El proyecto de Pedro Muguruza
para el concurso del edificio Carrión
en la configuración del tercer tramo
de la Gran Vía", concursos de arquitect.,
actas del XIV Congreso de Expresión
Gráfica Arquitectónica, Univ. de 
Valladolid, 2012, pp 333-338
Sin embargo, no es Pedro Muguruza quien gana el concurso. Tampoco Luis Gutiérrez Soto, como se podría pensar.

Y es que llegó el día en que el marqués tenía que decidir qué proyecto autorizaría para ser realizado en su solar... y descartó los seis. Ninguno fue de su agrado y se declaró nulo el concurso, así que todos quedaron en papel y nunca vieron la luz.

Edificio Carrión
Finalmente, don Enrique Carrión y Vecín contrató a Feduchi y Eced, que habían presentado conjuntamente uno de los diseños, y les hizo directamente el encargo para que hicieran un proyecto nuevo que guarda, sin embargo, mucha semejanza con el que ya habían presentado anteriormente, en un estilo claramente expresionista (inspirado en el expresionismo alemán y con forma de barco). Una elección personal del marqués que, como tantas otras a lo largo de la historia, han cambiado para siempre la fisonomía de nuestra ciudad.

Y a ti, ¿cuál de los seis te parece el más indicado para esa situación?
¿Fue acertada la decisión del marqués?

miércoles, 29 de octubre de 2014

Madrid, donde no se pone el sol

El Centro Internacional de Convenciones de la Ciudad de Madrid (CICCM) estaba llamado a ser un nuevo icono de nuestra ciudad, una muestra del poder que tiene el turismo de negocios en la capital. Sin embargo, acabó convirtiéndose en uno de los últimos en incorporarse a la lista del Madrid no realizado.

Era abril de 2007, y se celebraba el Concurso Internacional de Ideas del nuevo Centro de Convenciones de la Ciudad de Madrid. Eran varias las propuestas, pero la presentada conjuntamente por los arquitectos Luis Moreno Mansilla, Emilio Tuñón Álvarez (fundadores ambos de Mansilla + Tuñón) y Matilde Peralta del Amo fue la que más repercusión tuvo de manera inmediata, especialmente por la fama de los dos primeros. Ellos, además de haber trabajado en la escuela de Rafael Moneo, son conocidos por otros proyectos, como el del Museo de Colecciones Reales, que aún se está ejecutando junto a catedral de la Almudena y el Palacio Real.

El CICCM estaría situado junto a las flamantes Cuatro Torres en el complejo empresarial Cuatro Torres Business Area (CTBA), que aún seguía en construcción en 2007. Lo que proponían estos arquitectos era un edificio de 120 metros de altura y 10 pisos, que ocuparía 190.000 m² (70.000m² sobre la superficie, y 120.000m² bajo tierra).

Se organizaría en tres partes:
- En la parte inferior se situarían tres auditorios, uno con capacidad para 4.000 personas, y dos más para 1.500 asistentes (dos de ellos se podrían unir, llegando así a las 5.500 plazas).
- En la parte central se encontrarían tres salas de exposiciones, ocupando 15.800 m². Las mismas tendrían una galería de acceso y un mirador, y su gran altura (12 metros) permitiría poder realizar cualquier tipo de exposición en ellas.
- Por último, en la parte superior habría un restaurante mirador, accesible en principio para cualquier persona, y al que se subiría gracias a ascensores panorámicos. Desde allí se podría contemplar la sierra de Guadarrama, la zona norte del Paseo de la Castellana, y también las cuatro torres vecinas, que harían que los 120 metros del CICCM parecieran escasos a su lado (no hay que olvidar que Torre Espacio tiene 230 metros de altura, Torre de Cristal 249,5 metros, Torre PwC 236 metros, y Torre Foster 248 metros).

La fachada estaría recubierta por completo por paneles de aluminio. Estos paneles se iluminarían de noche con 25.000 leds de un vatio de potencia de luz blanca cada uno, es decir, 25.000 vatios.

Pero lo que más llamaría la atención, sería, por supuesto, la forma exterior de la obra. Se trataría de un edificio circular con la forma de un sol que sale o se pone. De ahí que la iluminación nocturna fuera tan importante, para marcar su carácter de sol de Madrid. Por ello, el lema que eligieron los arquitectos para este proyecto fue “Madrid, donde no se pone el sol”.

El alcalde de la ciudad que presentó este proyecto, Alberto Ruiz-Gallardón, señaló a este edificio como un respaldo al turismo de negocios de la urbe, el que más relevancia tiene actualmente en la capital.

Además, estaría todo el proyecto rodeado por zonas verdes, y las conexiones subterráneas existentes a través del anillo distribuidor facilitarían el acceso desde el IFEMA y el aeropuerto.

En 2009, y a pesar de los problemas económicos, comenzó el movimiento de tierras para la cimentación del edificio. Sin embargo, pronto se resintió este proyecto del endeudamiento de la ciudad, y se pararon las obras temporalmente.

En 2011, año en que en principio se habría acabado la construcción, todo seguía parado, y se esperaba que llegaran tiempos mejores para poder finalizarla.

Desgraciadamente, la situación no mejoró, y de hecho no hizo más que empeorar. Se paró por completo la obra y, a pesar de la inversión de 120 millones de euros hasta 2009, en 2013 se comenzó a buscar una salida factible a este solar, antiguamente perteneciente a la ciudad deportiva del Real Madrid. Se habló de un auditorio, un parking, un centro comercial... que requerirían que la empresa que actualmente lo gestiona, “Madrid Destino”, diera su visto bueno y se procediera a la recalificación de los terrenos.

Sin embargo, en este año 2014 se dio a conocer la noticia de que inversores vinculados al centro Madrid2 - La Vaguada han mostrado su interés en la compra del espacio para construir un nuevo centro comercial, por lo que no sería de extrañar que en los próximos meses se resuelva qué ocurrirá con este solar.


Lo que es más que seguro es que el Centro Internacional de Convenciones de Madrid no llegaremos a conocerlo tal y como estaba previsto, ya que ha pasado a formar parte de esta lista que comentamos en este blog cada miércoles, el Madrid que no fue.

miércoles, 22 de octubre de 2014

La catedral que no fue

Si uno se para ante la puerta de la catedral de la Almudena durante 15 minutos, es posible que escuche más adjetivos de los que se pueden encontrar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. ¿Amada? ¿Odiada? Hoy vamos a hablar de uno de los monumentos más polémicos y cuestionados de nuestra ciudad, vamos a hablar de la catedral, pero de la catedral que no fue.

Francisco de Cubas, Marqués de Cubas,
artífice del primer proyecto de la catedral
Corría el siglo IX cuando el emir Muhammad I fundaba Mayrit, el embrión del futuro Madrid. Mayrit no era primitivamente una ciudad, sino más bien una ciudadela, un recinto amurallado, o en árabe, una Almudayna”. Su privilegiada situación sobre un barranco de 70 metros con respecto al río Manzanares, la hacía ideal para defender, por parte de los árabes, la “marca media”, ese espacio situado a mitad de la península que separaba a los cristianos de los musulmanes.
Esa “Almudayna”, que como decimos estaba amurallada, ocupaba lo que hoy es el Palacio Real, la Plaza de la Armería y la catedral de la Almudena.

Cuenta la leyenda que el apóstol Santiago, en su camino a Compostela, había pasado por este lugar y dejado la imagen de una virgen. Los cristianos la habrían escondido en la muralla ante la invasión árabe, y tras la Reconquista, en el siglo XI, se hace una procesión. Al pasar por este lugar se desprenden unas piedras y aparece la imagen con un cirio encendido a cada lado. Era el 9 de noviembre de 1085.

La mezquita de la ciudad se convierte en iglesia, la de Santa María, y la estatua encontrada se venera en ese templo (aún quedan restos del edificio en la calle Almudena). El mismo queda bajo la advocación de Santa María de la Almudena, patrona de la ciudad.

Aunque es cierto que las reinas Isabel de Borbón y María Ana de Austria intentaron crear un santuario en el siglo XVII dedicado exclusivamente a esta virgen, no es hasta 1868 cuando, al aprobar el derribo de la iglesia de Santa María, se plantea la urgente necesidad de establecer un templo con este fin en Madrid.

Proyecto de la fachada principal de la
catedral por Francisco de Cubas
Mientras la estatua pasa a venerarse en la vecina iglesia del Sacramento, María de las Mercedes de Orleáns, esposa del rey Alfonso XII, toma el proyecto como algo personal. Sólo vive 5 meses con el monarca puesto que muere a causa del tifus. Sin embargo, apoya a la Congregación de Esclavos de la Virgen de la Almudena en su solicitud al Arzobispo de Toledo para construir otro templo dedicado a la virgen.

Francisco de Cubas recibe la tarea de construir una importante iglesia parroquial. Tendría que ser especial, porque María de las Mercedes, al morir sin descendencia, no podría ser enterrada en el Panteón de El Escorial, con lo cual esta iglesia sería también el panteón de la reina. Alfonso XII coloca por fin la primera piedra el 4 de abril de 1883, pero tan sólo un año más tarde el papa León XIII da independencia a Madrid con respecto a la diócesis de Toledo. Gracias a esto Madrid puede tener catedral, y se le encarga a Francisco de Cubas modificar el proyecto de la parroquia para convertirlo en catedral.

Proyecto del lateral de la catedral
por Francisco de Cubas
Para ello, el arquitecto, que ya en estas fechas tenía el título de Marqués de Cubas, diseñó una catedral de estilo neogótico florido francés de grandes dimensiones. La fachada principal tendría dos pares de torres, siendo más altas y anchas las extremas, flanqueando un gran pórtico de entrada con tres puertas góticas, un piso de ventanas y un enorme rosetón.

Uno de los elementos más curiosos sería la galería de reyes sobre y bajo el rosetón, reafirmando al templo como iglesia relacionada con realeza al estar situada junto al Palacio. Además, la nave central destacaría al llegar a los 32 metros de altura adquiriendo proporciones afrancesadas. Por último, en el Altar Mayor se colocaría la estatua de la Virgen de la Almudena.

La planta sería de cruz latina, el crucero tendría tres naves, la cabecera semicircular con girola y cinco capillas radiales, y las capillas laterales estarían comunicadas.
Maqueta del proyecto de Francisco
de Cubas vista desde la parte trasera

Se tuvo muy en cuenta para la orientación de la catedral que fuera Norte-Sur y no Este-Oeste como es habitual, para poder así respetar la armonía con el Palacio Real. Sin embargo, en estilos desentonaría bastante con el barroco edificio.

El Marqués muere en 1899, y son varios los arquitectos por cuyas manos pasa el proyecto: Miguel Olavaria, Enrique Repullés y Vargas, y Juan Moya.
Lo único que se había conseguido construir tal y como marcaba el proyecto de Francisco de Cubas era la cripta, que se finalizó en 1911 con Enrique Repullés y Vargas. Hasta allí se traslada la primitiva imagen de la Virgen de la Almudena.

Posteriormente las obras se detienen casi por completo, y la Guerra Civil hace que se vea muy difícil la finalización del templo.
A pesar de las dificultades, en 1944 los arquitectos Fernando Chueca Goitia (que también amplió el Museo del Prado) y Carlos Sidro ganan el concurso para la continuación de las obras, con las modificaciones que realizan al proyecto original. Gracias a esa propuesta ganan el Premio Nacional de Arquitectura de 1944.
Maqueta del proyecto de Francisco de Cubas
Fuente: guías-viajar.com

Lo que presentan es un santuario, entre otras características, inferior en altura a la del Marqués de Cubas y construido por granito para dar armonía con el vecino Palacio Real, cuyas obras duran desde el 1950 hasta el 1993, cuando la consagra el papa Juan Pablo II como catedral de Santa María la Real de la Almudena, y por último en el año 2000 se entierra en una capilla funeraria a la reina María de las Mercedes, por haber sido en parte promotora de esta construcción.

El edificio que finalmente se realiza y que tod@s conocemos, para bien o para mal, a nadie deja indiferente, pero... ¿qué hay de la catedral que no fue, la proyectada por Francisco de Cubas? ¿Era más interesante, o era un despropósito al estar construida junto al Palacio Real? ¿Habría desvirtuado así a este edificio al quitarle protagonismo, o habría mejorado el conjunto arquitectónico?

miércoles, 15 de octubre de 2014

El monumento a Colón de Alberto de Palacio

Son muchos los proyectos que se pensaron para la ciudad de Madrid y nunca se realizaron, muchos planes que se perdieron o dieron lugar a otros nuevos. Pero sin duda alguna, uno de los más espectaculares es el monumento a Colón de Alberto de Palacio.

Alberto de Palacio y Elissague
Remontémonos a los años previos al 1892. España seguía siendo uno de los países que aún conservaba colonias en territorios americanos (hasta 1898 no se pierden Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Se quería que Madrid no perdiera su carácter de metrópoli, y que esta circunstancia fuera algo de lo que enorgullecerse. Además, en ese año 1892 se celebraba el cuarto centenario del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, y se pretendía construir algo nuevo, un monumento que recordara este hecho pero se convirtiera a su vez en un icono de Madrid e incluso del país.

Por otra parte, en 1893 se celebraría la Exposición Universal de Chicago con el tema del cuarto centenario del Descubrimiento de América, y se quería construir en la ciudad estadounidense una torre que sirviera de símbolo del evento. 


Proyecto para la Exposición Universal de Chicago
Para ello, se convocó un Concurso Internacional en 1891, y entre otros, se presentó un arquitecto español. El mismo, discípulo de Gustave Eiffel, se llamaba Alberto de Palacio y Elissague, y su fama en Madrid era más que merecida al haber participado en obras como las del Palacio de Velázquez del Parque del Retiro (1883), la sede del Banco de España (1884-1891), el Palacio de Cristal (1887), e incluso la estación de Atocha (1888-1892). Por este motivo, no extrañó en la capital que Alberto de Palacio se llevara el primer premio.
Su proyecto consistía en una gran esfera metálica de 200 metros de diámetro, colocada sobre un pedestal de 100 metros de altura, igualando así a los 300 metros de altura de la Torre Eiffel. Sin embargo, sobre la esfera se colocaría un gran barco que superaría al monumento parisino.

A pesar de obtener el primer premio, el proyecto nunca se llegó a realizar en Chicago. Es por lo que el arquitecto decidió aprovechar la ocasión del centenario del Descubrimiento para presentar su proyecto en Madrid, eso sí, con algunos cambios.

Se trataría de un monumento dedicado a Colón, y se situaría en el Parque del Retiro, donde ya se encontraban dos de sus obras. Concretamente, estaría bastante próximo al Palacio de Cristal.
La Ilustración Española y Americana, 1891
La gran esfera representaría el globo terráqueo, y en ella se podrían observar los continentes y océanos. Coronando toda esta obra se situaría un gran barco: la carabela Santa María con toda su tripulación. Algo así como un mapamundi gigante rindiendo homenaje a uno de los mayores descubrimientos de todos los tiempos.
La línea del ecuador sería una pasarela de 700 metros de recorrido y 14 metros de ancho, y se utilizaría como mirador. Sería por tanto accesible al público, que también encontraría en el interior del globo un teatro, restaurantes, observatorios y colegios astronómicos, museos zoológicos, botánicos y arqueológicos del mundo español y americano, bibliotecas colombinas, salas de reuniones y de conferencias para congresos, salones de música, una iglesia y un hotel. Se había planeado incluso la recreación, sobre todas las salas anteriores, de la bóveda celeste de las Islas Bahamas el 12 de octubre de 1492, fecha en que se había llegado a “las Indias”.

Recreación revista "Muy Interesante", 2009
Toda la esfera estaría apoyada en una peana de hormigón armado reforzado con hierro, de 100 metros de altura. Un total de 4.180.000 metros cúbicos de volumen en una superficie de 125.000 metros cuadrados.

En la base de todo este monumento, en la entrada por el pedestal, se situaría una estatua ciclópea de Cristóbal Colón, acompañada de otros grupos escultóricos relacionados con el Descubrimiento, y todo este entorno rodeado todo por amplios jardines.

A pesar de la magnitud de este proyecto, el mismo nunca se realizó, por una parte debido al alto coste de su construcción, y por otra debido a la pérdida de colonias por parte de España, finalizando en el “Desastre del 98” mencionado anteriormente.

Cien años después, en 1992, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla y del quinto centenario del Descubrimiento de América, se presentó en la capital andaluza un proyecto bastante similar. Se trataba de la Esfera Armilar, de Rafael Trénor y José Antonio Fernández Ordóñez.  En esta ocasión, era un enorme astrolabio de 92 metros de altura, pero también fue rechazado. En su lugar, la Sociedad Estatal del Quinto Centenario y la cooperativa PSV (Promoción Social de la Vivienda), acordaron la creación de esta nueva esfera en otra ciudad: Madrid.

Esfera Armilar
Se firmó la edificación de este monumento en el barrio de Valdebernardo con motivo de la construcción de nuevos pisos en la zona. Se quería dotar a la zona de espacios públicos, y por ello se proyectó crear un parque de 160 hectáreas, en el que habría, por ejemplo, un lago apto para deportes náuticos, pero lo que destacaría sería esta Esfera Armilar.
A través de este nuevo globo se podría ver el cielo, y en el centro de la esfera habría una representación de los planetas, comparando las expediciones a las colonias americanas con los modernos viajes espaciales. Por ello también se construiría un Museo del Espacio. Los visitantes se desplazarían por la esfera mediante ascensores y escaleras mecánicas.
Habrían sido 7.000 toneladas de peso de esfera, y habría costado 7.000 millones de pesetas, unos 42 millones de euros, pero finalmente la cooperativa de viviendas fue intervenida y acusada de fraude inmobiliario, con lo cual, los motivos económicos fueron de nuevo los que no permitieron la creación de una esfera conmemorativa en Madrid.

Una vez más, un proyecto de estas características no se pudo realizar, pero... ¿quién sabe si en el sexto centenario del Descubrimiento de América, allá por el 2092, algún arquitecto recuperará el monumento de Alberto de Palacio y los descubridores tendrán por fin su justo homenaje?

miércoles, 8 de octubre de 2014

La Puerta del Sol de Antonio Palacios

Antonio Palacios Ramilo (1876 – 1945) es uno de esos arquitectos sin los cuales no podría entenderse el Madrid que conocemos. Buena parte de los edificios más representativos de Madrid son obra suya, desde el Palacio de Comunicaciones (hoy Palacio de Cibeles) hasta el Círculo de Bellas Artes, pasando por otros buenos ejemplos tales como el Hospital de Jornaleros o el edificio de las Cariátides (Instituto Cervantes).

Sin embargo, no todos sus grandes proyectos se pudieron llevar a cabo. Aprovechando que esta semana se celebra en nuestra ciudad la “Semana de la Arquitectura”, hemos querido rescatar el plan que tenía preparado este urbanista gallego para la Puerta del Sol.

En octubre de 1919, el rey Alfonso XIII inaugura en la capital el metro de Madrid, cubriendo en la única línea existente el trayecto entre las estaciones de Cuatro Caminos y Sol. El diseño del suburbano, tanto de las estaciones como de algunos edificios auxiliares, así como de los templetes de Sol y el de la Red de San Luis, son obra de Antonio Palacios, en algunos casos en colaboración con los hermanos Otamendi.

Es en este año cuando el gallego comienza a diseñar su propuesta para la Puerta del Sol. En este proyecto se planeó la demolición de gran parte de los edificios existentes en esta céntrica plaza, incluyendo el edificio de la Real Casa de Correos, actual sede de la Comunidad de Madrid. Habrían sido un total de 161 manzanas expropiadas y demolidas. Y es que en aquellos entonces, este epicentro era tan transitado como lo es hoy en día, con el elemento añadido de la circulación de coches de caballos y tranvías. Por este motivo se cuestionó la idoneidad del tamaño de la existente Puerta del Sol y se planteó ampliarla.

Palacios pretende crear una plaza elíptica mucho más monumental. La misma estaría cerrada por arcos de triunfo en los accesos de las vías, y ornamentada con efigies.
Los arcos estarían dedicados a los monarcas españoles que más se relacionan con el pasado glorioso del Imperio Español: por una parte estaría el de Felipe II con acceso a la calle del Carmen, y enfrente el de sus abuelos, los Reyes Católicos y su padre, Carlos V, que sería en la que desembocaría la calle Carretas. En el centro del lugar se situaría una gran fuente, que simbolizaría todos los ríos y mares que riegan nuestro país.

Sin embargo, lo más sorprendente del proyecto es, posiblemente, la construcción de dos torres de 141 metros cada una, una en la zona del actual Apple Store, y la otra justo enfrente, en el edificio en que hoy se sitúa “La Mallorquina”. 
Las dos torres simbolizarían el “Plus Ultra”. Estas palabras latinas, “Más allá”, fue el lema que adoptó Carlos V en su imperio, y hace referencia al origen mítico de España, en el que Hércules pone dos columnas en el estrecho de Gibraltar para marcar el final del mundo e indicar que no existe tierra más allá, “Non terrae plus ultra”.


Como se puede ver, se trataba de crear una plaza que ensalzara la historia del país: por un lado su origen mítico con las torres – columnas de Hércules, y por otra parte, los años del glorioso Imperio con los arcos triunfales. 

Por si esto fuera poco, se planteaba también que las dos altísimas torres (no hay que olvidar que la madrileña Torre Picasso, de 157 metros de altura, fue hasta 2002 el edificio más alto de España) sirvieran como consulado para las 20 naciones iberoamericanas, representando en ese escenario algo así como un nuevo Imperio en el que las antiguas colonias se juntan con su vetusta metrópoli.

Este diseño lo finalizó Antonio Palacios 20 años después de su comienzo, entre 1938 y 1939, en plena Guerra Civil. La complicada situación que se vivía en ese momento, sumada a la cantidad de 220 millones de pesetas de la época que habría costado de haberse llevado a cabo (unos 1.322.000€ actuales), hicieron imposible la realización de este ambicioso proyecto, que sin duda hubiera transformado por completo el centro de nuestra ciudad.