miércoles, 29 de octubre de 2014

Madrid, donde no se pone el sol

El Centro Internacional de Convenciones de la Ciudad de Madrid (CICCM) estaba llamado a ser un nuevo icono de nuestra ciudad, una muestra del poder que tiene el turismo de negocios en la capital. Sin embargo, acabó convirtiéndose en uno de los últimos en incorporarse a la lista del Madrid no realizado.

Era abril de 2007, y se celebraba el Concurso Internacional de Ideas del nuevo Centro de Convenciones de la Ciudad de Madrid. Eran varias las propuestas, pero la presentada conjuntamente por los arquitectos Luis Moreno Mansilla, Emilio Tuñón Álvarez (fundadores ambos de Mansilla + Tuñón) y Matilde Peralta del Amo fue la que más repercusión tuvo de manera inmediata, especialmente por la fama de los dos primeros. Ellos, además de haber trabajado en la escuela de Rafael Moneo, son conocidos por otros proyectos, como el del Museo de Colecciones Reales, que aún se está ejecutando junto a catedral de la Almudena y el Palacio Real.

El CICCM estaría situado junto a las flamantes Cuatro Torres en el complejo empresarial Cuatro Torres Business Area (CTBA), que aún seguía en construcción en 2007. Lo que proponían estos arquitectos era un edificio de 120 metros de altura y 10 pisos, que ocuparía 190.000 m² (70.000m² sobre la superficie, y 120.000m² bajo tierra).

Se organizaría en tres partes:
- En la parte inferior se situarían tres auditorios, uno con capacidad para 4.000 personas, y dos más para 1.500 asistentes (dos de ellos se podrían unir, llegando así a las 5.500 plazas).
- En la parte central se encontrarían tres salas de exposiciones, ocupando 15.800 m². Las mismas tendrían una galería de acceso y un mirador, y su gran altura (12 metros) permitiría poder realizar cualquier tipo de exposición en ellas.
- Por último, en la parte superior habría un restaurante mirador, accesible en principio para cualquier persona, y al que se subiría gracias a ascensores panorámicos. Desde allí se podría contemplar la sierra de Guadarrama, la zona norte del Paseo de la Castellana, y también las cuatro torres vecinas, que harían que los 120 metros del CICCM parecieran escasos a su lado (no hay que olvidar que Torre Espacio tiene 230 metros de altura, Torre de Cristal 249,5 metros, Torre PwC 236 metros, y Torre Foster 248 metros).

La fachada estaría recubierta por completo por paneles de aluminio. Estos paneles se iluminarían de noche con 25.000 leds de un vatio de potencia de luz blanca cada uno, es decir, 25.000 vatios.

Pero lo que más llamaría la atención, sería, por supuesto, la forma exterior de la obra. Se trataría de un edificio circular con la forma de un sol que sale o se pone. De ahí que la iluminación nocturna fuera tan importante, para marcar su carácter de sol de Madrid. Por ello, el lema que eligieron los arquitectos para este proyecto fue “Madrid, donde no se pone el sol”.

El alcalde de la ciudad que presentó este proyecto, Alberto Ruiz-Gallardón, señaló a este edificio como un respaldo al turismo de negocios de la urbe, el que más relevancia tiene actualmente en la capital.

Además, estaría todo el proyecto rodeado por zonas verdes, y las conexiones subterráneas existentes a través del anillo distribuidor facilitarían el acceso desde el IFEMA y el aeropuerto.

En 2009, y a pesar de los problemas económicos, comenzó el movimiento de tierras para la cimentación del edificio. Sin embargo, pronto se resintió este proyecto del endeudamiento de la ciudad, y se pararon las obras temporalmente.

En 2011, año en que en principio se habría acabado la construcción, todo seguía parado, y se esperaba que llegaran tiempos mejores para poder finalizarla.

Desgraciadamente, la situación no mejoró, y de hecho no hizo más que empeorar. Se paró por completo la obra y, a pesar de la inversión de 120 millones de euros hasta 2009, en 2013 se comenzó a buscar una salida factible a este solar, antiguamente perteneciente a la ciudad deportiva del Real Madrid. Se habló de un auditorio, un parking, un centro comercial... que requerirían que la empresa que actualmente lo gestiona, “Madrid Destino”, diera su visto bueno y se procediera a la recalificación de los terrenos.

Sin embargo, en este año 2014 se dio a conocer la noticia de que inversores vinculados al centro Madrid2 - La Vaguada han mostrado su interés en la compra del espacio para construir un nuevo centro comercial, por lo que no sería de extrañar que en los próximos meses se resuelva qué ocurrirá con este solar.


Lo que es más que seguro es que el Centro Internacional de Convenciones de Madrid no llegaremos a conocerlo tal y como estaba previsto, ya que ha pasado a formar parte de esta lista que comentamos en este blog cada miércoles, el Madrid que no fue.

miércoles, 22 de octubre de 2014

La catedral que no fue

Si uno se para ante la puerta de la catedral de la Almudena durante 15 minutos, es posible que escuche más adjetivos de los que se pueden encontrar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. ¿Amada? ¿Odiada? Hoy vamos a hablar de uno de los monumentos más polémicos y cuestionados de nuestra ciudad, vamos a hablar de la catedral, pero de la catedral que no fue.

Francisco de Cubas, Marqués de Cubas,
artífice del primer proyecto de la catedral
Corría el siglo IX cuando el emir Muhammad I fundaba Mayrit, el embrión del futuro Madrid. Mayrit no era primitivamente una ciudad, sino más bien una ciudadela, un recinto amurallado, o en árabe, una Almudayna”. Su privilegiada situación sobre un barranco de 70 metros con respecto al río Manzanares, la hacía ideal para defender, por parte de los árabes, la “marca media”, ese espacio situado a mitad de la península que separaba a los cristianos de los musulmanes.
Esa “Almudayna”, que como decimos estaba amurallada, ocupaba lo que hoy es el Palacio Real, la Plaza de la Armería y la catedral de la Almudena.

Cuenta la leyenda que el apóstol Santiago, en su camino a Compostela, había pasado por este lugar y dejado la imagen de una virgen. Los cristianos la habrían escondido en la muralla ante la invasión árabe, y tras la Reconquista, en el siglo XI, se hace una procesión. Al pasar por este lugar se desprenden unas piedras y aparece la imagen con un cirio encendido a cada lado. Era el 9 de noviembre de 1085.

La mezquita de la ciudad se convierte en iglesia, la de Santa María, y la estatua encontrada se venera en ese templo (aún quedan restos del edificio en la calle Almudena). El mismo queda bajo la advocación de Santa María de la Almudena, patrona de la ciudad.

Aunque es cierto que las reinas Isabel de Borbón y María Ana de Austria intentaron crear un santuario en el siglo XVII dedicado exclusivamente a esta virgen, no es hasta 1868 cuando, al aprobar el derribo de la iglesia de Santa María, se plantea la urgente necesidad de establecer un templo con este fin en Madrid.

Proyecto de la fachada principal de la
catedral por Francisco de Cubas
Mientras la estatua pasa a venerarse en la vecina iglesia del Sacramento, María de las Mercedes de Orleáns, esposa del rey Alfonso XII, toma el proyecto como algo personal. Sólo vive 5 meses con el monarca puesto que muere a causa del tifus. Sin embargo, apoya a la Congregación de Esclavos de la Virgen de la Almudena en su solicitud al Arzobispo de Toledo para construir otro templo dedicado a la virgen.

Francisco de Cubas recibe la tarea de construir una importante iglesia parroquial. Tendría que ser especial, porque María de las Mercedes, al morir sin descendencia, no podría ser enterrada en el Panteón de El Escorial, con lo cual esta iglesia sería también el panteón de la reina. Alfonso XII coloca por fin la primera piedra el 4 de abril de 1883, pero tan sólo un año más tarde el papa León XIII da independencia a Madrid con respecto a la diócesis de Toledo. Gracias a esto Madrid puede tener catedral, y se le encarga a Francisco de Cubas modificar el proyecto de la parroquia para convertirlo en catedral.

Proyecto del lateral de la catedral
por Francisco de Cubas
Para ello, el arquitecto, que ya en estas fechas tenía el título de Marqués de Cubas, diseñó una catedral de estilo neogótico florido francés de grandes dimensiones. La fachada principal tendría dos pares de torres, siendo más altas y anchas las extremas, flanqueando un gran pórtico de entrada con tres puertas góticas, un piso de ventanas y un enorme rosetón.

Uno de los elementos más curiosos sería la galería de reyes sobre y bajo el rosetón, reafirmando al templo como iglesia relacionada con realeza al estar situada junto al Palacio. Además, la nave central destacaría al llegar a los 32 metros de altura adquiriendo proporciones afrancesadas. Por último, en el Altar Mayor se colocaría la estatua de la Virgen de la Almudena.

La planta sería de cruz latina, el crucero tendría tres naves, la cabecera semicircular con girola y cinco capillas radiales, y las capillas laterales estarían comunicadas.
Maqueta del proyecto de Francisco
de Cubas vista desde la parte trasera

Se tuvo muy en cuenta para la orientación de la catedral que fuera Norte-Sur y no Este-Oeste como es habitual, para poder así respetar la armonía con el Palacio Real. Sin embargo, en estilos desentonaría bastante con el barroco edificio.

El Marqués muere en 1899, y son varios los arquitectos por cuyas manos pasa el proyecto: Miguel Olavaria, Enrique Repullés y Vargas, y Juan Moya.
Lo único que se había conseguido construir tal y como marcaba el proyecto de Francisco de Cubas era la cripta, que se finalizó en 1911 con Enrique Repullés y Vargas. Hasta allí se traslada la primitiva imagen de la Virgen de la Almudena.

Posteriormente las obras se detienen casi por completo, y la Guerra Civil hace que se vea muy difícil la finalización del templo.
A pesar de las dificultades, en 1944 los arquitectos Fernando Chueca Goitia (que también amplió el Museo del Prado) y Carlos Sidro ganan el concurso para la continuación de las obras, con las modificaciones que realizan al proyecto original. Gracias a esa propuesta ganan el Premio Nacional de Arquitectura de 1944.
Maqueta del proyecto de Francisco de Cubas
Fuente: guías-viajar.com

Lo que presentan es un santuario, entre otras características, inferior en altura a la del Marqués de Cubas y construido por granito para dar armonía con el vecino Palacio Real, cuyas obras duran desde el 1950 hasta el 1993, cuando la consagra el papa Juan Pablo II como catedral de Santa María la Real de la Almudena, y por último en el año 2000 se entierra en una capilla funeraria a la reina María de las Mercedes, por haber sido en parte promotora de esta construcción.

El edificio que finalmente se realiza y que tod@s conocemos, para bien o para mal, a nadie deja indiferente, pero... ¿qué hay de la catedral que no fue, la proyectada por Francisco de Cubas? ¿Era más interesante, o era un despropósito al estar construida junto al Palacio Real? ¿Habría desvirtuado así a este edificio al quitarle protagonismo, o habría mejorado el conjunto arquitectónico?

miércoles, 15 de octubre de 2014

El monumento a Colón de Alberto de Palacio

Son muchos los proyectos que se pensaron para la ciudad de Madrid y nunca se realizaron, muchos planes que se perdieron o dieron lugar a otros nuevos. Pero sin duda alguna, uno de los más espectaculares es el monumento a Colón de Alberto de Palacio.

Alberto de Palacio y Elissague
Remontémonos a los años previos al 1892. España seguía siendo uno de los países que aún conservaba colonias en territorios americanos (hasta 1898 no se pierden Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Se quería que Madrid no perdiera su carácter de metrópoli, y que esta circunstancia fuera algo de lo que enorgullecerse. Además, en ese año 1892 se celebraba el cuarto centenario del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, y se pretendía construir algo nuevo, un monumento que recordara este hecho pero se convirtiera a su vez en un icono de Madrid e incluso del país.

Por otra parte, en 1893 se celebraría la Exposición Universal de Chicago con el tema del cuarto centenario del Descubrimiento de América, y se quería construir en la ciudad estadounidense una torre que sirviera de símbolo del evento. 


Proyecto para la Exposición Universal de Chicago
Para ello, se convocó un Concurso Internacional en 1891, y entre otros, se presentó un arquitecto español. El mismo, discípulo de Gustave Eiffel, se llamaba Alberto de Palacio y Elissague, y su fama en Madrid era más que merecida al haber participado en obras como las del Palacio de Velázquez del Parque del Retiro (1883), la sede del Banco de España (1884-1891), el Palacio de Cristal (1887), e incluso la estación de Atocha (1888-1892). Por este motivo, no extrañó en la capital que Alberto de Palacio se llevara el primer premio.
Su proyecto consistía en una gran esfera metálica de 200 metros de diámetro, colocada sobre un pedestal de 100 metros de altura, igualando así a los 300 metros de altura de la Torre Eiffel. Sin embargo, sobre la esfera se colocaría un gran barco que superaría al monumento parisino.

A pesar de obtener el primer premio, el proyecto nunca se llegó a realizar en Chicago. Es por lo que el arquitecto decidió aprovechar la ocasión del centenario del Descubrimiento para presentar su proyecto en Madrid, eso sí, con algunos cambios.

Se trataría de un monumento dedicado a Colón, y se situaría en el Parque del Retiro, donde ya se encontraban dos de sus obras. Concretamente, estaría bastante próximo al Palacio de Cristal.
La Ilustración Española y Americana, 1891
La gran esfera representaría el globo terráqueo, y en ella se podrían observar los continentes y océanos. Coronando toda esta obra se situaría un gran barco: la carabela Santa María con toda su tripulación. Algo así como un mapamundi gigante rindiendo homenaje a uno de los mayores descubrimientos de todos los tiempos.
La línea del ecuador sería una pasarela de 700 metros de recorrido y 14 metros de ancho, y se utilizaría como mirador. Sería por tanto accesible al público, que también encontraría en el interior del globo un teatro, restaurantes, observatorios y colegios astronómicos, museos zoológicos, botánicos y arqueológicos del mundo español y americano, bibliotecas colombinas, salas de reuniones y de conferencias para congresos, salones de música, una iglesia y un hotel. Se había planeado incluso la recreación, sobre todas las salas anteriores, de la bóveda celeste de las Islas Bahamas el 12 de octubre de 1492, fecha en que se había llegado a “las Indias”.

Recreación revista "Muy Interesante", 2009
Toda la esfera estaría apoyada en una peana de hormigón armado reforzado con hierro, de 100 metros de altura. Un total de 4.180.000 metros cúbicos de volumen en una superficie de 125.000 metros cuadrados.

En la base de todo este monumento, en la entrada por el pedestal, se situaría una estatua ciclópea de Cristóbal Colón, acompañada de otros grupos escultóricos relacionados con el Descubrimiento, y todo este entorno rodeado todo por amplios jardines.

A pesar de la magnitud de este proyecto, el mismo nunca se realizó, por una parte debido al alto coste de su construcción, y por otra debido a la pérdida de colonias por parte de España, finalizando en el “Desastre del 98” mencionado anteriormente.

Cien años después, en 1992, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla y del quinto centenario del Descubrimiento de América, se presentó en la capital andaluza un proyecto bastante similar. Se trataba de la Esfera Armilar, de Rafael Trénor y José Antonio Fernández Ordóñez.  En esta ocasión, era un enorme astrolabio de 92 metros de altura, pero también fue rechazado. En su lugar, la Sociedad Estatal del Quinto Centenario y la cooperativa PSV (Promoción Social de la Vivienda), acordaron la creación de esta nueva esfera en otra ciudad: Madrid.

Esfera Armilar
Se firmó la edificación de este monumento en el barrio de Valdebernardo con motivo de la construcción de nuevos pisos en la zona. Se quería dotar a la zona de espacios públicos, y por ello se proyectó crear un parque de 160 hectáreas, en el que habría, por ejemplo, un lago apto para deportes náuticos, pero lo que destacaría sería esta Esfera Armilar.
A través de este nuevo globo se podría ver el cielo, y en el centro de la esfera habría una representación de los planetas, comparando las expediciones a las colonias americanas con los modernos viajes espaciales. Por ello también se construiría un Museo del Espacio. Los visitantes se desplazarían por la esfera mediante ascensores y escaleras mecánicas.
Habrían sido 7.000 toneladas de peso de esfera, y habría costado 7.000 millones de pesetas, unos 42 millones de euros, pero finalmente la cooperativa de viviendas fue intervenida y acusada de fraude inmobiliario, con lo cual, los motivos económicos fueron de nuevo los que no permitieron la creación de una esfera conmemorativa en Madrid.

Una vez más, un proyecto de estas características no se pudo realizar, pero... ¿quién sabe si en el sexto centenario del Descubrimiento de América, allá por el 2092, algún arquitecto recuperará el monumento de Alberto de Palacio y los descubridores tendrán por fin su justo homenaje?

miércoles, 8 de octubre de 2014

La Puerta del Sol de Antonio Palacios

Antonio Palacios Ramilo (1876 – 1945) es uno de esos arquitectos sin los cuales no podría entenderse el Madrid que conocemos. Buena parte de los edificios más representativos de Madrid son obra suya, desde el Palacio de Comunicaciones (hoy Palacio de Cibeles) hasta el Círculo de Bellas Artes, pasando por otros buenos ejemplos tales como el Hospital de Jornaleros, el Casino de Madrid o el edificio de las Cariátides (Instituto Cervantes).

Sin embargo, no todos sus grandes proyectos se pudieron llevar a cabo. Aprovechando que esta semana se celebra en nuestra ciudad la “Semana de la Arquitectura”, hemos querido rescatar el plan que tenía preparado este urbanista gallego para la Puerta del Sol.

En octubre de 1919, el rey Alfonso XIII inaugura en la capital el metro de Madrid, cubriendo en la única línea existente el trayecto entre las estaciones de Cuatro Caminos y Sol. El diseño del suburbano, tanto de las estaciones como de algunos edificios auxiliares, así como de los templetes de Sol y el de la Red de San Luis, son obra de Antonio Palacios, en algunos casos en colaboración con los hermanos Otamendi.

Es en este año cuando el gallego comienza a diseñar su propuesta para la Puerta del Sol. En este proyecto se planeó la demolición de gran parte de los edificios existentes en esta céntrica plaza, incluyendo el edificio de la Real Casa de Correos, actual sede de la Comunidad de Madrid. Habrían sido un total de 161 manzanas expropiadas y demolidas. Y es que en aquellos entonces, este epicentro era tan transitado como lo es hoy en día, con el elemento añadido de la circulación de coches de caballos y tranvías. Por este motivo se cuestionó la idoneidad del tamaño de la existente Puerta del Sol y se planteó ampliarla.

Palacios pretende crear una plaza elíptica mucho más monumental. La misma estaría cerrada por arcos de triunfo en los accesos de las vías, y ornamentada con efigies.
Los arcos estarían dedicados a los monarcas españoles que más se relacionan con el pasado glorioso del Imperio Español: por una parte estaría el de Felipe II con acceso a la calle del Carmen, y enfrente el de sus abuelos, los Reyes Católicos y su padre, Carlos V, que sería en la que desembocaría la calle Carretas. En el centro del lugar se situaría una gran fuente, que simbolizaría todos los ríos y mares que riegan nuestro país.

Sin embargo, lo más sorprendente del proyecto es, posiblemente, la construcción de dos torres de 141 metros cada una, una en la zona del actual Apple Store, y la otra justo enfrente, en el edificio en que hoy se sitúa “La Mallorquina”. 
Las dos torres simbolizarían el “Plus Ultra”. Estas palabras latinas, “Más allá”, fue el lema que adoptó Carlos V en su imperio, y hace referencia al origen mítico de España, en el que Hércules pone dos columnas en el estrecho de Gibraltar para marcar el final del mundo e indicar que no existe tierra más allá, “Non terrae plus ultra”.


Como se puede ver, se trataba de crear una plaza que ensalzara la historia del país: por un lado su origen mítico con las torres – columnas de Hércules, y por otra parte, los años del glorioso Imperio con los arcos triunfales. 

Por si esto fuera poco, se planteaba también que las dos altísimas torres (no hay que olvidar que la madrileña Torre Picasso, de 157 metros de altura, fue hasta 2002 el edificio más alto de España) sirvieran como consulado para las 20 naciones iberoamericanas, representando en ese escenario algo así como un nuevo Imperio en el que las antiguas colonias se juntan con su vetusta metrópoli.

Este diseño lo finalizó Antonio Palacios 20 años después de su comienzo, entre 1938 y 1939, en plena Guerra Civil. La complicada situación que se vivía en ese momento, sumada a la cantidad de 220 millones de pesetas de la época que habría costado de haberse llevado a cabo (unos 1.322.000€ actuales), hicieron imposible la realización de este ambicioso proyecto, que sin duda hubiera transformado por completo el centro de nuestra ciudad.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Madrid, puerto de mar

Nos trasladamos al Madrid de la segunda mitad del siglo XVI. Bajo el reinado del monarca Felipe II, España se convierte en ese Imperio donde no se pone el sol, al tener territorios conquistados repartidos por todo el globo.
El rey decide dejar de tener una Corte itinerante, y en 1561 establece la capital en Madrid.

Es entonces cuando el poder de España parece no tener fin, y al rey le ronda una idea por la cabeza. Si todo era realizable... ¿por qué no hacer de Madrid un puerto de mar? Las riquezas en la época procedían de todo lo que llegaba por mar desde América. ¿Cómo no iba a estar la capital
próxima a toda esta abundancia? El río Manzanares tenía más caudal que el actual, y con algunos arreglos ser podría utilizar para ir desde Madrid hasta Vaciamadrid y allí pasar del Manzanares al Jarama, llegar al Tajo en Aranjuez, y de allí a Lisboa para salir al océano Atlántico (hay que tener en cuenta que Lisboa también pertenecía al Imperio Español desde 1580).
Una auténtica obra de ingeniería para salvar los 600 kilómetros de distancia y los 650 metros de altura que tiene la ciudad. La idea, que según algunos historiadores había sido inculcada al rey por su padre, el monarca Carlos I, pronto se deshecha.

Es en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, cuando el “empresario” Carlos Martinengo comienza el proyecto privado del Canal. En 1770 el monarca, mediante una Real cédula, permite la construcción de esta obra, a pesar de que toda la inversión fuera privada. Bien es cierto que ya no era necesario en Madrid un puerto de mar como en la época de Felipe II para conectar con América, pero sí era importante fundamentalmente para transportar materiales, puesto que no existía el ferrocarril.

El proyecto consistía en la creación de diez esclusas, obras hidráulicas destinadas a elevar o descender a los navíos en los ríos para salvar los desniveles. Estas esclusas estarían situadas desde el madrileño Puente de Toledo hasta Vaciamadrid. Allí se conectaría con la Real Acequia del Jarama, un canal destinado al riego para la agricultura ya construido, éste sí, en tiempos de Felipe II. Desde Aranjuez ya se podría navegar por el Tajo con mucha más facilidad hasta Lisboa.

Ya en la construcción de la novena esclusa, Martinengo se arruina por todo lo invertido, y Carlos III decide que el Banco de San Carlos continúe subvencionando esta empresa. Es entonces cuando, al estar apoyado por el monarca, adquiere la denominación de Real Canal de Manzanares. En esta época más de 2 millones de árboles se plantan en el curso del Manzanares.

El embarcadero de Madrid se situó en lo que hoy es el Paseo de Santa María de la Cabeza, en la parte que antes se consideraba “Paseo del Canal”. Además, las esclusas ya construidas se iban aprovechando como molinos, especialmente de harina. Sin embargo, la primera molía mármol para la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro. Por si fuera poco, en los alrededores se estableció una importante industria de construcción, de pólvora, de papel, de caolín (arcilla blanca y muy pura) para la Fábrica de Porcelanas, y de gusanos de seda para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.

Durante el reinado de Carlos IV, aún en el siglo XVIII, el Canal queda casi en el olvido. Además, unas lluvias torrenciales destruyen una parte del mismo en el 1799. Sin embargo se construye el Canal de Guadarrama, que crea la presa del Gasco en la localidad de Torrelodones y consigue aportar mucho caudal al río Manzanares.

Ya en la época de Fernando VII, en el siglo XIX, el Real Canal se repara y el sueño parece casi finalizado: se construye el embarcadero de Rivas y pequeños barcos pueden navegar por el Manzanares. No se alcanza el esplendor que pretendía Felipe II ni se comienzan las obras para adecuar el río Tajo, pero el Real Canal de Manzanares por fin puede ver la luz.

Es cierto que la Guerra de la Independencia (1808-1814) las obras habían quedado muy dañadas. A pesar de ello, será la llegada del ferrocarril, y más concretamente, la inauguración del Tren de la Fresa (Madrid-Aranjuez) en 1851 por Isabel II cuando el proyecto pierde sentido y las esclusas quedan en desuso.

Hoy en día quedan algunos elementos de este canal en buen estado, (las esclusas y las casas de sus guardeses) y tienen protección BIC (Bien de Interés Cultural). Además existe una Plataforma de Amigos del Real Canal del Manzanares que busca la conservación y difusión de la importancia de estos elementos.


El sueño de Felipe II de 600 kilómetros navegables hasta Lisboa quedó en un trayecto de poco más de 20, pero... ¿quién sabe si algún día Madrid será finalmente navegable?